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Robust and Modular Synthesis of Bottlebrush Polymers

Scheme 2. 7: Ring Opening Metathesis Polymerization of norbornene.

2.5 Conclusions

¿Existe lugar para la categoría del bien

común dentro del discurso y la práctica de la economía? ¿O es que esta última está ‘con-

denada’ a hablar el lenguaje y por lo tanto a ocuparse solamente de eficiencia, beneficio,

competitividad, desarrollo y, como máximo,

de justicia distributiva? La pregunta no es retórica si se considera que el bien común

está hoy en la mira, si bien con intenciones

diversas, de un doble frente, el de los neoli-

berales y el de los neoestatistas. Los prime-

ros se ‘contentan’ con la filantropía y con

varias de las prácticas del conservadurismo compasivo para asegurar un nivel mínimo de asistencia social a los segmentos débiles

y marginados de la población. Pero que no sea éste el sentido del bien común nos viene

de considerar que la atención a quien tiene

necesidades no debe ser objetual sino per-

sonal. La humillación de ser considerados ‘objetos’ de la atención de los otros, aunque

sea de tipo compasivo, es el límite grave de la concepción liberal-individualista, que no llega a comprender el valor de la empatía en

las relaciones interpersonales. Como se lee

en Deus Caritas Est: “La íntima participación personal en las necesidades y sufrimientos

del otro se convierte así en un darme a mí

mismo: para que el don no humille al otro,

no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo; he de ser parte del don como

persona” (n.34).

Tampoco la lógica neoestatista compren-

de el significado profundo del bien común. Insistiendo únicamente en el principio de

solidaridad, el Estado se hace cargo de ase- gurar a todos los ciudadanos niveles esen-

ciales de asistencia. Pero de este modo, con- tradice el principio de gratuidadnegando a

nivel de la ‘esfera pública’ cualquier espacio

para la acción gratuita. Si se reconoce que la gratuidad desarrolla una función profética, porque porta en sí misma una ‘bendición escondida’, pero no se permite que esta función se manifieste en la esfera pública,

está claro que el espíritu del don estará su-

jeto a una lenta atrofia. La ayuda por la vía

exclusivamente estatal tiende a producir in- dividuos asistidos pero no respetados en su dignidad, porque no llega a evitar la repro-

ducción de la dependencia.

El desafío hoy, es luchar por restituir el principio del bien común a la esfera públi-

ca. El bien común, afirmando el primado de

la relación interpersonal sobre su exonera-

ción, del vínculo intersubjetivo sobre el bien

donado, de la identidad personal sobre la utilidad, debe poder encontrar espacio de expresión por doquier, en cualquier ámbito del accionar humano, también compren-

didas la economía y la política. El mensaje

central es, por lo tanto, aquél de pensar la

caridad, y por lo tanto la fraternidad, como

clave de la condición humana, viendo en

el ejercicio del don gratuito el presupuesto

indispensable para que Estado y mercado

puedan funcionar teniendo como meta el bien común. Sin prácticas extendidas de

gratuidad se podrá también tener un mer-

cado eficiente y un Estado competente (in-

cluso justo) pero eficiencia y justicia, aunque unidas, no sirven para hacernos felices. “El

amor-caritas –escribe Benedicto XVI– siem- pre será necesario, incluso en la sociedad

más justa […]. Siempre habrá sufrimiento que necesita consuelo y ayuda. Siempre ha-

brá soledad” (n.28).

Albert Camus escribió en Bodas: “Si hay

un pecado contra la vida, no es quizá tanto desesperar de ella, sino el de esperar otra vida y sustraerse a la implacable grandeza

de ésta....”. Camus no era creyente, pero nos enseña una verdad: no se necesita pe-

car contra la vida presente descalificándola, humillándola. No se debe, por eso correr el centro de gravedad de nuestra fe en el más allá, tanto de hacer insignificante el presen-

te: pecaríamos contra la Encarnación. Se

trata de una opción antigua que data de los

Padres de la Iglesia que llamaban a la En- carnación un Sacrum Commercium para su-

brayar la relación de reciprocidad profunda

para remarcar que el Dios Cristiano es un Dios de hombres que viven en la historia y que se interesa, es más, se conmueve, por

su condición humana. Amar la existencia es entonces un acto de fe y no sólo de placer personal. Es lo que nos da la esperanza, la cual no concierne solamente al futuro, sino

también al presente, porque tenemos la ne- cesidad de saber que nuestras obras, ade-

más de un destino, poseen un significado y un valor también aquí y ahora.

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traducción: Marcia Veneziani y

José E. Putruele

* Este ensayo fue presentado en el congreso “Bien común en la era de la globalización” de la Universi-

dad de Pisa que tuvo lugar entre los días 18 y 21 de octubre de 2007.

1 Nota del editor. En este caso y a lo largo del texto, el autor se refiere a su país de origen, Italia.

Durante las últimas tres décadas hemos

visto un cambio notable en el rendimien-

to de la política monetaria. Para fines de la década de 1970 la inflación había subido

a niveles muy altos, y muchos países de la

Organización para la Cooperación y el De-

sarrollo Económicos (OCDE) experimenta-

ban tasas de inflación de dos dígitos. La ma-

yoría de los países de la OCDE tienen hoy tasas de inflación cercanas al nivel del 2%,

lo que es consistente con lo que la mayoría de los economistas consideran estabilidad

de precios, y la volatilidad de la inflación ha descendido notablemente. Una preocu-

pación puede ser que los niveles bajos y es-

tables de inflación pueden haberse logrado

a expensas de una mayor volatilidad en la producción, pero eso no es lo que ha suce-

dido. La volatilidad de la producción tam- bién ha descendido en la mayoría de los

países de la OCDE. El rendimiento mejora- do de la política monetaria se ha asociado con avances en la ciencia de la política mo-

netaria, es decir, con un conjunto de prin- cipios que se han desarrollado a partir de

una teoría rigurosa y de trabajo empírico, y

que han llegado a guiar el pensamiento de

quienes practican la política económica.

En este artículo, revisaré el progreso que la ciencia de la política monetaria ha tenido

en las últimas décadas. En mi opinión, este progreso ha expandido significativamente

el grado en el cual la práctica de la polí-

tica monetaria refleja la aplicación de un conjunto central de principios “científicos”. ¿Acaso este progreso significa que, como afirma Keynes, la política monetaria se vol- verá tan aburrida como la odontología, es

decir, que esa política se reducirá a la apli- cación rutinaria de principios básicos, algo

muy semejante a rellenar caries?1 Afirmaré

que existen, y siempre existirán, elemen- tos de arte en la conducción de la política económica; en otras palabras, que siempre

se necesitará un nivel importante de juicio

para lograr resultados deseables en ambos

frentes de la inflación y del empleo.

I. avances en la ciencia de la política mo-