El máximo de atrevimiento intelectual, excepción hecha de Illya Prigogine, a que han llegado los investigadores contemporáneos es llamarlo así: atractores extraños.
El concepto de Teoría del Caos es una paradoja que nos evoca a otra; la del cretense Epiminides que había formulado la proposición "todos los cretenses son mentirosos"
Teoría presupone ordenamiento de conceptos; algo que enfrenta a la propia idea de Caos. Por ende nos encontramos ante el torbellino intelectual propio de una enunciación que se dobla sobre sí misma, desmintiéndose.
Ya en 1931 Kurt Gödel (8), por medio de su Teorema de la Incompletud, había anunciado el recurso de la autorreferencialidad como una pretensión de remediar la imperfección de un sistema lógico formal. Si bien la nominación de "Teoría del Caos" es hoy una etiqueta de marketing (!ya que funciona como un adecuado señuelo para capturar interesados!) lo cierto es que ella se ha impuesto mas allá de toda razonabilidad. Las investigaciones actuales se dirigen hacia estos hallazgos denominados "atractores extraños" aún cuando se "vistan" como "Ciencias del Caos".
Mitchell Feigenbaum habló de aleatoriedad y Benoit Mandelbrot de objetos fractales ya que conciben la esperanza de encontrar, mediante un dispositivo conceptual, algo que di noticias de algún orden inhóspito al conocimiento actual, vale decir de un orden en el interior del aparente desorden. Desde otra perspectiva, Karl Paul Feyerabend (9)dirigía sus reflexiones hacia la misma conclusión.
Estas orientaciones, que se conocen prácticamente desde la década del '80, no han dejado de tener tradiciones puntualizables desde comienzos de este siglo. N. Katherine Hayles (10)ha bocetado esas trayectorias que eclosionan recién en la última década y ha dado un paso más gigantesco: articuló estos desarrollos científicos con el campo de la literatura.
Un antecedente importante, no incluido en el inventario realizado por Hayles, y que data de fines del siglo pasado, lo constituye Sigmund Freud (11). La llamada "regla fundamental" consistente en la libre asociación de ideas que implementa el psicoanálisis como procedimiento terapéutico esta sostenida, precisamente, para
deconstruir el orden de la conciencia, el de la lógica formal abstracta, para dar cabida a un otro orden u
organización que es, justamente, el del inconsciente. Inconsciente que Lacan definía como aproximándose a la estructura del lenguaje y en tanto tal dotado de significado a develarse. Esta es una línea posible para
entender lo caótico.
Pero también hay otro sentido del término Caos. Se trata de aquel en el cual se cobijan los elementos no ordenados, no atados a ley alguna, no sujetos a una regularidad que permita atraparlos en algún categorial conceptual. Este enfoque acerca del Caos se aparta del anterior en tanto no oferta la promesa del hallazgo de un orden oculto tras el desorden aparente. Por el contrario, esta orientación esta mas expuesta a la
indeterminación y al acontecimiento.
Así como los sucesos lo son en tanto puedan ingresar en una sucesión, en una seriación, los acontecimientos son hechos que responden al campo de lo imprevisto; por lo tanto son elementos resistentes, "extraños" a ser imaginarizados y simbolizados.
Responderían, más bien, al territorio de lo Real que hace irrupción.
La idea de acontecimiento enfrentada a la de suceso surge a partir de una reflexión de Jean Badiou (12), según la cual no hay concepción filosófica que pueda entrever el comportamiento de los hechos sociales y políticos.
Pero además esta concepción del Caos como gestor del acontecimiento se emparienta fuertemente con la idea de Creación. A diferencia de la primer concepción aquí enunciada según la cual un orden esta "escondido" detrás del visible desorden (concepción que podemos llamar "regrediente") este enfoque capta que el acontecimiento es el potencial nuevo ordenador (enfoque que podemos llamar "progrediente"). Ese
acontecimiento permitirá, si hay intelectos sensibles, interrogar acerca de la insuficiencia de los dispositivos tradicionales y convencionales para poder explicarlo. En otras palabras ese acontecimiento operara como un "atractor extraño".
Muy brevemente hemos intentado distinguir dos enfrentamientos. Entre "orden-desorden" por un lado y entre "Teorías del Caos y Atractores Extraños" por otro. A la primera confrontación le hemos introducido una variable: orden dentro del desorden; en la segunda nos hemos inclinado por el "atractor extraño".
Lo hemos hecho porque las teorías del caos poseen mucho mas filosofa que hechos, en tanto los "atractores extraños" poseen muchos mas hechos que una filosofía que los ampare. Pero por otro lado entendemos que cuando se han lanzado un número indeterminado de elementos, sus trayectorias se interceptan y combinan de una manera rigurosamente azarosa, no imaginable por el dispositivo de probabilidad estadístico.
En otros términos, nos resulta más atrayente la no linealidad dinámica, ya que responde a nuestra practica psicoanalítica sobre la cual luego volveremos.
Devastación/deconstrucción
.Las conmociones registradas en el campo literario poseen ya antecedentes desde comienzos de siglo. Alcanza tan sólo con "disparar" hacia el espíritu del lector dos nombres que inauguran esa conmoción: James
Joyce (13)y Marcel Proust (14).
Así como la física cuántica y las geometrías no euclidianas se han alejado de la concepción newtoniana de la linealidad, las literaturas nacidas desde comienzos de este siglo han reconocido y recogido en su producción la intermitencia en el orden del relato.
Si antes las historias se encadenaban linealmente, a partir del siglo XX el orden clásico de la lógica literaria se ha quebrado. De hecho, si esto se ha producido es porque los autores han logrado palpitar una lógica no lineal, no causal, sino polivalente, compleja y dinámica.
Ya desde la década del '60 y merced a los trabajos de Roland Barthes (15), Michel Foucault (16), Jacques Derrida (17)y mas recientemente Gilles Deleuze y Félix Guattari (18)la idea de deconstrucción ha ido ganando espacio en la teoría literaria actual.
Nos resulta inevitable aquí pensar que este crecimiento del deconstruccionismo es contemporáneo (¿paralelo o multifluyente?) del desarrollo de la atención científica hacia las Teorías del Caos.
Como bien lo señala la ya mencionada Hayles (10)creemos que se tratan, mas que de influencias mutuas (!de muy difícil precisión!), de desarrollos que se registrables en diferentes territorios, ciencia y literatura;
sonoridades emergentes del campo cultural actual. Y tenemos fundamentos para pensar en esta dirección.
Entropía
.Esta palabra nació cuando Rudolf Clusius la impuso, allá por mediados del siglo pasado, como equivalente del vocablo griego que significa transformación. Pero éste le impuso una connotación particular a la "entropía", le adicionó una definición que la ataba a la degradación del calor. Entropía como equivalente de degradación, sobrevive hoy como concepto fuerte.
Es posible vincular esta noción a la de representación.
Algunas concepciones de la postmodernidad nos hablan, justamente, de la profunda crisis de la
Representación; hoy esta no posee sino un valor fugaz y efímero. Podemos afirmar que la misma se ha degradado.
Jean Francois Lyotard (19)ha señalado el reemplazo de este concepto por el de simulacro. Si la
representación se encuentra vinculada a la metáfora, "la retirada de esta" -!siguiendo una afortunada expresión de Derrida (20)!- da lugar a la presencia del simulacro. No es una versión de la Realidad, sino la realidad misma puesta en juego.
Este deterioro sufrido por la representación es lo que se ha activado no solamente en el campo literario sino también en el científico. No es azaroso que las literaturas recostadas sobre sistemas dinámicos no lineales convivan en el tiempo junto a las Teorías del Caos.
Mas de sesenta años nos separan de un aporte que ahora queremos actualizar. Freud (21)señalaba que, desde el punto de vista religioso, el pensamiento hebreo había significado un salto cualitativo importante porque había destituido las imágenes y las había suplantado por la palabra; de la adoración a los iconos se había pasado a la entronización de las representaciones de palabra. Una involución posterior hizo retorno a la devoción por imágenes e iconos. Con este dispositivo nos es posible pensar que el momento actual se asemeja a un simulacro (en términos de Lyotard) por su fuerte vinculación con las representaciones de cosas (imágenes).Mas que ser un despliegue se trata de un repliegue donde el pensamiento se expresa mas que por las representaciones de palabras por la cosificación de las palabras mismas. En otros términos, el tránsito actual traslada la entropía de las ideologías a las entronizaciones de las imagologías.
No es ajena a este proceso la sólida presencia que tiene la autorreferencialidad que es, también, un integrante del torbellino; un giro sobre sí mismo. Las imágenes moldean, por especularidad identificatoria un retorno sobre la noción de mismidad. Así como Freud señalaba (22)que el líder podía encarnar al Ideal Yoico
silenciado de las masas, hoy el desvanecimiento de los ideales, las transformaciones de estos en realidades, la apuesta antes que a la representación al simulacro, no dejan de tener efectos resonantes sobre la constitución de la subjetividad.