en Secundino CASTRO, Fernando MILLÁN y Pedro RODRÍGUEZ PANIZO (eds.), Umbra, imago, veritas. Homenaje a los profesores Manuel Gesteira, Eusebio Gil y Antonio Vargas-Machuca, Madrid, 2004, 305-337; “¿Mujeres divinas? Autoría femenina e identidad monástica en los orígenes de la Orden de la Inmaculada Concepción (1484-1526)”, Miscelánea Comillas 58 (2000) 117-153; “Las monjas jerónimas, ‘hembras apostólicas’. Sus orígenes y espiritualidad a la luz de la fundación del monasterio de Santa Marta de Córdoba (1455-1471)”, en Fernando RIVAS REBAQUE y Rafael Mª SANZ DE DIEGO (eds.), Iglesia de la historia, Iglesia de la fe. Homenaje a Juan María Laboa Gallego, Madrid, 2005, 149-180; Ángela MUÑOZ FERNÁNDEZ, “El monacato como espacio de cultura femenina. A propósito de la Inmaculada Concepción de María y la representación de la sexuación femenina”, en Mary Nash, Mª José de la Pascua y Gloria Espigado (eds.), Pautas históricas de sociabilidad femenina. Rituales y modelos de representación, Cádiz, 1999, 71-89; María del Mar CORTÉS TIMONER, Sor Juana de la Cruz, Madrid, 2004; Sor María de Santo Domingo, Madrid, 2004, entre otros trabajos.
106
A título de ejemplo: María Teresa LÓPEZ BELTRÁN (coord.), Las mujeres en Andalucía, Actas del 2º Encuentro Interdisciplinar de Estudios de la Mujer en Andalucía, Málaga, 1993; Concepción VALENZUELA ROBLES, "Datos de interés sobre los bienes patrimoniales de las religiosas clarisas de Málaga en época de los Reyes Católicos", en VV.AA., Estudios histórico-literarios sobre la mujer medieval, Málaga, 1990, 105-118. Aportaciones en los Congresos de Historia de Andalucía: María del Mar GRAÑA y Ángela MUÑOZ, "La Orden Concepcionista. Formulación de un modelo religioso femenino y su contestación social en Andalucía", en Las mujeres en la historia de Andalucía, II CHA, 279-298; María del Mar GRAÑA, “La santa/bruja Magdalena de la Cruz. Identidades religiosas y poder femenino en la Andalucía pretridentina”, III CHA, Las mujeres en la historia de Andalucía, t. II, 103-120.
107
Miguel Ángel LADERO QUESADA y José SÁNCHEZ HERRERO, "Iglesia y ciudades", en Las ciudades andaluzas, 227-264; Antonio Luis CORTÉS PEÑA, Iglesia y cultura en laAndalucía moderna. Tendencias de la investigación. Estado de las cuestiones, Granada, 1995.
108
Así, los cursos de verano sobre El Franciscanismo en Andalucía desde 1997.
109
Manuel NIETO CUMPLIDO, Historia de la Iglesia en Córdoba. Reconquista y restauración (1146-1326), Córdoba, 1991; Iglesias de Córdoba y Jaén, Madrid, 2003; Iluminado SANZ SANCHO, La Iglesia y el obispado de Córdoba en la Baja Edad Media (1236-1426), 2 vols., Madrid, 1989 –tesis doctoral publicada recientemente con el título La Iglesia de Córdoba (1236-1454). Una diócesis de la provincia eclesiástica de Toledo en la Baja Edad Media, Madrid, 2006-; Geografía del obispado de Córdoba en la Baja Edad Media, Madrid, 1995, entre otras obras de estos autores.
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María Miura: del primero, sobre todo su pionera publicación sobre las órdenes religiosas en el III Coloquio de Historia Medieval Andaluza, un trabajo de manejo imprescindible todavía hoy para quien desee introducirse en este tipo de estudios; del segundo, especialmente su trabajo sobre la Orden de Santo Domingo en Córdoba110. Estos autores han tratado también, aunque no de forma monográfica, la cuestión de las beatas cordobesas. En su línea, se han efectuado intentos recientes para Sevilla completando los trabajos de José María Miura111. Por otra parte, el estudio de Mercedes Borrero sobre el monasterio de San Clemente de Sevilla112 ha sido de gran utilidad, tanto a nivel metodológico como por conectar directamente con la problemática cordobesa. Son todas ellas aproximaciones valiosas, pero parciales, por lo que bien puede decirse que el fenómeno religioso femenino constituye un terreno todavía prácticamente inexplorado en el ámbito andaluz.
2. CUESTIONES DE MÉTODO: DIFERENCIA SEXUADA, LIBERTAD FEMENINA Y RELACIONES DE GÉNERO
Como se ha visto, la historiografía presenta numerosos vacíos en el estudio de las mujeres medievales con dedicación espiritual y ni siquiera se ha planteado la cuestión del fenómeno religioso femenino en su conjunto o de aspectos como la feminización religiosa bajomedieval. Pretendo contribuir a paliar estas carencias incidiendo en los aspectos característicamente femeninos que se han ido entreviendo. Por sí solos, evitan la defensa de la validez científica de la historia de las mujeres113, todavía necesaria hoy día en algunos contextos académicos pese a los evidentes condicionantes comunes en la base de la experiencia histórica femenina y los rasgos peculiares que permiten otorgar a las mujeres el estatus de sujeto historiográfico. Sin
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José SÁNCHEZ HERRERO, "Monjes y frailes. Religiosos y religiosas en Andalucía durante la Baja Edad Media", La sociedad medieval andaluza. Grupos no privilegiados, Actas del III Coloquio de Historia Medieval Andaluza, Jaén, 1984, 405-456; MIURA, “Las fundaciones de la Orden de Predicadores”, entre otras publicaciones de este autor. Una visión general de los monasterios andaluces de jerónimas, si bien desde la perspectiva artística, en María del Carmen HERNÁNDEZ-DÍAZ TAPIA, Los monasterios de jerónimas en Andalucía, Sevilla, 1976.
111
Silvia Mª PÉREZ GONZÁLEZ, La mujer en la Sevilla de finales de la Edad Media: solteras, casadas y vírgenes consagradas, Sevilla, 2005.
112
Citado en n. 95.
113
Ello pese a los muy buenos trabajos metodológicos, de fácil acceso, que se han ido publicando en castellano. Entre otros: María-Milagros RIVERA GARRETAS, "La historiografía sobre las mujeres en la Edad Media. Un estado de la cuestión", Homenatge a la memòria del Prof. Dr. Emilio Sáez. Aplec d´estudis del seus deixebles i col.laboradors, Barcelona, 1989, 183-194; Nombrar el mundo en femenino. Pensamiento de las mujeres y teoría feminista, Barcelona, 1994. También, entre otras de sus numerosas aportaciones, Cristina SEGURA, "¿Es posible una historia de las mujeres?", en César GONZÁLEZ MÍNGUEZ (ed.), La otra historia. Sociedad, cultura y mentalidades, Bilbao, 1993, 57-64 y "Algunas cuestiones a debatir sobre la historia de las mujeres", en Carlos BARROS (ed.), Historia a debate, t. II, A Coruña, 1995, 299-304. Otras reflexiones, en Joan SCOTT, "Historia de las mujeres", en Peter BURKE (ed.), Formas de hacer Historia, Madrid, 1994, 59-88; KELLY, Women, History and Theory, op. cit.
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embargo, como se ha comprobado páginas atrás, los necesarios puntos de vista ginecocéntricos que conviertan a las mujeres en las protagonistas de los estudios a fin de valorar su originalidad114 deben reformular los tradicionales postulados positivistas, socio-económicos o políticos dados sus insatisfactorios resultados. Sin duda, la metodología feminista ha proporcionado las herramientas de análisis, hipótesis y explicaciones más adecuadas para conocer y comprender la experiencia histórica de las mujeres, como paso a señalar.
2.1.HISTORIA DE LAS MUJERES, FEMINISMO E HISTORIA SOCIAL
Estudiar a las mujeres en perspectiva feminista significa, como primer requisito, partir de su posición histórica segregada por un sistema patriarcal fundado en el contrato sexual, que habría sido previo al contrato social. Uno de los principales instrumentos teóricos para ello es el “género” y lo sigue siendo, a mi juicio, pese a las críticas de que viene siendo objeto. Difícilmente puede entenderse la experiencia histórica femenina sin considerar el sistema de géneros, entendiendo el término “género” como la definición- construcción cultural de los sexos115 y la consiguiente división de tareas, competencias y formas de relación asignadas a cada uno de ellos a lo largo de la historia de las sociedades occidentales en un proceso discriminatorio para las mujeres, situadas como dependientes y recluidas en el ámbito de lo doméstico, considerado privado y excluido de lo público. Se entienden así las representaciones oficiales de las mujeres y de lo considerado “femenino” y el lugar ocupado en un entramado cultural y una memoria histórica que han privilegiado a unos sujetos sobre otros ocultando, subvalorando o distorsionando la participación de las mujeres en el devenir del pasado. De ahí que sea tan necesario recuperar los eslabones perdidos en la tarea de reconstrucción de esa genealogía femenina cancelada material y simbólicamente116, genealogía que constituye el fundamento de toda historia que se precie. Sin embargo, la forma de relación social jerárquica y de poder implícita en los conceptos “relaciones de género”117 y -en parte-
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Si bien asumir posturas ginecocéntricas entraña sustituir a los hombres por las mujeres en el centro del discurso, ello no necesariamente implica incurrir en los mismos errores de valoración histórica parcial. Se trata de un cambio cualitativo de sentido que arroja nueva luz sobre la realidad entera y los cada vez más evidentes aspectos sexuados de la historia.
115
La formulación de estas ideas ha sido efectuada desde la antropología. Muy revelador el trabajo de Ida MAGLI La donna, un problema aperto. Guida alla ricerca antropologica, Firenze, 1974.
116
LERNER, op. cit.
117
Joan SCOTT, "El género: una categoría útil para el análisis histórico", en AMELANG-NASH (eds.), 23-58; Gisela BOCK, “La historia de las mujeres y la historia del género: aspectos de un debate internacional”, Historia Social 9 (1991) 55-78. Reflexiones recientes, en Silvia CAPORALE y Nieves MONTESINOS (eds.), Reflexiones en torno al género. La mujer como sujeto de discurso, Alicante, 2001; Mª Isabel del VAL; Magdalena S. TOMÁS; Mª Jesús DUEÑAS y Cristina de la ROSA (coords.), La historia de las mujeres: una revisión historiográfica, Valladolid, 2004.Sobre las críticas a este concepto: RIVERA, Nombrar el mundo, 149-178; Cristina SEGURA GRAÍÑO, “Problemas y retos de la historia de las mujeres”, Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía 35 (2006) 505-513. Esta última autora propone el empleo
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“política sexual”118, no ha sido estática, sino fruto de continuos procesos de desajuste- reajuste y, sobre todo, no ha llegado a ocupar todos los ámbitos de la realidad humana y femenina, de ahí que no deban ser conceptos de uso exclusivo ni asociarse a posturas victimistas que sólo capten subordinación y opresión femeninas en la historia119.
Hoy día resulta cada vez más evidente que el eliminar los silencios históricos lleva inevitablemente a otorgar voz a las mujeres. Mejor aún, a restituírsela. Pues queda fuera de duda que, pese a las trabas impuestas, las mujeres participaron en los procesos de construcción histórica y que a menudo aprovecharon los puntos débiles del sistema de géneros, se opusieron frontalmente a él o desarrollaron ámbitos y regímenes alternativos de expresión y significación120. Aceptar esta realidad implica la necesidad de utilizar otras categorías analíticas. Significa, en primer lugar, reconocer la posibilidad de existencia histórica de libertad femenina121. Significa también reconocerles originalidad a las mujeres. Las diferencias sexuadas entre mujeres y hombres, muy visibles en cuestiones tan llamativas como las cronologías –y que contribuyen a cuestionar las periodificaciones tradicionales122- o en el hecho de que las relaciones de género sigan cauces diferenciados de las relaciones de clase –aunque ello no signifique la inoperancia de esta herramienta analítica-, no sólo obedecieron a las especiales condiciones de vida femenina impuestas por el sistema dominante. Si se reconoce libertad a las mujeres implícitamente se les reconoce también autoridad y, con ello, originalidad, capacidad creadora libre para forjar proyectos propios. En esta dimensión entraría otra importante categoría, la “diferencia sexual”. El feminismo de la