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Consumers’ interpretation and use of comparative information on the quality of healthcare: the effect of

Cuando un hombre estudia lo relativo a la clarividencia con suficiente detención para advertir los beneficios que de esta cualidad puede aportar, anhela poseerla e indaga los medios de adquirirla y dice: “¿Cómo podría yo ser clarividente? Si, como decís, se halla esta facultad latente en todo hombre, ¿cómo podría yo actualizarla y convencerme por mi mismo de que es cierto cuanto me aseguráis?” A quien preguntar tal cosa le responderíamos diciendo que es posible educar la clarividencia como ya lo hicieron muchos, y que puede obtenerse por diversos medios, perjudiciales todos menos uno, del que sin excepción pueden valerse todos los hombres. Mas para mejor comprender el asunto y descubrir los riesgos que conviene evitar, es preciso establecer reglas muy exactas de conducta.

Las personas cultas e instruidas de los países más adelantados del mundo tienen ya plenamente desarrolladas las facultades del cuerpo astral, según explicamos en capítulos anteriores; pero no están acostumbradas a ejercitarlas en lo más mínimo, pues como han ido desenvolviéndose paulatinamente a través de nuestra larga evolución, no se percatan de ellas y resultan como armas que no saben esgrimir. Las facultades físicas, a que tan habituados estamos, prevalecen contra las astrales y las eclipsan, de la misma manera que la luz del Sol oculta la de las lejanísimas estrellas. Así es que dos condiciones hemos de satisfacer para recibir esta parte de nuestra herencia: abstraernos de cuando en cuando de nuestras facultades físicas, y acostumbrarnos a emplear las astrales que apenas conocemos todavía. Por lo tanto, la primera etapa consiste en retirar durante algún tiempo del mundo externo los sentidos corporales. Para conseguirlo hay diversos métodos que se agrupan en dos órdenes principales: el de la supresión violenta y el del subyugamiento gradual, que es muchísimo más seguro, aunque más lento. La mayor parte de los métodos de supresión violenta son más o menos perjudiciales para el cuerpo físico y de un tanto repugnantes características, como la de atrofiar la actividad humana hasta el punto de que si le capacita para el empleo de sus sentidos superiores le deja sin saber cómo emplearlos debidamente, y expuesto, por lo tanto, a las maléficas influencias del medio ambiente.

Otro inconveniente es que toda facultad adquirida por estos medios se pierde al cabo de algún tiempo, y aun a veces solo dura en el período de actuación y en solo una existencia terrena. Los orientales, que hace muchos siglos prosiguen estudiando esta materia, dividen los métodos educativos en los dos citados ordenes que respectivamente denominan: laukika y lokothra. El primero es el método mundano o temporal, y lo por él obtenido se asume únicamente a la personalidad y sólo sirve en la presente vida física, mientras que lo obtenido por el segundo método es propiedad del Ego, del verdadero hombre, y jamás lo pierde, pues consigo lo lleva de una a otra encarnación. La mayor parte de los métodos correspondientes al primer orden requieren muy poca educación, y aun ésta se contrae a los vehículos, de modo que al mudar de ellos el hombre en una nueva encarnación, quedan perdidos cuantos esfuerzos hiciera en la precedente. En cambio, en el segundo orden de métodos, el Ego aprende a dominar sus vehículos y, por lo mismo, puede aplicar el conocimiento adquirido a los de que se revista en la próxima encarnación.

Enumeraremos de antemano algunos de los perjudiciales métodos empleados en varios países para desarrollar la clarividencia.

Métodos perjudiciales. - Entre las tribus no arias de la India suele obtenerse la clarividencia

por medio de excitantes como el bango, el hachís y otros de la misma clase que narcotizan el cuerpo físico a semejanza de los anestésicos, y de esta manera actúa el Ego en el cuerpo astral mientras duran los efectos del narcótico, aunque con menos posibilidad de restituirse al estado de vigilia. Antes de tomar la droga, enfoca el hombre vigorosamente su pensamiento en la idea de actualizar sus sentidos astrales y tan pronto como queda libre del cuerpo físico lo consigue en mayor o menor grado. Al despertar del sueño narcótico recuerda algo de sus visiones y se esfuerza en interpretarlas, con lo que cobra fama de clarividente y vaticinador. A veces da, en estado de trance, comunicaciones dictadas por algún difunto, lo mismo que los médiums espiritistas. Otros hay que obtienen idéntico resultado aspirando vapores narcóticos producidos por la combustión de una mezcla de drogas. Es muy probable que la clarividencia de las

antiguas pitonisas fuese de este linaje. Se asegura que en uno de los más famosos oráculos de la antigüedad, la sacerdotisa se sentaba invariablemente en un trípode colocado sobre la grieta de una roca por la que salían los vapores, y luego de aspirarlos durante algún tiempo quedaba la sacerdotisa en trance y por su boca se comunicaban las entidades astrales lo mismo que hoy en las sesiones espiritistas. No es preciso demostrar cuan perjudiciales son ambos métodos desde el punto de vista del verdadero perfeccionamiento.

Tal vez haya oído hablar el lector de los derviches, que practican como ceremonia de su culto religioso la danza del éxtasis, en que giran rápidamente hasta que les sobrecoge una especie de vértigo y caen tendidos en el suelo. En tal estado, henchidos de fervor religioso, tienen frecuentes y extraordinarias visiones correspondientes a los subplanos inferiores del astral. Por mi parte he visto algo de esto y también de las prácticas votivas del Obeah o Woodoa entre los negros; pero estas últimas van acompañadas de ceremonias mágicas tan asquerosamente horribles y obscenas, que ninguno de nosotros osaría intervenir en ellas por muy apetitosos resultados que prometiesen, aunque los producen de repugnante índole. Verdaderamente, ninguno de los referidos métodos se acomoda al carácter occidental, por más que algunos europeos hayan experimentado los efectos de las drogas orientales.

Sin embargo, también se emplean en occidente métodos perjudiciales de autosugestión, que deben cuidadosamente evitar cuantos anhelen perfeccionarse sin riesgo ni mancilla. Hay quienes se ponen a mirar fijamente un punto brillante hasta que sobreviene la parálisis de un centro cerebral, de modo que caen en completa pasividad física, compensada por la baja actividad de los sentidos astrales, pero sin albedrío de percepción, pues han de someterse a lo con que de bueno o malo tropiecen, y en verdad que no es igual lo bueno que lo malo. Algunas veces se obtiene el mismo resultado recitando ciertas fórmulas cuya continuada repetición amortigua las facultades mentales en el mismo grado que al fijar la vista en un disco metálico.

Método de Tennyson. - El poeta Tennyson logró pasar de uno a otro estado de conciencia por

medio de la rápida y sucesiva repetición de su propio nombre, según el mismo asegura en una carta fechada en la isla de Wight el 7 de Mayo de 1874, y escrita a un caballero que le había informado de ciertos extraños efectos resultantes de unas drogas anestésicas. Dice Tennyson:

“Nunca tuve revelaciones por medio de anestésicos, sino una especie de trance ñúcido (lo llamo así a falta de mejor nombre) en edad ya adolescente y cuando estaba enteramente solo. Esto me ha sucedido al repetir en silencio mi propio nombre hasta desvanecérseme la conciencia de la personalidad como si se esfumara en un ser sin límites; pero no era este un estado vago, sino claro y lúcido por demás, de perfecta percepción, que no puede expresarse con palabras, en que la muerte me parecía una ridícula imposibilidad y la pérdida del sentimiento personal no extrañaba aniquilación, sino la única vida verdadera. Me avergüenzo de mi deficiente descripción. ¿No dije que no había medio de expresar con palabras tal estado? Sea este el más enérgico testimonio de mi espíritu fue capaz de transferirse con toda claridad a otro estado de conciencia infinito de visión y eterno en duración.”

Tenemos aquí, indudablemente, un vislumbre de la vida superior y nadie que haya conseguido actuar en ella dejará de reconocer la descripción, por más que el poeta se detenga de pronto en el límite de algo infinitamente más grandioso. Parece que Tennyson tuvo vislumbres mucho mejor definidos que la mayor parte de gentes aficionadas a estos asuntos sin la debida instrucción y conocimiento, por lo que obtuvo valiosa certidumbre de la existencia del alma separada del cuerpo. Sin embargo, tampoco podemos recomendar a nadie el empleo de este método.

Ejercicios de respiración. - En la India se sigue generalmente para desarrollar la clarividencia

el método de la respiración regulada, cuya eficacia a este propósito queda contrariada por la ruina de los cuerpos físico y mental. Muchas experiencias de esta clase se han llevado a cabo en Europa y América, según puedo atestiguar directamente, pues muchos de los que sufrieron sus perniciosos efectos recurrieron a mí en consulta de curación. Algunos desarrollaron la vista astral con bastante intensidad para advertir que estaban acosados de continuo, y si bien otros no llegaron a este punto, perdieron la salud corporal y se debilitó su inteligencia hasta caer en la desesperación. Tan sólo uno o dos declararon haber obtenido beneficio.

Cierto es que en la india emplean este método los yoguis, que llaman hatha, y de él se valen para desarrollar sus facultades mediante artificios físicos con preferencia al interno desarrollo mental y espiritual; pero aun así, nadie sigue este método sin la inmediata dirección de maestros responsables, que observan los efectos de sus recetas en el discípulo y suspenden el tratamiento apenas observan el daño. En consecuencia, resulta muy peligroso este método para las gentes que, sin la debida preparación ni el suficiente discernimiento, se entregan a prácticas muy convenientes de seguro a unos y, en cambio, desastrosamente nocivas para otros, en proporción de uno a cincuenta, por lo que es preciso abstenerse de ellas, a menos de someterse a la dirección de quien sepa lo que conviene hacer para lograr su propósito, pues de lo contrario se exponen a fracasar en la mayor parte de sus intentos. Es desgraciadamente tan fácil ocasionar graves daños por este medio, como si quien a él recurre entrara en una farmacia y sin más ni más se tragará cuantas drogas le viniese a mano. Pudiera suceder que fuesen saludables, pero más probabilidades habría de que le ocasionaran la muerte.

Hipnotismo. - Es otro de los métodos conducentes al desarrollo de la clarividencia, de suerte

que un sujeto hipnotizado puede tener visión astral mientras se halle en trance. El hipnotizador domina la voluntad del hipnotizado, cuyas facultades físicas quedan completamente en suspenso, dejando campo abierto, para que aquel estimule los sentidos astrales del sujeto mediante la intensificación vital del cuerpo respectivo. Muy buenos resultados se han obtenido por este método, más para ello es preciso una rara combinación de circunstancias aparte de inmaculada y casi sobre humana pureza de pensamiento, tanto en el hipnotizado como en el hipnotizador, pues este adquiere sobre aquel mayor influjo del que muchos suponen puede valerse de él aun inconscientemente. Otra cualidad moral o intelectual del hipnotizador se transfiere fácilmente al sujeto, y, por lo tanto si aquél no es hombre de pura conciencia y desinteresada miras, pueden resultar múltiples peligros. Al caer en trance entrega el sujeto su propia personalidad y esto nunca es conveniente en los experimentos psíquicos, pero, además, le amaga el peligro de que, como casi siempre sucede, no sea el hipnotizador puro de pensamiento, palabra y obra. Por mi parte, jamás me sometería a este procedimiento ni aconsejo a nadie que se someta.

Sin embargo, nada cabe decir contra los que con conocimiento de causa se dedican a la medicina hipnótica, pues en este caso no hay necesidad de poner al sujeto en trance. Es perfectamente posible aliviar el dolor, curar las enfermedades o robustecer la fuerza vital, mediante pases magnéticos que no provoquen el sueño. Contra estas prácticas no hay objeción posible; pero aun así, es preciso que quien a ellas se entregue conozca debidamente cuanto con el magnetismo hipnótico se relaciona, pues siempre hay riesgo en manejar, aun con la mejor intención, fuerzas que el operador desconozca o no comprenda acabadamente. Ninguno de estos métodos es de general recomendación para el desarrollo de la clarividencia.

El mejor método. - ¿Cuál es, entonces, preguntará el lector, el método más a propósito, puesto

que tantos hay perjudiciales? El que en vez de violentar el cuerpo físico lo somete al dominio del alma, y para ello no hay medio más expedito que ponerse en manos de un maestro competente y seguir fielmente sus instrucciones. ¿Pero en dónde encontrar al maestro? Con seguridad que no entre quienes se arroguen este título ni entre los que exijan estipendio por la enseñanza y prometan revelar los misterios del universo por un puñado de monedas. Ahora, como antes y como siempre, se adquiere el conocimiento de labios de los adeptos a la gran ciencia del alma, cuyos rudimentos empezamos a descubrir en nuestros más profundos estudios.

Siempre existió una poderosa Fraternidad de sabios dispuestos a comunicar su sabiduría a los hombres de recta intención y buena voluntad, pues para ayudar y servir al mundo se valen de su sabiduría y no tienen otro interés que auxiliar la evolución humana. ¿Cómo podremos llegar a ellos? imposible nos será en el cuerpo físico, y aunque por acaso los viéramos, no los conoceríamos, pero ellos vienen a nosotros en cuanto nos consideran aptos para la tarea de auxiliar a la humanidad. Su mayor interés consiste en acelerar la evolución de la raza humana, y para ello necesitan hombres a propósito y de continuo están en demanda de ellos, hasta el punto de que nadie se verá postergado si, en efecto, sirve para colaborar en acción.

Nunca satisfarán la simple curiosidad ni prestarán ayuda a quien para el solo desee obtener poderes, pero el hombre que por continuados y cuidadosos ejercicios, y por el empleo en servicio del prójimo de las facultades ya adquiridas, purifique su corazón y fortalezca su voluntad hasta el punto de participar dignamente en la divina obra, advertirá la presencia y recibirá la ayuda de los Maestros cuando menos lo espere.

Aunque ellos la fundaron, no basta pertenecer a la Sociedad Teosófica para merecer su auxilio ni tampoco es suficiente ser miembro de la escuela esotérica, donde la sociedad ofrece mayores ocasiones de interior desenvolvimiento a sus más fervorosos individuos. Cierto es que de las filas de la Sociedad Teosófica se han escogido los hombres que están en íntimas relaciones con los Maestros, pero no por ello se ha de creer que sea suficiente la calidad nominal de teósofo, pues la elección está reservada a los Maestros, que ven el interior de nuestros corazones. Pero estemos seguros que quienes ardientemente aspiren a la vida superior, con preferencia a cuanto pueda brindarles el mundo terreno, no escaparan a la escrutadora mirada de los Maestros, de los que recibirán las auxiliadoras enseñanzas más convenientes a su actual estado de evolución.

Entretanto, esforcémonos por todos los medios a propósito en recorrer con paso firme la senda del progreso, pues mucha labor tenemos dispuesta para alcanzar la clarividencia, que no es por si misma sino uno de tantos indicios de desenvolvimiento, pues el hombre ha de progresar simultáneamente a lo largo de muchas vías antes de llegar a la meta de perfección.

Ved cuán poderosamente desarrollada está la inteligencia de las eminencias científicas y, sin embargo, cuán escasas son en ellos las fuerzas dimanantes de la devoción. Ved, por el contrario, a cuán excelsas alturas morales se elevaron los santos de las iglesias religiosas y, no obstante el progreso realizado en este sentido, muy poco poseyeron del divino poder de la inteligencia. Cada cual necesita lo que el otro tiene y ha de adquirir las cualidades que le faltan y en el otro llegaron a la perfección.

Resulta, por lo tanto, indudable que en la actualidad estamos desequilibradamente evolucionados, pues somos superiores en un aspecto e inferiores en otro, según nuestra labor en pasadas vidas. Si en nuestro carácter sobresale la devoción, podremos afirmarla todavía más en esta vida, de suerte que llegue a ser preeminente cualidad en la próxima.

Lo mismo podemos decir respecto de la inteligencia y demás cualidades, entre las que está la clarividencia. Si encamináis a este punto vuestros esfuerzos, conseguiréis actualizar muchas facultades latentes. No hablo aquí de vagas posibilidades, sino de hechos definidos, porque algunos miembros de nuestra sociedad se resolvieron hace años a entrar en el sendero de continuado progreso, y cuantos perseveraron sin desmayo han obtenido ya los resultados de su esfuerzo. Unos desenvolvieron plenamente sus facultades y otros tan sólo en parte, pero en todo caso allegaron beneficio de su labor y tuvieron dominio sobre la mente y las emociones.

Cómo se ha de principiar. - Si anheláis alcanzar la visión de las cosas superiores, principiad

por perfeccionaros mental y moralmente a fin de no fracasar en posteriores esfuerzos para adquirir poderes que, sin aquellas previas cualidades, serían para vosotros maldición en vez de bendición, pues abusaríais de ellos y os encontraríais al cabo mucho peor que al principio. Cuando os consideréis seguros de vosotros mismos y podáis confiar en que, en cualquier circunstancia procederéis en justicia, por amor a la justicia, aun contrariando vuestros aparentes intereses terrenales, y siempre animados de sentimientos altruistas en vuestras acciones hasta el punto de olvidaros de vosotros por amor del prójimo, se abrirán entonces ante vuestros pasos dos caminos que os conducirán seguramente a la clarividencia, sin que os sobrevenga ningún daño, aunque no logréis vuestro propósito. El primero, si bien completamente inofensivo, no es igualmente conveniente para todos, pero el segundo es de aplicación universal. Por experiencia propia estoy convencido del éxito de ambos.

La cuarta dimensión. - El primer método es puramente intelectual y consiste en el estudio de

la cuarta dimensión del espacio, a que al principio de esta obra nos referimos. El cerebro físico no está acostumbrado a actuar en esta dirección, y por ello se cree incapaz de acometer el problema, pero el cerebro, como cualquier otro órgano corporal, es susceptible de educación mediante persistentes, graduales y cuidadosos ejercicios que le capaciten para efectuar lo que en un principio parecía imposible, y de esta suene concebir con toda claridad las formas, de un modo distinto del en que ordinariamente actúa. El principal apóstol de la cuarta dimensión es

C. H. Hinton, residente en la ciudad de Washington, y aunque no pertenece a la Sociedad Teosófica, ha prestado a los teósofos un excelente servicio al tratar con tanta claridad y lucidez esta singularísima materia científica. Dice Hinton en sus obras que, tanto el cómo cuantos siguieron sus pasos lograron elevar en su cerebro físico la facultad de concepción, y uno de ellos desarrolló la clarividencia por medio de la educación funcional del cerebro físico hasta la posibilidad de concebir las formas astrales y actualizar de este modo las potencias latentes, pues todo consiste en vigorizar la percepción hasta que abarque la materia astral. Con seguridad que solo uno entre veinte será capaz de lograr tan rápido y completo éxito, pero de todos modos, el