Table 7.1 Average effect of different types of pre-school experiences on selected KS4 outcomes based on propensity score matching
8. Conclusions
En lo que tiene que ver en la construcción de una cultura bogotana (en este caso una cultura deportiva), es importante señalar el papel que desempeñaron los medios de comunicación en la conformación de una modernidad urbana que poco a poco se fue instalando en la vida urbana de la ciudad. Como se pudo observar, la Página deportiva, dirigida por el boxeador Rafael Tanco, significó un gran avance en el ámbito del campo deportivo por lo novedoso de sus contenidos y, sobre todo, por formar un público interesado en estar informado acerca de las prácticas deportivas y sus contextos.
De esta manera, los medios masivos de comunicación se constituyeron en una de las herramientas fundamentales en la formación de ciudadanos y su inserción en la modernidad. Los medios impresos se encargaron de configurar y transmitir una serie de modelos de comportamiento, tanto públicos como privados, es decir, se convirtieron en elementos socializadores de nuevas pautas de lectura y conducta dentro del marco del espacio público, lugar donde se ponen en práctica estos nuevos valores:
Una condición básica de la vida y de la actividad en una ciudad es la distinción y regulación de los ámbitos de lo público y de lo privado. El mundo urbano se percibe a través de un “adentro”, la esfera de lo privado y de un “afuera”, el ámbito de lo público, donde se ejerce la condición de “ciudadano” y donde se llevan a cabo diversos encuentros e interacciones. Uno es el ambiente de la confianza, conocido donde se siente una familiaridad con el entorno. El otro es un ambiente donde se producen encuentros con desconocidos. Ámbitos intermedios como el trabajo, la educación y la recreación o las prácticas religiosas, combinan algo de familiaridad de lo privado con la tumoltosidad de lo público. (Saldarriaga, 2000a, p. 275)
Desde esta perspectiva, la ciudad empieza a transformar su espacio urbano y, así mismo, su imagen, produciendo una nueva idea de cultura urbana, cuya existencia inmediata depende en gran medida de su capacidad de comunicación y representación. En este sentido, surge la necesidad de configurar de forma sólida una cultura urbana y para llevar a cabo este propósito se debe realizar un esfuerzo por universalizar los valores que esta cultura quiere instaurar. La ciudad moderna aspira a construir una cultura homogénea
42 para todos sus habitantes, lo que aspira a lograr gracias a la socialización de nuevas costumbres en los espacios públicos que se construyen.
Como se dijo en el primer capítulo, la modernización de la ciudad requirió la inserción de nuevos saberes, así como de esfuerzos educativos por parte de las élites para introducir nuevas costumbres de acuerdo con los requerimientos modernos. Según Fabio Zambrano (2007), este proceso de educación masiva se convirtió en la herramienta que permitiría que la población aprendiera a habitar la nueva ciudad, con espacios, máquinas y aparatos que exigían comportamientos totalmente diferentes a aquellos propios del siglo XIX (p. 56). Por tal motivo, el espacio público y el uso del tiempo libre se convirtieron en asuntos de importancia para la política pública de la ciudad. Así mismo, con la introducción de las prácticas deportivas a comienzos de siglo, surge la necesidad de construir y fomentar nuevos espacios de sociabilidad distintas a las plazas y parques11 que prestaban servicio en la ciudad.
En la década de 1920, los promotores de las actividades deportivas se preocuparon por difundirlas como prácticas distinguidas, civilizadas y como un factor fundamental de la modernización de la ciudad. Algunos de los hechos principales a favor de la popularización y la masificación del deporte en la ciudad fueron los eventos de carácter internacional como los Juegos Olímpicos de 1924 y de 1928 y la primera Copa Mundial de Fútbol, efectuada en Uruguay en 1930.
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Es importante señalar que para finales del siglo XIX y comienzos del XX, la carencia de espacios recreativos en la ciudad era notable. Desde entonces se pensaba seriamente en dotar de parques a la ciudad. Fue así como en 1883 se establece la construcción del Parque Centenario para conmemorar el nacimiento del Libertador Simón Bolívar. Décadas más adelante se afianza la idea de construir más parques, y para la década de 1920 la ciudad ya contaba con varias áreas identificada como tales, entre ellas el parque Luna Park en el sur, el Parque Gaitán al norte, el Parque de la Independencia, adyacente al Parque Centenario, y el Parque Nacional construido en 1934. Cabe aclarar que estos parques fueron primordialmente lugares de descanso y no se concebían como espacios para la práctica deportiva. Ir al parque en esa época significaba disponer de tiempo para simplemente “no hacer nada”. Estos lugares eran vistos como espacios para el disfrute, la relajación y el esparcimiento. Para ampliar información, consultar:
Zambrano, F. (2003), Tres parques de Bogotá: Nacional, El Tunal, Simón Bolívar: construcción del espacio público, Bogotá, Observatorio de Cultura Urbana y Fabio Zambrano editores, p 13-15.
43 La información acerca de estos eventos llegaba a la ciudad a través de los principales periódicos y revistas y, a partir de 1929, de la radio. Estos medios sirvieron de una u otra forma para romper el aislamiento y establecer contacto con el resto del mundo. Además, permitieron el ingreso de nuevos conceptos para proyectar un ideal moderno en torno al deporte en una sociedad que veía en su práctica un elemento fundamental de la vida y la cultura urbana.
Un ejemplo interesante de cómo los bogotanos se sintieron inmersos en estos eventos internacionales, y no precisamente por la participación de los deportistas colombianos12; fue la magnífica participación de la Selección Uruguaya de Fútbol en las Olimpiadas de París 1924 y de Ámsterdam 1928. En los Juegos Olímpicos celebrados en la capital francesa, los uruguayos fueron el primer equipo sudamericano en competir en esta disciplina y junto a los combinados de Estados Unidos y Egipto constituyeron las únicas tres selecciones no europeas que participaron en estas justas orbitales. El equipo uruguayo deslumbró a los europeos por la calidad y estrategia de su juego. Jugadores como Nazanni, Scarone y Andrade se convirtieron en ídolos de los aficionados parisinos quienes reconocieron la supremacía de “la celeste”, pues en su debut olímpico humillaron a los yugoslavos derrotándolos 7 goles contra 0 y, posteriormente, en la gran final, a los suizos por 3 goles a 0.13
Cuatro años más adelante, en los Juegos de Ámsterdam, los charrúas repetirían otro gran éxito olímpico. En esta ocasión la participación de equipos americanos llegaría a
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Colombia vería su primera participación en una olimpiada en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1932 con el deportista Jorge Perry. Con 26 años, Perry se inscribió para correr la maratón olímpica. En esa época no había Comité Olímpico Colombiano y debió superar más de un inconveniente para competir. Después de cuatro meses de preparación en territorio estadounidense, Perry no tuvo mucha suerte en el momento de la carrera: se desmayó a los 10 kilómetros de la competencia. Recibió la Medalla al Mérito, del Comité Olímpico Internacional, la cual se considera como la primera presea obtenida por el país a nivel internacional. Sin embargo, esta medalla no se suma como medalla oficial en la tabla de medalleros históricos. Tomado de: El Espectador (1999, 2 de noviembre), “Perry Villate, primer atleta olímpico colombiano” [en línea],
disponible en http://www.elespectador.com/impreso/deportes/articuloimpreso-perry-villate-primer- atleta-olimpico-colombiano. Recuperado 12 de septiembre de 2014.
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Expediente futbol (2014, 2 de junio), “Triunfos y glorias de la celeste en los mundiales” [emisión por televisión], Safarian, W. (dir.) Buenos Aires, Torneos y Competencias, Fox Sports.
44 cinco: al campeón vigente Uruguay se le sumarían las selecciones de Argentina, Chile, México y Estados Unidos. En el transcurso del torneo se notaría la superioridad de las escuadras sudamericanas, en especial de los seleccionados uruguayo y argentino, los cuales disputarían la gran final en el estadio Olympisch Stadion de Ámsterdam, donde los primeros repetirían título bañándose del anhelado y glorioso oro.
Fotografía número 8: Selección Uruguaya campeona de los Juegos Olímpicos de París 1924. El equipo se ganó la admiración y el respeto del mundo deportivo, posicionando al fútbol sudamericano en un lugar privilegiado.
Fuente: www.centenario2030.com
La excelente participación de la Selección Uruguaya de Fútbol pronto repercutiría en el ámbito deportivo de la ciudad y del país. En los principales medios se hizo notar la necesidad de establecer políticas públicas a través de las cuales las principales autoridades gubernamentales impulsaran y fortalecieran la práctica deportiva. En este sentido, se proponía estimular, educar y poner en plenitud física a los deportistas para que en futuros eventos locales e internacionales realizaran representaciones dignas. Así mismo, se evidenció la pertinencia de dotar a la ciudadanía de espacios públicos en los cuales se incentivara la práctica de algún deporte, esto con el fin de difundir sus excelentes
45 beneficios y ganar cada vez más adeptos, con lo cual se trabajaba en la construcción de una cultura deportiva. Al respecto, el diario El Tiempo publicaba:
El resonante y definitivo triunfo obtenido por el equipo uruguayo de foot-ball en los Juegos Olímpicos de París, no es un triunfo cuya gloria recae únicamente sobre la República Oriental, sino que debe enorgullecer a cuantos lleven sangre latina en las venas. Es la América joven y vigorosa que se impone a la vieja Europa, es el alma latinoamericana que se abre un camino victorioso en los campos del deporte. Algo verdaderamente asombroso es el crecimiento que en los últimos años ha tenido el deporte en las Repúblicas del sur y prueba de ello son las victorias, ya muy frecuentes que han conseguido los argentinos, chilenos y uruguayos en Europa y los Estados Unidos. […] Es indispensable que los congresos y las asambleas legislen sobre la materia, creando premios de alguna importancia, fomentando y organizando torneos entre las distintas regiones del país, dando facilidades para el transporte de los equipos que tomen parte en los torneos; fundando campos de sport en donde la afición se extienda y se afiance, haciendo obligatoria la manera como algún día podríamos presentarnos con lucimiento en los concursos internacionales y entonces dejaríamos de representar el triste papel que hasta hoy hemos desempeñado, brillando siempre por nuestra ausencia. En el momento actual no es con pomposas embajadas diplomáticas como se hacen conocer los países, y ya hemos visto que el gran triunfo de los uruguayos en París, ha tenido mayor repercusión y ha hecho más propaganda al Uruguay en el alma de los pueblos, que todas esas diplomacias de discursos y mentiras. Aprovechemos esta lección y fomentemos y practiquemos los deportes; que no sean estos privilegios reservados a determinada clase social, démosles un carácter verdaderamente democrático, si queremos ocupar un puesto destacado entre los países cultos del mundo. (El Tiempo, 1924, 16 de junio, p.3)
La idea de sistematizar, organizar y socializar las prácticas deportivas llevó a establecer un dispositivo legislativo en torno al deporte y la educación física. Los primeros esfuerzos por normativizar el deporte se materializaron en el proyecto planteado por el abogado y Representante antioqueño Carlos Uribe Echeverri a los Representantes a la Cámara de Bogotá el 1 de septiembre de 1925. Este proyecto fue inspirado en el programa de sistemas de Plazas de deportes implantado por los uruguayos. El Director de la Comisión de Educación Física de Uruguay, el señor Antonio María Rodríguez, explicaba los beneficios de estos espacios para la práctica deportiva con estas palabras:
Para nosotros una plaza de deportes es una institución donde inteligentemente se guían los impulsos instintivos del niño para el juego, y donde la naturaleza y la vida del niño y del joven encuentran una amplia y saludable expresión. Esta abarca el desarrollo del intelecto, de las emociones, de los rasgos individuales y de los sociales, etc. […] la vida al aire libre y al sol que se hacen en plazas de deportes, el aumento de vigor orgánico producido por los ejercicios físicos y los hábitos higiénicos, constituyen el medio más eficaz para combatir las enfermedades contagiosas, que tantas víctimas hacen entre los niños. (Uribe Echeverri, 1927, p.42)
46 Por su parte, para poner en marcha su proyecto en Colombia, Uribe Echeverri resumía su argumento, así:
En el Uruguay se instaló la primera plaza de deportes en Montevideo en 1913, con elementos y aparatos modernos. El movimiento de extensión fue creciendo rápidamente, y hoy existen cuarenta y una plazas de deportes instaladas y veintisiete en proyecto, algunas de las cuales están ya en construcción […] El gobierno del Uruguay contrató un experto estadounidense para la instalación de las plazas de deportes y la preparación del personal enseñante de las primeras plazas. Posteriormente delegó a la Comisión Nacional de Educación Física que atendiera a las plazas de deportes que se habían multiplicado extraordinariamente en todo el país. […] En síntesis puedo decir que no debemos aspirar a llamarnos pueblo culto si no entramos decididamente en esta corriente, si no seguimos el ejemplo de los países que van delante de nosotros. La profunda pena que sentía cuando en el Uruguay me pedían datos sobre las plazas de deportes en Colombia, y sobre los planes de educación física entre nosotros, me ha inspirado este proyecto, que insinúo respetuosamente a la honorable Cámara. (Uribe Echeverri, 1927, p. 38)
Fotografía número 9. Un aspecto de la plaza de deportes número 2 Goes en Montevideo, en el año de 1923. Fuente: www.sef.edu.uy.
El proyecto de Uribe Echeverri logró llamar la atención de los dirigentes. El día 18 de noviembre fue aprobado por decreto presidencial, dando lugar a la Ley 80 de 192514, la
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Para entender la dinámica de esta Ley, hay que remontarse a su génesis; es decir, a la Ley 39 de 1903, Ley
que construiría las bases sobre la enseñanza y la difusión de la cultura física, la cual sería reglamentada un año más tarde por decreto número 491 de 1904. Al respecto Uribe Echeverry, redactor de la Ley de 1903,
47 cual se denominó Sobre educación física, plazas de deportes y precio de las becas nacionales, ley que también dio origen al Ministerio de Instrucción Pública, en el cual se creó una sección de Educación Física Nacional, predecesor del hoy llamado Instituto Colombiano de la Juventud y el Deporte: Coldeportes. De acuerdo con sus premisas, esta ley buscaba organizar torneos atléticos, promover la construcción de plazas deportivas, crear asociaciones en las cuales se fomentara la educación física, elaborar publicaciones como revistas y libros para propaganda deportiva, difundir conferencias sobre la importancia del deporte, tanto para la salud física como mental, y diseñar un plan de enseñanza de la educación física. Algunos de los artículos sobre plaza de deportes que contiene la Ley son:
Art. 3º- sección b: Crear y fomentar la fundación de plazas de deportes, promocionar los planos para su construcción y el reglamento que en ellas deba cumplirse.
Art. 6º- las principales atribuciones del técnico son:
a) Dar cursos intensivos para la preparación de maestros que han de poner al frente de la plaza de deportes.
b) Elaborar los planos a que han de sujetarse las construcciones de plazas de deportes en toda la República.
c) Elaborar los reglamentos para el funcionamiento de plazas y para los concursos anuales de atletismo, los cuales deberán ser aprobados por la comisión Nacional de Educación Física. (Colombia, 1925, p. 452)
manifestaba: En los últimos años la educación física ha adquirido, en todas partes, una importancia que no tenía […] La educación de la infancia y de la adolescencia influyen sobre toda la vida del adulto; la formación normal del cuerpo prepara la de la inteligencia y la de la voluntad […] Los deportes colectivos desarrollan además el espíritu de solidaridad, de resistencia, de altruismo, del sacrificio de la personalidad a la disciplina del equipo, de sumisión a las reglas establecidas y del perfeccionamiento del “espíritu deportivo”, es decir, de los sentimientos caballerosos. (Uribe Echeverri, 1927, p33)Sin embargo, este decreto no tendría eco suficiente. Si bien señalaba que la enseñanza de la educación física sería gratuita para todos los habitantes de la nación, no fue obligatoria. Solo las escuelas y colegios la acogieron. Por otra parte, la enseñanza de la educación física se limitó a los hombres quienes fueron dirigidos por ex militares, excluyendo a las mujeres y orientándolas a la práctica de otras rutinas más delicadas.
48 Las principales plazas de deportes de la ciudad estuvieron vinculadas a los colegios y a las escuelas, lugares donde era más fácil inculcar a la infancia y a la juventud los efectos benéficos de los ejercicios físicos y del deporte, los cuales, combinados con disciplina y orden, contribuían a la formación del carácter y desarrollar valores como la cooperación, la solidaridad y la confianza en sí mismo. También, se estipuló que el deporte favorecía la adquisición de hábitos de higiene. La tesis que apoyaba dicha actitud hacia el deporte, expresaba que los niños que empezaban las prácticas físicas a temprana edad, tendrían menos posibilidades de caer en la mendicidad, la delincuencia y la vagancia.
Las plazas de deportes poco a poco se incrementaron en la ciudad. En la medida que esta se expandía y desarrollaba, los barrios empezaron a promocionar espacios públicos dedicados a la recreación y el deporte. Esas plazas públicas de deportes, con el paso del tiempo, se transformaron en lo que hoy se conocen como los parques de barrio, entendidos como espacios urbanos abiertos de manera permanente y dotados del equipamiento necesario para el aprovechamiento y satisfacción de las necesidades de esparcimiento de sus habitantes.
En consecuencia, se empieza a cambiar la idea que se tenía del parque como lugar exclusivo de descanso. Con la dotación de canchas de baloncesto y fútbol, la construcción de pistas de carreras atléticas, de patinaje y para recorridos en bicicleta, y en general la adecuación de toda la infraestructura necesaria para suplir la amplia oferta y demanda deportiva de la ciudad, los grandes parques empezaron a percibirse y concebirse como lugares predilectos para la socialización y práctica del deporte en espacios públicos.
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Fotografía número 10. Plaza de deportes del colegio de La Salle en 1925, Bogotá. Las instituciones educativas fueron las que más se preocuparon por instaurar en sus currículos la enseñanza de la educación física y la práctica de los deportes. Fuente: Cromos, 16 de mayo de 1925.
Con la implementación de la Ley 80 de 1925, se hizo notar el papel del Estado en la generación e instauración de políticas en torno al deporte. Este actuó como una entidad movilizadora en el ámbito de la educación, pedagogización y en el proceso de socialización del mismo. Así mismo, consideró a la educación deportiva como un canal privilegiado para la integración social, cuyos efectos se resumirían en la formación de ciudadanos, es decir, sujetos adaptados a la sociedad y dotados de valores cívicos y morales que establecen ciertos modelos de comportamiento y se reflejan en la convivencia. Además, este proceso de “estatización” del deporte sirvió para hacerlo más democrático, es decir, directamente más accesible para todos, en especial para ciertos sectores de la sociedad que no habían sido involucrados en el ámbito deportivo ni habían tenido la posibilidad de practicarlo de manera más “formal”.
Así, la Ley 80 de 1925 da cuenta precisamente de la materialización y puesta en marcha de todo un plan de modernización del deporte. Contribuyó a socializarlo y a insertar en la sociedad la idea de una cultura deportiva, que poco a poco se afirmaba y proyectaba su importancia e impacto en la vida urbana.