3.3 Data Collection
3.3.4 Conducting the semi-structured interviews
BARDI
CARACTERIZACIÓN TAXONÓMICA. Nombre árabe: bardi. Nombre castellano: enea. Nombre científico: Typha dominguensis (Pers) Steudel. Familia: Tifáceas.
AUTORES: 2, 4, 5, 6, 7, 8.
TRADUCCIONES: papiro (2) (5) (7) (8), carrizo (4), enea (6), junco de la India (7), junco (8).
FORMAS Y TÉCNICAS DE CULTIVO: sus ramas se quiebran anualmente dejando sólo sus raíces hasta que retoñan (5; 230). Si en los terrenos llanos y profundos abunda el agua, sale la enea (trad. “papiro”) fuerte y gruesa (5; 367).
USOS Y CONSUMO: las cuerdas de enea (trad. “papiro”) se emplean para atar ramas de vid que se quieren injertar entre sí (2; 210, 212). Con cuerdas de enea (trad. “papiro”) se atan las estacas que conforman los setos (2; 240). Se atan con enea (trad. “papiro”) las dos partes de un sarmiento tratado para no llevar frutos con cuescos, o también los sarmientos de los que se quieren obtener uvas de diversos colores (7; I-641, 649). Se atan con enea (trad. “papiro”) ramas de diversos árboles tratados para dar frutos sin huesos (de Qustus, 7; I-654). Se cubren con esteras limpias de enea (trad. “papiro”), en un sitio apropiado, las uvas y los higos para que se vayan haciendo pasas (7; I-666). Se colocan esteras de enea (trad. “junco”) para prevenir la humedad de los silos, y también se cubren con ellas los frutos tempranos para que no se hielen (8; 253, 257).
OTROS: vive 3 o 4 años (5; 230). Si se da frondosa en una tierra, indica que ésta tiene mucha agua en su interior (2; 182) (4; 224) (de la Agr. Nab., 7; I- 139) (8; 207). La presencia de eneas indica que hay agua cerca y que la tierra es muy húmeda (de la Agr. Nab. y de Qustus, 6; 92). Si se eleva un espejo de hierro u otro material con cuerdas de enea (trad. “papiro”), Dios alejará las nubes de ese lugar (2; 189). Si una calabaza es amarga, se raja la raíz, se rellena, se ata con enea (trad. “papiro”) y así se vuelve dulce (2; 255).
COMENTARIO CRÍTICO: este término es utilizado para diferentes helófitos (hidrófitos que viven emergentes al borde de aguas someras) por lo que posee un carácter algo genérico. De hecho, incluye el papiro (Cyperus papyrus L.) que mencionan las fuentes clásicas de las que beben los autores andalusíes. No obstante, hemos optado por identificar básicamente el vocablo bardi como “enea” porque el papiro no se encuentra en la actual Andalucía y, por tanto, consideramos que no estaría integrado en la agricultura andalusí aunque fue conocido a través de los contactos comerciales.
Por otra parte, los usos de los que nos hablan (2) y (7) coinciden con los conocidos hoy todavía para la enea, pues sus hojas se utilizan en cestería y para fabricar asientos de sillas así como esteras, albardas, serijos y sombrajos, mediante técnicas muy artesanas de trenzado. Nuestros autores mencionan, claro está, usos agrícolas entre los que se citan las esteras empleadas como aislante en el suelo de
los silos y en el secado de higos y pasas, así como para hacer cuerdas que luego se emplean en el armado de setos, injertos de aproximación y protección frente a heladas.
La ‘Umda confirma este carácter genérico de la palabra bardi, al hablar de cuatro variedades. La primera de ellas, nombrada como “femenina”, se refiere claramente a una especie de Typha (probablemente T. dominguensis por ser la más frecuente): “en su extremo hay un espádice de un palmo de largo, rojo tirando a negro como si estuviera hecho de pelo de conejo o camello. Cuando madura, se deshace y suelta una especie de pelos que la gente evita entren en sus narices...”. La segunda y cuarta variedades corresponden a dos Iridáceas: el lirio amarillo (sawsan asfar) y el lirio azul o cárdeno (sawsan asmanyuni), ya vistas con anterioridad. Finalmente, la tercera variedad, llamada “masculina” puesto que “no posee flor ni fruto”, podría tratarse de una Esparganiácea: el esparganio (Sparganium erectum L.).
Esta misma obra resume de forma precisa la ecología y fisionomía de la primera de las especies citadas, es decir, de la enea, con la frase: “Es de las plantas de agua, de las variedades de las espatas (suyuf) y del género de las matas (yanba)”. Nos está describiendo un helófito, caméfito graminoideo de hojas rígidas y erectas, ambiente y aspecto que también reconocemos en los textos de los agrónomos.
QASAB AL-BUNYAN
CARACTERIZACIÓN TAXONÓMICA. Nombre árabe: qasab al-bunyan. Nombre castellano: anea, enea, espadaña, bayón. Nombre científico: Typha sp. (T. angustifolia L., T. domingensis (Pers.) Steudel ). Familia: Tifáceas.
AUTORES: 7.
TRADUCCIONES: caña de saetas (7).
VARIEDADES: es la caña persiana (7; I-396).
FORMAS Y TÉCNICAS DE CULTIVO: le conviene el terreno húmedo y arenoso de las cercanías de los ríos, en cuyas márgenes prevalece prodigiosamente, igual que junto a las acequias y en los lugares bajos y jugosos (7; I-396).
COMENTARIO CRÍTICO: Banqueri (Ibn al-,Awwam, 1988), en el título que encabeza este epígrafe, transcribe qasab al-bayan, aunque en nota añade que el término correcto, de acuerdo con Dioscórides e Ibn al-Baytar, es qasab al-nussab (“caña de saetas”). No obstante, siguiendo el criterio de R. Dozy (1967), hemos adoptado el término bunyan, que alude a uno de los usos más generalizados de esta caña, las construcciones, aunque los agrónomos andalusíes no lo mencionen. Por último, (7) identifica -o confunde- esta variedad con qasab farisi (“caña persiana”), es decir, el carrizo, tal vez por su semejanza y por lugares comunes de crecimiento.
Además de confusos, son pocos los datos que encontramos entre los geóponos andalusíes sobre esta caña, aparentemente silvestre, salvo lo que indican acerca de su ecología y abundancia. Excluidas Arundo donax y Phragmites communis, identificadas respectivamente como qasab y qasab farisi, cabría
suponer en orden de probabilidad que, por su frecuencia en las riberas y zonas de afloramiento de aguas freáticas, se tratara de Thypha sp., es decir, de eneas o espadañas. Felizmente, ratificando esta idea, encontramos conservado en Murcia el mismo epíteto de bayón para esta caña, según recogen Rivera Nuñez y Obón de Castro (1991), así como Morales et al. (1996).