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En 1976 surge, por primera vez, el uso público del término neurociencias cognitivas, pero fue hasta el año 1988 que se estableció como una disciplina nueva. Se trata de todo un programa de investigación que surge a partir de la combinación de diversas neurociencias conductuales2 y es el resultado de la colaboración entre neurociencia y psicología, principalmente. Esta disciplina busca relacionar zonas del cerebro con actividades cognitivas, así como descubrir los procesos que llevan a cabo las actividades fisiológicas en las estructuras neuronales y que dan como resultado la percepción, la cognición y la conciencia (Gazzaniga apud Escera 2004:2). La finalidad principal es el estudio de los procesos mentales superiores, también denominados cognitivos, que están conformados por el pensamiento, lenguaje, memoria, atención, percepción y movimientos complejos (Portellano 2005:4).

Como se puede observar, una de las funciones en la que más están interesadas por explorar estas neurociencias es el lenguaje, ya que representa una evidencia tangible de los procesos que se llevan a cabo en la mente humana. Principalmente se enfocan en ello la

2 Según Portellano, existen dos orientaciones en el campo de las neurociencias: conductuales y no conductuales. Mientras que las no conductuales ponen mayor énfasis únicamente en aspectos del sistema nervioso sin atender aspectos comportamentales, las conductuales tienen como finalidad principal relacionar al sistema nervioso con diversos aspectos de la conducta y procesos cognitivos. En este último grupo se incluyen la psicobiología, psicología fisiológica, psicofisiología, psicofarmacología, neuropsicología y neurociencia cognitiva (2005:5).

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psicología, la biología, la medicina y, por supuesto, la lingüística (Davis (1996), Baars y Gage (2010) apud Guillén 2013:50). De esta forma, la investigación en torno a él se ha centrado principalmente en los procesos de la comunicación humana, así como en sus fallas, pues a través del estudio de la patología “se pueden comprender los patrones de

normalidad y determinar qué áreas del cerebro y procesos cognitivos son requeridos, determinantes o secundarios durante la expresión y comprensión del lenguaje” (Guillén 2013:51)

Finalmente, es importante destacar que cada función o proceso cognitivo está anclado a una estructura cerebral bien delimitada; no obstante, lo que resta es estudiar de qué manera trabajan ambos elementos para desembocar en funciones superiores, como es el caso del lenguaje. Por ello este trabajo es interdisciplinario, pues se encuentra dentro del marco de las neurociencias cognitivas con el fin de estudiar los procesos que intervienen en la formación de verbos en condiciones de patología y de esta manera aportar evidencia que explique este mismo mecanismo, pero en condiciones naturales.

2.2.1 NEUROPSICOLOGÍA

Ya se hablaba en el capítulo anterior sobre la neuropsicología moderna y su fundador, Luria, quien la define como “la ciencia que estudia la organización cerebral de los procesos mentales o cognitivos del hombre” (1982:42). Básicamente, la neuropsicología cognitiva postula que el cerebro funciona mediante estructuras neurológicas que se interconectan para llevar a cabo una tarea específica, es decir, una función cognitiva. Estas funciones poseen un lugar en una zona del cerebro determinada, por lo cual si resulta dañada, como consecuencia, provocará una alteración en dicha función (Guillén 2013:52).

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Así también, la neuropsicología está interesada en ver cómo el cerebro es capaz de restablecer sus funciones al sufrir daños provocados por pérdida de tejido o alguna desconexión y que desembocan en alteraciones a nivel cognitivo, ya que, si bien puede reorganizarse gracias a la plasticidad cerebral, no en todos los casos regresa a su condición premórbida (Guillén 2013:54).

Finalmente, la neuropsicología busca adaptar métodos de reaprendizaje para contribuir a la conservación parcial de las funciones cognitivas después de haber sufrido una alteración cerebral. En el caso específico de las afasias, la terapia está enfocada en subsanar el daño en el procesamiento del lenguaje, por lo que el modelo de rehabilitación que utilice deberá estar diseñado desde la lingüística atendiendo a niveles específicos del lenguaje (Guillén 2013:54). Sólo así los neuropsicólogos serán capaces de entender la manera en que el cerebro de una paciente trabaja en condiciones tanto naturales como en patología (Davis 2012:7).

2.2.2 NEUROLINGÜÍSTICA

La neurolingüística puede definirse como el campo de investigación que tiene como objeto de estudio tanto a la neurofisiología como a las patologías del lenguaje, así como los mecanismos cerebrales de la actividad lingüística y los cambios en sus procesos debido a lesiones cerebrales focales (Luria apud Marcos-Ortega 1998:1). Este término es relativamente reciente ya que se consolidó en los años setenta sin embargo, el estudio científico de la relación cerebro-lenguaje surgió desde la segunda mitad del siglo XIX y se manifestó a través de la publicación de las primeras descripciones de trastornos del lenguaje tras el sufrimiento de una lesión cerebral (Caplan 1992:17).

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Así, la neurolingüística trata de cómo el cerebro representa y utiliza al lenguaje, cómo se desarrolla este proceso a lo largo de la vida humana y cómo se ve afectado por las enfermedades (Caplan 1992:19). Por tratarse de una disciplina enfocada de lleno en el estudio de las patologías del lenguaje, los investigadores se apoyan en las teorías lingüísticas para la elaboración de sus programas de rehabilitació, por ello este estudio está dedicado a aportar evidencia que sirva de apoyo a las investigaciones y permita no sólo explicar los aspectos lingüísticos que se ven alterados en la producción de los PAW sino que, a partir de esta caracterización, se busca contribuir a explicar de qué manera trabaja el cerebro durante el procesamiento morfológico de una lengua natural.