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Conclusions of the development of the work stress approach

Pero la guerra continúa. Y tendremos que curar todavía durante muchos años las heridas múltiples y a veces indelebles infligidas a nuestros pueblos por la ruptura con el colonialismo.

El imperialismo, que ahora lucha contra una auténtica liberación de los hombres abandona aquí y allá gérmenes de podredumbre que tenemos que descubrir implacablemente y extirpar de nuestras tierras y de nuestros cerebros.

Aquí nos ocupamos del problema de los trastornos mentales surgidos de la guerra de liberación nacional que realiza el pueblo argelino.

Quizá parezcan inoportunas y desplazadas en un libro como éste las siguientes notas sobre psiquiatría. No podemos evitarlo de ninguna manera.

No ha dependido de nosotros que en esta guerra diversos fenómenos psiquiátricos, trastornos del comportamiento y del pensamiento hayan cobrado importancia tanto entre los actores de la "pacificación" como dentro de la población "pacificada". La verdad es que la colonización, en esencia, se presentaba ya como una gran proveedora de los hospitales psiquiátricos. En diversos trabajos científicos llamamos la atención de los psiquiatras franceses e internacionales, desde 1954, sobre la dificultad de "curar" correctamente al colonizado, es decir, de hacerlo totalmente homogéneo en un medio social de tipo colonial.

Como es una negación sistemática del otro, una decisión furiosa de privar al otro de todo atributo de humanidad, el colonialismo empuja al pueblo dominado a plantearse constantemente la pregunta: "¿Quién soy en realidad?"

Las posiciones defensivas surgidas de esta confrontación violenta del colonizado con el sistema colonial se organizan en una estructura que revela la personalidad colonizada. Basta simplemente para comprender esta "sensibilización" apreciar el número y la profundidad de las heridas sufridas por un colonizado durante un solo día en el régimen colonial. Hay que recordar, en todo caso, que un pueblo colonizado no es sólo un pueblo dominado. Bajo la ocupación alemana los franceses no dejaron de ser hombres. En Argelia no sólo hay dominio sino literalmente decisión de ocupar simplemente un territorio. Los argelinos, las mujeres con haik, las palmeras y los camellos forman el panorama, el telón de fondo natural de la presencia humana francesa.

La naturaleza hostil, reacia, profundamente rebelde está representada efectivamente en las colonias por la selva, los mosquitos, los indígenas y las fiebres. La colonización tiene éxito cuando toda esa naturaleza indócil es por fin domeñada. Ferrocarriles a través de la selva, desecación de los pantanos, inexistencia política y económica de la población autóctona s on en realidad una y la misma cosa.

En el periodo de colonización no impugnada por la lucha armada, cuando la suma de excitaciones nocivas pasa de cierto umbral, las posiciones defensivas de los colonizados se desploman y éstos llenan en gran número los hospitales psiquiátricos. Hay, pues, en ese periodo tranquilo de colonización triunfante una patología mental permanente y copiosa producida directamente por la opresión.

siete años, por abarcar la totalidad del pueblo, se ha convertido en terreno favorable para la eclosión de trastornos mentales.1 Aquí mencionamos algunos casos de enfermos argelinos y

franceses tratados por nosotros y que nos parecen particularmente expresivos. No publicamos, resulta superfino advertirlo, un trabajo científico. Evitamos toda discusión semiológica, noológica o terapéutica. Los escasos términos técnicos utilizados aquí sirven únicamente de guía. Hay que insistir, sin embargo, en dos puntos:

Por regla general, la psiquiatría clínica reúne los diferentes trastornos presentados por nuestros enfermos bajo la rúbrica de "psicosis reaccionales". Al hacerlo, se da mayor importancia al acontecimiento que ha desencadenado la enfermedad aunque, aquí y allá, se mencione el papel del terreno en que se produce (la historia psicológica, afectiva y biológica del sujeto) y el del medio. Nos parece que en los casos presentados aquí, el acontecimiento que desencadena todo es principalmente la atmósfera sanguinaria, despiadada, la generalización de prácticas inhumanas, la impresión tenaz que tienen los individuos de asistir a una verdadera apocalipsis.

El caso número 2 de la serie A es típicamente una psicosis reaccional, pero los casos números 1, 2, 4, 5 de la serie Β admiten una causalidad mucho más difusa sin que pueda hablarse realmente de un acontecimiento motivador particular. Aquí es la guerra, esa guerra colonial que con mucha frecuencia se manifiesta como un auténtico genocidio, esta guerra que trastorna y quiebra al mundo, la que constituye el acontecimiento motivador. Psicosis reac- ciona], si quiere utilizarse una etiqueta ya establecida, pero dándole aquí una prioridad singular a la guerra concebida en su totalidad y en sus particularidades de guerra colonial.

Después de las dos grandes guerras mundiales, no han faltado las publicaciones sobre la patología mental de los militares participantes en la acción y de las civiles víctimas del éxodo o de los bombardeos. La fisonomía inédita de ciertos cuadros psiquiátricos señalados aquí con- firma, si todavía fuera necesario, que esta guerra colonial es original incluso en la patología que produce.

Otra noción muy arraigada merece, en nuestra opinión, una ligera flexibilización: se trata de la relativa benignidad de esos trastornos reaccionales. Y ciertamente han podido describirse, aunque de manera siempre excepcional, psicotizaciones secundarias, es decir, casos donde el conjunto de la personalidad resulta definitivamente desintegrado.

Nos parece, por el contrario, que la regla general aquí es la frecuente malignidad de los procesos patológicos. Son trastornos que persisten durante meses, atacando fuertemente al yo, y dejando casi siempre como secuela una fragilidad prácticamente perceptible a simple vista.

1 En la introducción no publicada en las dos primeras ediciones de L'An V de la Révolution Algérienne ya

señalábamos que toda una generación de argelinos, sumergida en el homicidio gratuito y colectivo con las consecuencias psicoafectivas que supone sería la herencia humana de Francia en Argelia. Los franceses que condenan la tortura en Argelia adoptan constantemente un punto de vista estrictamente francés. No es un reproche, es una comprobación: se quiere proteger la conciencia de los torturadores actuales y en potencia y se trata de evitar la podredumbre moral de la juventud francesa. No podemos dejar de estar de acuerdo con esta intención. Algunas observaciones reunidas aquí, principalmente los casos números 4 y 5 de la serie A ilustran y justifican tristemente ese temor de los demócratas franceses. Pero nuestro propósito, en todo caso, es demostrar que la tortura sufrida disloca profundamente, no podría ser de otra manera, la personalidad del torturado.

Evidentemente, el futuro de esos enfermos está hipotecado. Un ejemplo ilustrará nuestro punto de vista.

En uno de los países africanos independientes desde hace varios años, tuvimos la oportunidad de recibir a un patriota, antiguo miembro de la resistencia. Este hombre de unos treinta años venía a pedirnos consejo y alivio porque, al acercarse determinada fecha del año, era afectado por insomnios, acompañados de ansiedad y de ideas fijas de autodestrucción. La fecha crítica era aquella en que, por instrucciones de su red clandestina, había puesto una bomba en alguna parte. Diez personas habían muerto en el atentado.2

Ese militante, que en ningún momento pensaba en renegar de su acción pasada sabía claramente el precio que su persona había tenido que pagar por la independencia nacional. Casos límites como éste plantean el problema de la responsabilidad en el marco revolucionario.

Las observaciones que citamos aquí cubren el periodo que va de 1954 a 1959. Algunos de los enfermos fueron tratados en Argelia, en centros hospitalarios o como clientela particular. Los demás fueron tratados en las instalaciones sanitarias del Ejército de Liberación Nacional.

Serie A

Reunimos aquí cinco casos. Se trata de argelinos o europeos que presentaron, después de sucesos muy parecidos, trastornos mentales de tipo reaccional.

Caso Nº 1. Impotencia en un argelino como consecuencia de la violación de su mujer.

B… es un hombre de 26 años. Nos lo envía el Servicio Sanitario del Frente de Liberación Nacional porque padece jaquecas rebeldes e insomnio. Ex chofer de taxi, ha militado desde la edad de 18 años en los partidos nacionalistas. A partir de 1955 es miembro de una célula del F.L.N. En varias ocasiones utiliza su automóvil para el transporte de propaganda y de actuantes políticos. Ante la agravación de la represión, el F.L.N. decide llevar la guerra a los centros urbanos. B... debe conducir entonces a algunos comandos hasta las cercanías de los puntos de ataque y con frecuencia tiene que esperarlos.

2 Las circunstancias de aparición de esos trastornos son interesantes por más de una razón. Varios meses después de

la independencia de su país, había conocido a algunos ciudadanos de la antigua nación colonialista. Le habían parecido simpáticos. Esos hombres y mujeres saludaban la independencia obtenida y rendían homenaje sin reservas al valor de los patriotas en la lucha de liberación nacional. Aquel militante experimentó entonces una especie de vértigo. Se preguntó con angustia si entre las víctimas de la bomba no habría personas semejantes a sus interlocutores. Cierto que el café atacado era un reducto de racistas notables, pero nada impedía que cualquier otro entrara para tomar algo. Desde el día en que tuvo ese primer vértigo, el hombre trató de evitar pensar en los acontecimientos pasados. Pero, paradójicamente, unos días antes de la fecha crítica, aparecieron los primeros trastornos. Desde entonces se repiten regularmente.

En otras palabras, nuestros actos no dejan de perseguirnos jamás. Su apariencia, su orden, sus motivaciones pueden perfectamente modificarse de manera profunda a posteriori. No es una de las menores trampas que nos tiende la Historia y sus múltiples determinaciones. Pero ¿podemos escapar al vértigo? ¿Quién podría sostener que el vértigo no asedia toda existencia?

Un día, sin embargo, en plena ciudad europea, después de una acción relativamente importante, al verse seriamente rodeados los patriotas se ve obligado a abandonar el taxi y el comando se dispersa. Β... que logra escapar al adversario, se refugia en casa de un amigo y unos días después, sin haber vuelto a su domicilio, se dirige por instrucción de sus responsables a la guerrilla más próxima.

Durante varios meses no recibe noticias de su mujer ni de su hijita de veinte meses. Se entera, en cambio, de que la policía lo ha buscado durante semanas enteras en la ciudad. Después de dos años de estancia en la guerrilla, recibe de su mujer un mensaje en que le pide que la olvide. La han deshonrado. No debe pensar ya en reanudar la vida común con ella. Terriblemente inquieto, pide a su comandante autorización para ir clandestinamente a su domicilio. Se la niegan. Por otra parte, se toman medidas para que un miembro del F.L.N. establezca contacto con la mujer y los padres de Β...

Dos semanas después, llega un informe detallado al comandante de la unidad de Β...

Poco después de descubrir su taxi abandonado (se habían encontrado allí dos cargadores de ametralladora) soldados franceses acompañados por policías habían acudido a su domicilio. Al no encontrarlo, se llevaron a su mujer, a quien tuvieron encerrada más de una semana.

La interrogan sobre las amistades de su marido y durante dos días la abofetean brutalmente. Pero al tercer día un militar francés —ella no puede precisar si se trata de un oficial— hace salir a los demás y la viola. Poco después otro, esta vez en presencia de los demás, la viola también diciéndole: "Si vuelves a ver algún día a tu cochino marido, no se te olvide decirle lo que te hemos hecho." Permanece allí una semana sin sufrir nuevo in- terrogatorio. Después la llevan de nuevo a su domicilio. Al contarle lo sucedido a su madre, ésta la convence de que debe decírselo todo a Β... Por eso al poder entrar en contacto con su marido, le confiesa su deshonra.

Pasado el primer choque, y participando además en una acción ininterrumpida, Β... se recupera. Durante varios meses escucha múltiples relatos de mujeres argelinas violadas o torturadas; tendrá la oportunidad de encontrar a otros maridos de mujeres violadas y su desgracia personal, su dignidad de marido ofendido pasan al segundo plano.

En 1958 se le encarga una misión en el exterior. Al volver a reunirse con su unidad, una desacostumbrada distracción y frecuentes insomnios inquietan a sus camaradas y superiores. Se retrasa su partida y se decide una consulta médica. Es en este momento cuando lo vemos. Buen contacto inmediato. Semblante móvil, quizá demasiado. Las sonrisas parecen algo exageradas Euforia superficial: "Todo va bien... Todo va bien... Ahora me siento mejor. Déme algún reconstituyente, unas vitaminas y déjeme volver a la guerrilla." Se percibe por debajo de esto una ansiedad básica. Se le hospitaliza en seguida.

Desde el segundo día, el optimismo aparente se desploma y nos hallamos frente un deprimido pensativo, anoréxico, que no sale de la cama. Evade las discusiones políticas y manifiesta un desinterés notorio por todo lo que se refiere a la lucha nacional. Evita escuchar las noticias relativas a la guerra de liberación. El proceso para abordar sus dificultades es muy laborioso, pero al cabo de algunos días podemos reconstruir su historia:

Durante su estancia en el exterior, intenta una aventura sexual que fracasa. Pensando que se trata de una fatiga normal después de las marchas forzadas y los periodos de

subalimentación, vuelve a intentarla dos semanas más tarde. Nuevo fracaso. Se lo cuenta a un camarada quien le aconseja que tome vitamina B12. La toma en forma de comprimidos. Nueva tentativa y nuevo fracaso. Además, unos instantes antes del acto, siente un deseo irresistible de romper una foto de su hijita. Esa relación simbólica podía evocar la existencia de impulsos incestuosos inconscientes. No obstante, varias entrevistas y un sueño (el enfermo asiste a la rápida putrefacción de un gatito con insoportable olor) nos conducen por otra direc - ción. "Esa niña, nos dice un día [se trata de su hija] tiene algo podrido." A partir de este periodo, los insomnios se vuelven muy pertinaces y a pesar de una dosis bastante grande de tranquilizadores, se desarrolla un estado de excitación angustiosa que trastorna considerable- mente al Servicio. Nos habla entonces por primera vez de su mujer, riendo, y nos dice: "Ya ha probado a los franceses." Es en ese momento cuando reconstruimos teda la historia. Nos cuenta la trama de los acontecimientos. Nos dice que antes de cada intento sexual piensa en su mujer. Todas sus confidencias nos parecen de interés fundamental.

"Me casé con esa muchacha aunque yo quería a mi prima. Pero los padres de mi prima arreglaron el matrimonio de su hija con otro. Entonces acepté la primera mujer que me propusieron mis padres. Era agradable, pero yo no la quería. Siempre me decía a mí mismo: eres joven; espera un poco y cuando encuentres a la que te convenga te divorciarás y harás un buen matrimonio. Por eso no estaba muy apegado a mi mujer. Con los acontecimientos, me alejé de ella todavía más. En los últimos tiempos, llegaba a comer y a dormir casi sin hablarle.

"En la guerrilla, cuando me enteré de que la habían violado los franceses, sentí primero cólera contra esos puercos. Después: 'No es grave, después de todo no la han matado. Podría recomenzar su vida.' Y varias semanas después me di cuenta de que la habían violado porque me buscaban a mí. En realidad, la habían violado para castigaría por su silencio. Habría podido muy bien revelar al menos el nombre de un militante, a partir del cual habrían podido descubrir toda la red, destruirla y quizá inclusive arrestarme. No era, pues, una simple violación, por ocio o por sadismo, como he tenido ocasión de ver en los aduares, era la violación de una mujer obstinada, que aceptaba todo por no vender a su marido. Y ese marido era yo. Esa mujer me había salvado la vida y había protegido la red clandestina. Por mi causa la habían deshonrado. Sin embargo no me decía: 'Mira lo que he sufrido por ti.' Me decía por el contrario: 'Olvídame, rehaz tú vida, yo estoy deshonrada.'

"A partir de ese momento decidí volver con mi mujer después de la guerra, porque debo decirte que he visto a muchos campesinos enjugar las lágrimas de sus mujeres que habían sido violadas frente a ellos mismos. Esto me conmovió mucho. Debo confesarte, además, que al principio no podía comprender su actitud. Pero progresivamente tuvimos que intervenir en esas historias, para explicarles a los civiles. He visto algunos civiles que se ofrecieron como voluntarios para casarse con una joven violada por los militares franceses y embarazada. Todo esto me llevó a plantearme de otra manera el problema de mi mujer.

"Decidí volver con ella, pero todavía no sé cómo reaccionaría al verla. Y muchas veces, al ver la foto de mi hija, pienso que también ella ha sido deshonrada. Como si todo lo que viniera de mi mujer estuviera podrido. Si la hubieran torturado, si le hubieran roto todos los dientes, si le hubieran roto un brazo no me habría importado. Pero ¿cómo es posible olvidar eso? ¿Y por qué tenía ella que contármelo todo?"

Me pregunta entonces si su "debilidad sexual" es provocada, en mi opinión, por sus confusiones.

Respuesta: "No sería imposible." Se sienta entonces en la cama:

— ¿Qué harías tú si te sucediera esto? —No sé...

— ¿Volverías con tu mujer? —Creo que sí. . .

—Ah, ya ves... No estás completamente seguro...

Se lleva las manos a la cabeza y después de unos instantes sale del cuarto.

A partir de ese día, acepta progresivamente escuchar las discusiones políticas, mientras que las jaquecas y la anorexia desaparecen considerablemente, hasta que se normaliza.

Al cabo de dos semanas, vuelve a su unidad diciéndome: "Cuando llegue la independencia volveré con mi mujer. Si las cosas no marchan bien, vendré a verte a Argel."

Caso Nº 2. Impulsos homicidas indiferenciados en un evadido de una liquidación colectiva. S..., de 37 años, fellah. Vive en un aduar en Constantinois. No se ha ocupado jamás de política. Desde principios de la guerra, su región es escenario de batallas violentas entre las fuerzas argelinas y el ejército francés. S... tiene ocasión, así, de ver muertos y heridos. Pero, sigue manteniéndose al margen. Cada cierto tiempo, como todo el pueblo, los campesinos de su aldea ayudan a los combatientes argelinos que están de paso. Pero un día, a principios de 1958, tiene lugar una emboscada de la que resultan varias muertes, no lejos del aduar. Las fuerzas enemigas organizan una operación y sitian la ciudad, vacía de soldados. Todos los habitantes son reunidos e interrogados. Nadie responde. Unas horas después, un oficial francés llega en helicóptero y dice: "Este aduar da demasiado que hablar; ¡destrúyanlo!" Los soldados empiezan a quemar las casas mientras las mujeres que tratan de recoger algunas ropas o de salvar algún enser son rechazadas a culatazos. Algunos campesinos aprovechan la con fusión reinante para escapar. El oficial da orden de reunir a los hombres que quedan y los hace conducir cerca de un río donde comienza la matanza. Veintinueve hombres son muertos a quemarropa. S... es herido por dos balas que le atraviesan respectivamente el muslo derecho y el brazo izquierdo, ocasionándole esta última herida una fractura del fémur.

S... se desmaya y recupera el conocimiento en medio de un grupo del Ejército de