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et al., conducted a study on epidemiological evidence of link between sleep duration and high blood pressure as a systemic review and meta

La participación de la dirección escolar ha sido crucial para la aceptación e

implementación del cambio educativo. Su participación puede ser decisiva para el éxito o fracaso de toda innovación. El director realiza dos importantes tareas: gestión y liderazgo. La primera se refiere a las tareas que tienen como finalidad principal mantener la estructura, funciones, actividades y el cumplimiento de las normas vigentes. La segunda se relaciona con las acciones que el director realiza para influir en los demás para que las cosas se hagan de modo diferente y la organización vaya mejorando (González, 2003).

Esto significa una modificación dialéctica del hacer acontecer, en donde se pasa de lo dado a un dándose en constante dinamismo. Lo dado es la concreción, lo que está ahí, lo que no se modifica ni transforma y se constituye como un inmovilismo o punto de equilibrio. Este es el papel del director, ser guardián de lo que existe. En cambio, lo dándose es el aspecto

dinámico, es el constante devenir, el movimiento ascendente, que se inicia y al concretarse se reinicia en un nuevo hacer acontecer; como movimiento dialéctico no puede detenerse pues la mejora no tiene un término en el tiempo y en el espacio. Es un valor visionario que se mueve constantemente de forma proporcional al movimiento por alcanzarlo. Este es el juego del líder.

La dirección escolar debe ser vista desde una perspectiva coherente con los cambios que se han venido dando en la actual sociedad del conocimiento. De Vicente (2001) señala la necesidad de una visión global del centro educativo y de metas compartidas. La participación de todos en la toma de decisiones; delegación de autoridad; comunicación de información;

promoción de conductas congruentes con los valores e ideales que se persiguen.

De Vicente (2001) afirma que la dirección debe ser capaz de remover obstáculos y salir airosa en su inevitable enfrentamiento con aquellos que se resisten al cambio. El director debe detectar, acordar y diseminar valores, metas y visiones y encabezar misiones compartidas. Debe de promover la colaboración, la creación y el mantenimiento de una comunidad de aprendizaje. Debe incentivar a los profesores a ser líderes; a hacer de la mejora continua una creencia posible; a promover el aprendizaje continuo y la cultura de la evaluación. “El liderazgo en el mundo posmoderno organizacional ha implicado el supuesto de la responsabilidad. La dirección eficaz del cambio y la adaptabilidad organizacional requieren iniciativa y pensamiento innovador por parte de todos” (Duncan, 2000, p. 107).

Este tipo de dirección implícitamente plantea una toma de decisiones horizontal, en detrimento de la jerarquización de las líneas de poder, dejando al directivo la función de

orientador, guía, tutor de los actores escolares sobre el sentido del cambio continuo y dirigiendo el rumbo de la escuela hacia la visión de lograr una educación de calidad.

El liderazgo del director no puede sustraerse de los cambios en que está transitando la escuela, que se dirigen a la simplificación de la gestión institucional en sus diversos aspectos, para encontrar mejores formas de hacer más dinámica e innovadora las funciones y actividades académico administrativas, para responder a las demandas de un mayor compromiso y

responsabilidad social. El liderazgo directivo debe enfocarse, en atención a la coherencia, a la motivación de maestros, estudiantes, personal de apoyo, comunicación y apoyo constante con la comunidad y la innovación y mejora constante de la escuela.

La importancia del director en la implementación de cambios educativos estriba en el hecho de que sí éstos se constituyen como lideres en la introducción de innovaciones y mejoras escolares, mediante acciones reales, no lo que él dice, sino lo que realmente hace conllevará el mensaje de si el cambio es real o aparente. El liderazgo horizontal y la participación de maestros en la planeación del curso y de diferentes acciones políticas ha sido considerada un rasgo de las escuelas eficientes. Esto refleja un adecuado grado de colaboración con el director y a la vez, la delegación de autoridad y responsabilidad por parte del directivo (Fullan & Stiegelbauer, 2003).

El cambio, la mejora continua y la autonomía (relativa) de la organización escolar han resultado cruciales para un directivo que se empeña en conseguir una educación de calidad. Desde luego esto no ha sido ajeno a las dimensiones sociales, políticas, económicas y culturales del entorno en su dinámica interactiva. Lo importante son las concepciones culturales que el director defiende, sus actuaciones y el significado que éstas comunican a los demás actores escolares. De esta forma se ha estado gestionando la cultura de la organización escolar; se participa en la construcción, mejoramiento, sostenimiento o cambio de la cultura de la escuela.

Se subraya el hecho de que el director, como líder, debe tener seguidores en pos de una visión o ideal. De modo que para potenciar su alcance se hace necesaria la creación de un liderazgo compartido o múltiple en virtud de que el cambio sólo es posible con el compromiso compartido de todos los actores escolares (De Vicente, 2001).

El director, además de ser un profesional y contar con experiencia docente y

administrativa, debe tener la habilidad para ejercer un liderazgo educativo, con independencia de criterios en su actuar y administrar. Es primordial que su elección sea objetivamente contextual y profesional como el más idóneo y se haya considerado su capacidad profesional

basada en principios de identidad, motivación, interacción, logro, control de resultados y orientación (De Vicente, 2001).

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