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4.5 Triangulation

4.5.3 Content Analysis

Sinopsis

En este capítulo manejamos seis argumentos. El primero es fundamental para demostrar nuestra tesis sobre las transformaciones del Estado por las estrategias de acumulación; los cinco restantes son im portantes para describir el contexto en que dichas transformaciones han ocurrido y para avanzar en nuestra crítica al desarrolLismo.

Planteamos que la construcción del "Estado corporativo", en función de los intereses de los monopolios financieros, determinó la transformación del "Estado liberal". Para tal efecto, describimos la incorporación a mediados del siglo XIX de Estados Unidos y Alemania al escenario de la competencia por la hegemonía en la economía mundo capitalista, como potencias industriales rivales de Gran Bretaña, el ascenso de los movimientos socialistas y de liberación nacional, la recesión de la economía mundo en el periodo 1873-1996, la política de fusiones monopólicas orientadas a la lucha por el mercado mundial, el inicio de la época del imperialismo financiero y, finalmente, las medidas adoptadas en la economía mundo para superar la recesión y entrar en una nueva fase expansiva. Conforme el régimen de acumulación liberal inglés iba debilitándose aparecía un nuevo régimen de acumulación y control social encamado por el Estado corporativo, resultado de instituciones nacidas de los cambios propiciados por las revoluciones industriales y políticas en Europa, instituciones entre las que se pueden mencionar a los gobiernos parlamentarios, los movimientos sociales organizados, los partidos políticos y los monopolios financieros. En particular, los monopolios financieros fueron producto de la disposición de grandes excedentes derivados de la organización industrial de la producción y por la fase recesiva de 1873-1993 que perturbó los cimientos de la economía mundo capitalista.

Destacamos la ambivalencia librecambista y proteccionista de los regímenes propios de los Estado nacionales, condicionados por su situación relativa en la división internacional del trabajo dada cierta correlación de fuerzas en el sistema interestatal. Consideramos tal ambivalencia estratégica como una característica "connatural" de los Estados nacionales determinada por su inserción en un sistema de interacciones competitivas en busca de cuotas de plusvalor.

Mostramos la asimilación de la concepción liberal sobre el desarrollo económico nacional por parte de los partidos socialistas europeos que se encontraban al frente del movimiento obrero internacional. Para tal efecto, presentamos a la cuestión colonial como el marco general de los debates desarrollados al seno de la Segunda Internacional sobre la posición a adoptar por los socialistas y el movimiento obrero europeo frente a la inminente guerra mundial entre los monopolios capitalistas, la expansión de los monopolios hacia las colonias, la importancia de las colonias para el desarrollo de las metrópolis, la diferencia entre el imperialismo colonialista y el imperialismo financiero, el futuro ultraimperialista o socialista del orden internacional, y las vías a emprender para promover el desarrollo de los países rezagados.

Presentamos la crítica de los socialistas de izquierda al eurocentrismo desarrollista apoyado por los socialimperialistas que respaldaron la política militar de los monopolios financieros. Esta crítica denuncia y explica el "derecho de tutela" como elemento ideológico para justificar la hipotética superioridad civilizatoria europea, respaldada por el monopolio sobre los medios de producción y apropiación; la utilización unilateral de las colonias de poblamiento como modelos de desarrollo de las fuerzas productivas en las colonias; el sometimiento de la India, país en el que había un nivel de civilización superior al europeo hasta que las potencias capitalistas lograron superarla militar y tecnológicamente; la experiencia europea de conquista y colonización de América, en donde, al alcanzar la frontera tecnológica en materia de extracción de metales preciosos, se empleó trabajo forzado en la minería y la agricultura sin que el aumento de la riqueza significara el desarrollo de las fuerzas productivas; el evolucionismo modelado por los socialimperialistas para justificar la política de expansión de los monopolios capitalistas mediante las "tesis" sobre la necesidad de desarrollar las fuerzas productivas en las colonias para transitar al socialismo; el empleo retórico del objetivo del desarrollo de las fuerzas productivas como pretexto eurocèntrico destinado a ocultar las contradicciones intemas de los Estado capitalistas y el ejercicio de la violencia administrativa y militar en las regiones a "civilizar"; la superación de la coyuntura recesiva mediante la introducción de innovaciones

tecnológicas en el campo de la organización empresarial, como las fusiones monopólicas privadas, complementadas con la exportación de capitales; el empleo de la teoría de la división internacional del trabajo, basada en la hipótesis de las "ventajas comparativas", como una manera de velar la transferencia de plusvalor sobre la base de diferencias estructurales, coacciones y agresiones a las regiones subordinadas, y, finalmente, el nacionalismo como versión popular del liberalismo imperialista.

Damos cuenta de las aportaciones de Karl Kaustky a la comprensión de los efectos provocados por las diferencias estructurales al señalar la existencia de tendencias generales que rigen la trayectoria de todos los pueblos, a partir de las cuales es posible constatar las diferencias en la evolución social no como resultado de una supuesta superioridad racial, sino de determinadas condiciones históricas; a la comprensión de que el triunfo del proletariado y del socialismo no exige la implantación de sociedades capitalistas en países no industriales mediante la "ayuda civilizatoria"; y al que era imposible saber a priori cómo sería el socialismo en las diferentes regiones del mundo.

Finalmente, comentamos los efectos que desde nuestro punto de vista ha desencadenado la asimilación del liberalismo desarrollista sobre la estrategia de formación del Estado soviético. Al respecto, estimamos que el apoyo del Estado soviético al desarrollo del capitalismo en las periferias del sistema existió en la estrategia del "socialismo en un solo país" y los "frentes únicos" nacionales obrero-burgueses; el Estado soviético reveló el surgimiento de una modalidad de capitalismo autoritario, cuyo derrumbe explicamos por el antagonismo existente entre métodos socialistas de producción y un régimen centralizado de control político y apropiación económica.

Con los seis puntos señalados demostramos la emergencia del Estado corporativo como producto del agotamiento del Estado liberal, así como la asimilación relativa del desarrollismo por los partidos de izquierda y el movimiento obrero en Europa incorporados a la socialdemocracia existente en la Segunda Internacional.

Marco histórico y consideraciones teóricas sobre el heoproteccionismo

Así como en el último cuarto del recién concluido siglo XX resurgieron posiciones liberales radicales que reivindican su tesis de apertura comercial y no intervención gubernamental bajo el nombre de "neoliberalismo", desde 1880, durante el último cuarto de otro siglo que también terminaba, hubiese sido posible hablar de

neoproteccionismo. Con la palabra neoproteccionismo designamos una estrategia capitalista contraria al librecambismo pero interesada en los mismos objetivos: la acumulación de capital y la expansión de sus intereses más allá de un territorio nacional históricamente dado.

Al igual que el liberalism o, el "neoproteccionism o" albergó y promovió aspiraciones imperialistas. En cierto sentido, podría decirse que es un contra imperialismo hegemónico, lo que nada añade a su definición si no se le sitúa históricamente. En el campo de la política internacional de finales de la segunda mitad del siglo XIX, fue la respuesta de los intereses capitalistas alemanes y estadounidenses a la doctrina librecambista de los economistas clásicos en Inglaterra. En el terreno de la política interior, fue una variedad de nacionalismo populista, es decir nacionalista, que corporativizó a sus sectores laborales mediante un sistema de atenciones sociales que buscaba alcanzar dos propósitos: neutralizar el avance del socialismo y acopiar fuerzas para la lucha por un mejor espacio en la economía mundial. El primer propósito lo logró; en el segundo fracasó, aunque es difícil decir que, al respecto, su historia haya concluido definitivamente.

En el campo de la teoría y la política económica, sus hombres más ilustres se expresaron en la Alemania anterior y posterior al arribo de Bismark al poder, en 1871. En el terreno de los métodos de organización de la producción, sus hombres más ingeniosos aparecieron en Estados Unidos durante los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX. En este capítulo sólo haremos referencia a los primeros, por ser ellos quienes presentaron otra v ariante del liberalism o. A los estad o u n id en ses, particularmente a Frederick Taylor y Henry Ford, nos referiremos más adelante. Sólo adelantamos que el neoproteccionismo que justificó las medidas corporativas del Estado nacional alemán proporcionó los elementos para la conformación de lo que años después recibiría en Estados Unidos el nombre de "Estado benefactor", cuya legitimación teórica puede encontrarse en el trabajo que Keynes publicó en 1936,1 después de la crisis coyuntural de noviembre de 1929 y a tres años del ascenso de Hitler al poder en Alemania.

Permítasenos entonces recurrir a la historia y señalar que, para sorpresa y disgusto de los liberales ingleses, aproximadamente hacia 1880 resurgió con fuerza una tendencia que en el campo de las políticas económicas y en las formas de pensar convencionales se estimaba superada. En esa época hubiera podido hablarse del renacimiento del proteccionismo por asociación con el mercantilismo. A esta estrategia no se sustrajo ni Inglaterra, máximo exponente de la propaganda y las políticas librecambistas durante el siglo XIX. Así, en 1930 abandonó oficialmente el liberalismo,2 en medio de la Gran Depresión económica mundial que llevó al gobierno inglés a establecer una regulación rigurosa sobre la mecánica mercantil y financiera prevaleciente en el sistema de intercambios internacionales.3

Paralelamente al ingreso de Alemania y Estados Unidos4 a la competencia industrial internacional, comenzó el declive de la hegemonía inglesa.5 Ésta se debió, en esencia, al paso de sus capitales industriales al campo de los servicios comerciales y las finanzas, así como a la descentralización de sus intereses hacia países que en su momento habían sido sus colonias.6 En el primer caso, el potencial productivo inglés se transformó en potencial comercial y financiero; hubo dos indicadores de ese cambio: al inicio del siglo XX los transportes ingleses (barcos y trenes) trasladaron cerca de 60% de las mercancías que se intercambiaron a nivel mundial,7 y los bancos ingleses fueron los principales acreedores en la economía mundial.8 En el segundo caso, conforme avanzaba la Revolución Industrial en el siglo XIX (1750-1850), el capital productivo inglés se fue trasladando, primero lenta, luego poderosa y abiertamente, hacia territorios coloniales y ex coloniales, como Nueva Zelanda, Australia, Irlanda, India, Suráírica y, por supuesto, Estados Unidos (antes de 1776, Nueva Inglaterra), sin

2 E. Hobsbawm, 1998, p. 102.

3 Id.

4

Ibidem ,

p. 104.

5 R. Koebner, 1965, pp. 196-197.

6 M. Hamilton, 1963, pp. 82-83.

7"A fines del decenio de 1850 los barcos británicos habían transportado aproximadamente el