3 The moral relevance of social networks: The case of racial disparities in living
3.5 Objection and Replies
3.5.1 Considering a libertarian objection
El 14 de abril de 1931 el Rey sale para el exilio y se proclama la II República Española en Madrid, donde el gobierno provisional que preside Alcalá Zamora se ha hecho cargo del poder. Al día siguiente, en casa de Juan Ramón están poniendo una “pared muda” junto al tabique del piso contiguo, para ver si consigue evitar los ruidos y poder seguir trabajando con un mínimo de tranquilidad. La obra tarda mucho más de lo previsto, y al final, los ruidos siguen oyéndose como antes... A últimos de abril acude a visitarlo Constancia de la Mora, que había trabajado con Zenobia en la tienda de arte popular y que era sobrina del nuevo ministro de la gobernación, Miguel Maura, para decirle que se cuenta con su nombre para una de las embajadas vacantes. Juan Ramón se niega, porque carece de las condiciones técnicas necesarias, y porque prefiere seguir dedicándose al trabajo poético: Yo he tenido en mi vida que trabajar mucho, pero ahora es cuando estoy trabajando verdaderamente a gusto y contento; ahora que me he sacudido a toda esa gente y no veo a ninguno de ellos. Ya tengo hecha la valoración completa de mi obra y todo el día lo dedico a esto293.
Le siguen visitando escritores y poetas, muy jóvenes: Ramón Feria, Ernestina Champourcín, Díaz Caneja, Guillermo Díaz Plaja, Luis Felipe Vivancos, Leopoldo Eulogio Gómez, Enrique Moreno, Emilio Herrera, etc. y también Federico de Onis, Gerardo Diego, Matilde Pomés... El progresivo empeoramiento de la situación política del país afecta a Juan Ramón, que prefiere seguir viviendo en España, pese a la invi-
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tación de su cuñado José Camprubí para que se vayan a vivir a América. Le preocupa la posible reacción popular contra la aristocracia, temiendo que se pueda prender fuego al barrio de Salamanca, donde él vive en una casa en cuya fachada hay un gran escudo monárquico: Por si acaso —le dice a Juan Guerrero— he comprado una bandera republicana, y cuando ocurra algo la pondré en el balcón, a ver si así me libro de las primeras piedras294. Los editores Valdés y Palazón no han respondido a su oferta, y sus libros se venden muy poco, por lo que su situación económica se va haciendo difícil. Se lo dice por carta a su hermano Eustaquio: Acabo de poneros un jiro de cincuenta pesetas. No he podido más, y no sé cuándo podré. La tienda está cerrada y lo que Zenobia recibe (de sus rentas familiares) es menos, pues también en América anda todo mal... Hemos pensado también en irnos a América, donde yo podría desempeñar un cargo universitario. No sabemos nada fijo295. Y Juan Ramón sigue preocupado por el estado de Zenobia, aunque se tranquiliza cuando los médicos deciden definitivamente no operarla.
El 29 de junio recibe, junto a Juan Guerrero, a los editores de Signo, Valdés y Palazón, llegando a un principio de acuerdo. De cualquier modo y aunque sea por su cuenta, Juan Ramón piensa dar su libro “Españoles variados” —una colección de retratos líricos, algunos de los cuales ya han sido publicados—, que ya tiene casi terminado. Juan Ramón pasa plácidamente los atardeceres del verano, frente a los frondosos árboles del Sanatorio del Rosario, en amistosa charla con Juan Guerrero Ruiz, hablando de todo lo divino y lo humano. De lo polftico, deriva a lo social, considerando que el pueblo no puede dejar de tener religión, pues constituye el único freno moral para la mayoría de la gente: —Yo no tengo creencias relijiosas concretas, pero creo en la necesidad de que las tengan aquellos jóvenes que por sí mismos, por no tener ideal de moral propia, no
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Juan Guerrero Ruiz. op. cit.
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Juan Guerrero, op. cit.
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J.R.J.: Carta inédita a su hermano Eustaquio, recogida en el suplemento n' 7 de la revista “Anthropos”, Barcelona 1981.
pueden man-
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tener su vida en un nivel de conducta superior... En la época actual está desapareciendo todo el idealismo, y la mujer moderna cree haberse puesto a la altura del hombre, con fumar, beber... y divertirse como él, haciendo lo que quiere con unos y con otros. Lo que la muchacha americana llama hacer su vida, hay que ver lo miserable que es... Y ahora aquí hay muchísimas jóvenes que tienen libertad para hacer su vida y andar con relaciones íntimas aquí y allá, como si en eso consistiera lo moderno... Yo no puedo creer en el amor libre; no he creído nunca; creo que un hombre y una mujer pueden tener en su vida más de un amor, una pasión, pero siempre esto a base de amor de enamorarse de veras, y guardándose siempre, y a los demás, el respeto debido; no creo que en la vida no deba haber más que un solo amor únicamente, porque esto es casi imposible; pero de esto a la forma actual de entender el amor hay mucha diferencia... Yo odio a las muchachas modernas que van mostrando todo su cuerpo, como si así pudieran tener mayor encanto, cuando es al contrario, ya que así todas son iguales... Para mí, la mujer, como la poesía, como el arte o la fama, ha de ser siempre difícil; desde el momento que sea una cosa fácil, ofrecida, ya no me interesa nada, y no digamos del que va a una casa de prostitución y da dinero encima, ¡eso ya es el colmo!
Recuerda a la recitadora argentina Berta Singerman, que incluía poesías suyas en su repertorio y por la que se sintió fascinado por algún tiempo: En el caso de Berta Singerman hubo por mi parte un sentimiento afectuoso, que motivó el que yo le escribiese dos o tres cartas muy cariñosas, pero es que me daba pena ver a aquella muchacha sometida a un hombre que la maltrataba y de quien ella no se recataba en contarme horrores... Yo hubiera querido ayudarla a limpiar su arte, depurando sus programas y ella hubiese podido vivir dignamente, separándose del marido, pero luego fui comprendiendo que en el fondo eran los dos iguales... Por eso, la última vez que vinieron ya no quise verles y me alegro de que no vuelvan para que no pueda volver a aquel afecto senti-
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mental del principio... Y Juan Ramón sigue lamentándose de las jóvenes actuales, que están en contra de lo idealista, dominadas por el materialismo. Por eso está satisfechísimo de no haber tenido hijos en el matrimonio: En realidad, no sabría cómo educarlos, pues de una parte podría parecer anticuada nuestra educación, y la que actualmente tienen los jóvenes es una vergüenza296.
MARGARITA DE PEDROSO
Por ese tiempo fue a su casa una joven escritora, de escasamente veinte años, Margarita de Pedroso, hija del conde de San Esteban de Cañongo y de la princesa rumana María Sturdza, para pedirle orientación sobre una especie de diario íntimo que había escrito, titulado “Hacia Galilea”. Juan Ramón la había conocido tiempo antes en un té celebrado en casa de sus padres, y luego la veía casi todos los días pasar delante de su casa, camino del estudio del pintor Daniel Vázquez Díaz, cuando aún no se había cortado sus largas trenzas y quería ser pintora. Por consejo de Rosa Chacel, amiga de Juan Ramón y esposa del pintor Timoteo Pérez Orbe, de quien ella tomaba clases, Margarita se dedicó a escribir. Rosa Chacel le facilitó la entrevista con Juan Ramón, a quien le dejó su manuscrito, que él leyó de inmediato, y le escribió: Anoche leí por primera vez su manuscrito, y esta mañana le llamé a usted por teléfono a su casa; pero me contestó sólo, tres veces, el silencio. Su “En busca de Galilea” me ha conmovido mucho; primero por la verdadera emoción que revela su ansia por el o lo Ideal (es la lucha en que yo estoy desde que tengo uso de ¿razón? y que sé que durará hasta que la pierda)... Espero y deseo que este verano (¡y siempre!) siga usted buscando “su única vida” con la misma fresca y franca obstinación. Y si, en esa busca, le quedan ratos
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libres
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de mirar afuera, le pido que, en algunos de ellos, me mande lo que podamos ver los que quedamos en los transmuros de su fina alma encantada con la ilusión de la primera belleza. Yo le co- rresponderé desde mi desierto (torre de cuarenta y nueve años de aislamiento), con prueba de mis constantes tanteos de elevación jeneral (sensual o metafísica). Le volveré a escribir297. Margarita, el tipo de mujer que representaba, fina, alta, rubia, nórdica, le había fascinado, y ella había quedado seducida por él.
Margarita acudía con frecuencia a casa de Juan Ramón, como otras jóvenes poetisas en demanda de ayuda y consejo: Eran tan grandes su carisma y su encanto que todas estábamos enamoradas de él, diría años más tarde Ernestina de Champourcin. A sus setenta años, la propia Margarita de Pedroso lo evocaba así: Era un hombre con cierto aire árabe, muy varonil, con una voz melancólica y profunda; un hombre solitario, idealista y nada gregario. Pasábamos muchas tardes hablando largamente. La mayor parte de las veces no estaba Zenobia. Después salíamos a la terraza para ver la puesta de sol... Yo le escuchaba mucho y hablaba muy poco, porque era muy tímida... A mí me gustaban sus charlas sobre arte, literatura, filosofía y demás, pero nunca pensé en otra cosa. Creo que yo entonces era bastante ingenua y un tanto asexuada, si cabe explicarlo así. Una amiga mía me decía que Juan Ramón estaba enamorado de mí, pero yo le replicaba que era sólo una buena amistad intelectual298. Juan Ramón le enviaba flores amarillas, y ella se fue enamorando de él en secreto. De la fragancia exhausta de aquellas flores extraería luego Margarita de Pedroso la reminiscencia que inspirará su único libro de poemas, “Rosas”, publicado en 1939 y donde la presencia de Juan Ramón Jiménez era ubicua:
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Tú fuiste el que abriste mis ojos azules con estrellas de oro, bajo la tarde violeta, al estío del alma. Ese abrazo inefable que arrancaste cruel a la blancura de los nardos yo no te lo podía dar
¿qué esperabas de mí, Poeta? No te bastaba
que yo fuera la niña muda que tú amabas 299
Aquel amor probablemente no existió más allá del terreno de las ensoñaciones de una muchacha que empezaba a asomarse a la madurez, pero tuvo en ella momentos privilegiados: Te respondió mi pureza / te sorprendió mi pureza/la inocencia de mis labios. / Me miraste con asombro,/ como aquel primer lirio/ que cojiste en la mano/ y quedó limpia tu alma. / Loco de dolor / loco de pasión, / me ofreciste tu poesía. Pero Juan Ramón tampoco fue insensible a ese amor, y tuvo algunos problemas. Cuando Margarita envió algunos de sus poemas a La Gaceta Literaria, su padre, de temperamento desabrido y cicatero, se percató de que habían sido “inspirados” por Juan Ramón, y le amenazó con llevarle a los tribunales. Juan Ramón le escribió con rara ecuanimidad: No me preocupa que usted me lleve ante los tribunales, porque no he cometido delito alguno... He
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J.R.J.: Carta a Margarita de Pedroso, 22.07.31, “Cartas. Antología”.
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Entrevista a Margarita de Pedroso. “Los Domingos de ABC”, 05.07.1981.
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intentado por todos los medios que su hija no publicase los tres poemitas que llevó a La Gaceta Literaria, por ella y por usted, no por mí. Aun cuando usted lo dude, y se manifieste de modo tan desagradable para mí, yo sigo guardándole afecto y reconocimiento. Y me parecería
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mal que usted estuviese mediando en la publicación de unos poemas de su hija que están dirigidos a mí. Su hija no podrá ante su conciencia decir que no... Estoy dispuesto a esplicar con testigos todos mis actos, si usted lo desea. Si prefiere llevarme a los tribunales, le digo de antemano que aceptaré íntegramente el testimonio de su hija, porque sé que dirá la verdad, y la verdad no puede ser contra mí, ni contra nadie, y si se me condena, cumpliré gustoso lo que sea, porque ello querrá decir que he obrado mal en algo, y yo no quiero tener remordimientos300.
Margarita era bastante independiente y, tras la muerte de su madre, había abandonado el hogar del padre y vivía con otra hermana, aunque con una asignación paterna. Dejó de acudir a casa de Juan Ramón, pero se veían en algunos conciertos, y ella logró publicar su libro “Hacia Galilea” en 1932, por la ayuda de Juan Ramón. Poco después ella se marchó a ampliar estudios a Inglaterra... Mientras tanto la vida de Juan Ramón había transcurrido entre la monotonía y los altibajos de su salud. Aquel verano de 1931 lo pasó, con Zenobia, en Madrid, haciendo frecuentes excursiones por los alrededores, a menudo acompañados por Juan Guerrero y su familia. El 11 de agosto llegó a un acuerdo de principios con los editores de Signo, que se quedarían con el depósito de todos sus libros publicados y que editarían todos sus libros nuevos, comprometiéndose a abonarle a partir del mes de octubre quinientas pesetas mensuales a cuenta de las ventas. El poeta se sintió muy estimulado, proponiéndose sacar un nuevo libro, “Españoles variados”, en el próximo mes de diciembre, e iniciando la preparación de otros libros, entre ellos uno dedicado a Francisco Giner de los Ríos y “Olvidos de Granada”... Entre los “Españoles variados” figuraba el retrato lírico de Margarita de Pedroso: Delicada y rubia, sin necesidad de artificio para su nitidez y colorido, con trenzas hasta ayer, coje hoy ya su jirasol de lirios, su espada de ansia tem-
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prana, y por entre los prados del amor imposible, las salas desiertas de las artes, las nubes aurorales de la fantasía ideal, abre camino adelante, como empieza una música, se va mono- logando en busca de su primera Galilea... ¿Y qué es lo deseado para esta Margarita? ¿Qué ve o quiere ver con sus ojos claros, de grises y oros claros, en el oro y gris de la vida esterior? ¿Qué es lo que estos ojos cojen de lo pasajero mejor?301 Según contaba después Margarita, tras un pequeño altercado ella rompió el retrato y Juan Ramón, enfadado, le dijo que no lo sacaría en su próximo libro. Como así fue, pues Juan Ramón lo excluyó de “Españoles de tres mundos”, hasta 1969 en que Ricardo Gullón lo incluyó en su edición definitiva.
A primeros de septiembre Zenobia se marcha con unas amigas a pasar unos días en la Sierra de Gredos, y Juan Ramón se pone enfermo, con fuertes dolores en el cuello y espalda, insomnio e intenso cansancio. Jorge Guillén, que está de vacaciones y lo visita en estos días, lo encuentra más seco que otras veces, más ácido... Atribuye sus molestias al reuma gotoso que padece y que, antes de tener colitis, combatía y bien con los medicamentos que le prescribían, temiendo que esta “neuritis” repercuta en su débil corazón y lamentándose de no poder seguir trabajando con normalidad... Mejora de casi todo cuando Zenobia vuelve a casa, iniciando con ella la redacción de una antología de su obra para niños. Pero le preocupa el que los médicos no se pongan de acuerdo sobre lo que le pasa. En 1919 Gregorio Marañón le dijo que padecía de un reuma gotoso y que tendría un ataque anual, lo que no se confirmó; y Hernando le dijo algo parecido, y luego le apareció la colitis. Ahora los doctores Calandre, Carrasco y Hernando piensan que puede tener una anomalía en la aorta, después de una radioscopia que le han practicado. El electrocardiograma no detecta ninguna anomalía, aunque tal vez el corazón sea algo más grande de lo que debe ser y las
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J.R.J.: Carta al Conde de San Esteban de Cañongo, recogida íntegramente por Juan Manuel de Prada, “Desgenerados y excéntricos”, Seix Barral, Barcelona 2001.
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arte-
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rias se le estén dilatando... En realidad, él se cree un enfermo indiagnosticado, y cuando se siente mal, piensa que debe estar fraguándose algo grave, algo que enlaza con los trastornos que tuvo en su juventud... Entre tales preocupaciones y los ruidos que hacen los albañiles, que aún trabajan en su casa, apenas puede concentrarse en la escritura.
Y así pasa el tiempo en los últimos meses del año, recibiendo esporádicas visitas: Altolaguirre, Aleixandre, Muñoz Rojas, Rosa Chacel, Ernestina Champourcin, Enrique Moreno, Carmen Conde, Jorge Guillén, etc. Juan Guerrero Ruiz ha sido trasladado a Alicante, y el poeta se siente solo y enfermo. Apenas escribe, limitándose a enviar sus “retratos líricos” a “El Sol”.
LA MUERTE VOLUNTARIA
En enero de 1932 Zenobia está en cama con una fuerte bronquitis, y Juan Ramón sigue sin encontrarse bien (arterioesclerosis, agotamiento, cólicos, etc.), acudiendo con frecuencia el doctor Calandre. Los cuida su sobrina Leontina, que desde las Navidades pasa una temporada con ellos. Juan Ramón se va recuperando, y en febrero vuelve a ordenar todo lo que no había podido hacer en un mes sin trabajar. En marzo se queda solo, porque Zenobia se ha ido de viaje, con su amiga Olga Bauer, a Marruecos durante un mes, mostrándose indiferente por todo, incluso por la aparición de la “Antología de poesía española”, de Gerardo Diego. Cuando vuelve Zenobia, Juan Ramón se reanima bastante, vuelve a trabajar intensamente y recibe a mucha gente joven: Maravall, Enrique Moreno, Arturo Serrano Plaja, Champourcin, Mercedes Pedroso y Margarita Pedroso. Prosigue su idilio amoroso con esta última, que parece muy enamorada de Juan Ramón, hasta que ella se marcha a Inglaterra. Y habla mucho con Margarita Gil Roësset, una joven escultora, que acude a diario a su casa porque le está haciendo un busto a Zenobia.
Con la llegada del verano, Juan Ramón parece estar en forma, al tiempo que Zenobia supera con radioterapia la re-
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caída que ha sufrido en su tumor uterino. Colabora en la revista que ha sacado Altolaguirre, “Héroes”, dando retratos líricos del propio Altolaguirre, de Concha Méndez, de Rosa Chacel y de Luis Cernuda: Ahora —le dice por teléfono a Juan Guerrero— vienen a casa muchos jóvenes nuevos y también vuelven los anteriores, Cernuda entre ellos... El motivo de este acercamiento está en los “Retratos” . Pero ya sabe usted que yo no voy a hacerlos o no porque vengan a verme302... En julio Juan Ramón está contento, trabaja mucho y proyecta publicar unas nuevas “hojas” con sus trabajos inéditos, que llevarán por título “Sucesión”. Llega a Madrid Juan Guerrero, para pasar varias semanas haciendo gestiones diversas. En casa Juan Ramón le pasa al comedor para enseñarle una cabeza de piedra de Zenobia que acaba de terminar Marga Gil, una muchacha amiga de ellos. Le habla muy elogiosamente de la joven escultora, a quien conoció años antes, siendo todavía una niña, cuando publicó con su hermana Consuelo un librito para niños. Luego, le perdió la pista y hace unos meses, por mediación de Olga Bauer, con quien ahora mantiene una estrecha amistad, vienen a casa las dos hermanas, y Marga quiso hacer esta cabeza de Zenobia y ahora quiere hacer otra de él. Es una muchacha de veinticuatro años, de gran sensibilidad y talento, que puede hacer una obra muy interesante...
El 29 de julio Juan Ramón ha invitado a cenar en su casa a Jorge Guillén y a Juan Guerrero. Éste llama previamente por teléfono, y la doncella, Teodora, le dice emocionadamente que los señores no están en casa porque anoche a las nueve les avisaron los padres de la señorita Marga que no