W 2 ' The coin fell tails.
81 To see this, consider the worlds over which the sums range in ($): these worlds all have at least one
Gutiérrez de Pineda (2000) menciona que la actividad comercial es una característica fundamental entre los antioqueños. Los padres no acostumbran cubrir ciertas demandas (relacionadas con juegos o esparcimiento) a sus hijos. Al niño se le enseña desde muy pequeño que debe encontrar la manera de satisfacerlas por sí mismo y la familia valora esta
iniciativa, generalmente con dinero. El valor se refuerza en otros entornos: los compañeros del niño viven la misma experiencia en sus casas e intercambian sus creaciones o pertenencias por lo que cada uno necesita; así se inician en el ejercicio mercantil y aprenden a ‘no perder la oportunidad’ ante el negocio. El entrenamiento cotidiano convierte al niño en un ‘rebuscador’ o ‘entrador’ precoz, que desarrolla su locuacidad y persuasión, no solo alrededor de la familia, sino en otros espacios sociales. Con el tiempo adquiere la condición de ‘as’ para los negocios y puede llegar a incubar pequeñas empresas familiares y continuar su entrenamiento, hasta que decide salir de su casa para ‘colonizar’ otros lugares.
Otra característica de la psicología antioqueña es la racionalización financiera. El empresariado antioqueño asigna una gran importancia a la producción de cada individuo, por encima incluso de sus ideas políticas; este rasgo llevó a cuestionar profundamente la participación de la política en los negocios. En consecuencia, poco a poco el sector público fue ubicando en sus puestos de trabajo a personas preparadas y capaces de manejar los bienes de la sociedad sin importar la adscripción a movimientos políticos.
La identidad antioqueña está representada en la mezcla entre trabajo y familia. Con frecuencia los empresarios empezaban su proyecto en el entorno familiar, con la colaboración y el trabajo de todos sus miembros. Este mecanismo representa una manera de salvaguardar lo conseguido y reducir el riesgo a la pérdida. Un gran número de empresas reconocidas e importantes de Antioquia fueron y continúan siendo empresas familiares. El reconocimiento social es muy importante para el antioqueño, por tal razón se hace alarde de las habilidades creadoras y de la fortuna que representan. El ego masculino aumenta cuando la comunidad afirma, acoge y valora las destrezas y los logros individuales, en un ejercicio de validación y retroalimentación (Gutiérrez de Pineda, 2000). El machismo del antioqueño se representaba básicamente en el trabajo, en alcanzar la plenitud en su hogar proyectando en el sus éxitos y logros y satisfaciendo cabalmente las necesidades de todos y cada uno de sus miembros.
Es importante aclarar que para los antioqueños el dinero, por el dinero mismo, no es importante. Lo realmente significativo es el poder asociado, y las cualidades y destrezas en función de acumular riqueza. Lo dice el dicho popular: ‘el dinero es para gastarse’, o ‘mientras Dios dé días y brazos pa´ trabajar, que importa gastar plata que pa´ eso es’. Es común que en otras regiones el dinero se entienda como un medio para asegurar el futuro o acumular riqueza; el antioqueño lo consigue para gastarlo. En esta forma se agiliza la circulación del dinero, se incentiva la inversión en otros negocios y en obras de beneficio para la comunidad. Es habitual que se ayude al familiar que tiene menor margen de maniobra o un capital inferior, y que se gaste en uno que otro gusto personal, completando la dinámica económica que caracteriza la región.
La riqueza acumulada a través del trabajo redundaba en el bienestar, tanto de la familia nuclear como de la extensa y era el vehículo para el reconocimiento social y el ascenso de estatus. El fin último del hombre antioqueño era cumplir con las necesidades familiares. En tal tarea empeñaba todo su esfuerzo y hacía gala de su capacidad creadora, pero a la vez era depositario de una gran responsabilidad con el núcleo familiar que lo estimulaba a superar cualquier dificultad. En la medida en que la familia adquiriera unas mejores condiciones de vida, más alta sería la posición social que ocuparía, condiciones reflejadas en aspectos materiales e inmateriales, como la educación, los viajes, el vestuario, las propiedades, en fin, la riqueza que el padre pudiera ofrecer.
El poder económico era fundamental para asegurar el bienestar familiar, siempre y cuando se respetaran las directrices marcadas por la religión en una ética, que como ya se mencionó, está marcada por los procesos socioculturales en Antioquia.
Según Gutiérrez de Pineda (2000), para los antioqueños el dinero debía utilizarse en obras de beneficencia: hospitales, escuelas, orfanatos, etc. Estas acciones permitían acumular méritos terrenales que le servirían de intercambio a la hora de rendir cuentas; algo así como una cuenta de ahorros en manos de Dios en la cual se contabilizan las buenas acciones, y el dinero es el medio para expiar culpas y superar errores. Tal vez por esto Pablo escobar llenó las comunas de la ciudad de canchas de futbol y regaló dinero en efectivo a las personas menos favorecidas, ya que era un sistema culturalmente aceptado para lavar las culpas. Este pensamiento puede ser el origen de una doble moral: los que tienen el poder económico pueden desfogar sus impulsos amorales en contra de la cultura, siempre y cuando puedan resarcir el daño causado a través de su dinero, en una especie de filantropía cuestionable y perversa. Si tal rasgo está instaurado en la identidad antioqueña, es comprensible que los individuos se muevan entre extremos de violencia-resiliencia o doble moral.
Al salir de su casa, el hombre antioqueño buscaba estabilidad económica para su familia. Confiaba en que Dios guiaría su camino y lo llevaría a trabajar al mejor lugar posible; creía firmemente que Dios sostenía cualquier labor por difícil que parezca, no había trabajo que no le sirviera o al que no se ‘le pudiera medir’. La religión es el motor del dinamismo, y la base sobre la cual se construye la trilogía vital: religión, familia y riqueza (Gutiérrez de Pineda, 2000). La interpretación económica del principio de la trilogía afirma que no hay un límite en las actividades que generen lucro, es decir que la norma ‘permite’ la ambición desmedida y la acumulación de riqueza siempre que se cierren más negocios. Tampoco hay restricción alguna sobre las actuaciones para alcanzar el éxito económico: no importa cómo, lo fundamental es que se logre. Un conocido refrán lo explica, ‘consigue plata, hijo mío, consígala horadamente, y si no… consigue plata hijo mío…’
La trilogía religión, familia y riqueza abre la puerta a legitimación de lo ilegal al convertir la posesión de las riquezas en requerimiento social, y explicaría con claridad las razones por las cuales se afianzó la violencia del narcotráfico y los fenómenos conexos en Antioquia. Si la exigencia cultural resultaba permisiva frente a la necesidad de conseguir dinero, las posibilidades de que el individuo se moviera en una línea muy delgada que separaba la legalidad de la delincuencia, era mayor.