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Conditional forecasts to evaluate the role of policy support

3.2 Methodology and data

3.3.2 Conditional forecasts to evaluate the role of policy support

2.3.1. Concepto de Musicoterapia 2.3.2. Musicoterapia en Medicina 2.3.3. Musicoterapia en Oncología

2.3.4. Musicoterapia, Estado Anímico y Calidad de Vida

2.1. Cáncer

Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), el término cáncer “engloba un grupo numeroso de enfermedades que se caracterizan por el desarrollo de células anormales, que se dividen y crecen sin control en cualquier parte del cuerpo. Mientras las células normales se dividen y mueren durante un periodo de tiempo programado, la célula cancerosa “olvida” la capacidad para morir y se divide casi sin límite (…). Tal multiplicación en el número de células llega a formar unas masas, denominadas “tumores” o “neoplasias”, que en su expansión destruyen y sustituyen a los tejidos normales” (Puente, 2015). En la mayor parte de los casos, el tratamiento del cáncer comporta la intervención de diferentes especialidades médicas (cirugía, quimioterapia, radioterapia, terapia hormonal, inmunoterapia etc.).

El cáncer es una de las enfermedades que ha recibido mayor atención en los últimos años. Una de las razones tiene que ver con su creciente incidencia: la estimación de la incidencia es de 222.069 casos en España para este año 2015 (SEOM, 2014), una cifra superior a la de los datos del año 2012, que puede explicarse por el crecimiento de la población y su envejecimiento. En Catalunya, las previsiones de incidencia de cáncer para el año 2020 indican que el número de casos aumentará. Referente al sexo, los varones lo harán en un 22,5% respecto a las cifras del año 2010, con 26.455 nuevos casos. En cuanto a las mujeres, su incidencia aumentará el 24,5%, y pasará a 18.345 casos (Ribes, Esteban, Clèries, Galceran, Marcos-Gragera, Gispert et al., 2014). La supervivencia del cáncer y su cronicidad van también en aumento, gracias a la detección precoz y a los avances obtenidos en las técnicas de diagnóstico y tratamiento.

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Estas cifras ponen en evidencia la magnitud de esta enfermedad, hecho que ha propiciado un aumento del interés por los aspectos no sólo biomédicos sino también psicosociales del cáncer. Las enfermedades oncológicas suelen conllevar problemas que abarcan diferentes áreas del ser humano, de modo que el cáncer es abordado hoy en día a nivel multidisciplinar, a fin de poder atender así todas las necesidades del enfermo. Cada vez se recomienda más ofrecer un cuidado integral al paciente, lo que significa que los tratamientos médicos convencionales deben combinarse con otras opciones y cuidados no farmacológicos, que reciben el nombre de “Oncología Integrativa”. Barton y Bauer-Wu (2009) la definieron como: “El uso de prácticas de salud complementarias en combinación con los cuidados del cáncer convencionales (cirugía, quimioterapia, radioterapia y terapia biológica), con un énfasis en un cuidado extenso, multidisciplinar y centrado en el paciente” (p.1).

La complejidad del cáncer hace que esta enfermedad trascienda más allá de la problemática médica, y que pueda generar un gran impacto psicológico en el enfermo, e incluso afectar a sus relaciones familiares y sociales (De Cáceres, Ruiz, Germà, & Carlota, 2007). Hoy en día, los aspectos psicológicos y sociales que conlleva esta enfermedad son tenidos en cuenta cada vez más.

2.2. Cáncer, distrés emocional y soporte psicológico

La experiencia del cáncer puede resultar invasiva y amenazadora. El diagnóstico, los procedimientos médicos invasivos y los tratamientos médicos suelen generar altos niveles de estrés en el enfermo, además de los efectos secundarios de los tratamientos. La falta de una etiología clara y la imprevisibilidad del curso y resultado de la enfermedad, puede provocar un alto grado de incertidumbre y pérdida de sensación de control en el paciente (Barreto, Ferrero, & Toledo, 1993). Además, el enfermo suele vivir diferentes pérdidas a nivel físico y psicosocial, y se ve impelido a ir realizando determinados ajustes en su día a día. El ajuste o adaptación psicosocial al cáncer es un proceso continuado, en el que el paciente ha de ir dando respuestas constantes que le permitan ir afrontando las múltiples demandas derivadas de su nueva situación (National Cancer Institute, 2014). Y todo ello puede desencadenar un elevado estado de malestar emocional.

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La National Comprehensive Cancer Network (NCCN, 2012) desarrolló el concepto de “distrés” para definir esta emoción desagradable que manifiesta un determinado paciente, y que resulta en una experiencia emocional desagradable, de naturaleza multifactorial, que puede incidir en la dimensión psicológica, social y/o espiritual de la persona, e interferir con su capacidad para afrontar el cáncer de forma efectiva, en sus síntomas físicos y en su tratamiento (Almanza, Rosario, Silva, & De la Huerta, 2010). Es importante señalar que el distrés, por sí mismo, no constituye un trastorno mental y la enfermedad y tratamiento oncológico por sí mismos tampoco conllevan trastornos psicológicos. No obstante, y en algunos casos, sí puede ocurrir que su persistencia pueda progresar hacia trastornos diversos, como los trastornos adaptativos, que se caracterizan por la aparición de síntomas emocionales (ansiedad o depresión) o del comportamiento (cambios conductuales) en respuesta a un factor externo estresante (Hernández, Cruzado, Prado, Rodríguez, Hernández, González et al., 2012). En esta línea, y según la Organización Mundial de la Salud, aquellas personas con enfermedades de curso crónico y degenerativo resultan especialmente vulnerables a la presencia de problemas de salud mental (Organización Mundial de la Salud, 2004). Existe una elevada morbilidad psiquiátrica en los pacientes con cáncer y los trastornos psiquiátricos más frecuentes en estos enfermos son los trastornos adaptativos del estado anímico tales como depresión y ansiedad (Hernández & Cruzado, 2013; Hernández et al., 2012).

El estrés que suele suponer un diagnóstico de cáncer y sus tratamientos, así como el riesgo de presentar malestar emocional, pueden considerarse razones suficientes que justifiquen la implantación de intervenciones psicológicas (Barreto et al., 1993). Es importante responder al amplio espectro de necesidades de los pacientes con cáncer ayudándoles, entre otros aspectos, a adaptarse a las nuevas demandas y cambios corporales, a atender su mundo emocional, a controlar sus pensamientos negativos y disfuncionales, así como a abordar los posibles problemas y dificultades de comunicación y relación. Además, un diagnóstico de cáncer suele generar preguntas sobre el sentido de la vida y de la muerte, y también se hace necesario acompañar a la persona en este proceso de reevaluar su situación en ese momento vital y a ir encontrando las respuestas a cuestiones de carácter espiritual-existencial (Arranz, Barbero, Barreto, Bayés, 2003; Bayés, 2006; Holland & Lewis, 2003). Las intervenciones grupales en oncología han demostrado ser de ayuda para mejorar la

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autoestima, la afectividad negativa, facilitar la ventilación emocional, o para compartir las propias vivencias con el grupo, entre otros aspectos (Die Trill, 2014). Una de sus ventajas es la de ofrecer la posibilidad de identificar problemas y encontrar maneras de resolverlos, facilitar lazos y apoyo social. La relación coste-eficacia es otra de ellas. El formato breve y el modelo cognitivo-conductual son dos de las características que aparecen en la mayoría de estudios publicados acerca de la eficacia de grupos terapéuticos en oncología. Los estudios sobre intervención psicológica en cáncer han ido aumentando a lo largo de los años, y han demostrado que este tipo de intervención grupal puede ayudar a mejorar el estado emocional, el ajuste psicosocial, y la calidad de vida de pacientes con cáncer (Bellver, 2007; Die Trill, 2007; Font & Rodríguez, 2004, 2007; González, Montesinos, Eguino, Paredes, Fernández & Yélamos, 2007; Narváez, Rubiños, Gómez, García, & Cortés-Funes, 2008; Pocino et al., 2007; Rodríguez & Font, 2013).

Finalmente, y según señalan Pocino et al. (2007) así como Yélamos y Fernández (2009), las intervenciones de apoyo psicosocial al enfermo con cáncer comportan una actuación profesional que no es exclusiva del campo de la psicooncología sino también de otros ámbitos y especialidades. La musicoterapia es una de las disciplinas que está cada vez más presente en el contexto médico y oncológico, y que ofrece interesantes aportaciones.