El desarrollo del subsector de cosechadoras agrícolas observado en Argentina en las últimas dos décadas, manifiesta una escasa inserción a las CGV y una clara asimetría en el proceso de integración impulsado por el Mercosur, donde la forma de producción utilizado por las firmas argentinas generó una mayor dependencia hacia la industria brasileña, potenciado por la falta de firmas locales no vinculadas.
A partir del año 2002 y hasta fines de 2015, se implementaron políticas de industrialización que dieron como resultado que las filiales de empresas extranjeras del subsector, adoptaran modelos adaptativos de producción a las condiciones que impone la FIPP y a las políticas gubernamentales, como modo de enfrentar los desafíos diametralmente distintos a los requeridos en las década del 50 y 60, época en que funcionó un modelo de industrialización ISI , donde se les exigía a las empresas multinacionales la producción local de insumos, partes y componentes, fomentando una mayor integración vertical dentro de la empresa.
En ese modelo las exportaciones no constituían un objetivo, salvo cuando a fines de la década del 60 e inicios del 70 se intentó estimular las exportaciones implementando un conjunto de incentivos cambiarios, financieros, impositivos y subsidios, que obviamente abarataban los precios de exportación de productos sumamente caros, pero que no lograron sostener el acceso a los mercados internacionales, a la vez que dichos estímulos se caracterizaban por un elevado costo fiscal.
El esquema ISI en esa primera etapa, cerraba con el apoyo a las empresas industriales de capital local, a las que se las protegía con el objetivo de producir partes y bienes que remplazaban algunos de los productos importados. En su primera fase, ese modelo atrajo IED horizontales centradas en la producción de bienes de consumo no duradero y tecnología sencilla, por lo cual el mercado local tuvo una senda de expansión relativamente exitosa.
En la producción de automóviles y maquinarias agrícolas, entre otros sectores, las ETN se vieron atraídas en ese entonces por un mercado relativamente importante y
protegido (seeking market). Con las IEDH se pretendía abastecer el mercado nacional replicando formas de producción de las casas matrices, aunque frecuentemente utilizaban para ello tecnologías en desuso en los países desarrollados, lo que daba como resultado un modelo de integración vertical local con costos de producción por encima de los precios internacionales. Ese modelo no fue capaz de consolidar un conjunto de empresas nacionales que estuvieran capacitadas para el abastecimiento de partes y componentes, es decir no se generaba un sector de empresas de capital nacional (arm´s lenght), que podrían abastecer al mercado local o vender al exterior en condiciones competitivas.
En la actualidad ese modelo ISI de primera generación sería imposible de llevar a cabo, más aún para un sector de tecnología medio alta como es el de cosechadoras agrícolas, que requiere el abastecimiento de casi treinta mil partes y componentes, con precios y calidad internacional, lo que sería imposible de ser provisto desde el mercado nacional. A ello debe recordarse que tres de las empresas extranjeras que actualmente abastecen el subsector, están radicadas en el país desde hace muchos años en la producción de otros rubros como motores, tractores y automóviles, lo que facilitó la realización de inversiones extranjeras directas aditivas (IEDA), que si bien se adaptaban a las exigencias gubernamentales, no abandonaron la lógica implícita de montar plantas ensambladoras de partes, que utilizan mayoritariamente provisiones extranjeras y algunos insumos locales y servicios como los financieros, administrativos, etc.
Por otra parte, otro factor que contribuye a la adopción de una forma de producción adaptativa, está dado por el hecho de que las ETN cuando deciden qué tipo de cosechadoras agrícolas ensamblarán en Argentina, replican modelos que se producen en otras plantas globales por lo que tecnológicamente se acortan los tiempos para que se realicen los desarrollos por parte de las firmas locales no vinculadas, las que además en algunos casos carecen de capacidad financiera y tecnológica para responder en los tiempos necesarios, que necesariamente se acortan por las formas de producción descriptas. Consecuencia de ello, la integración de la industria del subsector con producción de partes y componentes locales es baja, aun cuando en numerosos casos los directivos de las ETN señalan que les conviene tercerizar a proveedores nacionales para cumplir con las exigencias de las políticas gubernamentales e incluso reducir costos.
En este esquema y desde el punto de vista estrictamente comercial, en el análisis de la relación resultante entre Brasil y Argentina, más allá del tamaño del mercado, del diferencial de escalas productivas, costos de los factores, etc. es evidente que la conformación de las jerarquías dentro de las redes también explica cómo una industria que tenía muchísimos años de desarrollo en el país, se ha ido reduciendo al mero ensamblaje.
La evolución de estas relaciones jerárquicas, parecen alcanzar niveles difíciles de sustentar y confirman un entramado que requiere de intervenciones de políticas públicas de ambos países, que tiendan a regular las asimetrías porque las mismas no se producen por un libre funcionamiento del mercado conformado por empresas arm´s lenght, sino que son alcanzadas en mercados imperfectos donde predominan relaciones jerárquicas entre ETN y relaciones cautivas o nulas con empresas no vinculadas. Ello agrava aún más el déficit del balance comercial de Argentina, porque el modelo híbrido adaptativo implica la inserción de las filiales de ETN en las CGV de una sola vía: solamente compran partes y componentes en el exterior sin posibilidad de exportaciones.
En síntesis, la relación bilateral con Brasil constituye un aspecto que debe ser abordado por ambas naciones, porque si bien abre múltiples posibilidades de complementariedad productiva, las escasas posibilidades de expandir las ventas a otras regiones del mundo, la falta de firmas no vinculadas en Argentina, unido a las relaciones jerárquicas entre filiales de ETN generan un entramado que obstaculiza la integración del subsector argentino en las CGV.