CHAPTER 5 CONCLUSIONS AND FUTURE WORK
5.1 Conclusions
El espacio ya no era un sitio vacío donde situar obras, sino lugar proveedor de posibilidades, inauguración de una comprensión que veía la obra como realidad “reactive to its site, informed by the contents and material of its actual location, whether they be industrially, “naturally,” or conceptually produced” (Suderburg, 2000, p. 4)26.
26 Traducción al Castellano: (reactiva a su lugar, informada de los contenidos y materiales de su
Era una manera de ver el espacio, para mi nueva, donde el proceso productivo y la exhibición exigían, de algún modo, una suerte de integración para solucionar la obra, línea de trabajo cuya inquietud se levantaba desde el cómo elegir y emplazar objetos en la sala de exhibición.
A partir de esta problemática es que propuse un segundo experimento, Cuando
ya no sabemos qué decir (ver Imagen 6, p.26), obra que también consideró la forma de objetos como posibilidad vinculante al lugar. En ésta, una antena se encuentra conectada a una ducha teléfono de la que son expelidos -por cada uno de los orificios de su parte superior- cables de nylon amarillo que terminan conectados a una plancha de acrílico amarillo contorneada.
Una de sus particularidades podía localizarse en la elección de objetos, la que difería del trabajo anterior al incluir el diseño original como necesidad del posterior emplazamiento de éstos: la antena estaba hecha para ser posada horizontalmente y la ducha para ser fijada verticalmente, por ejemplo. Era una elección que contemplaba el cómo situar la obra justo en la intersección muro-piso, logrado esta vez sin intervención del objeto. De algún modo, el corte antes realizado se interiorizaba en el diseño de fábrica, pues lo que antes se lograba mediante una acción ahora se encontraba ya hecho. Pero a esta elección por potencialidad se agregaba otra operación, ya que los objetos no fueron dejados en su puro diseño, sino yuxtapuestos por medio del pegado: la antena se adhirió a la manguera de la ducha teléfono, luego, en los orificios de la ducha se fijaron cables de nylon amarillo los que, a su vez, se pegaron al acrílico.
Imagen 6: Nicholas Jackson. Cuando ya no sabemos qué decir. 2011. Antena de televisor, ducha teléfono, nylon amarillo, acrílico amarillo. 150 x 100 x 100 cm. aprox.
El pegado real en Cuando ya no sabemos qué decir solo siguía a un pegado imaginario que el espectador, como usuario de objetos, exigía. Si se pone atención a la antena y ducha -recordando su uso cotidiano-, es posible reconocer que se trata de objetos hechos para portar un flujo –en el primero inmaterial como las ondas electromagnéticas y en segundo material como el agua-, asunto que los obliga a necesitar de cosas –hechos u objetos- que estén antes y después de ellos, puesto que todo flujo viene de algún lugar y va hacia otro. Quisiera llamarle a esta característica que ambos objetos compartían, carga «funcional», pues condensaba las funciones originales de la antena y la ducha en su contexto utilitario. Este aspecto es una suerte de imposición que el espectador porta cuando se aproxima a la obra, lo que –según mi imaginación- le permitía volver a proyectar la necesidad lógica que su conciencia tenía respecto a los objetos portadores de flujo, asunto que intenté utilizar como sustento en esta obra.
por cruzar el contexto original de los objetos con el nuevo donde son instalados, pero, a diferencia de Tiempo rentable y Dónde dejé las cosas, este cruce buscaba un alineamiento lógico entre lo que hacían los objetos dentro de la obra y lo que hacían como útiles, exponiéndose la necesidad de seguir aludiendo a un sentido original que, a su vez, permitía formular la obra como portadora de una pseudo lógica que ayudaba a integrar27 el espacio como parte suya.
La antena y la ducha, si bien no funcionaban como tales –pues no había una onda electromagnética traduciéndose a información, ni agua real siendo vertida-, estaban dispuestas de manera que operaban de acuerdo a su función original, es decir, “transportando un flujo”, pero a la vez, y en base a ese “transporte”, indicaban características morfológicas básicas del espacio en que se exhibían. El espacio se indicaba entonces como base de la obra, ¿Pero qué del flujo? ¿Qué cosa estaba siendo transportada y qué relación guardaba con el hecho de indicar el espacio en que se exhibía la obra?
Al ver esta última obra como conglomerado transportador, como sistema que recibe y entrega, inmediatamente apareció la inquietud sobre la función de tal sistema ficticio y la realidad que éste recepcionaba para luego derramar, pues ¿Qué tipo de materia era el “fluido” vertido sobre el piso? Bajo esta duda la obra se tornaba en algo así como un depurador o condensador de las “ondas” que el consumo artístico “emitía”: entraba por la antena todo lo que ocurre en la sala, desde las conversaciones entre los alumnos y los profesores, hasta cualquier impresión que la obra genera en el espectador,
27 En un intento por comprender esta operación comencé a observar si acaso los trabajos anteriores
consideraban la funcionalidad original de los objetos como sostén del emplazamiento de la obra, y, al intentar este ejercicio con Tiempo rentable, entonces me pregunté ¿Qué que era lo que hacían 15 esponjas sobre una muralla dispuestas en forma de una curva de rentabilidad? En contraste con lo antes mencionado, éstas se presentaban muy alejadas de su función original, como de cualquier intento por indicar característica del espacio salvo la verticalidad de sus muros. Luego, al realizar la misma pregunta, pero sobre el carro de supermercado, también reconocí que la configuración espacial se encontraba muy alejada de su función originaria pues el carro no estaba erguido sobre sus ruedas, ni en potencialidad de andar, ni siquiera conteniendo a otros objetos en su canasta, pero, a diferencia de las esponjas, el carro si indicaba su nuevo contexto al incluir el piso como aspecto fundamental del sentido de la obra, refiriéndose de este modo al lugar presente de su artisticidad.
las que luego se vierten como un “fluido” amarillo28 sobre el piso. Pero ¿No hay aquí
acaso una vuelta a lo kosuthiano?
Podría hablarse de una vuelta al tema de la experiencia artística, pero presentado sin intentar cerrarlo en dimensiones fijas, discretas y enumerables –como las tres realidades de Kosuth, asunto que reduce la comprensión de un lenguaje artístico-; aquí el tema de la experiencia de una obra no solo se insinuaba por medio de una configuración que requería piso y muralla como parte del trabajo, también se intencionaba a partir de la presencia de objetos anodinos, su función y la manera con que la elección puede cambiarlos de contexto para que al mismo tiempo reiteren su funcionalidad original pero abierta al consumo artístico. Se proponía un nuevo sentido que en última instancia podía ser completado solo por la subjetividad del espectador como respuesta intima a la ilusión de que algo transmitido en ese mismo lugar esta siendo condensado, vertido y expuesto
in-situ, para su consumo y comprensión inmediata.
28 El color amarillo es importante dentro de la obra en tanto se aleja de imágenes comunes que
puedan sostenerse sobre fluidos, pues ¿Qué fluidos amarillos, no traslucidos, conocemos? El amarillo proporciona un alejamiento del azul, típicamente vinculado al agua, por lo que ayuda a desplazar la ducha de su contexto original. Por otra parte el amarillo se vincula a la liberación de energía, como fuego o luz por incandescencia, hecho que se toma para figurar lo que sería el fluido de ideas producidas dentro de la galería, de las que se cree son altas en energía pues pueden llegar a cambiar cursos de producción artística, como ocurre con la crítica de arte. El color amarillo, al contrastar con el negro de las otras partes de la obra y el blanco de la sala, se hace pregnante, llama la atención de inmediato y con esto genera una suerte de dispositivo por efecto perceptivo, asunto quizás independiente de todo posible sentido a priori que pueda adjuntársele.
IV. MI TRABAJO EN EL ESPACIO Y LAS IDEAS QUE DE ELLO TENGO,