variation in soil properties (Paper III)
8 Conclusions, recommendations and future research
Datos biográficos. Nació en Salaman-
ca el 22 de noviembre de 1898, en el seno de una familia acomodada de tradición aca- démica y política, y de ideología carlista tra- dicionalista. Tercer hijo de Petra Quiñones Armesto y Enrique Gil Robles –sobrino a su vez del poeta Gil Carrasco–, quien era tam- bién jurista y político, lo que marcaría pro- fundamente la biografía de José María Gil Robles, que seguiría de cerca los principios teológico-políticos de su padre. Enrique Gil Robles había sido un conocido catedrático de Derecho Político en la Universidad de Salamanca, autor de varias obras impor- tantes sobre el catolicismo liberal o el ab- solutismo y la democracia, pero especial- mente de un Tratado de Derecho político,
según los principios de la filosofía y el de- recho cristianos opuesto al liberalismo, el
racionalismo y el krausismo, que conoció numerosas ediciones hasta los años sesenta del siglo XX. Militante carlista, Enrique Gil Robles fue además diputado por Pamplona entre mayo de 1903 y agosto de 1905, antes de su prematura muerte en 1908, y su ca- rrera académico-política fue en gran medi- da la inspiración de su hijo menor. Contra- jo matrimonio con Gil Delgado y Armada, pasando una parte de su luna de miel en Alemania, donde asistió como observador a uno de los congresos del Partido Nazi en
Nuremberg. El matrimonio tuvo seis hijos, todos varones, dos de los cuales seguirían también la carrera política del padre.
Formación. Siguiendo la trayectoria de
su padre, José María Gil Robles inició sus estudios en Salamanca con las jesuitinas, y después fue educado por los salesianos. Estudió Derecho en la misma facultad sal- mantina en la que había sido catedrático su padre, y tras practicar los ejercicios el 26 de junio de 1919, se licenció en Derecho habiendo obtenido dos sobresalientes y un notable en el curso preparatorio, y quince sobresalientes –todos con Premio de Ho- nor– y un notable en la carrera. Presentado al examen final por el Premio Extraordina- rio, este le fue concedido el 23 de octubre de ese año.
Después se trasladó a Madrid para cur- sar el doctorado, mientras hacía el servicio militar en el regimiento de ferrocarriles. En Madrid hizo los cursos de doctorado obteniendo en tres de ellos la calificación de Sobresaliente-Matrícula de Honor, y la de Sobresaliente en el cuarto, consiguien- do el título de doctor con calificación de Sobresaliente el 7 de septiembre de 1920, tras la lectura de una tesis titulada “El De- recho y el Estado y el Estado de Derecho (Rechtsstaat). Estudio de Derecho políti- co”, ante un tribunal presidido por Loren- zo Benito, con Felipe Clemente de Diego, Emilio Miñana y José Gascón Marín, como vocales, y Vicente Chávez como secretario, quienes le otorgaron la calificación de so- bresaliente.
Carrera académica. Finalizados sus
estudios de forma brillante se dispuso a iniciar la carrera académica en la estela de su padre, y en 1920 se presentó a la opo- sición para la Cátedra de Derecho Político Español Comparado con el Extranjero, de la Universidad de Santiago, que no consi- guió. Finalmente consiguió la Cátedra de
DERECHO EX CATHEDRA
Derecho Político Español Comparado con el Extranjero el 29 de mayo de 1922 en la Sección Universitaria de La Laguna, pero aunque tomó posesión de la misma el 28 de junio de ese año, sus aspiraciones profe- sionales estaban ya muy lejos de ejercer la docencia universitaria en las Islas Canarias, y apenas unos meses después, el 22 de ene- ro de 1923, obtuvo una excedencia aban- donando la vida universitaria, para formar parte del consejo de redacción del diario El
Debate e incorporarse así de lleno a la acti-
vidad política y publicística que ocuparían la mayor parte de su vida.
Los regresos a diversas cátedras univer- sitarias y las nuevas excedencias fueron la constante de su vida académica, en la que siguiendo el ritmo de su carrera política apenas tuvo contacto con las aulas univer- sitarias.
Durante la dictadura de Primo de Rive- ra inició una actividad política de lleno. A la caída de esta, Gil Robles solicitó el rein- greso en el cuerpo de catedráticos el 3 de diciembre de 1930, y por orden de 26 de diciembre del mismo año se le nombró Ca- tedrático de Derecho Político de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada, cargo del que tomó posesión el 1 de enero de 1931.
Sin embargo, ese tampoco sería el co- mienzo de una larga trayectoria académi- ca, pues el 7 de mayo 1931, por razones de salud solicitó una licencia de un mes sin sueldo en la Universidad de Granada, que se le concedió el día 13, y por orden de 12 mayo 1931 consiguió permutar con Joaquín García Labella su Cátedra por la Cátedra de Derecho Administrativo de la Universidad de Salamanca, regresando así a su tierra natal en la que tomó posesión el día 24, y donde se sucederían las excedencias forzo- sas al ser elegido diputado a Cortes en las elecciones de 1931, 1933 y 1936.
En su expediente personal consta la ex- cedencia forzosa concedida por orden de 28 de diciembre de 1933, que cesaría el 25 de enero de 1936, sucediéndole una nueva excedencia forzosa por orden de 21 de abril de 1936 al ser elegido de nuevo diputado a Cortes.
Un año antes, en noviembre de 1935, y a pesar de su escasa vinculación con la vida académica, había sido nombrado como vo- cal suplente del Tribunal de oposiciones a la Cátedra de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia, a la que tuvo que renunciar por sus ocupaciones oficiales.
Depuración. Durante la Guerra Civil
Española, puesto al servicio del gobierno de Franco, en febrero de 1937 escribió desde Estoril al Ministro de Educación Nacional de la estructura política golpista para solici- tar que se tuviese en cuenta su condición de Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca en situación de servicio activo desde el 18 de julio de 1936, al haberse adherido desde los primeros ins- tantes al alzamiento militar y haber ofreci- do sus servicios al gobierno de Franco, para el que realizó fuera de España varias misio- nes, hecho que fue refrendado por el Rector de la Universidad de Salamanca en un es- crito de 5 de marzo de 1937, y fue aceptado así por el Vicepresidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza en Burgos, el 16 de marzo de 1937.
Desde su estancia en Lisboa, Gil Robles estudió de cerca la dictadura de Salazar, que admiraba desde tiempo atrás, llegan- do a considerar su sistema político como el más idóneo para España. En 1939 las autoridades políticas del nuevo Estado emanado del golpe militar establecieron que se encontraba en comisión de servicio en Lisboa para el estudio del Derecho Cor- porativo portugués desde el 18 de julio de
1936, y fue ascendido en el escalafón el 25 de octubre de 1941, y nuevamente el 2 de febrero de 1942, siendo aceptado como ex- cedente voluntario por orden de 18 de mayo de 1943, excedencia que fue prorrogada de nuevo por orden de 3 de junio de 1953, has- ta que finalmente, a punto de jubilarse, una orden de 3 de abril de 1968 le nombró Ca- tedrático de Derecho Político de la Univer- sidad de Oviedo por concurso de traslado, cátedra de la que tomó posesión el 17 de mayo, obteniendo su jubilación al cumplir la edad reglamentaria por resolución de 28 de noviembre de 1968, completando así una peculiar carrera académica totalmente ajena al mundo universitario.
Otras actividades y méritos. Dedi-
có la mayor parte de su vida a su conocida carrera política, por la que obtuvo una ex- traordinaria notoriedad. Su singular pre- sencia en la vida pública española se inició en 1922 colaborando en el Partido Social Popular de la mano de Ángel Herrera Oria, quien se convertiría en su valedor durante mucho tiempo, y en 1923, aparcando su carrera académica, pasó a formar parte del consejo de redacción del diario El Debate (del que pronto sería subdirector) dirigido por el propio Ángel Herrera Oria, que tenía muchos lazos con la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP).
Siempre se consideró a sí mismo como católico y monárquico. Su actividad política partió desde el catolicismo social ultracon- servador, y siempre dejó ver tentaciones hacia el autoritarismo. Con la instauración de la dictadura de Primo de Rivera, se mos- tró afín a los ideales de la Unión Patriótica, y colaboró desde un segundo plano con el ministro Calvo Sotelo en la labor técnica de la redacción del Estatuto Municipal de 1924 creado por la dictadura, desarrollando una notable actividad política como confe- renciante de la ACNP, y aprovechando su
posición en la Secretaría General de la Con- federación Nacional Católico-Agraria para ir construyendo las bases de su influencia política en el mundo rural castellano.
Tras la proclamación de la Segunda Re- pública, Gil Robles se definió como acciden-
talista en cuanto a las formas de gobierno,
aceptando el régimen republicano, y tuvo un papel muy destacado en la organización de la derecha católica como fuerza política y en la redacción del manifiesto fundacional de Acción Nacional (Acción Popular desde abril de 1932). Era ya entonces un reputado abogado, que ejercía una importante in- fluencia política desde el diario El Debate, que había demostrado ser capaz de integrar el catolicismo liberal en el parlamentarismo democrático, pero que no generaba muchas simpatías entre los republicanos progresis- tas como Azaña, que a propósito del debate sobre las responsabilidades de Alfonso XIII en 1931 en las que el abogado salmantino propuso olvidar el pasado, lo retrató en sus
Memorias como hombre “de voz metálica,
inalterable, un poco cargado de hombros, sin ideas ni talento”, y lo definió como “la estampa del abogado cínico”.
Gil Robles aceptó el sistema democrático, y se propuso utilizar sus instrumentos para defender sus intereses políticos e ideológi- cos, aunque desde los primeros meses de la República su lenguaje fue identificado por los republicanos conservadores como Mi- guel Maura como un llamamiento a la gue- rra santa. Como reflejó vivamente en sus memorias, su aceptación de la democracia parlamentaria no era fruto de una con- vicción democrática sino de una cuestión práctica, afirmando que estaba en contra de dicho sistema político y “cuanto más in- tervenía en el Parlamento, más firme era mi convicción de lo difícil que resultaría reme- diar por ese camino los males de la patria; pero se me ofrecía como el único terreno en