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Hans Morgenthau (1948) define al poder como el control del hombre sobre las mentes y acciones de otros hombres, no obstante Wolfers (1930) advertía que es necesario distinguir entre poder e influencia, puesto que el primero se refiere a la capacidad de mover a otros mediante la amenaza y privaciones, mientras que el segundo lo hace a través de promesas y beneficios. En este sentido, para que un Estado obtenga mayor influencia en la escena internacional, deberá no solo ser atractiva por las capacidades materiales que posea sino que además dependerá de sus valores, recursos e ideología y el respeto que se sienta por su poder. La Federación Rusa está convencida que los valores occidentales se encuentran en

6 El Centro Analítico Levada, es una organización de investigación no gubernamental rusa que reúne expertos en el

área de sociología, ciencia política, economía y psicología para realizar encuestas de opinión pública. La organización Levada es considerada como uno de los principales centros de investigación sociológica dentro de la Federación Rusa. Además, mantiene colaboraciones con centros de investigación pública de la Comunidad de Estados Independientes y de los países bálticos.

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decadencia y por tanto debe convertirse en un guardián de los valores tradicionales y principalmente en la concepción tradicional de la familia. A esto se suma, la necesidad de promover los valores espirituales rusos que convenientemente son respaldados por la Iglesia Ortodoxa Rusa, quien al parecer se ha alineado al pensamiento del gobierno ruso con el fin de recuperar el poder que perdió durante la época soviética. La Rusia de Putin ha expresado su voluntad de restituir los valores morales como una muestra de su compromiso en la defensa de los valores tradicionales y la responsabilidad histórica de Rusia en la estabilidad regional y global. (La Voz de Galicia, 2013, pág. 1)

La defensa de los valores tradicionales y de la familia tradicional ciertamente se opone a las prácticas homosexuales y es por esta razón que Rusia ha sido duramente criticada por Occidente debido a su intolerancia hacia la comunidad gay. En efecto, la Federación Rusa ha sido acusada de ejercer políticas que alimentan la homofobia y transgreden los derechos humanos. La Marcha de Orgullo Gay, por ejemplo, ha sido víctima de la discriminación rusa al no otorgarse la debida autorización para que el evento pueda realizarse en las calles de San Petersburgo o en cualquier otra ciudad. Amnistía Internacional se pronunció al respecto exhortando a la Federación Rusa a ser un país más tolerante además de recordarle la obligación internacional de cumplir con los derechos fundamentales de todos sus ciudadanos. En el año 2006, se celebró la primera y última marcha de orgullo gay de la historia rusa, sin embargo, éstos fueron agredidos, insultados y golpeados por ciudadanos rusos que más tarde fueron identificados como nacionalistas y ortodoxos. Occidente relaciona las acciones de la Rusia de Putin con la época soviética donde cualquier indicio o práctica homosexual eran castigadas con penas de cárcel. Según una encuesta realizada por el Centro de Levada, el 74% de los ciudadanos rusos consideran que tanto las lesbianas como los homosexuales son inmorales y que seguramente tienen un problema mental. (EL Universo, 2012, pág. 1)

La Iglesia Ortodoxa Rusa también se ha constituido en una importante herramienta de la Rusia de Putin para legitimar el régimen y sus acciones. La relación que existe entre la iglesia y el gobierno no es misterio para nadie puesto que la misma política exterior de Rusia claramente expresa la necesidad de

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fortalecer los valores espirituales como base de la nación rusa. Vladimir Putin afirmó que la Iglesia Ortodoxa Rusa cumple un papel trascendental para la unión de los pueblos, haciendo referencia a los espacios espirituales y morales que el territorio ex soviético mantiene en común con la Federación Rusa. Asimismo, la Iglesia Ortodoxa Rusa es quien crea las condiciones propicias para la paz y logra acuerdos interétnicos e interculturales en la región. Tal es el poder de la iglesia, que actualmente se ha posicionado como una de las entidades más ricas de Rusia y que además tiene autorización para realizar actividades comerciales; entre sus bienes se encuentran 33.500 iglesias y 805 monasterios, distribuidas tanto dentro como fuera de territorio ruso. El peso de la Iglesia Ortodoxa Rusa en lo político se hizo más evidente cuando se sugirió que se crearan leyes que frenaran actividades catalogadas como inmorales en el ámbito sexual; así existieron pronunciamientos sobre crear un proyecto de ley que prohibiese la propaganda gay hacia menores de edad o que se facilitara información de este tipo a menores. La iniciativa está encaminada a reforzar los valores tradicionales de Rusia principalmente entre los jóvenes como una medida de contención del liberalismo occidental. (Máiquez, 2013, pág. 1)

Según Occidente, la promoción de los valores tradicionales rusos lo único que están causando es que Moscú cada vez resulte menos atractivo para la comunidad internacional y por tanto la construcción de su poder blando vaya debilitándose. La Federación Rusa parece no importarse con lo que el mundo tenga que decir sobre la situación de los derechos humanos dentro de su territorio. Rusia se ha enfocado en crear medios de comunicación que le permitan difundir sus razones y proyecten una posición fuerte. Tampoco se puede negar que los medios de comunicación que ha venido desarrollando la Rusia de Putin no hayan tenido éxito ya que han alcanzado una rápida expansión en el mundo. El gobierno ruso se ha centrado en conectarse con el extranjero y principalmente con los rusos que viven en el exterior a través de medios de comunicación que ofrezcan contenido informativo del país. Vladimir Putin es un hombre astuto y ha sabido manejar cada recurso que tiene la Federación Rusa, sin embargo Occidente infiere que cada acción está orientada hacia la protección y defensa de países que lo único que anhelan es que Rusia abandone su idea de persecución. El liderazgo que pretende mantener sobre la Comunidad de Estados Independientes ha causado que

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los países que la propia Rusa denomina como su zona de influencia, no lo reconozcan como líder y por tanto busquen alinearse a bloques como la Unión Europea o la OTAN con el objetivo de la Federación Rusa comprenda que no tiene ningún derecho sobre la decisiones políticas que tomen estos países. El monopolio que ha tejido a lo largo de la región en cuanto a los recursos energéticos no le asegurarán que la comunidad internacional sienta respeto por su poder, todo lo contrario, querrán buscar alternativas de verdadera cooperación y desarrollo sin que la política energética se vuelva en un instrumento de presión para aceptar acciones que de ningún modo se alinean con los valores fundamentales de la democracia. Si bien es cierto, la religión es importante para que los pueblos desarrollen su espiritualidad y vivan en paz, de ninguna forma esto pude convertirse en un instrumento de la política para manipular las mentes de los fieles. (Snovoski, 2012, pág. 1)