La gigantesca pantalla desconectada había cautivado mi atención. El salón a mi alrededor parecía reverberar con las palabras de Godar. Tantas cosas para meditar, tantos tropiezos a lo largo de la existencia me hacían preguntar en silencio: “Cuál debería ser en fin, el procedimiento correcto del ser humano frente a los conflictos del mundo en que vivimos?.
Pienso que, después de oir los comentarios de Godar, realmente las respuestas son siempre muchas. Sin embargo, cualquiera que el hombre escoja, en el estado actual en que se encuentra, será obviamente limitada o inadecuada, pues estará siempre formulada basada en un estado de conciencia encerrado en los mismos paradigmas que nos han traído hasta aquí. Y aunque muchos perciban o intuyan, aun levemente, que los problemas de nuestro descuidado mundo puedan tener solución, sabemos que ésta solamente será posible con una mayor comprensión de las cosas, obtenida por medio de un desarrollo interior, intelectual y espiritual fuera de los patrones convencionales. En otras palabras, cuando nuestra mente venga a ser utilizada para educar a nuestro espíritu y ambos, en perfecta comunión, se fundan realizando un acto mágico de armonía plena, estarán generando el inicio de nuestra vida cósmica, igual al acto en que una mujer y un hombre se unen para generar una vida. En ese momento, habremos retornado al camino del cual nos apartamos. Ambos, hombre y mujer, son necesarios para que una vida sea engendrada. De igual manera, la mente y el espíritu son necesarios para engendrar el más fantástico milagro, la verdadera vida universal.
Cuando miraba al guía extraterrestre, algunos de sus enunciados continuaban martillando mi cerebro:
“…Ustedes consideran al hombre y su realidad sobre un aspecto eminentemente materialista, apelando a lo más obvio y evidente, su substancia. El Universo se manifiesta de diferentes formas e infinitas maneras. Vuestra percepción es tan limitada como arrogante. En vez de buscar ampliar vuestro conocimiento y procurar comprender mejor la naturaleza del Cosmos, se reducen absurdamente a fantasear sobre lo aparente”. Realmente tenía que estar de acuerdo con Godar. El hombre es un desconocedor de sí mismo. Su verdadera naturaleza, la razón de su existencia y el papel que tiene que cumplir en el escenario de este “Teatro Cósmico” son misterios hasta hoy lejos de ser develados por él. Qué decir entonces de su mundo espiritual? Cuál será entonces el verdadero sentido de la existencia del hombre? De cualquier tipo de criatura capaz de pensar y poner este Universo en serios aprietos o en franco desarrollo?
Mis pensamientos se debatían tratando de encontrar respuestas. Sentado en aquel suave y enorme sillón, me sumergí en una tempestad de preguntas que parecía
transformarse en un remolino de dudas.
Mi “corto circuito” cerebral fue interrumpido por Godar, que gentilmente me dijo:
– Para comprender eso que consideras un difícil misterio, debo decirte que en el interior de este vasto Universo, todas las cosas que lo componen forman parte de un complicado sistema que podríamos llamar, para entenderlo mejor, ECOSISTEMA UNIVERSAL.
“Actualmente, científicos de todo el mundo están interesados en la investigación del medio ambiente y algunos comienzan a creer que la Tierra se comporta de manera similar a un organismo vivo. Un lugar donde la vida se desarrolló, no sólo adaptándose al medio ambiente, sino colaborando para remodelarlo constantemente. Asimismo, los planetas serían diferentes entre sí porque los diferentes factores, externos e internos, poseen una relación interdependiente de complementación y de mutua transformación. “En otras palabras, la diferencia entre los mundos estaría relacionada al efecto provocado por la acción de los seres vivos, que habrían tomado el control del “metabolismo” del planeta y transformado la masa química del mismo en un sistema gigantesco y autosuficiente. Tus científicos no tardarán en descubrir que el oxígeno que hoy respiran, el gas sin el cual no habría vida superior en tu mundo, no existía en la superficie de la Tierra hace unos 2 billones de años. Su aparecimiento y su nivel de crecimiento se dieron en función del aparecimiento de las primeras plantas que utilizaban el proceso de fotosíntesis, produciendo el oxígeno como subproducto. Así como en nuestra ciudad subterránea, las plantas controlan el equilibrio de los gases, la temperatura y la humedad de un mundo, afectando directamente su clima. El desmantelamiento indiscriminado, la contaminación de los mares, la quema de substancias polucionantes y la erosión en tu mundo traerán profundas y lamentables transformaciones climáticas que, dentro de poco, se volverán en contra del mismo hombre.”
Tales comentarios contenían un mensaje entre líneas. Parecía entrever una predicción apocalíptica y sin vacilar, pregunté:
– Godar, cuales serán esas consecuencias?
El guía extraterrestre tomó una nueva pieza de cristal entre sus dedos y la colocó en una ranura en la mesa que controlaba el monitor. Inmediatamente, escenas de paisajes surgieron frente a mí. Imágenes del mar, nubes, montañas y prados verdes se sucedían unas tras otras.
Mi concentración fue interrumpida por las palabras del guía que continuó diciendo: – No sólo las plantas controlan el volumen de oxígeno de tu mundo. Los minúsculos organismos marinos que ustedes conocen como “plancton” son los principales colaboradores de esta producción, además de co-responsables, junto con las plantas, por la regularización y control del clima. Algunas especies de plancton producen una substancia química que, acumulada en los océanos, se difunde por la atmósfera en todo el planeta. La cantidad de esta substancia en la atmósfera controla la densidad de la cobertura de nubes. Y así puedo afirmarte que las diferentes formas de vida que existen
en un planeta están allí para cumplir una función, siendo cada una el controlador o regulador de su propia biosfera. Como un inmenso organismo, cada elemento es un factor de gran importancia para garantizar la preservación del ecosistema local. Nada existe que sea irrelevante, todos cumplen un objetivo que complementa y colabora en el mantenimiento de un perfecto equilibrio ambiental. Sin embargo, cuando es alterado, una profunda reformulación se hace necesaria. El organismo planetario reacciona ante la presencia de intrusos que, como bacterias que agreden un cuerpo, deberán ser combatidos. El hombre, en vez de colaborar en el mantenimiento y la salud de este cuerpo que lo acoge, lo enferma, minando sus recursos y afectando su estructura. Será pues el destino del hombre ser tratado como una molestia y así, erradicado de la faz de la Tierra. Su propio mundo se levantará contra él y sólo descansará cuando, quien sobreviva, sepa trabajar para la satisfacción plena de las necesidades de mantenimiento y desarrollo del medio ambiente planetario. Sin piedad ni remordimiento, la Tierra se levantará contra los hombres. Disminuyendo gradualmente sus fuentes de alimento por la acción destructiva de los elementos y por el empobrecimiento del suelo; afectando su respiración por la dificultad de degradar los polucionantes; quemando y alterando su piel por las radiaciones solares al debilitar su atmósfera; eliminando sus fuentes de energía por el agotamiento; limitando cada vez más el espacio apto para ser habitado, por la inestabilidad del suelo y de los elementos, en fin, generará una cadena de actividades que desestabilizará la economía humana, provocando el caos social y la incertidumbre cada vez más crítica del futuro.
Las palabras del guía me dejaron nuevamente petrificado. Mis pensamientos iban y venían, procurando imaginar como sería ese horrible momento. Era lamentable tener que admitir que nuestra ignorancia y desorden comprometían día a día una continuidad que podría ser calmada y sin tropiezos en la superficie de la Tierra. Quienes más sufrirían la consecuencia de esa irresponsabilidad serían, ineludiblemente, las generaciones por venir.
Mientras tomaba conciencia de nuestra capacidad destructiva, no comprendía cuál sería el motivo de la creación al haber colocado en el Universo una criatura como nosotros, capaz de destruir todo a su alrededor y poner en peligro la vida, no solamente en la Tierra, sino en cualquier lugar a donde fuere. Si la evolución tiende a una búsqueda continua de perfección, nosotros, los seres humanos, difícilmente tendríamos tiempo siquiera para poder llegar a trascender nuestras dificultades, ya que sería más probable destruirnos a nosotros mismos y a nuestro medio ambiente mucho antes.
Mientras pensaba, otra pregunta surgió atropelladamente. Perturbado por el triste futuro que me aguardaba cuando volviese a la Tierra, mire a Godar diciendo:
– Si Dios o el Profundo quisiese formar un Universo perfecto, no hubiera creado al hombre. Pues perfección la tendría Él con los animales irracionales. Todos viviendo y actuando en perfecto equilibrio con la naturaleza, jamás cuestionarían nada, nunca saldrían fuera de control y no serían capaces de ninguna destrucción indiscriminada. El
Universo sería como un verdadero paraíso, pues todo se movería regido por las mismas leyes universales, inclusive los propios animales por su instinto. Sin embargo, he aquí que surge el hombre. Una criatura animal que, antes que ser racional, siente impulsivamente, como Ud. dice y se deja llevar por el arrebato de las pasiones. Pone, por medio de ese comportamiento, en continuo riesgo su propia vida, la de sus semejantes, la de los animales, el equilibrio del medio ambiente y la continuidad armoniosa de toda la estabilidad universal. En la fase en que se encuentra, por no considerarse más un animal irracional, siente y percibe de una manera diferente; no siendo totalmente racional, su pensamiento carece de libertad, pues sólo tiene real y verdadera libertad quien es consciente para pensar y ser y conciencia es cosa que nadie en este mundo posee plenamente. Al mismo tiempo, los arrebatos de las emociones anulan la voz interior del instinto que teóricamente debería alertarlo continuamente de un inminente peligro, u orientar las mejores opciones que garantizen su supervivencia. Por otro lado, la razón no consigue actuar prudentemente en función del impulso, del caos sentimental, de la inmadurez interior, de la represión de su yo superior, de las carencias, de la soledad y de la inseguridad. En síntesis, no somos nada definido, somos apenas una transición. Una criatura en definición, una criatura en vías de ser algo. más, por favor, Godar, dígame: “Cuál es el sentido de la vida de evolucionar al estado pensante, para qué, por qué?” Mi anfitrión extraterrestre me miró esbozando una leve sonrisa. Sus ojos, similares por la forma a los de un gato, verdes y profundos, penetraban en mí perforando mi alma. Suavemente, una vez más, su voz penetró entre mis pensamientos diciendo:
– Así como la Tierra, el Universo es un conglomerado de componentes de naturaleza variada, como polvo cósmico, estrellas de diferentes magnitudes y tamaños, galaxias de innumerables formas y dimensiones, sistemas planetarios de tipo simple, binarios, trinarios, en fin, de elementos que no terminan nunca y cuya razón de existir es proporcionar un “albergue” a la vida misma. Esta afirmación que hago, aunque curiosa para tí, es no obstante simple de comprender. Cuál sería el sentido de tener una casa sin nadie para habitarla? O mejor todavía, cuál sería el sentido de haber moradores sin un lugar para ellos? Vemos que hay una relación íntima y muy estrecha entre el universo- espacial y el universo-vida, ya que uno no tiene sentido sin el otro. Para que las transformaciones ocurran dentro de un medio y que, en consecuencia, sistemas más complejos sean afectados, alguna cosa tendrá que ser lo suficientemente dinámica y libre para propiciarlas. La vida suple ese tipo de exigencia. Un mundo sin vida es una piedra suspendida en el espacio, o tal vez sea también un conjunto de elementos latentes para generar una vida futura.
“Las diferentes formas de vida, como ya observaste, pueden afectar el comportamiento de un planeta. Alterar el clima, modificar la temperatura y por qué no, condicionar el ritmo selectivo de las mismas especies. El ecosistema planetario es un conjunto de elementos en que cada uno cuenta con el otro, creando una cadena cerrada. Al romper este equilibrio dinámico, es decir, al modificar de alguna manera esta mutua