• No results found

A medida que se avanza en la investigación del Principio de la Maxi- Mente, ¿qué predicciones se pueden hacer para el futuro?

En mi opinión, hay varios frentes importantes que esperan ser mejor investigados, entre los que se cuentan el dominio auto controlado de la química cerebral, una expansión del entendimiento y empleo del efecto placebo, y una más amplia utilización del Principio de la Maxi-Mente como ayuda para el cultivo de nuestras posibilidades espirituales, intelectuales y atléticas. Veremos ahora un poco más de cerca cada uno de estos tres campos.

EL CONTROL DE LA QUIMICA CEREBRAL Y EL EFECTO PLACEBO

En otros capítulos de este libro hemos visto cómo las células del cerebro se comunican o conectan entre sí por medio de sustancias químicas a las que se conoce como neurotransmisores. Allí donde se usan reiteradamente las conexiones cerebrales terminan por establecerse vías o instalaciones permanentes. Estas conexiones contienen nuestros recuerdos, de hecho, son nuestros recuerdos.

Las conexiones entre las células cerebrales pueden recordar un dolor de cabeza y también pueden recordar lo que es sentirse bien. Son capaces, además de recordar el alivio que se produce naturalmente o por obra de una medicación, y esta capacidad, especialmente, ofrece un gran potencial curativo para el tratamiento médico.

Estoy convencido de que mediante el uso del Principio de la Maxi- Mente será posible recurrir a las vías nerviosas que recuerdan el alivio de un dolor, por ejemplo, un dolor de cabeza. Entonces se podría utilizar el Principio para provocar ese alivio mediante la acción de los mismos neurotransmisores que se activaron para detener el dolor cuando, por ejemplo, en otra ocasión uno tomó un fármaco.

Todo esto no es tan disparatado como inicialmente podría parecer. Los investigadores han descubierto que alguno de los fármacos que tomamos para aliviar el dolor actúan como lo hacen porque imitan a los neurotransmisores que ya tenemos en el cerebro. Esos neurotransmisores imitados, que los científicos agrupan bajo la denominación de “ligandos”, funcionan como una especie de llave que libera ciertas reacciones cerebrales. Y a este respecto, tanto los fármacos como los neurotransmisores pueden servir de llaves.

Por ejemplo, la morfina es una droga que alivia el dolor y produce una sensación de euforia… y lo mismo hacen las endorfinas, como se llama a los neurotransmisores que actúan en forma semejante a la morfina. Últimamente hemos aprendido que correr y otras actividades naturales pueden liberar endorfinas y, sin la intervención de ningún fármaco, producir un efecto semejante al de la morfina.

Es indudable que hay muchos otros neurotransmisores que también pueden producir el mismo efecto que los fármacos u otros similares; sólo falta que aprendamos a liberarlos de manera más controlada. Se ha sugerido, por ejemplo, que los fármacos que llamamos tranquilizantes, como el Valium y el Librium, son eficaces porque imitan el efecto de otros neurotransmisores que ya poseemos. Quizá podamos aprender a conectar más eficazmente los neurotransmisores mediante pautas de pensamiento adecuadas.

¿Cómo podemos alcanzar un resultado así? Creo que mediante el uso del Principio de la Maxi-Mente podríamos aprender a poner en funcionamiento esos elementos químicos internos. Es decir que es bien posible que interiormente contemos con la posibilidad de aliviar el dolor y de aumentar de otras maneras nuestro bienestar sin recurrir a ninguna droga.

Nuevas investigaciones podrían darnos una mejor comprensión del efecto placebo, además de sugerirnos otros usos prácticos para este fenómeno. Para empezar, deberíamos aumentar nuestros conocimientos de la base fisiológica de las curaciones realizadas por aquellos que practican la imposición de manos. ¿Hay, como sostienen algunos, transmisión de energías, poderes o fuerzas del sanador al paciente, o las curas se relacionan más bien con la fe del paciente en las capacidades curativas del sanador? ¿Recordamos efectivamente cómo era estar bien, y de acuerdo con ello recreamos en nuestro cerebro las conexiones del “bien estar”? Y de manera similar, podemos preguntarnos si sustancias inactivas como las píldoras de azúcar no producirían su saludable efecto placebo porque

creemos que se trata de medicamentos eficaces y activos, o si tal vez pueden producir un bienestar recordado. La respuesta a estas cuestiones y a otras semejantes está pendiente de investigaciones.

Ciertamente hay muchos fármacos valiosos que no poseemos en la forma de neurotransmisores, y que por consiguiente seguirá siendo necesario usarlos como medicación. Dos de esos agentes son la penicilina y la tetracilina. Además, es obvio que no podremos reemplazar las grandes capacidades curativas de la cirugía moderna por más control que tengamos de la química cerebral.

Recordará el lector que aproximadamente un 75% de las enfermedades que hacen que el paciente promedio acuda al médico pertenecen al dominio de la interacción mente-cuerpo. Es obvio que en este amplísimo aspecto de la práctica médica puede caberle un papel muy importante a la adecuada aplicación del Principio de la Maxi-Mente. O dicho de otra manera: la comprensión y aplicación del Principio podrían servirnos para tratar aquellas dolencias que caen entre lo que pueden resolver la medicina y la cirugía modernas por un lado y, por otro, lo que pertenece al campo de la psiquiatría.

La aplicación del Principio de la Maxi-Mente nos llevaría también a una práctica médica más personalizada, menos tecnificada y más barata. En primer lugar, para mejorar la salud recurriríamos más a nuestras propias pautas personales de pensamiento y dependeríamos menos de medicaciones y otros recursos impersonales. Segundo, el uso del Principio impondría la necesidad de que el médico u otro profesional de la salud se convirtieran en guía mental máximo. Como resultado, el médico necesitaría conocer más íntimamente las necesidades y las creencias más arraigadas de cada uno de sus pacientes. Y finalmente se podría llegar a una práctica menos onerosa de la medicina porque es probable que la utilización del Principio sea el mejor camino hacia todas las formas eficaces de autoayuda.

LA FORMA FISICA, EL INTELECTO Y LA VERTIENTE ESPIRITUAL

Preveo también una aplicación mucho más amplia del Principio de la Maxi-Mente en la instrucción atlética, educacional y religiosa, y este es un movimiento que en los Estados Unidos se está produciendo ya en muchas escuelas y en instituciones dedicadas a la práctica del atletismo.

En el aspecto espiritual, será importante que las organizaciones y los líderes religiosos distingan entre lo que es una capacidad humana, accesible a todas las personas, sean de la fe que fuere, y lo que es la sustancia inviolable de su fe, peculiar de su propia tradición, cuya comprensión nuestra humana capacidad busca a tientas. Quines perciban que el Principio de la Maxi-Mente se centra en una capacidad humana y no en una sustancia espiritual irán utilizándolo cada vez más para realizar la disciplina espiritual.

Al acercarnos al término de esta exploración del potencial máximo de nuestra mente, honestamente espero que lo he intentado expresar haya resultado coherente, espero que el hemisferio izquierdo de su cerebro haya captado estos puntos, aun cuando muchos de ellos tengan firmes raíces en ese hemisferio derecho no verbal. Quizás en el proceso ya haya conseguido usted modificar alguna de las poderosas inferencias negativas que pueden haber estado limitando el funcionamiento productivo del hemisferio izquierdo.

Como ejercicio final, le sugiero que termine con una aplicación práctica del Principio de la Maxi-Mente. Para afirmar bien estos conceptos y técnicas, de modo que en el futuro pueda recurrir a ellos para cambiar su vida, podría empezar por ponerse en contacto con un guía mental máximo, y luego entrar en la Fase Uno practicando la Relajación.

Entre después en la Fase Dos, volviendo a echar una mirada al libro y releyendo las secciones que más le interesen. Al hacerlo, tenga en cuenta los mensajes que ha recibido y decida qué cambios necesita introducir en su vida en un futuro inmediato. Espero fervientemente que este libro no solo haya sido en su vida una pausa agradable dedicada a la lectura, sino que funcione también como una puerta abierta que le indique el camino hacia las importantes transformaciones personales que usted desea.

Al usar el Principio de la Maxi-Mente, tan fácil de aprender y de practicar, también usted puede disfrutar –y disfrutará- de los beneficios de una existencia más positiva y que ponga en juego la totalidad del cerebro. Usted puede acceder a las impresionantes posibilidades de su propia y particular Maxi-Mente.

Lo que ahora suceda será cosa suya. Tiene una opción: su Maxi-Mente, para emplearla con todas sus maravillosas posibilidades.

Related documents