uno de los cuales tiene una puntuación que va aumentando del círculo exterior (10 puntos) al círculo central (100 puntos). Por lo general esto es lo primero que se usa en el tratamiento, salvo en las escuelas u otros lugares en que está prohibido el uso de armas de juguete. El terapeuta entrega una pistola de dardos al cliente y le explica: “Nos turnaremos para disparar al blanco para obtener una puntuación alta. Esto es un poco diferente a otros juegos de dardos porque diremos lo que odiamos cuando hagamos los disparos”. Esos sentimientos se denominan muy a menudo sus “locuras”. Para ejemplificarlo, el terapeuta dispara primero y dice algo genérico que deteste; un ejemplo común podría ser “Detesto la tarea”. El terapeuta debe mostrar que entre más fuerte lo diga el cliente, más divertido será. Después de unos cuantos ensayos, el cliente por lo general termina por disparar con toda su fuerza y la libe- ración se siente de inmediato. Niños y adultos expresan este sentimiento diciendo cosas como “vaya”, “eso se siente muy bien” o “¿puedo hacerlo de nuevo?” Lo an- terior hace que la escuela se vuelva “muy divertida” y el terapeuta sigue luego la orientación del niño respecto al tema o la severidad. Esto abre el tema y deja que el niño libere el enojo dentro de un ambiente divertido y no amenazante. Las pistolas de dardos son útiles para liberar las afirmaciones de enojo y por lo general los niños disfrutan del juego a la vez que mejora su capacidad para expresarse.
En lugar de las pistolas de dardos, pueden usarse popotes y bolitas de papel para obtener un nivel equivalente de liberación, y los niños y adultos disfrutan con este tipo de liberación. Para que un tratamiento de terapia de juego de liberación gene- ral tenga éxito, el terapeuta no debe discutir nada de lo expresado por el cliente, a menos que sea éste quien lo inicie. El nivel 2 de liberación se da cuando los clientes lanzan algo sobre el pizarrón pero no pueden romperlo.
Los juguetes más adecuados para ello se denominan Sports Wall Rollers (vendidos por Rhode Island Novelty Corp). La diferencia entre las pistolas (nivel 1) y los Wall Rollers (nivel 2) es que los niños usan todo el cuerpo para lanzar el Wall Roller contra el pizarrón. Como los Wall Rollers no se pueden romper, el impacto invita a los niños a lanzarlos una y otra vez. Todavía se requiere que los niños digan lo que odian cuando lanzan los Wall Rollers. El mero lanzamiento no es necesariamente terapéutico, pero con la expresión verbal de los sentimientos empieza la terapia de juego.
El nivel más elevado de liberación (nivel 3) se logra con las pelotas para aplastar (vendidas por Oriental Trading Company) (Kaduson y Schaefer, 2001). Estas pelotas son parecidas a huevos de gallina y están formados por una cubierta de plástico en el exterior con agua y una pelota amarilla (similar a una yema) en el interior. Esta técnica ha sido utilizada no sólo con niños en edad de latencia, sino también con adolescentes y adultos jóvenes. Se entrega al cliente una pelota para aplastar (o para lanzar un “huevazo”) y el terapeuta le explica que se emplea para sacar los sentimien- tos que nos molestan. Una vez más, se explica que a menudo se llama “locuras” a esos sentimientos. Para ilustrar la técnica, el terapeuta toma la pelota o huevo para aplastar y la lanza contra una pizarra a la vez que dice algo que detesta. La mayoría de los niños se involucran con facilidad en el juego toda vez que antes dispararon y lanzaron cosas contra la pizarra. Es necesario que el terapeuta muestre que entre más fuertes sean el lanzamiento y el grito, más divertido será. Después de unos cuantos ensayos, los clientes por lo general terminan por lanzar la pelota con toda su fuerza y la liberación
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Principales enfoques teóricos
se siente de inmediato. Lo más divertido ocurre cuando se rompe la pelota o huevo para aplastar; eso ocasiona que el agua dentro del huevo salpique todo el cuarto y los niños se emocionen por su fuerza física. (Algunos niños dicen cosas como “Soy muy fuerte”, “De verdad debo odiar eso”, “Quiero hacerlo de nuevo”). Niños o adultos expresan este sentimiento después de lanzar la pelota o huevo para aplastar diciendo cosas como “vaya”, “eso se siente muy bien” o “¿puedo hacerlo de nuevo?” La situación se vuelve tan divertida que los niños se muestran dispuestos a mencionar todo lo que odian. El terapeuta toma un turno después del niño y en ese momento puede hacer una insinuación, como cuando dice “detesto que la escuela dure tanto”; al hacerlo, se refiere a los problemas que el niño tiene en la escuela y luego sigue la orientación del niño en cuanto al tema o la gravedad del problema. Esto abre el tema y permite que el niño libere su enojo en un ambiente divertido y no amenazante. Una vez que el problema está abierto, el juego con las miniaturas resultará más sencillo incluso para un niño mayor, de ser necesario. Una clave para que esta liberación sea eficaz es que el terapeuta no discuta nunca lo que el niño ha dicho, sino que se muestre de acuerdo, de modo que el niño pueda sentirse seguro y validado. El solo hecho de permitir la libe- ración empieza el proceso que el niño necesita. No importa que la liberación que sigue sea situacional o específica. La meta es liberar el enojo, el temor u otros sentimientos, facilitar la expresión verbal de los mismos y permitir luego la abreacción por medio del juego durante tanto tiempo como el niño lo necesite. Cuando el niño está listo, el juego termina, y en la mayoría de los casos los padres informan que su conducta ha mejorado en la casa o en la escuela.
Poderes teraPéuticos del juego
Como se plantea con claridad en el libro de Schaefer titulado The Therapeutic
Powers of Play, el juego puede ayudar por sí mismo a los niños a comunicarse,
toda vez que constituye el lenguaje del niño (Schaefer, 1993). Los niños juegan incluso cuando han experimentado algo que los asustó porque el juego en sí es gra- tificante e intrínsecamente motivador (Kaduson, 1997). En relación con la terapia de juego de liberación, operan varios factores terapéuticos.
Superación de la resistencia
Cuando los niños entran al cuarto de juego, están penetrando a su propio mundo. El juego les permite sumergirse en sus problemas sin que se hagan preguntas. Los niños que llegan a tratamiento recelan de hablar con un adulto desconocido, pero por medio del juego pueden expresarse sin ser interrogados. El juego es la mejor manera de crear una alianza con un niño que necesita tratamiento.
Comunicación
Los niños usan al juego como su lenguaje. No les resulta sencillo emplear palabras para transmitir sentimientos por lo menos hasta la etapa de desarrollo de las operaciones formales, alrededor de los 11 o 12 años (Piaget, 1951). Les resulta fácil jugar o expresar sentimientos difíciles en la medida que sientan que el ambiente es emocionalmente seguro o que “se trata sólo de un juego”. El juego es una forma especial de comuni- cación porque es principalmente no verbal y constituye un lenguaje muy distinto al
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