EL CAMINO ES FÁCIL Y SIN ESFUERZO
Amados y santos niños de la Luz y del Amor divino, como siempre, vengo a permanecer contigo desde aquel lugar que compartimos eternamente como el único y solo hijo engendrado y de Dios. Soy, por lo tanto, esa Mente que te susurra en cada momento de tu inspiración. Soy, verdaderamente, esa Mente que se cuela en tu mente en el espacio entre dos pensamientos temerosos y te recuerda la Verdad que te hace libre.
Una vez fuí un hombre — eso es, tal como tú. Una vez giré mi atención y me identifiqué con un ser único que nació en el tiempo y desvaneció en el tiempo. Y caminé sobre tu plano como todos los hombres y mujeres lo hacen. Pero mientras caminaba sobre tu planeta, comencé a ponderar el significado de la creación, el propósito de mi propia existencia.
Y mientras otros parecían estar alegremente atrapados o al menos rendidos a las formas del mundo, en búsqueda de sus distracciones momentáneas, sus intentos de ganar y controlar tanta riqueza como pudieran, y todo el resto, frecuentemente deambulaba solo. Me sentaba debajo de un árbol al lado de la corriente de un río para tratar de descubrir el misterio que se mostraba así mismo como la belleza de una flor, para tratar de ver el poder que se revelaba a
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sí mismo como el viento que danzaba a través del pasto, y para contar los resplandecientes diamantes que brillaban a través de la superficie de un lago mientras el sol de la mañana surgía para brillar su luz en él.
Comencé a aprender a preguntar sobre esa Fuente, aquel misterio, “Padre, Él que me ha creado, ¿Por qué soy? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy?” Mi deseo crecientemente vino a conocer la verdad que pudiera liberar a toda la humanidad. Descubrí que a menos que esa libertad se hiciera totalmente manifiesta en mí, no tenía sentido hablar sobre ella con otros. Y así busqué a las mentes más grandes, a los mejores maestros. Y si, fuí bendecido por una estructura familiar que ya estaba dedicada a entender los misterios de lo que ellos conocían como Dios. Y ellos me condujeron a muchos de esos maestros.
Conforme mi propia sabiduría comenzó a evolucionar, los maestros comenzaban a observarme y se decían unos a los otros, “Algo interesante está ocurriendo aquí, en este hijo de José.” Pero ya había aquellos quienes sabían más acerca de mí que lo que yo sabía acerca de mi mismo. Profetas, videntes, astrólogos y aquellos sabios de muchas culturas ya sabían que dentro del marco de trabajo del consenso de la mente de la humanidad, que llaman la consciencia colectiva, debería ser lanzada una piedrita, dentro de la tranquila piscina cristalina, que podía crear ondas que comenzarán a cambiar como la consciencia de la humanidad se percibía a sí misma.
Yo todavía no sabía estas cosas por mí mismo; pues mi verdadero nacimiento en este mundo estaba velado en un misterio para mí, así como tu nacimiento fue velado en un misterio para ti mientras emprendiste ser un humano.
A medida que crecí, comenzó a ser revelado para mí en la profundidad de mi oración silenciosa y en la profundidad de mi meditación muy silenciosa, destellos, introspecciones, reconocimientos, y recuerdos de otras dimensiones. Comencé a desarrollar la habilidad de estar en comunicación con maestros de mi linaje que han dejado el planeta desde hace mucho tiempo. Comencé a entender que la consciencia no está limitada al espacio ni al volumen de un cuerpo en absoluto.
Conforme observaba a la gente en sus ocupados trabajos, comencé a ver que la vasta mayoría de los seres se confundían totalmente a ellos mismos con el cuerpo. Vivían como si habitaban dentro del cuerpo y, por lo tanto, estaban prisioneros en alguna extraña manera. Vivían como si lo que le ocurriera al cuerpo les ocurriera a ellos. Vivían como si no supieran que podían trascender al cuerpo en cualquier momento; que ellos podían saborear la vasta expansión de la consciencia, que ellos podían viajar a otros tiempos y lugares con poco más que renunciar a la atención del mundo que ellos habían hecho.
Al principio, no entendía estas cosas y me percibí a mi mismo siendo bastante raro. Dentro de mí, habían conflictos cuando los miedos surgían en mi consciencia, los miedos que son parte del consenso de la realidad humana: “¿Debo permanecer como todos los demás? Tal vez debería regresar a la tienda de carpintería de mi padre y simplemente aceptar que estoy destinado a ser simplemente un carpintero.”
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Pero había otras voces que me hablaban y me llamaban, que venían frecuentemente en la noche. A medida que desarrollé la habilidad de discernir estas otras realidades, estas otras dimensiones, a través de cambiar mi atención del mundo del cuerpo al mundo de la visión interior, frecuentemente ellos venían en la noche y se paraban al lado de mi cama. Llegué a saber quiénes eran. Llegué a reconocer a los maestros y profesores de un linaje muy antiguo del cual era parte. Ellos venían y me susurraban:
No olvides el propósito por el cual eres enviado desde la Mente de Dios, pues a través de ti se dará nacimiento al comienzo de un recuerdo muy antiguo.
Y tu vida pasará a ser aquella que demuestra a muchos la verdad de que sólo el Amor es real.
El punto de todo esto es simple. Deseo transmitirte, nuevamente, que la vida que viví como hombre no fue distinta a la tuya propia. Comencé velado en misterio, un niño entre niños, un ser humano luchando para darle sentido a su mundo. Si, había dentro de mi algo llamándome, un anhelo de saber algo que el mundo no parecía enseñar. ¿Pero no es cierto que muchos de ustedes han sentido este mismo llamado, este mismo anhelo — de tocar lo que es invisible, de ver lo que no puede ser visto, de oír lo que los oídos nunca han escuchado, de abrazar lo que los brazos no pueden alcanzar, de permanecer en perfecta paz y en perfecta confianza?
Amados amigos, entiendan bien. Te digo una vez más, Vengo sólo como tu hermano y tu amigo — uno que ha caminado como caminas, uno que ha respirado como respiras, uno que ha llorado como lloras, uno que ha reído como ríes. Soy como tú eres.
Si hay algo que pudiera darte es simplemente esto: Mientras observas a tu vida y todo evento que se despliega en ella, cada vez que sientas que has fallado, cada vez que estés en conflicto, cada vez que estés seguro que nunca serás capaz de trascender todos estos altos y bajos y las olas emocionales que parecen venir con el vivir de tu mundo, recuerda, he superado el mundo. Y porque lo he hecho, ya está hecho para ti.
¿Por qué? Porque nosotros compartimos el mismo campo infinito de la Mente que trasciende por mucho todos los niveles y dimensiones de manifestación. Puedes tocar lo que ya ha ocurrido. Sólo necesitas mirarme como tu hermano y amigo, y reconocer que el mundo ha sido superado, y luego aceptar la libertad, que es el efecto de su superación, como tuya propia. Así aprendes a sentarte en tu silla, después de tus cinco minutos de permanecer como Cristo, en la cual te dices a ti mismo:
Aquí, yo soy libre. El Cielo es ahora .El pasado desapareció, y elijo de nuevo. Este día, me comprometo a mí mismo a enseñar sólo Amor a través de compartir sólo
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Este único día, miraré a cada uno que venga a mi experiencia y primero respiraré profundamente la presencia del Espíritu Santo.
Y miraré afuera a través de ojos transformados por el simple reconocimiento de la verdad: Todas las mentes están unidas, y no veo ningún extraño ante mí, sino uno que camina como
camino, quien siente como siento, quien anhela como anhelo, quien es humilde como soy humilde, quien ora por la paz como he orado.
Por lo tanto, les daré lo que ellos buscan. Y en ese dar, lo recibo.
RECONOCE LA VERDAD QUE TE HACE LIBRE
El camino es tan fácil y tan sencillo que la mente de este mundo lo pasa por alto, pensando que simplemente no puede ser. Pero aquello que es simple parece imposible para aquello que insiste en la complejidad. Y una mente que insiste en el conflicto simplemente no puede aceptar que hay otro camino. Sin embargo, lo que aguarda ante ti es simplemente esto: al final de todas tus luchas, al final de todas tus dudas, y al final de todos los momentos de tu inconsciencia conformándose a la mente del mundo, allí permanece la simple elección a ser tomada — la elección de reconocer la verdad que ya te ha hecho libre:
Mi Padre y yo somos uno. Ha sido de esa manera por siempre. Ha sido lograda en el ser de Jeshua Ben Joseph, quien me reveló la verdad de mí mismo, porque él me amó. Y si él lo puede
hacer, yo lo puedo hacer. Aún en este momento, acepto mi destino de caminar esta Tierra despierto y en paz, en maestría, y no en miedo. Y comienzo mi ministerio ahora.
¿Pues a quien puedes buscar que pueda sanarte? ¿A quién puedes descubrir que pueda traerte alguna forma mágica que supere tu resistencia a la Verdad? Busca en lo alto y lo bajo y no los vas a encontrar. Busca por siempre, y permanecerás como un buscador por siempre. Pues la Verdad está ubicada dentro de tu corazón y todo poder sobre el Cielo y la Tierra te es dado. Es ese poder que cambia el impulso de la mente y sana cada percepción herida.
Al final de toda búsqueda, debes mirar en el espejo y decidir ser el que se sana a sí mismo. Eres el que decides, desde tu libertad infinita, como usar el poder de tu mente en cada momento. Por lo tanto, la única pregunta que un buscador de la verdad realmente debe hacerse a él o a ella misma es esta:
¿Conocería al conflicto o a la paz? ¿Estaría en lo correcto o feliz?¿Vería la neutralidad completa de todos los eventos en este mundo como un fragmento de sueño, naciendo y
desapareciendo?
¿Me vería a mí mismo total y completo?
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Y mientras me observo a mí mismo, juzgo al mundo.
Éste es el simple secreto que una vez descubrí cuando caminé sobre tu planeta. No se trataba de alcanzar algún gran estado de consciencia mística. No se trataba de adquirir un gran poder que pudiera atraer la atención de miles. No se trataba si quiera de manifestar, aún cuando estos poderes pueden de hecho expresarse ellos mismos frecuentemente a través de una mente conforme despierta.
Se trata de aceptar la Verdad que es verdad siempre, y estar determinado a permitir a la Verdad ser la base desde la cual ordenas cada y todo momento de tu experiencia.
Estoy despierto. Estoy a salvo. Estoy en paz.
¿Qué es lo que verdaderamente deseo que este momento sea? Pues como lo decreto, así será.
Amados amigos, el camino es fácil y sin esfuerzo. Existes para extender tu tesoro. Y tu tesoro es eso que está atesorado en el Cielo a través de la decisión de recordar sólo pensamientos amorosos, de extender sólo pensamientos amorosos, y de permitir a tus acciones expresar y manifestar en el campo del tiempo lo bueno, lo bello, y lo santo. Nunca te es quitada tu libertad. Nunca en ninguna circunstancia pierdes tu libertad inocente de enseñar sólo Amor, de ser la presencia de la paz, de reconocer que el mundo no puede darte nada, así como tampoco puede quitarte nada.
Cuando un niño pasa por un cambio de consciencia, ellos llegan a un punto en su proceso de maduración, no por lucha, no por diseño, no por procesarlo mucho, y no por alguna forma de estrategias. El niño meramente, en un instante, observa a los juguetes con los que ha estado jugando y simplemente los trasciende. Los padres llegan a casa y los niños han cogido el camión de juguete y los han guardado en el closet. La muñeca es puesta en el alfeizar de la ventana y un libro es tomado en su lugar. ¿Quién hizo el cambio? Nadie afuera de ese niño. Cuando haces a un lado cualquier hábito negativo mientras así lo percibes ser, cuando renuncias a darle valor a algo que ya no te sirve, simplemente lo trasciendes, y se ha terminado con ello. No es gran cosa. Nadie lo hace por ti, simplemente decides. Le quitas el valor que le habías dado, y los objetos que eran el símbolo de lo que estabas valorando simplemente se van de tu vida.
De esa misma manera, la falta de iluminación puede ser desechada como si fuera un juguete al que has madurado — al simplemente observar todos los efectos de la falta de iluminación, y luego preguntarte, “¿Es esto lo que deseo que continúe como mi experiencia? ¿O estoy dispuesto a poner la muñeca en el alfeizar de la ventana, y tomar un libro en su lugar?” Un libro que hable de la Vida, un libro que esté lleno de sabiduría, un libro que te enseñe como pisar ligeramente en el mundo, a estar en el mundo pero no de él.
Ese libro es la profundidad de tu consciencia en la cual todas las cosas ya están escritas. Y esa profundidad encuentra su fuente en tu corazón. Entras en él a través del perdón, a través del
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proceso de renunciar al mundo — no odiando al mundo, no despreciando al mundo, sino simplemente abandonándolo. Permites que tu tiempo te sirva en el proceso de renunciar a lo que no te sirve ya, y que sólo perturba tu paz.
COMPROMÉTETE A DESPERTAR A LA PAZ QUE YA ESTÁ DENTRO DE TI
A medida que cultivas esa práctica, encontrarás que la paz que ya está dentro de ti, que has tocado mil veces en millones de maneras diferentes, comienza a crecer más constantemente — como los rayos del sol comenzando a filtrarse a través de la niebla que se ha asentado en el valle de la montaña oscureciendo la claridad de todas las cosas. Tu paz desciende suavemente, como una paloma, descendiendo como alguno diría, a través de la coronilla de la cabeza, bajando a través del cerebro-mente, y bajando incluso hacia el corazón, el abdomen, y a través de todas las células del cuerpo, mientras el cuerpo dure.
Renunciar al mundo suavemente descansa en tu decisión de elegir enseñar sólo Amor, porque te has dado cuenta que cuando no lo haces, el efecto que conoces inmediatamente es doloroso, conflictivo, no realizador, y eso es lo que ya no deseas más.
Aquí, has comenzado a trascender el mundo que has hecho y a reclamar el mundo que fue hecho para ti, un mundo que descansa en perfecta unión, en la unión del Padre e hijo, Dios y su descendencia, Creador y creado. El camino es fácil y sin esfuerzo.
¿Qué valor le has dado al mundo alguna vez que te haya devuelto la paz que buscas? Has pensado erróneamente, “Oh, este automóvil lo hará; esta relación lo hará; esta nueva carrera lo hará. Si tan sólo pudiera hacer un viaje a la esquina más lejana del mundo, entonces estaré en paz.” Y así la paz nunca llega verdaderamente.
Un Creador, que permanece en iluminación, sabe que todos los eventos son neutros, tan neutros que no tienen efectos, excepto para aquellos que eligen ser atrapados en ilusiones. El creador despierto, simplemente crea desde la devoción al misterio de Eso que lo ha creado a él o a ella. La mente de un creador iluminado no se levanta en la mañana y dice, “¿Cómo puedo sobrevivir aún otro día en este mundo?” En la mañana, cuando un creador iluminado se levanta, la pregunta es:
¿Cómo puedo extender en este día el tesoro de lo bueno, lo santo y lo bello?
¿Cómo puedo, desde donde estoy, experimentar estos tesoros incluso dentro del espacio y volumen de este cuerpo?
¿Cómo puedo mirar amorosamente a lo que los ojos físicos me muestran, para así poder discernir o extraer lo bueno, lo santo y lo bello, y por lo tanto, dármelo a mí mismo?
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La mente de un creador iluminado sabe que por ellos mismos, no hacen nada. Si no que en cada momento de decisión, ellos pueden permitir al gran poder y misterio del Amor dirigir sus cursos. Ellos pueden utilizar el tiempo para refinar su habilidad de escuchar sólo la voz del Amor, momento a momento, respiro tras respiro, día a día, hasta que el tiempo se traduzca en eternidad. Y la mente descansa, se reclina, en su perfecta unión con Dios.
Los eventos todavía ocurren. El mundo es todavía lo que el mundo elija ser, inconsciente de que allí camina en su centro uno quien está despierto, quien no necesita hacer ningún show. Ellos simplemente son la presencia del despertar, sabiendo que en cada momento ahora serán informados por la guía del Confortador (Espíritu Santo), el guía de la mentalidad recta, el guía de la iluminación. De manera que ya no están atados al temor, “¿Qué debo decir? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo lo tomará esta persona? ¿Cómo lo tomará aquella persona?” El mundo ya no es más una preocupación.
Ellos experimentan su misma vida como un misterio de flujo continuo, como si algo más estuviera viviendo a través de ellos. Este es el significado de las palabras de mi amigo, “Deja que esa Mente esté en ti la cual estuvo en nuestro Señor, Jesús el Cristo,” como has leído en tu Biblia. Esa Mente es la Mente de libertad perfecta. No pertenece a nadie, pero puede ser cultivada para que fluya a través de ti.
Pero sólo — sólo — si cada fibra de tu ser está completamente comprometida a la santidad. No puedes dejar un dedo afuera y llegar al Cielo. Toda tu mente, toda tu energía, todos tus dones, toda tu misma consciencia debe comprometerse a ser la presencia de la paz. Esto es lo que nadie puede hacer por ti. Sentarte al pie de los maestros iluminados no lo hará por ti. Los más sabios de los estudiantes son aquellos que oyen la palabra y la ponen en práctica, diligentemente, por ellos mismos — no por sus madres, no por sus padres, no por sus esposos, no por sus hermanos, no por sus hermanas, no por el bien del planeta, no por el bien del universo, no por el bien del nuevo amanecer que está llegando, no por el bien de nada si no por ellos mismos. Pues su Ser es lo que Dios creó. Y ese Ser te llama a ti para que lo honres, a través de separar a tu Ser de las ilusiones que has permitido hacer hogar en tu mente, y volviéndote completamente comprometido a enseñar sólo Amor.
No hay otra manera. Si, puedes aprender a sentarte en meditación y a permitir a la mente y al cuerpo flotar libres, a relajarse. Si, puedes aprender rituales que ayuden a enfocar tu atención para que así recuerdes a que estás comprometido, y las distracciones del mundo no parecen atraparte o engancharte tanto. Hay muchas estrategias que puedes disfrutar y experimentar.