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2. Theoretical framework

2.4 Conclusions literature study

Santiago Míguez González

.. INTRODUCCIÓN

La identificación con un determinado ámbito territorial es una forma de ser, de tener raíces, de ser alguien. Permite ubicarnos socialmente y, al mismo tiempo, ser ubicados por los demás. La identificación con un grupo territorial actúa como un esquema sobre uno mismo y puede tener consecuencias en los procesos cog- nitivos y evaluativos que realiza el individuo (tajfel, 1978: 26-61; Parekh, 2005: 237). El sentimiento de identidadterritorial puede llegar a constituir para algunas personas la base fundamental de su identidad, aunque para otras puede ser algo secundario y de poca importancia. según su intensidad, puede intervenir tam- bién en la selección de los estímulos y en el procesamiento de la información procedente del ambiente social así como en la adopción de posiciones ante temas o problemas (issue positions). además, al facilitar la comunicación y el intercambio entre los miembros del grupo, los sentimientos identitarios son importantes para la estructuración del orden social como un conjunto de grupos e instituciones (Merelman, 1986: 278; Conover, 1984: 760-765).

Casi todo el mundo acepta que lo que permite hablar de pueblos o grupos étni- cos exige la concurrencia de dos elementos, uno de carácter objetivo, representado por la existencia de algunos rasgos etno-culturales propios y otro de carácter subje- tivo, consistente en el lazo afectivo hacia el grupo y/o la tierra en la que se nació o se vive. Los sentimientos de identidad territorial pueden tener así un fundamento étnico-cultural —por ejemplo, un patrimonio histórico o un idioma propio— que sirven para fijar la textura emocional del grupo y para marcar los límites frente a otrosgrupos (Fought, 2006). Como es sabido, en el debate ideológico del naciona- lismo algunas corrientes basándose en una suerte de determinismo geográfico, tradición o raza, han llegado a afirmar que la nación es un hecho independiente de la voluntad de los pueblos, lo que significa olvidar que los elementos étnico- culturales no constituyen en sí mismos la identidad, pues aunque se consideren elementos sustanciales, solo lo son en tanto sirven para recrear el discurso afirmativo

de esa identidad 1. Por otra parte, en las sociedades plurales, las características etnoculturales pueden ser algo demasiado vago para especificarlas y llegar a un acuerdo respecto a ellas, raramente son compartidas por todos y casi siempre per- tenecen al ámbito de la vida privada. además pueden convertirse fácilmente en un instrumento apto para suprimir estilos de vida y formas de conducta considerados poco convenientes (Parekh, 2005: 343).

según la teoría clásica, el proceso de construcción de la identidad puede in- cluir dos momentos sucesivos: el primero se corresponde con la formación de la identidad de grupo (group identification) y, el segundo, con la llamada conciencia de grupo (group consciousness), la cual aplicado al tema que nos ocupa se traduce en la identidad nacional. La conciencia de grupo o identidad nacional, supone la existencia previa del sentimiento de identificación, pero incluye la politización de las aspiraciones del grupo y, en este sentido, exige la creación de un discurso interpretativo de la realidad y un programa de actuación (Miller, 1995; Gilbert 1998). El elemento distintivo consiste en la presencia de la dimensión política 2, de manera que al sentimiento de formar parte de un ente colectivo-territorial, la identidadnacional añade la convicción de que este ente es un sujeto colectivo de derechos políticos, lo que implica el reconocimiento del autogobierno, la sobera- nía compartida y/o la autodeterminación (harty y Murphy, 2008: 31).

Las bases de la identidad como fenómeno social y político pueden estar relacionadas en mayor o menor medida con factores étnicos pero en su activación intervienen factores contextuales, de manera que una vez elaborada, ésta puede permanecer en estado de latencia para activarse en determinadas circunstancias, cuando los individuos la perciben como útil para sus intereses particulares. Por tanto, en función del contexto o si se prefiere en función de la estructura de oportunida- des, la identidad actúa como una precondición para la acción política (Rogowski, 1974: 71) 3. Como veremos, en el caso de la identidad territorial gallega este hecho se manifiesta con la experiencia de la emigración.

hoy asistimos tanto a una competencia entre muchos referentes identitarios así como a una profunda negociación sobre el contenido y el significado de las identidades que nos ofrece un mercado, que en las sociedades occidentales

1 En este mismo sentido, Fernández de Rota argumenta que “no hay criterios justificativos de estos tipos de

identidad colectiva que tengan una validez universal. Ni las costumbres, ni el color de la piel ni la religión ni el territorio ni siquiera el lenguaje. (…) A nivel lingüístico, una identidad nacional tan poderosa hoy día como la suiza, puede saltar por encima de la pluralidad, mientras que en cambio pueden crearse barreras nacionales fragmentando una homogeneidad lingüística, en el no menos potente caso de las nacionalidades hispanoamericanas” (Fernández de Rota, 1991: 205-206). En un sentido similar: Máiz Suárez (1997) y Gondar Portasany (2005).

2 Los componentes de la conciencia de grupo son: (a) la identificación de grupo; (b) la aceptación y preferen-

cia por los miembros del grupo (polar affect); (c) la expresión de actitudes de defensa del grupo, ya sea de satisfacción o discriminación respecto a la situación en que se encuentra comparativamente el grupo (polar power); (d) la atribución de responsabilidad de la situación al “sistema” o a determinados grupos o individuos) (individual vs. system blame). Miller, A. H. et al. (1981).

Por otra parte, un exceso de identificación grupal puede generar despersonalización, exacerbación etnocén- trica y fanatismo político. Es sabido que quien llega a asimilar in toto su propia identidad personal con la de un determinado grupo, puede acabar anulando muchas otras opciones de interacción social.

avanzadas tiene un carácter abierto. En este sentido, las identidades, como estructuras cognitivas y afectivas, no deberían entenderse ni como inmutables ni como incompatibles entre sí.

Este capítulo está dedicado a analizar los principales referentes de la identidad territorial y nacional de los gallegos a lo largo del período 1984-2009. Como po- drá comprobarse a lo largo de sus páginas se recogen observaciones procedentes de varias ciencias sociales (Psicología social, antropología y sociología) además de la Ciencia Política, con el fin de proporcionar la visión multidisciplinar que impone la complejidad de este tema.

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LAS BASES DE LA IDENTIDAD: LOCALISMO, RURALIDAD Y DISPERSIÓN POBLACIONAL

Uno de los rasgos tradicionalmente más señalados de la identidad de los gallegos es el de la presencia de lealtades hacia entidades territoriales muy reducidas y cerradas como la parroquia o la aldea, de tal manera que las señas identitarias de la gran mayoría de los gallegos tradicionalmente no superaban los límites de la comarca a la que pertenecían. El sentimiento de identificación con referentes de naturaleza supra-local, como la región o el estado, solo se hacía efectivo y se ma- nifestaba cuando se salía fuera y se mantenían relaciones con otros pueblos. Esto tenía lugar básicamente por dos motivos, el primero, cuando se iba al ejército y, el segundo, cuando se emigraba por razones económicas.

Este localismo estaba estrechamente relacionado con la geografía humana de la región y ello al menos por tres motivos: (a) el predominio del mundo rural, (b) la extremada dispersión de la población, y (c) la ausencia de una gran ciudad que, como capital de la región, actuase como elemento vertebrador de la misma.

hasta los años ochenta del siglo XX, el dominio del mundo rural en Galicia era absoluto desde casi todos los puntos de vista. La población ocupada en el sector primario superaba a la del secundario y terciario. En este aspecto Galicia no era muy diferente a otros territorios, pero los patrones específicos de este rasgo sí eran bien distintos. así, frente a otras regiones del sur de Europa (España in- cluida) y especialmente frente a las regiones mediterráneas, los principales con- trastes eran los siguientes: (a) pequeña explotación y pequeña propiedad frente al sistema latifundista; (b) trabajo familiar frente al asalariado; (c) dominio del policultivo y la ganadería, frente al monocultivo especializado; (d) emigración como solución a un incremento demográfico sin empleo “próximo” en lugar del crecimiento urbano.

Por otra parte, muchas de las transformaciones del mundo rural europeo no se generalizaron en Galicia hasta muy tardíamente, por lo que otra de las señas de identidad de Galicia deriva precisamente del retraso modernizador. sin embargo, hay que destacar que ya desde finales del siglo XiX, frente a la inacción estatal y a la explotación por parte de una clase de rentistas herederos de la hidalguía forista, el campesinado gallego supo hacerse con el control de la propiedad de

la tierra y más tarde, a través de la innovación técnica, poner en marcha un proceso de mercantilización de la economía que finalmente ha dado lugar a una creciente capacidad de comercialización de productos de alta calidad. En todo caso, a pesar de las transformaciones más recientes de este sector de la economía gallega, el largo predominio histórico de la ruralidad tradicional (resumida en “vaca, hórreo, cruceiro y gaita”) seguirá siendo por mucho tiempo un símbolo del país (villares, 1982 y 2001; Fernández Prieto etal., 1996).

La geografía humana de Galicia se caracteriza todavía por una fuerte disper- sión poblacional lo que unido al hecho de no disponer de una adecuada red de comunicaciones, hacía de esta región un mundo de pequeñoslugares (Máiz, 1996: 38). De hecho, a pesar del proceso de despoblamiento de la gran mayoría de las comarcas rurales, según datos del instituto Gallego de Estadística, en los 315 ayuntamientos de la región todavía existen algo más de treinta mil entidades singulares de población, de las que el 89,4% (26.929) cuenta con menos de cien habitantes 4. No obstante, no debemos dejar de señalar que actualmente y tras varias décadas de intensas transformaciones, lo más significativo ha sido el paso a una situación en la que, a grandes rasgos, cabe distinguir entre una Galicia interior, esencialmente rural y muy poco habitada, y una Galicia costera, mucho más urbanizada y muy densamente poblada. así, la Galicia interior, tras haber sufrido un proceso de despoblamiento generalizado, que en muchos partidos judiciales ha sido una verdadera catástrofe demográfica 5, comprende el 70% del territorio pero solo aporta un 28% de la población. Por el contrario, la llamada Galicia costera que, en consecuencia, representa un 30% del territorio y concentra al 72% de la población restante (casi dos millones de personas), conforma una de las zonas más densamente pobladas de Europa (De Juana y vázquez, 2005: 421-243) 6.

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EL FENÓMENO DE LA EMIGRACIÓN

Como señalamos, las razones que explican la construcción y el desarrollo de la identidad están relacionadas con factores contextuales. En el caso de la identidad territorial gallega, un ejemplo de este hecho fue la experiencia de la emigración.

Vid. Galicia en cifras 2008, IGE, 2009, pág.2. Se entiende por entidad singular de población, cualquier área habitada del término municipal —o excepcionalmente deshabitada—, claramente diferenciada por el he- cho de que sus edificaciones pueden ser perfectamente identificadas sobre el terreno y conocida por una denominación específica.

5 Como los de Becerreá, A Fonsagrada, Quiroga, Trives, Bande, Celanova, Allariz, Rivadavia, O Bolo, Chantada,

Monforte, Sarria y Xinzo. Conviene recordar que hasta mediados del siglo XIX Galicia era una de las regiones españolas más densamente pobladas. Así, por ejemplo, en 1860 mientras la densidad media en España era de 1,05 habitantes por kilómetro cuadrado, en Galicia llegaba hasta los 60,9.

6 En realidad con las excepciones de los enclaves urbanos de Lugo y Ourense, por el peso de su capitalidad

provincial, y de la comarca de A Coruña, por su dinamismo económico, el crecimiento poblacional de Galicia se circunscribe a la imaginaria línea costera que partiendo de Santiago-Negreira llega hasta la desembo- cadura del río Miño, en La Guardia. “Dicho de otra manera, la gran dorsal montañosa que se alarga desde Bandeira hasta Arbo-As Neves dividiría la zona de más crecimiento y vitalidad de Galicia de aquella otra que va perdiendo población paulatinamente o se mantiene con esfuerzo, como Ferrol o Viveiro”. (De Juana, J. y Alejandro Vázquez, 2005: 21).

Conviene recordar que el fenómeno migratorio en Galicia entre 1826 (primer año del que se tienen datos fiables) y 1975, desequilibró las pautas demográficas tradicionales de tal manera que el conjunto de las migraciones extraterritoriales habrían producido una pérdida neta de algo más de 1,3 millones de habitantes, lo que unido a la cifra que representarían sus descendientes, suponen casi cinco millones de personas.

La emigración forjó una sociedad demográficamente feminizada y prematura- mente envejecida y, a su vez, activó cambios psicológicos y afectó a las costumbres sociales. Esto dio lugar a la creación de todo un imaginario social cargado de desesperanza sobre las condiciones económico-sociales, las soledades personales y las separaciones, así como de referentes sobre el éxito de indianos y otros retornados (De Juana y vázquez, 2005: 437-438). Ligando su futuro a la ex- patriación y al verse fuera de su entorno, los emigrantes activaron unas señas de identidad territorial superadoras del localismo —que manifestaban cuando estaban en Galicia— al constatar que compartían unos rasgos comunes y sobre todo un mismo idioma. En este sentido, el proceso migratorio fue clave para la configuración de la identidad del pueblo gallego. así, lejos de las limitaciones que en Galicia imponía la presencia de unas fuerzas sociales arcaizantes (como una iglesia muy castellanizada), un sistema político caciquil y largos períodos de falta de libertades, los emigrantes gallegos elaboraron un discurso en el que a la defensa del progreso social y económico de su región unieron reivindicaciones abiertamente nacionalistas. Ello explica que la propia Academia Galega se cons- tituyese con fondos de la comunidad gallega en Cuba en 1905, o que el himno de Galicia, cuya letra corresponde a un poema de Eduardo Pondal, de su obra Queixumes dos Pinos (1886), se estrenase el 20 de diciembre de 1907 en el Gran teatro de La habana. No obstante, la identidad que se acabaría desarrollando en la emigración lo haría con unos caracteres muy simbólicos y con matices universalistas, al representar a Galicia como un referente básicamente cultural y afectivo, por encima de la nacionalidad (que mantendrán como españoles y que compartirán en muchos casos como mexicanos, argentinos, etc.) 7.

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EL IDIOMA

Las relaciones entre lengua e identidad han recibido atención desde muchas pers- pectivas. Desde la teoría de la identidad se afirma que el uso de un idioma propio adquirido a lo largo del proceso de socialización, es un factor fundamental para la consolidación de la identidad. Por ello, los hechos diferenciales lingüísticos aun suscitan una acentuada emotividad tanto desde la postura reivindicativa

7 En desarrollo del artículo 7 del Estatuto de Galicia, el reconocimiento oficial de la importancia de las comunidades

gallegas en el exterior y de su aportación al progreso socioeconómico e identitario de Galicia se materializó con la ley /198 de 15 de junio del Parlamento de Galicia, que lleva el título “de reconocimiento de la galleguidad”. A su vez, en desarrollo de esta ley se han dictado otras normas, como la ley de Turismo de Galicia, que en su artículo 9 prevé la firma de acuerdos con las comunidades gallegas en el exterior por considerarlas “un vehículo preferente de promoción turística fuera de nuestras fronteras” (Ley 1/2008 de , de diciembre de turismo de Gali- cia. BOE nº 6 de 16/0/2009; Diario Oficial de Galicia nº 26 de 19/12/2008).

de respeto a las diferencias y afirmación identitaria así como desde la postura negadora de ese respeto (vilas Nogueira, 1975: 66; Ninyoles, 1972).

En Galicia, al contrario que en el País vasco o Cataluña, el idioma y la etnicidad en general han tenido funciones contradictorias. a partir de los siglos Xvii y Xviii, el idioma gallego, tan ensalzado por alfonso X y convertido en lengua culta durante más de doscientos años, primero en la corte de León y luego en la de toledo, pasó a ser un marcador social negativo a causa de la fuerte castellanización que habían experimentado la iglesia y las clases superiores. a pesar de su uso masivo por la población campesina y la defensa que en algunas ocasiones hicieron de ella algunos ilustrados, como Feijoo y sarmiento, las actitudes negativas se generalizaron y el gallego dejó de considerarse oficial- mente un idioma, para ser calificado como una variedad dialectal sin prestigio del castellano.

hasta bien entrado el siglo XiX no se producirá un resurgimiento del gallego como idioma culto y una abierta defensa de su normalización que, como idioma del pueblo, le alejase del estado de fluidez dialectal expuesto a toda clase de contestaciones 8. En el siglo XX el nacionalismo gallego surge expresamente determinado por la afirmación de la diferenciación idiomática. así su prime- ra manifestación asociativa fue la constitución de la Irmandade dos amigos da fala, que tuvo lugar en a Coruña el 18 de junio de 1916 y a la que siguió la constitución de entidades idénticas en otras ciudades y villas. su órgano de expresión, A Nosa Terra, sería más tarde el portavoz del Partido Galeguista. La primera asamblea nacionalista fue promovida por estas organizaciones en Lugo en 1918. Cuando se proclamó la ii República, la obtención de un estatuto jurídico que respetase los idiomas regionales fue una de las razones más invo- cadas del deseo de autonomía y el Estatuto de autonomía de Galicia, aprobado en junio de 1936, dio al gallego el rango de idioma cooficial con el castellano (vilas Nogueira, 1975: 83).

Con la dictadura franquista, se volvió a la castellanización y a la represión del gallego, aunque en este punto no se llegó al nivel de Cataluña o el País vasco. Lo cierto es que mientras se impedía o se ridiculizaba la publicación de obras en gallego, ésta siguió siendo la lengua hablada por la mayoría, dando lugar a una situación de diglosia (más que de bilingüismo) ya que el uso de uno u otro idioma (gallego o castellano) no venía dado por la libre elección (lo que sería bilingüis- mo) sino impuesto por normas sociales y/o el contexto. En suma, una escisión

8 Mucho antes de que publicasen sus principales obras los grandes escritores gallegos como Rosalía de Castro,

Curros Enríquez o Eduardo Pondal, comenzaron a circular a comienzos del siglo XIX, al calor del proceso de alfabetización de las masas populares, infinidad de manuscritos en gallego y memorias personales de gente humilde. “Estos textos, la mayoría humorísticos y chocarreros, les parecían a los primeros exegetas del galleguis- mo poco serios al no estar impresos ni bien escritos, pero a nosotros nos revelan hasta qué punto los gallegos tenían su idioma, literalmente en la punta de la lengua. Esta literatura popular, que prosiguió a lo largo del siglo XX, a menudo en forma de carteles de ciego, coplillas y chistes, fue la que consumieron los hablantes rurales del gallego”. (Murado, 2008: 18).

o superposición lingüística entre una lengua culta, con prestigio y asociada al poder y otra inculta, propia de las clases más menesterosas.

tras la instauración del sistema democrático y la aprobación de la Constitución de 1978 y del Estatuto de autonomía de Galicia en 1981, la preocupación por la salud del idioma gallego ha pasado a ser también una competencia de la administración. así, el Estatuto de autonomía, establece que la lengua propia de Galicia es el gallego. En síntesis, éste afirma, por una parte, que el gallego y el castellano son idiomas oficiales que todos tienen el derecho de conocer y usar. Por otra parte, se declara que lospoderes públicos potenciarán el uso del gallego en todos los órdenes de la vida pública, cultural e informativa y dispondrán de los medios para facilitar su conocimiento. hoy, como resultado del proceso de normalización, el gallego está en todos los ámbitos de la vida pública e institucional, hasta el punto de que el día en que Galicia se celebra a sí misma no es tanto el día de Galicia (el 25 de julio) como el día das Letras Galegas (el 17 de mayo), que conmemora la publicación en 1863 del primer poemario de