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Conclusions and Future Work

La orientación hacia el aseguramiento de las necesidades se enfrenta también al problema del carácter accidental y limitado de la vida humana.

La infancia es relativamente ajena al problema de la vida y la muerte. Solo en la pubertad, en virtud del desarrollo de las funciones cognoscitivas y de las primeras reflexiones sobre la muerte, la inquietud de la existen- cia cobra entonces un carácter agudo. El ser humano toma conciencia del aspecto negativo de su vida futura, sometida al accidente, a lo imprevisible, a la vejez y a la muerte, como fin necesario. Surgen los anhelos de ser feliz y prolongar la existencia; estas necesidades se expresan activa y pa- sivamente.

Ante la imposibilidad de evitar, en última instancia, el accidente insa- tisfactorio, la vejez y la muerte, las necesidades del ser humano se mani- fiestan de forma pasiva, sin embargo, la ideología social ofrece un cauce a estos requerimientos. Al centrar su vida en la ideología y en el trabajo social, el adulto se olvida relativamente de sí mismo, de su satisfacción siempre limitada, de lo imprevisible de su vida futura, y también encuen- tra la relativa inmortalidad de los principios morales y de la obra que deja a los demás. En la obra realizada, en la descendencia y en la ideolo- gía, el ser humano encuentra la vía para calmar esta necesidad predomi- nantemente pasiva y vencer la muerte y el olvido. Esta es la tendencia hacia la vida y la felicidad futura.

Ponce (1943) relató el horror de María Bashkirtseff a morir, sin ha- ber dejado nada tras de sí, y señaló cómo esta joven, minada por la tuber- culosis, vio en el trabajo y en la creación artística una manera de asegurarse una posición mejor y de salvar a toda costa el recuerdo de su nombre.

En su obra Ambición y angustia de los adolescentes, Ponce (1955) se refiere a lo que podría llamarse el descubrimiento del tiempo y de la muerte. Al independizarse del presente, en el cual vive el niño con deli- cia, el adolescente se descubre de pronto como un momento entre otros momentos que se suceden inexorablemente, y que inexorablemente tam- bién no regresarán jamás. Ese movimiento de la vida que pasa, lo adquie- re el adolescente casi siempre bajo la brusca sacudida de alguna muerte que le llega al alma o por la impresión igualmente inesperada de algún detalle, en apariencia trivial, pero que le muestra, de pronto, la secreta inutilidad de todo esfuerzo. El miedo a morir y a envejecer empieza des- de entonces a turbar su sueño.

Según este autor, el diario íntimo de María Bashkirtseff expresa como una queja eterna el trágico conflicto que es el drama del hombre, el cual en la adolescencia se descubre y se sufre: la desproporción dolorosa en- tre el deseo (que es infinito) y la vida (que es fugaz).

Eisenstein expresó que aunque biológicamente somos mortales, so- mos inmortales solo en nuestras actividades sociales, en el pequeño aporte que nos inscribe personalmente en la carrera del progreso social, en la que una generación pasada entrega el relevo a una joven generación. La manera de concebir la inmortalidad se ha definido como la inmortalidad en la lucha por el ideal revolucionario de la libertad.

Esta tendencia tiene una génesis y un carácter eminentemente socia- les y es específica del ser humano. Para el animal la muerte y la accidentalidad de la vida no constituyen problemas. Solo la asimilación de la conciencia social permite al ser humano plantearse esta problemá- tica y sufrir las limitaciones de su vida. De este modo, la tendencia hacia la vida y la felicidad tiene un carácter histórico-social, varía con el decur- so de la sociedad y es un reflejo de la ideología social.

Algunos autores han concebido esta necesidad como la superior y específica del ser humano. Se ha planteado que este es el factor dinámico fundamental de la personalidad.

Estas concepciones pretenden reducir la motivación humana a sus componentes individuales y a su vez superiores, pero pierden de vista la unidad de lo social y lo individual en la personalidad humana, el predo- minio y la relativa autonomía de lo social en la regulación de su actividad. Las necesidades morales y sociales no pueden encontrar su único fundamento en la necesidad de dar un sentido a la existencia y enfrentar la accidentalidad y la muerte, ser reducidas a esta necesidad.

De acuerdo con estos criterios debemos considerar el conflicto que a veces se presenta entre las responsabilidades, los proyectos asumidos y la carencia de un sentido a la existencia. El individuo puede aceptar una responsabilidad de trabajo que constituye un obstáculo al logro del sen- tido de su vida; puede vivir atenazado por la perspectiva de la vejez y de la muerte, por la vivencia de la inutilidad y del vacío de su existencia, sin embargo, a pesar de estos conflictos y privaciones mantiene, en un pri- mer lugar, el cumplimiento de sus proyectos y deberes.

Solo las desviaciones patológicas indican que estas privaciones y con- flictos van dejando una huella negativa en la personalidad y se convierten en los factores dinámicos fundamentales, en cambio, lo típico de la per- sonalidad normal y bien integrada es la combinación armoniosa y la sa- tisfacción recíproca de las aspiraciones y las tendencias del deber social con esta necesidad de enfrentar las limitaciones de la existencia humana. Muy a menudo, en la ideología, en la obra y en el deber social, es que el ser humano encuentra el sentido de su vida y la vía más adecuada para vencer la muerte y el olvido.

La privación o frustración de esta necesidad, o sea, la carencia de una ideología, de una labor social, de hijos, de una obra, de algo o alguien

a quien entregarse, etc., puede conducir a otras maneras de calmar esta tensión insatisfecha. La tendencia hacia la vida y la felicidad futuras pue- de convertirse en una orientación hacia la satisfacción inmediata. La sa- tisfacción intensa puede hacernos olvidar, al menos provisionalmente, el aspecto limitado y negativo de la existencia humana. El individuo quiere lograr la satisfacción inmediata que ya no le podrán quitar. Por otro lado, la frustración de esta orientación motivacional puede conducir a la agre- sividad o a la depresión.

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