• No results found

Chapter 2 Summary

3. Conclusions and Recommendations

Otra de las deficiencias del paradigma es, su cognitivismo: su afán se centra exclusivamente en instruir, eludiendo la misión formativa: esto es, omite el aspecto de la valoración –por lo menos, de una valoración auténtica–.

La determinación de la voluntad, tiene como impulso vitalizante, la emotividad axiológica; pues bien: ésta conlleva que el sujeto valorante asuma un partido a favor o en contra. Grandes realizaciones humanas se han efectuado porque sus gestores, han vivido “en carne propia” alguna situación (Gandhi, Einstein). Pero esa tal situación, asumida vivencialmente, ha generado en el sujeto una reacción de carácter emotivo. Dicha reacción emotiva, se debe a que su motivación es algún problema que compromete el propio interés del agente o sujeto. Ha de estar educada la sensibilidad emotiva del sujeto, como es el caso de los grandes inventores y teóricos. Pero este cultivo de su sensibilidad, lo logra el sujeto solamente en contacto con la realidad genuina, no con un mundo sesgado. En el caso del paradigma en cuestión, el maestro le muestra a su alumno una realidad sesgada: le muestra lo que hay, pero no lo que le han quitado, ni la mano ecocida oculta detrás de lo que hay: no identifica al devastador del medio ambiente, ni fomenta su respectivo repudio. Lo que hay es un residuo: es lo que los depredadores hasta ahora no han podido devorar, pero que está en su mira: su intangibilidad es perentoria y se ajusta a la medida de las necesidades del predador. El maestro fomenta un sentimiento ilusorio de edificación, pero no fomenta un sentimiento realista de indignación. Enfocarlo lo que hay, como el objetivo de los depredadores, como la propiedad de los depredadores, sujeta a los alcances de su poderío y de sus apetencias, eso es lo que no hace el maestro cognitivista. La

196

biósfera siempre estuvo indefensa, a merced de los apetitos egoístas del cordado pensante; y lo que hoy queda de dicha biosfera, está en las miras del insaciable egoísmo humano, cuya voracidad no tiene ninguna consideración para con su medio. En

Mazamari (Perú), el campesino tala sin miramientos los

bosques para sembrar piña. Si se le increpa, responde: “qué hago: no tengo alternativa; tengo que sobrevivir”.

En consecuencia, en la naturaleza mutilada y devastada que tenemos ante nuestros ojos, hay que leer la presencia de la barbarie antrópica irracional, insaciable y amenazante. Más prioritario que construir (arborización y compostages), es generar una conciencia contestataria, crítica y defensiva, para defender el medio –y a nosotros mismos–, de la voracidad de ese enemigo histórico: el egoísmo irracional y convergente. Esto requiere una lectura de aquello que está presente ante nosotros; y la lectura arroja la barbarie de devastación.

La biosfera debe ser “interpretada” en el sentido que encierra, y eso se llama la “comprensión”; interpretar el sentido es leer el mensaje de la barbarie, echar de menos a la ausencia de lo faltante, indignarse ante la presencia del victimario; interpretar el sentido, es sentirse parte del drama, y como tal, sentir la indignación ante el agresor. La interpretación del sentido, definitivamente no es de carácter cognitivo sino de carácter emotivo; es ella un acto de valoración, por el que mi conciencia valorante asume un partido de repulsa emotiva.

Es esta valoración emotiva, el resorte impulsor que genera, hace posible y vigoriza una reacción volitiva ante el agresor. El educador ambiental debiera hacer ver a su educando, el faltante como una pérdida irreparable y como un agravio;

197

debiera, asimismo, identificar a los autores de dicho agravio, señalar responsabilidades, y promover en su educando, la condena a los autores de dicho agravio. La intención oculta de este paradigma cognitivista es, no afectar los intereses de los autores de la barbarie, y no entorpecer su antrópico camino de destrucción y muerte.

Es verdad que este modelo de educación ambiental, imparte pautas para fomentar comportamientos positivos, en aras de sensibilizar, y no se puede negar en esto la intención formativa y valorativa. Empero, no es una formación valorativa genuina, toda vez que no conlleva la polaridad en la apreciación valorativa, a la que me refiero en otra parte: una valoración unilateral, unidimensional como la que imparten estos profesores, no es una genuina valoración ni una auténtica sensibilización. En la práctica, es una pseudo-sensibilización y pseudo-valoración que no conduce a nada constructivo: su lirismo estéril constituye una cortina de humo, un distractor para encubrir a la voracidad depredadora del planeta, y encubrir también la hipocresía de los depredadores materializada en las “cumbres internacionales pro-ambientalistas”; a los bárbaros, autores de esta vorágine, sí les conviene que se siga creyendo que la educación está haciendo algo “por salvar el planeta”, a fin de que el mundo no se alarme ante su ecocidio, y puedan seguir devastando con tranquilidad e impunidad. Es un gran servicio que el educador ambiental les hace a los destructores del planeta, pues lo que ellos necesitan es no ser denunciados, y que la población no tome conciencia de su monstruosa acción devastadora.

Ese supuesto maestro, traiciona a su esencia de maestro, toda vez que sólo instruye, mas no forma en valores, no educa. Y aun así, la instrucción que imparte, es una información sesgada, pues se cuida de no identificar a los causantes de la barbarie. Su

198

didáctica y su ideario no es de su autoría, sino que es el libreto diseñado en las non sanctas “cumbres ambientalistas”, para adormecer a las masas. El tal “maestro” pues, no es un educador, sino un instructor; y ni siquiera un buen instructor, porque contribuye al engaño de su educando, y es un encubridor. Más claro: el “maestro” ambientalista no es más que un portavoz lacayo de los destructores del planeta, pues su encubridor desempeño, siendo un poderoso distractor para adormecer a las masas, le da cumplimiento al propósito perverso de los gobiernos de no ser perturbados en la aplicación de su modelo neo-liberal de saqueo.

.

199

CONCLUSIONES

1. El modelo vigente de educación ambiental, asume la tesis

Related documents