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CONSTRUCTIVISM AND COMMUNICATIVE RATIONALITY.

El síndrome de burnout es condicionado por dos factores fundamentales que entran en una relación no exenta de problemática, la salud del individuo que trabaja y el trabajo como actividad social y económica inmersa en - y condicionado por un contexto social. Por eso en este capítulo se desarrolla un acercamiento al concepto de salud y a la centralidad del trabajo haciendo un énfasis en las condiciones de trabajo.

El concepto de salud

La salud y la enfermedad son dimensiones que han atravesado la historia de la humanidad, lo que ha llevado a reconocer que están relacionadas socialmente con la configuración de la sociedad (Bello, 2006; Guerrero y León, 2008; López, Escudero y Carmona, 2008; Yanes, 2003). La salud fue definida inicialmente como la ausencia o carencia de enfermedad. Godoy (1999), discute esta postura afirmando que la salud es mucho más y envuelve diferentes dimensiones de bienestar, de ajuste psicosocial, de calidad de vida, de desarrollo personal, de protección hacia posibles riesgos de enfermedad, de recursos personales y sociales, de habilidad de alcanzar metas y de satisfacción de necesidades personales.

La Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2006), define la salud como un “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (p.1). Levi (1988) retoma el concepto de la OMS y explica que el bienestar es “un estado dinámico de la mente que se caracteriza por un grado razonable de armonía entre las facultades, las necesidades y las exceptivas del trabajador y las exigencias y oportunidades del medio ambiente” (p.10), y agrega que este concepto está relacionado con el concepto de calidad de vida, y que la única medida valida del bienestar es la estimación subjetiva, lo que conduce probablemente a confusiones y polémicas en el campo de la salud en el trabajo, ya que allí no se reconoce “el conjunto de interacciones complejas y no lineales que se producen”(p.10). En esta misma dirección Bello (2006) sosteniente que la relación salud/enfermedad es de carácter dialéctico y forma parte de un proceso continuo y móvil, en el cual se manifiesta el grado de adaptación del hombre como ser biosocial a las condiciones

biológicas y sociales del medio. El nivel de adaptación, al cual la autora se refiere, implica una estabilidad relativa, un concepto de salud variable, mutable.

Dejours (1986) concibe la salud de forma dinámica, lo cual es una perspectiva contraria a las que consideran la salud como un estado. “La salud es antes de que toda una sucesión de compromisos con la realidad; son compromisos que se asumen como realidad, y que se cambian, se reconquistan, se re-definen, que se pierden y que se ganan. Eso es salud” (p.11). La realidad a la cual se refiere Dejours (1986), es una realidad del ambiente material (física, química y biológica), afectiva, relacional, familiar (toda la vida mental, psíquica y de las relaciones), social (donde se destaca la organización del trabajo), definiendo así que “la salud para cada hombre, mujer o niño es tener medios de trazar un camino personal y original, en dirección del bienestar físico, psíquico y social” (p.11). En relación con el bienestar plantea que está asociado a la libertad. Explica que el bienestar físico es tener la libertad de regular las variaciones que aparecen en el estado del organismo, es la libertad de adaptación, por ejemplo, poder descansar cuando se está cansado, de regular el tiempo, de comer cuando se tiene hambre, de cuidarse cuando se está enfermo, el bienestar psíquico es la libertad que deja a la voluntad de cada uno la organización de su vida y el bienestar social es “la libertad de actuar individual y colectivamente en la organización del trabajo, o en el contenido del trabajo, la división del trabajo, la división de los hombres y de las relaciones que se dan entre ellos” (p.11).

Dejours (2009c) en desarrollos posteriores plantea que la salud es un ideal, lo que “indica una orientación de las conductas organizadas con el fin de construir y mantener el mejor equilibrio posible de las funciones psíquicas y mentales” (p.17). Esta propuesta de Dejours sobre la salud, que está relacionada con el trabajo, propone una visión importante al tener en cuenta la variabilidad y lo procesual, entendiendo la enfermedad como un proceso que no necesariamente es estrictamente anormal, ya que no es anormal que una persona se sienta cansada o que le dé una gripe, por ejemplo. También Frenk (1992) plantea:

La salud es un punto de encuentro. Ahí confluyen lo biológico y social, el individuo y la comunidad, la política social y la económica. Además de su valor intrínseco, la salud es un medio para la realización personal y colectiva. Constituye, por lo tanto, un índice del éxito alcanzado por una sociedad y sus instituciones de gobierno en la búsqueda del bienestar que es, a fin de cuentas, el sentido último del desarrollo (p.37)

Abordar la esfera de la salud, independientemente de la esfera de lo social, seria asumir un modelo abstracto y unilateral que nos daría una visión distorsionada de la realidad puesto que el hombre al que se quiere brindar salud es un ser vivo que piensa, siente, actúa y se desarrolla en sociedad (p.91)

Marks (1996) a su vez propone una perspectiva interdisciplinar cuando aborda la salud como un fenómeno multivariable, al que están vinculados elementos contextuales relacionados con en la problemática salud/enfermedad, en la cual los determinantes de la salud son estructurados en niveles o capas de influencia; el individuo está en el centro de ese constructo, rodeado de diversos factores variables como el estilo de vida individual, las influencias sociales y de la comunidad, condiciones de vida y de trabajo y, por último, las condiciones socio-económicas, culturales y ambientales generales (Whitehead, et al., 2001) (Ver figura 3). La OMS en la Carta de Ottawa (2001) plantea en esta misma perspectiva que “los lazos inextricables entre la gente y su entorno constituyen la base de un enfoque socio-ecológico con respecto a la salud.” (p.21).Este marco proporciona un conjunto diferente de las perspectivas de la salud, puesto que incluye sus determinantes y no sólo el curso de los acontecimientos durante el tratamiento de la enfermedad, situando en el centro a la persona, pero reconociendo el carácter determinante de la influencia primaria de la sociedad a través de la comunidad, las condiciones de vida y de trabajo, y las condiciones socioeconómicas, culturales y ambientales que rodean a la persona (Marks, 1996; Whitehead, et al., 2001). Esta perspectiva permite ampliar la lectura y comprender mejor la problemática de la salud, rompiendo con las posturas reduccionistas centradas en el individuo, que constituyen la perspectiva dominante en la psicología mainstream (Marks, 1996).

Figura 3. Determinantes de la salud

Fuentes: Marks, (1996); Spink, (2003); Whitehead, et al., (2001)

Las condiciones de trabajo, como el componente objetivo en la interacción de la persona con su trabajo, son una de las determinantes para la equidad de la salud (Whitehead, et al. 2001); inciden en la calidad de la vida laboral, en la salud, en el bienestar psicológico, en la motivación, en la implicación en el trabajo y en la satisfacción que este produce, así como en las patologías profesionales, el desgaste físico y psicológico por un trabajo en condiciones estresoras y quemadoras (Blanch, 2003). Kalimo (1988) señala que “las condiciones laborales no sólo causan enfermedades profesionales específicas, sino que pueden influir de manera mucho más general como uno de los múltiples elementos que determinan el estado de salud de un trabajador.” (p.3).

La OMS (2001) traza la salud “como un recurso para la vida cotidiana, no como el objetivo de la vida. La salud es un concepto positivo que enfatiza recursos sociales y personales, junto con capacidades físicas.” (p.20) Adicionalmente plantea que “el cambio de modelos de vida, trabajo y ocio, tiene un efecto significativo sobre la salud. El trabajo y el ocio deberían ser una fuente de salud para la población. La manera en que la sociedad organiza el trabajo, debería contribuir a crear una sociedad saludable” (p.21). Estas aproximaciones a la salud tienen en cuenta la capacidad

Condiciones generales socioeconómicas, culturales y ambientales Condiciones de vida y trabajo Influencias sociales y comunitarias Factores relacionados con el estilo de vida

Individuo (Edad, sexo,factores

hereditarios,

de cada persona para producir económica- y socialmente y muestran, a su vez, la relación que existe entre la salud y el trabajo. Seligmann-Silva (1994) afirma que “el trabajo, conforme a la situación, tanto podrá fortalecer la salud mental cuanto podrá llevarlo a disturbios que se expresaran colectivamente en términos psico-sociales y/o individuales, en manifestaciones psicosomáticas o psiquiátrica” (p.46). En este mismo sentido Heloani (2011) afirma que tanto la salud como la enfermedad mental se encuentran relacionadas fuertemente con las actividades del hombre y con su manera de luchar por la supervivencia y la identidad, por lo cual el trabajo puede influir tanto en beneficio como para el deterioro de la salud del que trabaja. Esto tiene mayor fuerza en la sociedad actual donde el trabajo se torna como un eje importante en el desarrollo personal en algunos casos.

Uno de los estudios iníciales en el cual se relaciona la salud con el trabajo, “Las enfermedades de los trabajadores” de Bernandino Ramazzini, es del siglo XVII; en ese libro el autor hace una descripción de las enfermedades de aproximadamente 50 ocupaciones u oficios e introduce en el diagnóstico clínico de la medicina la pregunta ¿en qué trabaja usted?, tradición que continua; lamentablemente en la actualidad esta pregunta deja de ser un elemento central para el diagnóstico y se convierte en un dato sociodemográfico. Según Araujo (2002) Ramazzini en una sociedad feudal previa a la Revolución industrial se compromete con “un tema de enorme interés para la sociedad, en la medida en que el trabajo y quienes lo realizan, trátese de trabajo intelectual o manual, merecen ser protegidos, promovidos, y ofrecérseles incentivos y privilegios pues gracias a los trabajadores, el Estado y las ciudades cuentan con riquezas” (p.364).

En el siglo XX se encuentran varios momentos importantes. El primero es el Tratado de Versalles de 1919, que pone fin oficialmente a la Primera Guerra Mundial; su parte XIII tiene como eje la regulación del trabajo, cuyas condiciones involucran injusticia, miseria y privaciones en un gran número de personas. Entre las condiciones que se mencionan en el tratado se encuentran las jornadas diarias y semanales de trabajo, la oferta laboral, la prevención del desempleo y, entre otros aspectos, también la protección del trabajador contra las enfermedades y lesiones que se producen en el empleo (Organización Internacional del Trabajo, 1939).

En el artículo 427 del el Tratado de Versalles, se plantea, con miras a los trabajadores de la industria, que deben existir los siguientes principios universales: 1) el trabajo no debe ser considerado simplemente como una mercancía o como un artículo de comercio, 2) El derecho de asociación para todos los fines que no sean contrarios a las Leyes, así para los obreros como para

los patronos, 3) El pago a los trabajadores de un salario que les asegure un nivel de vida decoroso, tal como se considere éste en su época y en su país, 4) La adopción de la jornada de ocho horas, o de la semana de cuarenta y ocho, como fin a alcanzar dondequiera que no se haya alcanzado aún, 5) La adopción de un descanso semanal de veinticuatro horas, como mínimum, que deberá comprender el domingo, siempre que sea posible; 6) La supresión del trabajo de los niños y la obligación de introducir en el trabajo de los jóvenes de ambos sexos las limitaciones necesarias para permitirles continuar su educación y asegurar su desarrollo físico, 7) El principio de salario igual, sin distinción de sexos para el trabajo de igual valor, 8) Las reglas que en cada país se dicten con respecto a las condiciones de trabajo deberán asegurar un trato económico equitativo a todos los obreros que residan legalmente en dicho país y 9) Cada Estado deberá organizar un Servicio de Inspección, que comprenderá a las mujeres, con objeto de asegurar la aplicación de las leyes y reglamentos para la protección a los trabajadores (Organización Internacional del Trabajo,1939).

Un segundo momento importante que aparece en el siglo XX está ligado a los estudios sobre la fatiga. A partir de esta problemática se comienza a dar lugar a los aspectos psicológicos del trabajo, (Seligman-Silva, 1994; 2011), uno de los pioneros en estos estudios desde la psicología es en 1913 Münsterberg (2011), sin embargo se encuentran otros trabajo como los de Goldmark (1913), Myers (1920), Gilbreth y Gilbreth (1919), entre otros. También se encuentra el trabajo de McLean en 1927 en el cual se realiza una revisión de publicaciones del American Journal of Psychiatry donde se menciona “la salud mental ocupacional” o la Psiquiatría Industria como una nueva disciplina. Para los años 30 se encuentran los estudios de Elton Mayo que dan origen a la Escuela de las relaciones Humanas y las prácticas destinadas a prevenir y superar las desadaptaciones humanas y la organización del trabajo (Munduate, 1997; Seligman-Silva, 1994; 2011).

Yanes (2003) plantea que para la década de los 60 del siglo XX cobra fuerza la posición que plantea que la salud tiene una estrecha relación con el proceso de trabajo, en parte debido al cuestionamiento que se hace a la organización capitalista y las luchas sociales que se gestan en esa época. En este mismo sentido Seligmann-Silva (1994) plantea que hasta antes de la de la Segunda Guerra Mundial los estudios de las dificultades mentales de los trabajadores se relacionaban a factores extra-laborales como factores hereditarios, familiares y experiencias previas particularmente en la infancia. Después de la Segunda Guerra Mundial se realizaron estudios en el campo de la salud que identificaron causas colectivas relacionadas con la propia situación de

trabajo. Es así como ya antes de los años 70 del siglo XX se reconocen como un factor desencadenante de problemas de salud el trabajo.

En 1966 el Departamento de Servicios Salud Pública de Estados Unidos de Norteamérica reconoce el tema de la organización del trabajo y el estrés como una preocupación creciente en las áreas de la seguridad y salud ocupacional. En 1973 durante la 27ª Asamblea Mundial de la Salud, un sector importante de investigadores a nivel mundial estaba preocupado por algunos aspectos psicológicos de orden laboral que influían en la salud y seguridad de los trabajadores (Juárez- García (2007). En 1984 el Comité Mixto conformado por la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo (OIT/OMS) examinó de forma sistemática los progresos en la investigación de los factores psicosociales en la salud de los trabajadores, con lo cual concluyó que tales factores representan diversos y variados aspectos de orden psicológico y social que influyen de manera importante en la salud y el rendimiento laboral, por ello se recomendó su estrecha vigilancia y prevención en los centros de trabajo a nivel mundial.

La salud en y por el trabajo es una paradoja. Por un lado, es necesaria para la vida cotidiana, para trabajar, al mismo tiempo se encuentra inmersa en - y condicionada por - los contextos de trabajo. En hechos más concretos, si una persona está inmersa en un contexto con condiciones desfavorables de trabajo, no logra adaptarse a estos y se enferma - no contará con el “recurso” de la salud y quedará excluida, lo que coloca nuevamente en juego su salud. Según Dejours (2009c), la enfermedad como un proceso no es necesariamente y estrictamente anormal. Con esto, no sería anormal que una persona bajo condiciones de trabajo precarias, expuesto a sobre-exigencias en las diferentes dimensiones, se sienta cansada, agotada, explotada, usada, con burnout, por lo que no debería ser excluida y estigmatizada, como se desarrolla en capítulos posteriores.

La centralidad del trabajo

Los estudios del burnout se inician centrando su interés en el fenómeno como algo ligado a ciertas profesiones específicas como las de médico, policía, abogado, educador entre otras, tendencia que aún se mantiene en el mundo y que logra evidenciarse también en Latinoamérica (Díaz y Gómez, 2016). Con el avance en el estudio del síndrome se amplía su marco de compresión teniendo en cuenta diversas dinámicas que se generan en el trabajo. Es importante mencionar que en el estudio de este fenómeno el trabajo es igualado con empleo, equiparando condiciones de

empleo con condiciones de trabajo, sin embargo la categoría de condiciones de empleo es limitada, ya que se refiere a una modalidad particular del trabajo que se caracteriza por una relación donde interactúan dos partes, en la cual una vende su tiempo, esfuerzo, habilidades y rendimiento de trabajo, y la otra los compra (Benach y Muntaner, 2010; Blanch, 1996, 2003; Dejours, 2009c; Luque, et. al., 2000), a diferencia del concepto de trabajo, más universal, que abarca la variabilidad de las condiciones de acuerdo al momento histórico en función de los cambios económicas, sociales, políticas, éticas, tecnológicas y contextuales y que abre la posibilidad de incluir otras modalidades de trabajo que se presentan en la actualidad.

El trabajo ha ejercido un papel decisivo en la consolidación del ser humano y la sociedad. Engels (1876) afirma que a través del trabajo el hombre se creó a sí mismo, ejemplificando como sus condiciones físicas biológicas se han modificado por medio del trabajo. Lorenz (1985) plantea que, con el invento de la elaboración de herramientas en un proceso reproductivo ya conocido “se impuso un comportamiento estrictamente conducente, es decir lo que llamamos trabajo” (p.65) y agrega que “el trabajo puede llegar a ser –mediante el <placer de la función> o la satisfacción causada por el propio placer-, un fin en sí mismo” (p.65). Para Blanch (1996) trabajo “se refieren por un lado, a un tipo específico de actividad humana desarrollada en determinadas situaciones y contextos socioeconómicos y, por otro, a las construcciones socioculturales del sentido y del valor de tal experiencia” (p.3) y lo define como “el componente nuclear que sirve de denominador común a todas las formas históricas de tal actividad [que] consiste en la inversión consciente e intencional (retribuida o no, con o sin cláusulas contractuales) de una determinada cantidad de esfuerzo (individual o colectivo) en orden a la producción de bienes, elaboración de productos o realización de servicios con los que satisfacer algún tipo de necesidades humanas”. (p.3). En un nivel más individual Rentería (2009) señala que el trabajo como actividad económico-productiva y organizador social “se convierte en un referente fundamental a nivel ontológico, ya no del hecho de ser humano solamente, sino del hecho de ser persona, como sujeto: es que el trabajo funciona como referencia para dar respuestas a la pregunta: ¿quién soy y cuál es mi lugar en el mundo?” (p.34).

Por su parte, Jahoda (1987), refiriéndose a la estructura del empleo, pero que puede ser extrapolada a la categoría más amplia del trabajo, plantea que hay dos aspectos que han permanecido sin cambios, en primer lugar, que “proporciona los medios a través de los cuales la

inmensa mayoría de las personas se gana la vida” (p. 119) y en segundo lugar que es una consecuencia no planeada de la propia organización

[…]que imponen a los que participan en ella unas categorías de experiencia particulares, que son: imponer una estructura temporal al día; ensanchar el campo de las relaciones sociales más allá de las relaciones familiares, que a menudo llevan una gran carga emocional, y del vecindario más inmediato; demostrar, gracias a la división del trabajo, que los propósitos y las realizaciones de una colectividad trascienden a los objetivos individuales; conceder un status social y clarificar la identidad personal, y establecer la obligación de realizar una actividad regular (pp.119-120).

Estas categorías, independiente si son vivenciadas como agradables o no,

[…] corresponden a necesidades más o menos enraizadas en la mayoría de las personas que se esfuerzan por darle un sentido a sus vidas. Necesitan: estructurar el día, un campo