En la actualidad, la mayoría de los psicólogos consideran un insulto el hecho de que se les atribuyan pensamientos filosóficos. No comparto este punto de vista. No puedo evitar sentir curiosidad acerca del significado de las cosas que observo. Algunos de estos significados parecen tener implicaciones alentadoras para nuestro mundo moderno.
En 1957 mi amigo el doctor Russell Becker, quien fue alumno mío y luego colega, me invitó a dar una conferencia especial en una asamblea general en el Wooster College, en Ohio. Decidí desarrollar con mayor claridad para mí mismo el significado de las orientaciones personales que los clientes parecen asumir en el ambiente de libertad de la relación terapéutica. Al terminar el trabajo, abrigaba serias dudas acerca de si había sido capaz de expresar algo original o significativo. El largo y cerrado aplauso que me dispensó el audítorio disipó en cierta medida mis temores.
El tiempo transcurrido me permite ser más objetivo con respecto a lo que dije en aquella ocasión; al analizar el contenido de esta conferencia, siento satisfacción por dos motivos. Pienso que expresa de manera adecuada las observaciones que he condensado en dos tesis muy importantes: una es mi confianza en el organismo humano, cuando éste funciona libremente; la otra es la calidad existencial de una vida satisfactoria, tema del que se ocupan algunos de nuestros filósofos más modernos, y que ya fuera expresado de modo inmejorable por Lao-tsé hace más de veinticinco siglos, cuando dijo: “La manera de hacer es ser.”
Las preguntas.
¿Cuál es mi objetivo en la vida?” “¿Para qué me estoy esforzando?” “¿Cuál es mi propósito?” Estas son preguntas que todo individuo se plantea en un momento u otro de su vida, a veces con una actitud serena y ineditativa, otras, sumido en la agonía de la incertidumbre o en la desesperación, Son preguntas muy antiguas, que el hombre se ha planteado y respondido en cada siglo de la historia, pero también
preguntas que cada individuo debe formularse y responder por sí mismo. Como asesor las oigo expresadas de muchas maneras diferentes a medida que hombres y mujeres que padecen tratan de aprender, comprender o elegir las orientaciones que adopta su vida.
En un sentido, no hay nada nuevo que decir acerca de estas preguntas. Por ierto, la frase que he citado en el título de este capítulo fue tomada de la obra de un hombre que luchó por responder estos interrogantes hace más de un siglo. Parecería presuntuoso expresar simplemente otra opinión personal acerca de este tema de los objetivos y propósitos; sin embargo, puesto que durante muchos años he trabajado con individuos conflictuados e inadaptados, creo poder discernir una trama, una tendencia, una comunidad o una armonía en el conjunto de respuestas provisionales que ellos hallan para sí mismos. En consecuencia, me gustaría compartir con el lector mi impresión acerca de lo que los seres humanos parecen esforzarse por alcanzar, cuando están en libertad de elegir.
Algunas respuestas.
Antes de intentar introducir al lector en el mundo de mi propia experiencia con mis clientes desearía recordarle que las preguntas que he mencionado no son preguntas retóricas y que tanto antes como ahora ha habido discrepancias entre las respuestas. Cuando en el pasado los hombres se interrogaron acerca del propósito de la vida, algunos respondieron con las palabras del catecismo: “El objetivo principal del hombre es glorificar a Dios.” Otros pensaron que se trataba de prepararse para la inmortalidad. Hubo quienes se propusieron un fin mucho más terreno: disfrutar, liberar y satisfacer sus deseos sensuales. Otro grupo, que hoy tiene muchos representantes, opina que el propósito de la vida es obtener posesiones materiales, status, conocimientos o poder. No faltan quienes se dedican plena y devotamente a una causa externa, tal como el cristianismo o el comunismo. El propósito de Hitler fue convertirse en el líder de una raza superior que ejercería el poder sobre el resto del mundo. Muchos orientales, por el contrario, se han esforzado por eliminar todo deseo personal y ejercer un máximo de control sobre ellos mismos. Menciono estas elecciones tan variables para señalar algunos de los diferentes objetivos por los que han vivido los hombres y sugerir que hay muchas metas posibles. En un importante estudio realizado poco tiempo atrás, Charles Morris investigó objetivamente las orientaciones vitales que preferían los estudiantes de seis países diferentes: India, China, Japón, Estados Unidos, Canadá y Noruega. Como era de esperar, halló importantes diferencias entre los fines de estos grupos nacionales. Por medio de un análisis factorial de sus datos trató de determinar las dimensiones de valor implícitas que parecían determinar los miles de preferencias
individuales. Sin profundizar en los detalles de su análisis, podríamos observar las cinco dimensiones que se pusieron de manifiesto y que, combinadas de diversas maneras positivas y negativas, parecen ser responsables de las elecciones individuales.
La primera de estas dimensiones de valor implica la preferencia por una participación en la vida responsable, moral y autorrestringida, que aprecia y procura conservar lo que el hombre ha logrado.
La segunda asigna gran importancia a la lucha por superar los obstáculos que se presentan. Implica una confiada aceptación del cambio, tanto en lo que respecta a la resolución de los problemas personales y sociales como a la superación de los obstáculos que presenta el mundo natural.
La siguiente dimensión destaca el valor de una vida interior autosuficiente y de una rica autopercepcíón. El individuo renuncia al control sobre las personas y cosas, a favor de una comprensión profunda y simpática de sí mismo y de los demás.
La cuarta dimensión atribuye especial valor a la receptividad hacia las personas y la naturaleza. La inspiración se considera como algo que procede de una fuente externa, ajena al sí mismo, la persona vive y se desarrolla respondiendo devotamente a esa fuente.
La quinta y última dimensión destaca el placér sensitivo, el goce de uno mismo. Se valorizan los placeres más simples de la vida, el abandono a los requerimientos del mundo, la actitud libre y abierta hacia la vida.
La importancia de este estudio reside en el hecho de que es uno de los primeros en que se midieron objetivamente las respuestas que diferentes culturas dan a la pregunta “¿Cuál es el propósito de la vida?” y de que, en consecuencia, nos permite aumentar nuestros conocimientos al respecto. También ha contribuido a definir algunas de las dimensiones básicas en función de las cuales se realiza la elección. Como dice Morris al referirse a estas dimensiones: “Es como si las personas de diversas culturas tuvieran en común las cinco notas principales de las escalas musicales sobre las que componen diferentes melodías.” (5, pág. t85.)
Otro criterio.
A pesar de todo, este estudio no me satisface por completo. Ni las “Maneras de vivir” que Morris presentó a los alumnos como posibles elecciones ni las dimensiones factoriales parecen incluir la meta vital que ha surgido de mi experiencia con mis clientes. Las personas que durante las horas de terapia luchan por encontrar un modo de vida para ellos mismos siguen un patrón de conducta general que no corresponde exactamente a ninguna de las descripciones de Morris.
La mejor manera en que puedo enunciar esta meta vital, tal como ella surge en mi relación con los clientes, es utilizando las palabras de
Sören Kierkegaard: “ser la persona que uno realmente es” (3, pág. 29). Sé muy bien que esto puede parecer demasiado simple, incluso absurdo. La frase “ser lo que uno es” parece más un enunciado de hechos evidentes que la formulación de un objetivo. ¿Qué significa esta expresión? ¿Qué implica? Quiero dedicar las observaciones siguientes a estos temas. Comenzaré diciendo que parece significar e implicar algunas cosas extrañas. Mi experiencia con los clientes y mi propia búsqueda de mí mismo me han llevado a sostener puntos de vista que no hubiera sido capaz de defender hace diez o quince años. Espero que el lector reciba mis posiciones con escepticismo crítico y las acepte sólo en la medida en que ellas encuentren un verdadero correlato con su propia experiencia.