Comparison with other Cash Crops’ Value Chains and Implications on Market Organisation
10. Conclusions: Different Sensitivities, Different Impacts
Este término aunque muy utilizado actualmente es en realidad un poco elusivo, como lo deja entrever Esteve cuando afirma que “La expresión “sociedad del
conocimiento” se ha convertido en un comodín que políticos, escritores y periodistas citan frecuentemente en sus discursos. Sin embargo, la mayor parte de las personas que la emplean se verían en apuros si les pedimos definir qué entienden por “sociedad del conocimiento”, y más aún si les pedimos explicar cómo influye esa nueva forma de organización social en nuestras vidas cotidianas (Esteve, 2009). La elusividad puede atribuirse a tres motivos principalmente: el primero en su génesis se le ha asimilado con
42 sociedad de la información, en segundo lugar muchos autores la definen mediante su caracterización, lo cual no siempre es de fácil lectura y tercero se ha usado en varios contextos lo que algunas veces le hace parecer un término vacio (Piscitelli, 2009). Sin embargo es un término central, ya que en ella se enmarcan los esfuerzos científicos, económicos, tecnológicos y educativos, entre otros, de la modernidad.
Para entender la diferencia entre la sociedad del conocimiento y la de la información se podría acudir a una figura temporal: primero aparece el concepto de la sociedad de la información, que se centra en cómo la información y su posesión dan forma a las sociedades modernas. Así de las sociedades en las que se considera “que la
producción, la reproducción y la distribución de la información es el principio constitutivo de las sociedades actuales.” (Krüger, 2006) se pasa a la sociedad del conocimiento cuyo principio estructurador es el conocimiento.
En este sentido Levy (2004) afirma que “…el proyecto del espacio del
conocimiento incita a inventar …el vínculo social alrededor del aprendizaje recíproco, de la sinergia de las competencias, de la imaginación y de la inteligencia colectiva” (p.17) Esta cita permite ver algunas de las principales características de la sociedad del
conocimiento y de sus miembros: el conocimiento construido colectivamente, que requiere de seres capaces de participar en esa construcción; la inteligencia colectiva, que es
resultado de la cooperación de distintas personas sin que haya una estructura de poder, la cual requiere de personas con la habilidad de comunicarse asertivamente y aceptar las ideas de los otros; lo cual nos remite en términos de Piscitelli a la convergencia mediática
43 interconectividad de las diversidad piezas de información disponible. La sociedad del conocimiento no se centra en el factor tecnológico, sino en el conocimiento como factor de cambio de actitudes, concepciones y relaciones sociales. Una de las consecuencias más notorias es de acuerdo a Krüger (2006), es que: “el conocimiento será cada vez más la base de los procesos sociales en diversos ámbitos funcionales de las sociedades. Crece la
importancia del conocimiento como recurso económico, lo que conlleva la necesidad de aprender a lo largo de toda la vida”
El término sociedad del conocimiento ha sido utilizado en economía, sociología, ciencias sociales, áreas tecnológicas y educación entre otras. Para el propósito de este trabajo investigativo lo más importante es lograr ver las relaciones que se establece entre la sociedad del conocimiento y la educación. Vale la pena formularse algunas preguntas como ¿Qué es el conocimiento?, ¿Qué significa tenerlo? ¿Qué implica no tenerlo? ¿Qué conocimientos se consideran fundamentales?
En este punto vale la pena darle un vistazo al lugar que se le confiere a la educación en esta nueva sociedad, a este respecto Esteve (2009) acota que
“Las empresas y los países saben que, para competir, necesitan mejorar
permanentemente sus tecnologías de información y de producción, y que, para ello (aquí entra en juego la educación), necesitan aumentar el capital humano
disponible, es decir, el número de ciudadanos con altos niveles de formación científica y técnica capaces de mantener el actual desarrollo tecnológico y de impulsar hacia el futuro la innovación en ciencia y tecnología.” (p.16)
44 Lo cual explica el direccionamiento de los lineamientos internacionales como los de la UNESCO y muchas de las políticas educativas nacionales. Ahora bien, estos
requerimientos necesariamente implican cambios sociales a ritmos acelerados y requiere que la educación y los docentes se adapten a dichos cambios, a las nuevas configuraciones sociales. Esto sin embargo no significa que la educación y que los docentes tengan como razón de ser generar capital humano que puede definirse como “el acopio de personas con altos niveles de formación universitaria y de formación profesional de tercer grado de las que dispone un país para hacer avanzar su economía.” (Esteve, 2009, p.18). La identidad del docente se basa en la definición de maestro como aquella persona que “consagra su vida a la tarea educativa” (Escobar Molina, 1999, p.1), siendo la tarea educativa formar al hombre. El hombre formado es:
“alguien capaz de hablar con los demás, alguién que se hace entender y sabe
comunicar, porque realmente tiene algo que decir y, sobre todo, porque razona bien, con seriedad, lógica y rigor, sin desjarse llevar por prejuicios, precipitaciones o emociones pasajeras… Una persona formada es alguien que tiene una opinión propia acerca de los distintos asuntos, alquien que tiene criterio para decidir y opinar sobre los problemas que se plantean…” (Escobar Molina, 1999, p. 3)
Esta cita permite ver las exigencias que se le hacen a los docentes presentes y especialmente futuros. El docente debe, entonces, velar por el desarrollo sicológico, social y moral, entre otras cosas, de sus estudiantes, es decir el docente debe asumir y
45 la formación inicial de los docentes, en este caso a la formación conducente a la obtención del título de Profesional en Pedagogía Infantil de la Universidad de la Sabana.