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CONFIGURING THE CRIMINAL JURIDICAL SYSTEM

Conversatorio: Seguridad y convivencia

General Dagoberto García: La Policía Metropolitana del valle de Aburrá viene desempeñando con alta respon­ sabilidad y compromiso, de la mano con la administra­ ción municipal, las acciones y estrategias que buscan cumplir los preceptos del orden legal que garantizan la tranquilidad y seguridad ciudadana, tomando como referente el Plan de Desarrollo del Municipio de Mede­ llín. Esto incluye un compromiso fuerte con las cons­ trucciones y mejoramiento de la infraestructura de seguridad y corresponsabilidad ciudadana, cuyo obje­ tivo es construir y mejorar equipamientos de la Policía para asegurar su presencia y capacidad de respuesta preservar las zonas periféricas de la ciudad y dignifica sus espacios de trabajo.

Gerard: ¿Cuáles son los mecanismos que utiliza la ad- ministración municipal para la coordinación de la gestión en seguridad ciudadana y cómo se han con- solidado en el tiempo?

Carlos: La Secretaría de Gobierno de la Alcaldía de Mede­ llín ha diferenciado los enfoques separando los asuntos de la convivencia de aquellos de la seguridad, aunque garantizando su relación. Por el lado de la conviven­ cia, programas como el Plan Desarme, los Guías Ciu­ dadanos, Medellín Despierta para la vida, el Manual de Convivencia y los Técnicos Sociales en cada comuna y corregimiento, así como los Planes Locales en Seguri­ dad y Convivencia, promueven formas pacíficas de so­ lucionar los conflictos de apropiación de los espacios públicos. Sumado a ello, están las obligaciones legales y constitucionales para garantizar la seguridad de los ciudadanos de manera conjunta entre la Fuerza Públi­ ca y los organismos de justicia. Por lo tanto, la conso­ lidación de la seguridad ciudadana obedece a la forma decidida de combatir la ilegalidad, en solidaridad con la ciudadanía, y en propiciar las mejores y adecuadas herramientas para que la Fuerza Pública y la adminis­ tración de justicia cumplan sus cometidos de defender los derechos fundamentales de todos.

Juan de Dios Graciano: Los Consejos de Convivencia Ciudadana fueron creados en 1995, durante la alcaldía de Sergio Naranjo (1995­1997) para cada una de las 16

comunas urbanas y los cinco corregimientos rurales que tiene Medellín. Antes de 2004, funcionaban como un espacio donde la comunidad se expresaba sobre los temas de convivencia, pero donde sólo participaba por parte de la Alcaldía el respectivo Inspector de Po­ licía. Ya instalado el alcalde Fajardo (2004­2007), hici­ mos un diagnóstico en varias Comunas, que mostró la falta de coherencia entre el trabajo del Comandante de la Estación de Policía, el Inspector y el Comisario de Familia. Decidimos entonces generar una mejor coor­ dinación, creando para cada comuna y corregimiento un Comité Local de Gobierno, liderado por el Inspector de Policía del sector y un Técnico Social por parte de la Secretaria de Gobierno quien garantiza la coordina­ ción interagencial y hace seguimiento de los avances mediante las actas de los acuerdos y reuniones. Para algunas comunas incorporamos, además, un delegado de la Sub­secretaría de Espacio Público. Por fin, des­ de 2008, hemos incluido en cada Comité un delegado de cada una de las 21 Juntas Administradoras Loca­ les –JAL–, para que se apropien y participen del tema de la seguridad y convivencia. Comparando esto con la gestión de la década de 1990, se hace evidente el trabajo descoordinado de inspectores, comandantes de estaciones y comisarios, sumado a la ausencia de seguimiento a temas y resultados de gestión. Esto, sin hablar de la corrupción que generó el narcotráfico en todas aquellas instancias y que duró muchos años.

Casa de Gobierno, Corregimiento de Santa Elena.

149 Medellín: transformación de una ciudad

Parque de los Pies Descalzos.

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Gerard: ¿Pero no había inspectores que intentaban ha- cer su trabajo de manera ética, incluso en aquellas condiciones?

Juan de Dios: Seguramente había inspectores que tenían buena voluntad, pero estaban constreñidos por una clase política local que usaba sus influencias para de­ fender amigos e intereses en aquellos puestos. Ahora bien, hemos encontrado que el temor o la resistencia a hablar del tema de la seguridad siguen vigentes en algunos sectores. Algunos Planes de Desarrollo Local –que elabora cada comuna y corregimiento– ni siquie­ ra tocan el diagnóstico de la seguridad y convivencia, con el agravante de que son zonas de mucho conflicto y por lo tanto estos temas son vitales para su progre­ so. Para superar este desafío, estamos asesorando a todas las comunas y corregimientos en la elaboración de Planes Locales de Seguridad y Convivencia. Gerard: Doctor Jaime Jaramillo Panesso, ilústrenos por

favor sobre el camino recorrido en Medellín con la gestión de procesos de paz, de desmovilización, de reincorporación y de reconciliación, comparando el proceso actual con los de la mitad de los años noven- ta. ¿Cuáles son los enfoques nuevos en la manera de gestionar, como ciudad, las desmovilizaciones indivi- duales y colectivas?

Jaime Jaramillo: Tengo dos observaciones iniciales. Pri­ mero, no es posible ver el problema de Medellín con linderos muy precisos, no sólo porque la confronta­ ción se extiende de punta a punta del valle de Aburrá, sino porque tampoco podemos desprendernos del fe­ nómeno departamental y nacional. Segundo, el tema de la seguridad en Medellín tiene que ver en buena parte con agencias de orden nacional, como es la Po­ licía. La institución ha mejorado mucho, igual que la percepción ciudadana de su operatividad, aunque en el imaginario todavía persiste algo de ese pensamien­ to antimilitar y antipolicial que hemos venido practi­ cando desde los años sesenta. En cuanto a la gestión del tema de las desmovilizaciones colectivas e indivi­ duales, en los noventa comenzó en la ciudad un pro­

ceso de desmovilización con milicias del que hemos aprendido. Nos equivocamos en algunas cosas, pero también hubo acciones acertadas, como el, un traba­ jo concertado entre municipio y gobernación para la educación en la convivencia y la solución pacífica de conflictos, en el programa participaron 83.000 per­ sonas en Antioquia y se implementó con la unión de universidades, la Iglesia, las organizaciones sociales y el Estado mismo.

Gerard: ¿Institucionalmente, desde el nivel local, qué ha cambiado respecto al tema de las desmovilizaciones colectivas y privadas que vive la ciudad y el país des- de 2003?

Jaime: Yo creo que lo novedoso y fundamental hoy, es que Medellín, a través de la Secretaría de Gobierno maneja muchos programas vitales: el programa de víctimas, de jóvenes en alto riesgo, de pospenados, el de paz y reconciliación. Todos incorporan nuevos profesionales de diferentes áreas. Esa mutación de la Secretaría de Gobierno es importante porque a ella se debe también la gestión que la ciudad ha logrado dar al proceso de desmovilización de autodefensas y de guerrilleros en estos últimos años. La desmoviliza­ ción del Bloque Cacique Nutibara y del Bloque Héroes de Granada de las Autodefensas Unidas de Colombia – AUC ­ fue la primera desmovilización urbana de un grupo ilegal armado y nos sorprendió a todos: ¿qué íbamos a hacer en Medellín con casi 900 de esos mu­ chachos que entregaron las armas? Ahí es donde la imaginación cobró vuelo y se hizo lo que todavía se hace hoy, como un experimento que ya es una políti­ ca. ¿Qué ocurre en los últimos procesos? En primer lugar, Antioquia tiene 35% de las víctimas registradas y 40% de los desmovilizados; por eso, si logramos ser exitosos con las políticas de atención a víctimas, no solamente estas servirán de modelo para el resto del país, sino que contribuirán a hacer sostenible la segu­ ridad en la ciudad y la región. La Comisión Nacional de Reconciliación y Reparación y su seccional Antioquia garantizan la coordinación institucional. Para tratar problemas tan graves como los de la paz, la guerra, los desplazados, las víctimas y los victimarios, tenemos Conversatorio: Seguridad y convivencia

Marcha mundial “Colombia soy yo”, contra el secuestro, 28 de noviembre de 2008.

Marcha por la paz, 4 de febrero de 2008.

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que coordinarnos en un espíritu no competitivo, no protagónico, en razón de los demás, o si no los esfuer­ zos se dilapidan y fracasamos. Por esto trabajamos de manera conjunta con la Secretaría de Gobierno, la Ofi­ cina de Paz del Gobierno Departamental, el Alto Comi­ sionado para la Paz, el Alto Consejero para la Reinser­ ción y con un apoyo muy importante de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia –MAPP – de la Organización de los Estados Americanos –OEA–. Todo esto ha sido, desde luego, un trabajo muy apoyado por la Personería, la Procuraduría, la Defensoría, la Fisca­ lía, la Comisión, el municipio y el departamento.

Jorge Gaviria: Quiero dar crédito a la Organización Inter­ nacional de Migraciones, ­OIM– que con recursos de la USAID ayudó a montar un Sistema de Seguimiento a todo el proceso de reinserción que ha sido muy útil para nuestra gestión.

Gerard: ¿Cómo evaluar la importancia de que por prime- ra vez en la historia se asume como política nacional y municipal la tarea de la verdad y la reparación?

Jaime: Es fundamental. Si lo que hacemos en repara­ ción, verdad y justicia no le apunta a la reconciliación como base para la convivencia, la democracia y la paz –como intentamos hacer­ entonces nada de esto tiene sentido. Es fundamental trabajar en lo psicosocial con las familias de las víctimas que vienen desplazadas o

por emigración y llegan con el desarraigo. La familia es la piedra de base para todos los otros programas de integración, protección e inclusión social.

Alberto Alonso Jaramillo: Desde 2008 añadimos un enfoque preventivo con un Programa de Atención a Jóvenes en Alto Riesgo, para evitar que caigan en la trampa de la violencia. Trabajamos con todos esos jó­ venes que estuvieron en los barrios de conflicto, que no estudian ni trabajan, pero que eligieron la opción de no caer en las manos de los grupos criminales. Con estos programas reciben el mensaje de que “ser bue­ no sí paga”. Ellos tomaron la decisión valiente de decir no y reciben las mismas oportunidades de ingresos y educación de los muchachos desmovilizados.

Jorge: Así mismo, hemos realizado actividades de inte­ gración entre víctimas y victimarios, hablando de re­ conciliación colectiva y simbólica. Al comienzo hubo tensión, pero luego se abrieron canales de comunica­ ción que propiciaron procesos de confianza y recon­ ciliación. Por último, estas labores se complementan con un programa de atención personal, familiar y so­ cial a personas que están en la cárcel y a las que ya han cumplido sus condenas.

Policía y comunidad en el Parque San Antonio, centro.

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¿Cuál ha sido tu compromiso con el proceso de la desmovilización? Yo hice el pacto de compromiso con el Alto Comisionado para la Paz con toda la seriedad. Primero validé el bachillerato y simultáneamente hice cuatro cursos en comercio. Luego realicé un diplomado en el Instituto Tecnológico Metropolitano y un curso de Medios en la Universidad de Medellín. Hoy coordino un trabajo para el Progra­ ma de Paz y Reconciliación de la Alcaldía, que busca evitar que muchachos en alto riesgo caigan en la delincuencia.

Competitividad y Cultura