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2.2 The strength of HRM – how HRM contributes to organizational performance

2.2.3 The characteristics of a strong HRM system

2.2.3.3 Consensus

A pesar de la promesa hecha al patriarca de Constantinopla de no introducir innovación alguna en la Iglesia, Anastasio, en su política religiosa, empezó por favorecer al monofisismo y a poco se alineó abierta- mente al lado de los monofisistas. Esta actitud fue acogida con alegría por Egipto y Siria, donde el monofi- sismo estaba muy extendido. Pero en la capital las simpatías monofisistas del emperador suscitaron gran conmoción, y cuando Anastasio ordenó que, a ejemplo de Antioquía, se cantase el Trisagio (“Santo, Santo, Santo, Señor de los ejércitos”), añadiendo las palabras “que fue crucificado por nosotros”, es decir, “Dios Santo, Santa y única Potencia, Santa y única Divinidad inmortal, crucificado por nosotros, ten piedad de nosotros”, se produjeron en Constantinopla graves desórdenes. ''Acusado de monofisismo, y bajo la amena- za de ser destronado, el emperador hubo de excusarse en el circo”.

Una de las consecuencias de la política religiosa de Anastasio fue el levantamiento de Vitaliano, en Tracia. Al frente de un ejército inmenso, compuesto de hunos, búlgaros y acaso eslavos, y apoyado por una flota considerable, Vitaliano marchó sobre la capital. Su fin. esencialmente político, consistía en deponer al emperador; pero declaró a todos que se alzaba para defender a la oprimida Iglesia ortodoxa. Tras lucha larga y cruenta, la rebelión fue aplastada. Este levantamiento no tuvo una importancia mínima en la historia de Bizancio. Según Uspenski, “al conducir por tres veces bajo los muros de Constantinopla su heterogéneo ejército, y al obtener del gobierno enormes sumas de dinero, Vitaliano reveló a los bárbaros la debilidad del Imperio y las grandes riquezas de Constantinopla, y los habituó a movimientos combinados por tierra y mar”.

La política interior de Anastasio, aun no estudiada y apreciada lo suficiente en las obras históricas, está señalada por una actividad intensa que se fijó en los problemas más importantes de la vida económica y financiera del Imperio.

Una de sus más importantes reformas financieras consistió en la abolición del odiado crisargirio. Este impuesto, pagado en oro o plata, se llamaba en latín lustralis collatio, o, con nombre más completo, lustralis auri argentive collatio. Desde principios del siglo IV alcanzaba a todos los oficios y profesiones del Imperio, sin exceptuar los sirvientes, los mendigos, las prostitutas, etc. Es posible que incluso afectase los instrumen- tos de trabajo y el ganado doméstico de las mujeres; caballos, mulos, asnos, perros... Las clases pobres eran las más castigadas por aquel impuesto. Oficialmente debía cobrarse cada tres años, pero de hecho la administración le daba un carácter arbitrario e irregular. Las frecuentes exacciones desesperaban a veces a la población. Anastasio, sin considerar los grandes ingresos que el fisco obtenía con aquel impuesto, lo suprimió en definitiva y quemó públicamente todos los documentos relativos a él.

La gente acogió con júbilo tal abolición. Un historiador del siglo VI dice que para describir la grandeza del favor imperial “haría falta la elocuencia de Tucídides e incluso un estilo aun más grave y bello”. Una fuente siríaca del siglo VI describe en estos términos la alegría que acompañó a la promulgación del edicto en la ciudad de Edesa: “La ciudad entera se regocijaba; todos, pequeños y grandes, se habían puesto ves- tidos blancos; se llevaban antorchas encendidas e incensarios llenos de incienso humeante; se iba, ento- nando salmos e himnos de gracias al Señor y loando al emperador, a la iglesia de San Sergio y San Simón, donde se comulgó. Luego se volvió a la ciudad y durante toda la semana se celebró una alegre fiesta, y se decidió que esta fiesta se celebrara todos los años. Todos los artesanos descansaban y manifestaban su júbilo, se bañaban y festejaban en el patio de la iglesia grande y en todos los pórticos de la ciudad”.

El producto del impuesto abolido ascendía en Edesa a 140 libras de oro cada cuatro años. La aboli- ción satisfizo sobre todo a la Iglesia, porque aquel impuesto, al gravitar sobre los ingresos de las prostitutas, sancionaba legalmente el vicio.

Naturalmente, la supresión de tal tasa privó al Tesoro de una renta considerable, pérdida compensa- da en breve con la creación de un nuevo impuesto, la crisotelia, “impuesto—oro”, o impuesto en metálico en vez de en especies. Probablemente fue una contribución territorial cuyos ingresos destino Anastasio al sos- tenimiento del ejército y que gravitó también pesadamente sobre las clases pobres. De suerte que la refor- ma financiera consistió antes en un reparto más regular de la carga de los impuestos que en una desgrava- ción. La reforma financiera más importante quizá de las aplicadas por Anastasio, fue la abolición—hecha a propuesta de su hombre de confianza, el sirio Marino, prefecto del pretorio— del sistema según el cual las corporaciones de las ciudades (curiae) eran responsables de la recaudación de los impuestos, que grava- ban las municipalidades. Anastasio confió esa tarea a funcionarios llamados vindices, probablemente desig- nados por el prefecto del pretorio. El nuevo sistema de recaudación acreció considerablemente las rentas imperiales, pero fue modificado por los sucesores de Anastasio.

El problema de las tierras incultas parece haber sido bajo Anastasio más angustioso que nunca. Du- rante su reinado, toda la carga de los impuestos suplementarios, tanto los correspondientes a los contribu- yentes imposibilitados de pagar como los adscribibles a las tierras improductivas, recaía sobre los propieta- rios rurales, que de este modo pasaban a ser responsables del total de las contribuciones devengadas al fisco. Esos impuestos suplementarios, llamados en griego epibolé, es decir, “el suplemento”, la “supertasa”, eran una institución muy antigua, que se remontaba a la época ptolemaica. Estaban llamados a ser percibi- dos con particular rigor bajo Justiniano el Grande.

Hay un edicto de Anastasio que ofrece particular interés para la historia del colonato: el que declara que un labrantín libre que hubiese vivido treinta años en el mismo lugar se convertía en colono, o sea, en hombre afecto a la gleba, sin por eso perder su libertad personal ni su derecho de poseer.

La época de Anastasio estuvo señalada también por una trascendental reforma monetaria. El 498 se creo la gran follis de bronce, con sus subdivisiones. La nueva moneda fue bien acogida, sobre todo entre los ciudadanos pobres. porque la moneda de cobre en circulación, además de haberse hecho escasa, era de mala ley y no llevaba indicado su valor. Las nuevas piezas se acuñaron en las tres fábricas que bajo Anas- tasio funcionaban en Constantinopla, Antioquía y Nicomedia. La moneda de bronce creada por Anastasio persistió siendo la moneda imperial típica hasta mediados del siglo VII (época de Constantino IV).

Entre las reformas humanitarias de Anastasio debe incluirse su edicto prohibiendo los combates entre hombres y fieras en los circos.

Aunque Anastasio concediese a menudo exenciones de impuestos a muchas provincias y ciudades, especialmente en el Oriente devastado por la guerra pérsica; aunque, por otra parte, realizara un importante programa de construcciones, como la Muralla Larga, el acueducto, el faro de Alejandría, etc., el gobierno, a fines del reinado de Anastasio, disponía de reservas en metálico bastante considerables. El historiador Pro-

copio8, quizá con alguna exageración, las computa en 320.000 libras de oro. La economía de Anastasio desempeñó importante papel en la múltiple actividad de su segundo sucesor, Justiniano, el Grande. La épo- ca de Anastasio sirvió de brillante introducción a la de Justiniano.