Como hemos adelantado, la concreción de la UNP en 1974 se fue gestando a partir de dos procesos que se iniciaron en 1972: en primer lugar, la política del presidente de facto Alejandro
Lanusse de crear nuevas universidades; y, en segundo lugar, el inicio del activismo estudiantil que derivó al año siguiente en la toma del edificio de la UPSJB. En este sentido, podemos adelantar que la UNP fue el resultado de procesos que adquirieron una dinámica propia, en sintonía con las transformaciones profundas y a veces contradictorias de aquellos años 70.
Recientes abordajes de este período han señalado que durante el gobierno de Lanusse (en el tramo final que conducía hacia la apertura política y el llamado a elecciones), se fue forjando un clima político particular a partir del interés de abrir un diálogo con todos los sectores sociales. Es en este nuevo marco (según nuevas interpretaciones), en que se inscribe el proceso de creación de Universidades Nacionales, el cual adquirió una dinámica propia realizándose de “un modo veloz y anárquico” (Mendonça, 2018b: 109).
Por otro lado, en el contexto del proyecto autoritario entre 1966 y 1973, las universidades nacionales de más larga tradición, de ser definidas como “motores de desarrollo” pasaron a ser consideradas “monstruos sobredimensionados”. Las medidas gubernamentales buscaron detener el crecimiento de la matrícula y su concentración en los centros urbanos. Según Laura Rovelli (2009) lo que se ocultaba por detrás de este problema cuantitativo era frenar el acti- vismo estudiantil en esas instituciones. Pero además de descongestionar a las universidades tradicionales, el proceso tenía “una clara intención por interpelar a la juventud, principal- mente la universitaria, a quienes se les hacía un especial llamado a participar en los canales legales de la política” (Mendonça, 2018b: 110), buscando además aumentar la base social de apoyo para poder competir con el peronismo.
Esa activación política de la juventud que promovió Lanusse y que derivó en una mul- tiplicación de demandas estudiantiles a lo largo del país, en el caso de la UPSJB se expresó en cuestiones referidas a la vida académica y a la necesidad de participar en las decisiones. En un petitorio de 1972 los estudiantes solicitaron renovar estructuras estancadas, mayor nivel cultural, autoridades sin mentalidad retrógrada, una Universidad que responda a las exigencias actuales, verdadero diálogo, que no se sancione a quienes valientemente dicen la VERDAD, que no existan casos como este: un miembro del Consejo Superior sea a la vez integrante del Consejo Académico, integrante de la Comisión de Disciplina y profesor de siete materias (Villafañe, 2016).
Este particular contexto es el que Alfredo Laerte Massari (quien fuera rector de la UPSJB durante estos años) no pudo comprender a partir de la descripción de una “vida apacible” aparentemente desarrollada en las aulas universitarias. Nos referimos a que en su repaso por este período de la historia de la UPSJB describe una serie de vínculos caracterizados por la armonía y la colaboración entre los distintos actores. De allí que “las relaciones entre los or- ganismos, directivos, incluido el claustro de profesores, y los alumnos, fueron cordiales y sin fricciones”. El alumnado “se caracterizaba por su madurez y espíritu de colaboración” […] “No sólo las relaciones eran fluidas, sino que era común y corriente que los directivos escu- charan la opinión de los estudiantes respecto a la marcha de la Universidad”. El propio Ma- ssari sostenía que solía reunirse con los alumnos para conversar y escuchar sugerencias “aunque esta apertura hacia los alumnos no era del agrado de algunos miembros del Consejo Superior” (2004: 98). Asimismo, esa incomprensión de las demandas estudiantiles hacía que fueran consideradas fuera de lugar, dadas las características que presentaban según él los estudiantes que albergaba la UPSJB:
Hasta ese entonces no existían enfrentamientos ni agitaciones, pues el estudiantado se man- tenía aplicado a sus labores sin hacerse eco de las graves situaciones que en determinadas cir- cunstancias pasó la Universidad argentina a partir de la segunda mitad de la década del ’60, sin embargo esto no debe ser interpretado como abulia social frente a los problemas que pre- ocupaban a la sociedad argentina ni indiferencia en materia de política universitaria, sino que como se trataba de un estudiantado que a su vez trabajaba, no disponía de mucho tiempo y en gran parte con cargas de familia, de modo que había premura por terminar cuanto antes los estudios (Massari, 2004: 98-99)9.
Por otro lado, aquellas demandas se inscribían en el particular clima de época iniciada en los 60 que tenía a la juventud como protagonista, que trascendía la coyuntura local, y donde el movimiento estudiantil era uno de los espacios privilegiados de la crítica generacional en dicho período (Cattaruzza, 1997). En este sentido la historiadora uruguaya Vania Marka- rian (quien estudió el movimiento estudiantil uruguayo en 1968), habla de una tensión a partir de la acumulación de descontentos, luchas y expectativas que se podían rastrear por lo
menos desde los inicios de la década del 60. A la vez emergía la juventud como actor político en el seno de la izquierda, en el marco de un “florecimiento de las inquietudes políticas de las nóveles generaciones” (2012: 26). En este sentido en la década de 1960 una generación de jóvenes latinoamericanos se inició en la vida política desde una visión heroica de la mili- tancia. Asimismo, hubo un auge de las discusiones sobre las “vías de la revolución” en todo el mundo, especialmente acerca de la importancia y necesidad de la lucha armada, al tiempo que se discutía sobre el papel específico de las nuevas generaciones en esos procesos. Es en este contexto donde aparecieron signos más claros de cierto desacuerdo con el funcionamiento y los contenidos del sistema educativo, a partir de la creación de un universo cultural nuevo.
Por su parte el movimiento estudiantil en la Argentina de la segunda mitad del siglo XX ha recibido nuevos análisis en la historiografía reciente, y en aquellos balances acerca de esta producción se ha concluido que en el marco de cambios drásticos, en primer lugar, experi- mentó una radicalización entre 1955 y 1976; y en segundo lugar, se dio un “progresivo aban- dono de la Reforma de 1918 como faro para la acción política” (Califa, 2007: 64). Si bien el movimiento estudiantil le asignaba a dicha reforma un lugar destacado en la historia, en la década del 60 la juzgó limitada para alcanzar los objetivos revolucionarios.
Por lo tanto, a comienzos de la década del 70 aparece una cultura juvenil de masas tanto en América Latina como en nuestro país que fácilmente asumía alguna forma de crítica social, un estudiantado politizado a la izquierda y masivamente movilizado. De allí que el análisis de la toma de diciembre de 1973 no puede desligarse de estos procesos sociopolíticos más amplios del que es parte, sin perder de vista el clima universitario de la UPSJB. En este sentido los es- tudiantes universitarios comodorenses en el transcurso de 1972 pasaron de demandar cues- tiones estrictamente académicas o mayor participación de las decisiones, a cuestionar la existencia misma de la universidad privada, desconociendo sus autoridades y exigiendo el co- gobierno. Los efectos de la iniciativa de Lanusse de crear más universidades como una forma de interpelar y ganar adhesión en el movimiento estudiantil que todavía no se había radicali- zado (desde la percepción del gobierno), claramente podemos observarlos a partir de la exi- gencia del estudiantado comodorense. Dicha demanda era percibida como inédita e inexplicable por parte de las autoridades de la UPSJB, como parte de un efecto no deseado de
las políticas universitarias de Lanusse. Esto queda expresado en la siguiente afirmación de Ma- ssari: “Era sintomático que hubiera una coincidencia temporal entre la intensificación de los reclamos estudiantiles y la noticia de la creación de una Universidad Nacional” (2004: 108).
La asunción de Héctor J. Cámpora a la presidencia en mayo de 1973 sería decisiva para las demandas de los estudiantes de la UPSJB. Luego de nombrar como ministro de Cultura y Educación a Jorge Alberto Taiana, se dispuso la intervención de todas las universidades, in- cluida la salesiana de Comodoro Rivadavia. La efervescencia del período estaba dada por la inédita intervención de las universidades privadas por parte del aparato del Estado.
Durante los primeros meses de la gestión Taiana (mayo-junio de 1973) fueron tomadas las universidades nacionales y cátedras por parte de grupos estudiantiles (mayoritariamente la Juventud Universitaria Peronista) que solicitaban intervenir las instituciones como antesala para su estatización. La mayoría de los rectores interventores propuestos eran afines al go- bierno nacional y particularmente cercanos a los sectores de la izquierda peronista y a la agru- pación Montoneros (Fridemann, 2011). Desde la asunción de Taiana hasta la gestión de Ivanisevich, la universidad argentina atravesó un período convulsionado, en sintonía con las disputas al interior del peronismo (Califa, Millan, 2016). Un ejemplo de ello es la gestión de Augusto Klappenbach al frente de la Universidad Nacional de Río Cuarto, cuyo mandato debió atravesar un equilibrio siempre inestable en el marco de la disputa por el poder al in- terior del peronismo riocuartense (Aminahuel, 2017).
Taiana elaboró un proyecto de educación superior en donde colocaba a la universidad pública argentina en aquel clima de época:
El proyecto establece las bases de un tipo de Universidad insertada en el pueblo argentino, expresado por un gobierno popular en un momento histórico de definición y reencuentro nacional. La Universidad del pueblo sostenida con los fondos de la Nación, mantiene sus claustros colmados por la juventud de ese mismo pueblo, confundidas todas las clases sociales, abiertas sus puertas en forma irrestricta a todos aquellos que en el continuo de la educación gratuita tienen vocación y apetencia por estudios del nivel superior10.
universitario: intervención de universidades nacionales; designación de autoridades vinculadas a la tendencia revolucionaria de la Juventud Peronista; reincorporación de profesores expulsados de la Universidad entre 1955 y 1973; cesantía de docentes identificados con la dictadura de 1966 y de quienes trabajaban como empleados de empresas multinacionales; y establecimiento para 1974 de un ingreso irrestricto en las universidades del Estado. La Ley Taiana expresaba ese particular clima de ideas, y debe ser entendida “como la cristalización de una configuración compleja de fuerzas y actores en una situación y un momento específico” (Fridemann, 2011). Volviendo al análisis local, el 5 de diciembre de 1973 el ministro Taiana mantuvo una reunión con tres estudiantes de la UPSJB en Buenos Aires, con los cuales se comprometió a resolver el conflicto, no solo enviando a un veedor sino además asegurando su presencia en Comodoro Rivadavia. Posterior a la toma estudiantil de diciembre de 1973, el ministro, me- diante un decreto ordenó la intervención de la UPSJB por 180 días, nombrándose interventor a Roberto Payne. Los estudiantes no solamente apoyaron la intervención, sino que además en los primeros días de enero de 1974 exigieron la inmediata nacionalización de la UPSJB. Luego de la visita a la ciudad de funcionarios del Ministerio de Educación, el gobierno na- cional resolvió crear la UNP por considerarlo un hecho irreversible e incontrovertido, dado el importante apoyo obtenido de parte de la comunidad comodorense (Muriete, 2016). Fi- nalmente, el 4 de mayo de 1974 se inauguró la Universidad Nacional de la Patagonia (UNP), siendo designado como primer rector el ingeniero agrónomo Silvio Grattoni11.
La mesa Coordinadora del Movimiento Universitario Centro Universitario Patagónico sostuvo:
Cuando hace seis meses en el enfrentamiento que los estudiantes de la Universidad de la Pata- gonia San Juan Bosco teníamos con las exautoridades de esa casa de estudios, tomó estado pú- blico, ese mismo pueblo que estaba reclamando su Universidad Nacional, salió a la calle en nuestra defensa. Las posteriores derivaciones del conflicto condujeron a una situación de de- samparo e incertidumbre a todo el alumnado, puesto que ignorábamos qué iba a suceder con nuestro futuro. No obstante una esperanza nos mantuvo firmes, y la seguridad de contar con el respaldo popular nos alentó a proseguir en nuestra lucha. (…) esta Universidad, que no es sólo un logro educacional, sino que trasciende a lo social y lo geopolítico, es el triunfo del pue-
blo, y a este pueblo es al que los universitarios damos nuestro más sincero GRACIAS. (…) Afirmamos que el pueblo debe estar presente porque esta Universidad le pertenece, es de su patrimonio, como lo es toda institución y todo acto de cultura. Nosotros que seremos los di- rectos beneficiarios de esta obra, convocamos al pueblo a concurrir al acto de inauguración12.
En las declaraciones de Taiana a la prensa local cuando inauguró la Universidad en 1974 daban cuenta del difícil equilibrio que debía mantener:
Dijo luego que nadie que ingresa a una Universidad puede despojarse de su cobertura, entra y sale con ella, piensa, se expresa y discute. Debe tener su convicción. Nosotros no queremos que se haga proselitismo utilizando las tarimas universitarias, la Universidad es para todos y no para sectores. Es natural que un profesor dicte clase sobre marxismo que es aceptable. No podemos caer en el ridículo contemporáneo. Las Universidades, y esto es muy importante, deben tener una relación con el pueblo y para ellos los nuevos rectores tienen la obligación de organizar las mismas13.
Por su parte el rector Grattoni en su discurso con motivo de la inauguración de las clases en la UNP la alineaba al proyecto universitario del gobierno nacional:
La premisa es que la opción debe ser para el pueblo, del pueblo y conjuntamente con el pueblo debemos nosotros instrumentar todas las medidas para que ello llegue en forma efectiva y abierta a esos fines. Entendemos que así la Universidad está al servicio del pueblo y el pueblo estará al servicio de la Universidad, en todos los niveles, sea intelectual, científica o en materia de artes, etc. (…) Nuestro camino que se reduce hacia el proceso que inevitable e inexorable- mente se llama de liberación y reconstrucción nacional. Este es el camino en el cual invoco y convoco a no abandonar, y a seguir para no perder esta oportunidad brillante que se nos brinda a todos los argentinos para llegar a lo que todos anhelamos: la Argentina potencia14.
La intervención de la UPSJB culminó el 31 de mayo de 1974. En 1978, con motivo de ce- lebrar el decimoquinto aniversario de creación de Universidades Privadas en la Argentina, en una publicación firmada por rectores recordaban así los sucesos acontecidos cuatro años antes:
Un solo acontecimiento triste lamenta recordar la Universidad, y fue el conflicto universitario que terminó con la ‘invasión’ de un grupo de alumnos motorizados por ideologías extremistas, y la posterior intervención académica producida por el gobierno, en un plan conjunto que contó con el apoyo y respaldo del entonces Ministro de Cultura y Educación, doctor Taiana (Consejo de Rectores de Universidades Privadas, 1978: 243).
En la siguiente sección abordaremos el modelo universitario que resultó luego del proceso de fusión de las dos universidades: la UPSJB y la UNP.