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OF CONSTRUCTING A NAVIGABLE CANAL THROUGH THE VISTULA SPIT

Ya comentamos en la introducción de este trabajo que consideramos imprescindible reconocer como las dimensiones metateóricas, o los conceptos teóricos en general, con los que nos enfrentamos al análisis a un fenómeno son parte indisoluble de su constitución como tal objeto de estudio, y lo ejemplificamos con las distintas posibilidades abiertas para entender la globalización de diversas maneras. En ese momento, sin embargo, nos limitamos a aplicar algunas de las dimensiones metateóricas más relevantes. Ahora que hemos definido nuestra propia posición al respecto, tenemos que reubicar los temas de debate en nuestro esquema, antes de poder continuar con el análisis que guía nuestro objetivo de plantear una crítica conceptual del conflicto. Esta será, no obstante, una tarea especialmente compleja al haber adoptado, al menos, una dimensión muy poco habitual, la que se refiere a la distinción entre sanciones y definiciones. En consecuencia, el encajamiento de los problemas a los que se ha referido habitualmente la teoría sociológica de la globalización resultará inevitablemente algo forzado. Esperamos, a pesar de ello, que el

relacionamiento de unos con otros sea lo suficientemente inteligible como para permitir en los capítulos siguientes proceder con nuestra rearticulación teórica de las relaciones opositivas y no- opositivas. Queríamos, por ello, antes de proceder, reconocer este escollo que nos encontramos y que confiamos en superar, en lugar de meramente obviarlo.

Como la dimensión estructura-agencia que nosotros adoptamos sí que es una de esas dicotomías institucionalizadas en el pensamiento sociológico, podemos recoger ahora lo que ya mencionamos sobre cómo una perspectiva agencialista tendería a centrar su atención en las interacciones entre los agentes que tienen ahora lugar a escala planetaria. La definición de la globalización en términos de alargamiento de las relaciones sociales es, de hecho, una de las más frecuentes y suele ir acompañada del énfasis en el aumento de la interdependencia, y a una revitalización del pensamiento –de forma más o menos directa- en torno al clásico de “las consecuencias no intencionadas de la acción”. Comparado con otros planteamientos, este enfoque es, sin embargo, quizá uno de los más resbaladizos, por cuanto supone una diferenciación del fenómeno más de grado que a través de un salto cualitativo. Así, los autores que siguen en esta dirección a menudo se ven en la necesidad de proponer una escala que permita algún tipo de cuantificación para investigar el grado real de globalización.

Indudablemente, cualquiera que sea el enfoque utilizado, para cualquier modelo explicativo es ineludible dar cuenta del incremento y densificación de las relaciones por encima y a través de los Estados, considerando no sólo las posibilidades abiertas por las nuevas tecnologías de la comunicación y el transporte, sino también por diversas transformaciones institucionales. En nuestros términos, podríamos decir que este aspecto del debate en la globalización se refiere al surgimiento de una figuración planetaria, pasando de una relación compleja -en tanto que relación de relaciones- a una figuración compleja -en tanto que figuraciones relacionadas-. Pero hay que ser cuidadosos en este camino, para no pensar en esta figuración planetaria como englobando todas las figuraciones pre-existentes, pues esto sería no prestar atención a la cantidad de relaciones que han quedado obsoletas en esta nueva figuración y que han tendido a desaparecer. Nuestra figuración compleja no sería simplemente una “suma”, sino que se compone también de muchas “restas”.

Igualmente, es importante no dejarse arrastrar, como ya comentáramos respecto a la formulación de la distinción entre integración social y sistémica en Giddens, por una comprensión de esta figuración donde las relaciones distanciadas se interpreten como relaciones “no corpóreas”, sino atendiendo a los agentes que sirven de vinculación y que forman parte de esas relaciones. En este sentido, los medios de comunicación y transporte no son meros “medios”, sino agentes tan

determinantes como cualquier otro de la forma que tome en cada momento esta figuración. Aún más, es relevante tener en cuenta que la globalización afecta igualmente a las relaciones de máxima co-presencia y que cubren las menores distancia espacio-temporales y que, frecuentemente, las más distanciadas no son posibles sino como una concatenación de éstas.

Pero las relaciones de cooperación y competencia no tienen lugar sólo en una figuración -aunque sea una mega-figuración- sino, más específicamente, en la dimensión asociativa de esta. Esto, sin embargo, no parece trastornar mucho lo dicho hasta ahora, y ello se debe a que este tipo de debates en torno a la formación de una red global de relaciones, habitualmente se refiere a esta dimensión de las sanciones, tal y como nosotros la definimos, esto es, en el sentido del reposicionamiento del agente y la consecuente reformulación de sus alternativas. No se trata meramente de que se pueda viajar más rápido que nunca o comunicarse en tiempo real con el otro extremo del planeta, se trata más bien de que eso nos modifica completamente como agentes pues cambia radicalmente, cualitativa y cuantivamente, las sanciones -positivas y negativas- que enfrentamos y por ello afecta -más o menos directamente- también a las relaciones más próximas y a las relaciones preexistentes. Este es, sin duda, uno de los mejores ejemplos posibles de que son las relaciones que establecen las que constituyen a los agentes.

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