De forma complementaria a la reciprocidad, la lógica de la redis- tribución le aporta a los procesos económicos la posibilidad de nivelar el acceso a ciertos recursos que per- mitan la integración de forma digna de todos los miembros de una co- munidad en los procesos económi- cos y asegurar así el mantenimiento de la vida de todos. Según Coraggio (2007), “las formas de trabajo coo- perativo, libremente asociado (…) dependen no solo de la voluntad y consistencia de las acciones de las organizaciones autogestionadas por los trabajadores y sus comunidades inmediatas, sino de un contexto que incluye como componente principal el acceso a bienes públicos no mo- netizados provistos en parte, pero no solamente, por el Estado”. Por otro lado, la gestión de cierto tipo de recursos, como los recursos natu- rales no renovables o renovables so- lamente a largo plazo, puede reque- rir de una forma de organización de su proceso económico que no esté supeditado al interés del mercado y que podría regirse bajo una lógica de redistribución, si consideramos que se trata de normar un uso que permita la reproducción de la vida no solo humana sino natural y no
solo en el presente sino también para generaciones futuras.
Por lo tanto, es importante pensar en las formas institucionales que mejor contribuyen a un proceso de redis- tribución orientado desde principios solidarios. Como lo indica Polanyi (1958), cualquier economía redistri- butiva requiere de centros de reco- lección y distribución de los recursos. “La redistribución también es una forma apta para integrar a los grupos en todos los niveles y grados desde el mismo estado hasta unidades de carácter transitorio. Al igual que en el caso de la reciprocidad, mientras más tupido es el tejido social en la comunidad, más variada puede ser la subdivisión por la cual la redistribu- ción puede efectivamente operar”. La principal pregunta que se plantea, entonces, es sobre la pertinencia de que sea un Estado central el encar- gado de esta tarea de redistribución y en caso de no serlo (o de no ser el único), cuáles serían las característi- cas más adecuadas de los centros de distribución para que este proceso contribuya con la construcción de una sociedad solidaria.
Presentaré dos argumentos fuertes por los que se cuestiona la capacidad de un Estado nacional de jugar el rol de redistribución
desde una lógica solidaria. Desde un punto de vista, el Estado nacional está demasiado identificado, se ha construido desde la lógica de la civilización industrial y, por lo tanto, está demasiado identificado con los intereses del capital como para efectuar un trabajo de redistribución que rompa con las lógicas del sistema capitalista. En este sentido, los esfuerzos por transformar al Estado para que cumpla con su rol redistribuidor pueden ser contraproducentes para un movimiento social. Como lo indican Guerrero y Ospina (2003), “el Estado no puede contener la pluralidad y la multiplicidad, sino que las integra homogeneizándolas como unidad. Del mismo modo, los contrapoderes no pueden convertirse en poder sin anular sus potencias múltiples. El poder estatal centraliza, fuerza a los movimientos a delegar en un puñado de representantes o profesionales la gestión de sus intereses en el Estado. Al hacerlo, desarma al movimiento, destituye sus potencias; la intensidad de la experiencia es neutralizada por la representación”. Desde otro punto de vista, Luis Razeto (2001) argumenta que el desequilibrio ecológico actual no puede ser resuelto por la delegación al Estado de la gestión de los llamados recursos naturales ya que:
(…) la lógica del Estado como categoría económica organizadora es lógica de valorización (reproducción y acumulación) del poder. (...) En función de ello, la experiencia universal indica que el Estado no puede sustraerse a la necesidad de lograr constantemente altos indicadores de incremento de la producción nacional, tendiendo consecuentemente a desentenderse de los costos futuros que implique el consumo intendico de recursos y factores (...) Siendo así, el accionar del Estado en cuanto a los recursos naturales de lenta renovación, no será sustancialmente diferente al que corresponde a la categoría del capital. ¿Cómo entonces “desmonopolizar la presencia de la civilización industrial en el Estado” (García Linera, 2004 citado por Zibechi, 2007), que no ha sido capaz de articular a las fuerzas sociales y modos organizativos que coexisten en un país? ¿Cómo cons- truir otros centros de redistribución que no acumulen ni usen su poder para subordinar y homogeneizar la sociedad y que tiendan a establecer una utilización de los recursos naturales que permita asegurar su reproducción en el tiempo? Esta pregunta es una que reque- rirá un amplio debate al interior del meSSe. En este apartado no intentamos dar una respuesta sino
únicamente aportar con un ejemplo que provoque la creatividad. Desde la práctica política del aillu aimara descrito por Zibechi (2007), se propone un sistema en el que se “designan autoridades por rotación y sucesión por tiempo limitado, de modo que no exista el monopolio del poder político. Pero aclaran: “el ejer- cicio político no solo queda a nivel del aillu sino más bien se generaliza a nivel de la Marka a través de los Mallkus, que son designados rotativa y sucesivamente por los diferentes aillus”. (...) El turno permitiría eli- minar la acumulación del poder y la elitización se supera con la rotación. “Se imagina al presidente como un cargo rotativo: un primer departa- mento hace su primer turno y en ese departamento hacen a su vez turnos y entonces nunca le toca al mismo la presidencia y esa colectividad lo está controlando. Según Pablo Mamani “Como se hace en la comunidad, to- dos van a tener la posibilidad de ser turno. (…) Solo haría falta elaborar lo que ya existe a escala comunitaria, crear una teoría general para hacer consciente el proceso y expandirlo (…) En el pensamiento aimara no existe la percepción de que lo cualita- tivamente más valioso es la unicidad sino la unidad en la alteridad” (Tico- na, 1997, citado por Zibechi, 2007), por lo que el concepto de dualidad expresa mejor la complementariedad
y el equilibrio. De este modo, el pro- ceso de divisiones y subdivisiones, lo que llamamos fragmentación, es una estrategia de resistencia comunal frente al Estado colonial, una suerte de “recomunalización” que busca la autonomía vinculada al microgobier- no y al poder comunal y local”.
¿DE TRANSFORMAR QUÉ INSTI- TUCIONES ESTAMOS HABLANDO?: OPCIONES POLÍTICAS FRENTE A LA AUTONOMÍA Y EL ESTADO
Antes de comenzar nuestra conversa sobre las instituciones que mejor contribuyen a promover y proteger la fuente de solidaridad en una socie- dad, es importante tener claro de qué instituciones estamos hablando. Muchas veces cuando hablamos de transformar la institucionalidad tendemos a imaginarnos la trans- formación del Estado, de sus leyes y políticas públicas. Sin embargo, la ins- titucionalidad no es más que el con- junto de reglas y normas formales o informales que orientan las relaciones de una comunidad. Por lo tanto, esta institucionalidad puede forjarse den- tro del Estado o fuera de él, cuando esta se forja como el conjunto de normas y reglas que una comunidad se da a sí misma para orientar sus relaciones. Por lo tanto, una pregunta
importante para definir el quehacer político del meSSe tiene que ver con el tipo de instituciones sobre las que quiere incidir y hasta dónde se decide a forjar su proyecto solidario en la transformación de las mismas. Las dos preguntas claves son:
• ¿Transformamos la instituciona- lidad para el conjunto de la socie- dad (en ese caso el Estado), para la comunidad solidaria dentro de la que se encuentran nuestros miembros, o ambas?
• ¿Cuál es el grado de autonomía deseable/posible de nuestra comunidad solidaria frente a las instituciones formales conforma- das por el Estado y el mercado autoregulado?
Frente a estas preguntas, es posible diferenciar tres posturas que han adoptado movimientos sociales y actores afines al proyecto de la economía solidaria y del Sumak Kawsay en su postura y quehacer político. Las presento brevemente a continuación con la idea de que contribuyan a profundizar el debate e informar la toma de decisión al interior del meSSe.
Estas posturas también marcan una clara diferencia en la opinión que tienen los miembros que en ellas
participan con relación al importante tema de la necesidad o incluso la per- tinencia de que el Estado inyecte re- cursos públicos para la consolidación del sector de la economía solidaria, y por lo tanto, de que exista toda una rama de la política pública específi- camente direccionada a la economía solidaria. De igual manera, la postura que adopte un movimiento incidirá necesariamente en la forma en la que
se diseña su institucionalidad interna, sus estructuras, sus actividades e in- cluso sus estrategias de sostenibili- dad y de formación política.
PRIMERA POSTURA: BÚSQUEDA Y