REPLY OF THE COMMISSION
CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS 65.
El enfoque comunicativo proviene directamente del constructivismo donde el alumno, como ya se ha dicho anteriormente, tiene que ir “construyendo” su propio conocimiento y debe ir añadiendo la nueva información que le llega a la que ya tiene adquirida. Este método tiene como objetivo final “la adquisición de la competencia comunicativa; es decir, todo ese conjunto de conocimientos y destrezas que tienen que poseer los hablantes para comunicarse eficazmente en contextos definidos” (DOGC, 1992). Este sistema nace como respuesta, sobre todo, al método ALM, explicado anteriormente, donde el profesor tiene una importancia máxima, donde todo lo que se enseña se basa en la lengua escrita y donde el alumno tiene pocas oportunidades, si es que tiene alguna, para comunicarse.
El concepto de competencia comunicativa incluye tanto la vertiente lingüística como la cultural. Lingüísticamente, implica tener acceso y conocer un nuevo sistema fonológico, unas determinadas estructuras lingüísticas, unas correspondencias entre la lengua oral y la lengua escrita, unos ámbitos léxico-semánticos y una organización argumentativa y discursiva. Culturalmente, implica una comprensión de los países y de sus culturas para poder conseguir la lengua globalmente y comprenderla dentro de su entorno. Para Hymes (1971) la competencia comunicativa presenta cuatro dimensiones:
a) La competencia lingüística que se refiere a las reglas gramaticales, es decir, que la actuación lingüística sea formalmente posible.
b) La factibilidad, es decir, que las expresiones sean factibles de acuerdo con los medios de los que se dispone: limitaciones de edad, formación, cansancio.
c) La aceptabilidad o adecuación: La actuación lingüística se da según las reglas sociolingüísticas del contexto en que se produzcan: uso del lenguaje formal o informal, etc.
d) Darse a la realidad: El hablante no se puede inventar usos de la lengua por razones paradigmáticas u otras. Por ejemplo: si se puede contestar con un simple "sí" o “no”, no es necesario usar respuestas enteras.
Muchos de estos aspectos son inconscientes. En actuaciones orales espontáneas, muchas oraciones no se acaban, se repiten palabras o fragmentos, etc. Si se graba a alguien, éste tiene la sensación de que habla mal, pero en realidad es una actuación perfectamente normal en expresión oral.
La enseñanza comunicativa de lenguas extranjeras parte de la idea de que una lengua se aprende usándola y por eso la clase tiene que ser un lugar en el cual la lengua se use creativamente mediante actividades comunicativas muy variadas, no un lugar donde se reflexione sobre el funcionamiento de la misma. Aquí el papel del profesor sigue siendo esencial pero no como líder sino como asesor, planificador, evaluador, suministrador de input, como persona que ayuda al alumno a controlar su propio proceso de aprendizaje y como promotor de valores educativos. Es decir, tiene que dar a los estudiantes oportunidades para comunicarse, para que usen la lengua para interpretar, expresar e intercambiar información real y, al mismo tiempo, muestren interés por la nueva lengua. Por todo esto, la docencia tiene que estar basada en los siguientes principios didácticos (Canale, 1983):
a) Las necesidades comunicativas de los estudiantes. b) Unas interacciones comunicativas y realistas. c) Las habilidades que ya tiene el hablante en su L1. d) La interdisciplinariedad.
2.3.1.5.1. El enfoque comunicativo en las aulas de LE
Este enfoque pretende que el aula de lenguas extranjeras sea un espacio con un contexto apropiado que favorezca el intercambio comunicativo entre los alumnos, que los convierta en interlocutores válidos, y donde las actividades programadas sean comunicativas y significativas. Para Educación Primaria, las actividades tienen que ser comunicativas, muy variadas y de poca duración porque esto permite un uso creativo de la lengua y una motivación por parte de los alumnos. Además, hay que priorizar el uso de la lengua oral y los contenidos que permiten el despliegue de procedimientos y de actitudes, valores y normas, ya que se quiere formar globalmente a la persona (DOGC, 1992). Para Educación Secundaria Obligatoria, las actividades tienen que permitir al alumno desarrollar las destrezas comunicativas a todos los niveles, es decir, la comprensión y la expresión orales y escritas, y también tienen que fomentar la capacidad reflexiva del alumno para que vaya adquiriendo una autonomía en su proceso de aprendizaje (Generalitat de Catalunya,1993).
El enfoque comunicativo introduce la enseñanza de lenguas extranjeras en el tercer curso de Educación Primaria. La importancia del factor edad en el aprendizaje de una segunda lengua había sido muy debatido y parecía ser que a los nueve años era la mejor edad para introducirla porque el alumno tiene más plasticidad perceptiva, lo cual implica una facilidad más grande para adaptarse a la lengua auditivamente y fonéticamente. Asimismo, los alumnos de esta edad están más desinhibidos y muestran más interés por todas las formas de expresión, sin aquel miedo al ridículo (Torres, 2005). Los dos primeros años, en tercero y cuarto de Educación Primaria, la enseñanza tendría que ser exclusivamente oral porque el aprendiz todavía no tiene bien adquirida la parte escrita en su L1. Normalmente, entre los seis y doce años el alumno está aprendiendo a leer y escribir su lengua materna y se considera que a los doce años ya la tiene adquirida –aunque esto no es siempre cierto. A partir de quinto de primaria, cuando el alumno ya está finalizando el proceso lecto-escritor en su L1, es el momento más adecuado para introducir la parte escrita en la lengua extranjera que se está enseñando porque el proceso madurativo del niño ya lo permite. En la ESO, se potenciarán la comprensión y la expresión escritas de la lengua extranjera, sin olvidar la parte oral. Aquí el papel del profesor será más el de guiar y facilitar el proceso de construcción creativa. El enfoque comunicativo, como ya hemos visto, proponía una enseñanza de la LE que empezara por un proceso exclusivamente oral, pero la realidad en las aulas era muy distinta: desde que se empezaba a enseñar una LE en la escuela, la enseñanza-aprendizaje venía mediatizada por un proceso lecto-escritor. Se acostumbraba a seguir un libro de texto y/o material que se basaba en el lenguaje escrito, como por ejemplo las transparencias, las fotocopias, la pizarra, las cartas de vocabulario, etc. Incluso aquellas actividades que se consideraban idóneas para trabajar la lengua oral, como el role-play, la dramatización, las canciones y la recitación de poemas, no eran nada más que actividades de lectura, en las cuales el alumno seguía teniendo un soporte escrito.