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CONTEXTS AND CONSTRUCTS
En el evangelio del domingo pasado vimos cómo Jesús envió a sus discípulos, dándoles facultad para predicar, curar enfermos y expulsar demonios. El texto que acabamos de leer se entronca con aquel episodio; refiere lo que tuvo lugar al retornar los apóstoles de su misión, le contaron lo que habían hecho y enseñado. Cristo se los lleva aparte para descansar un poco, pero la “estratagema” no resultó. Al desembarcar, Jesús fue tan impresionado por el espectáculo de esa muchedumbre que se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y
estuvo enseñándoles largo rato. El relato continúa refiriendo lo que hizo Cristo para
alimentarlos que fue el milagro de la multiplicación de los panes, que se leerá el próximo domingo.
1 – El Pastor
Jesús, entonces, al ver la situación de la gente, eran como ovejas sin pastor, se constituye en Pastor de ellos. Él mismo se dirá Yo soy el Buen Pastor (Jn 10). Esta figura del Pastor es muy querida desde tiempos muy antiguos. Entre las primeras representaciones pictóricas de los antiguos cristianos, está la de Pastor. Más aún, escuchamos en la primera lectura, la profecía de Jeremías: Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán... Llegarán los días –oráculo
del Señor- en que suscitaré para David un germen justo; el reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. Y no es la única que existe: también el profeta Ezequiel (c. 34) y
el salmo que acabamos de escuchar hablan del Pastor.
¿Por qué se empleó esta imagen del Pastor? Porque era una imagen muy familiar en el ambiente del pueblo elegido. Era muy común ver ese hombre pobremente vestido, que se valía del cayado para ahuyentar a los lobos, que al atardecer encerraba sus ovejas en el corral y que muchas veces pasaba la noche junto a su majada para defenderla de los ladrones nocturnos y que cuando amanecía llevaba sus ovejas a los pastos y al agua. Hombre fuerte, acostumbrado a la dureza de esa vida, capaz de defender las ovejas; pero también hombre delicado, capaz de cargar las ovejas débiles sobre sus hombros para llevarlas. Esta figura, por lo tanto, estaba profundamente enraizada en la cultura del pueblo judío. Sus propios antepasados, Abraham, Isaac, etc. habían sido pastores. Muchos personajes importantes del pueblo judío habían sido pastores: Moisés, el rey David, etc. Y además, esta imagen del Pastor era la más apta para representar y caracterizar el estilo de las relaciones de Dios con el pueblo que había elegido. Porque con ella se indicaban los dos aspectos que comprende la personalidad de un caudillo: la jefatura y la paternidad.
¿Cómo desempeñaba Jesús su función de pastor? En el evangelio podemos leer cómo lo hacía:
- en primer lugar, Cristo envía a los apóstoles, les da poderes... a Él los apóstoles le rinden cuenta de lo que hicieron, etc. Cristo es entonces como un jefe. La primera lectura refiere que el Pastor que Dios había de suscitar, un descendiente de David, actuaría como rey, tendría la tarea de regir. Rey que se preocupa de establecer el derecho y la justicia y que se caracteriza por poseer la condición propia de todo auténtico gobernante que es la prudencia. Este es el primer modo: cumple una función de gobierno, una misión real.
- hemos visto, además, cuál fue el modo concreto con que Jesucristo, apiadado de la muchedumbre, comenzó a atenderla: se compadeció de ella... y estuvo enseñándoles largo rato. La manera concreta de pastorear fue por la enseñanza de la verdad. Este es el segundo modo: por la enseñanza o magisterio.
- y, en tercer lugar, ya dijimos que en realidad el relato evangélico continúa indicando cómo Jesús se preocupó de alimentar a toda esa gente que había pasado todo el día junto a Él: es el relato de la multiplicación de los panes que, como tendremos ocasión de ver en los próximos domingos, es un signo de la Eucaristía. Pero el salmo de este domingo tiene esa connotación. En el salmo hemos proclamado el Señor es mi Pastor y hemos referido de qué modo preciso ejercita su pastoreo: en verdes praderas me hace descansar, me lleva a las aguas
tranquilas. Se trata sobre todo aquí de la restauración del vigor: repara mis fuerzas. Es claro
que se refiere sobre todo al orden espiritual, es decir a la santificación del alma. Más precisamente, los Padres referían este salmo a los sacramentos que es como Jesús alimenta el alma: me conduce a las aguas de quietud y repara mis fuerzas: son las aguas del bautismo que restauran el alma; perfumas con óleo mi cabeza: es el óleo de la Confirmación que vigoriza nuestra alma para la lucha; Tú, Señor, me preparas una mesa: es la mesa de la Eucaristía.
En síntesis, tenemos señalados aquí los tres ámbitos en que el Pastor ejercita su pastoreo: enseñar, santificar y regir o gobernar.
2 – Los pastores
Pero ¿de qué modo concreto el Supremo Pastor, Cristo, ejercita su pastoreo? Aquí se comprende la intención de Cristo al elegir a sus apóstoles. Ellos, en nombre de Cristo deberán ejercer esta triple tarea.
En realidad, esta manera de obrar ya había sido empleada por Dios en el AT, con el pueblo judío. Y es así que en el AT se llama pastores a los que gobernaban el pueblo en representación de Dios, por ejemplo, Moisés que guió el pueblo judío por el desierto; o el rey David. Como asimismo, según lo hemos escuchado en la primer lectura, se queja Dios de que muchas veces, los propios pastores no cumplen con su misión.
Por lo tanto, a los apóstoles confiaría Jesucristo la tarea de pastorear su rebaño, es decir, de enseñar, santificar y gobernar. ¿Y qué pasaría cuando desapareciesen los apóstoles? Ellos mismos se encargaron de ir designando sucesores: son los obispos, quienes cuentan como colaboradores a los presbíteros. De toda esta tarea llevada a cabo por los apóstoles se encuentran evidencias en las cartas dirigidas por san Pablo a Timoteo y a Tito, entre otras (e.g. 1Pe 5,1-2). “El oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los
cimientos de la Iglesia, Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa” (881). Se trata por tanto de una triple tarea o misión, que tiene a su cargo el Papa en primer lugar, Pastor de toda la Iglesia (cf. 882) y, en unión con él, cada obispo sobre la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada (cf. 886):
- misión de enseñar: “los obispos con los presbíteros, sus colaboradores, tienen como primer deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios, según la orden del Señor... son también los maestros auténticos, por estar dotados de la autoridad de Cristo” (888). A raíz de esta tarea que tienen, delegada por Cristo, de guiar a los hombres en la verdad, se entiende la prerrogativa de la Iglesia de ser infalible en aquello que es absolutamente necesario para la salvación eterna de los hombres: “La misión del Magisterio está ligado al carácter definitivo de la Alianza instaurada por Dios en Cristo con su Pueblo; debe protegerlo de las desviaciones y de los fallos, y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica. El oficio pastoral del Magisterio está dirigido, así, a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de infalibilidad en materia de fe y costumbres” (890; cf. 889).
- Misión de santificar: “el obispo es el administrador de la gracia del sumo sacerdocio, en particular en la Eucaristía que él mismo ofrece, o cuya oblación asegura por medio de los presbíteros, sus colaboradores. Porque la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia particular” (893).
- Misión de gobernar: “los obispos, como vicarios y legados de Cristo, gobiernan las Iglesias particulares que se les han confiado no sólo con sus exhortaciones, con sus consejos y con ejemplos, sino también con su autoridad y potestad sagrada, que deben, no obstante, ejercer para edificar con espíritu de servicio que es el de su Maestro” (894). “El Buen Pastor será el modelo y la forma de la misión pastoral del obispo... No debe negarse nunca a escuchar a sus súbditos, a los que cuida como verdaderos hijos... Los fieles, por su parte, deben estar unidos a su obispo como la Iglesia a Cristo y como Jesucristo al Padre” (896).
3 – La participación de todo bautizado en el poder sacerdotal, profético y real de Cristo
Recordemos, por último, que todo bautizado participa de esta triple misión o tarea de Cristo:
- misión sacerdotal: “todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía” (901). Santificar especialmente la vida conyugal y familiar (902), así como participar de algunos ministerios (903).
jerarquía... sino también por medio de los laicos. El los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra” (904). Testimonio de la vida y la palabra en las condiciones generales del mundo (905). Enseñanza catequética y de las ciencias sagradas (906).
- misión real: por el gobierno de la propia persona (908) e impregnando de valores morales toda la cultura y las realizaciones humanas (909). También participan en el ejercicio de la potestad de gobierno en la Iglesia (911).
“Así, todo laico, por los mismos dones que ha recibido, es a la vez testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia misma ‘según la medida del don de Cristo’ (Ef 4,7)” (913).
4 – Conclusión
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de ser fieles ovejas del rebaño de su Hijo, de buscar siempre los pastos que Él nos ofrece: la doble comida que nos ofrece en cada misa, su Palabra y su Cuerpo.
CatIC 1140-1144.1345-1355 B-17 Jn 6,1-15 / 2Re 4,42-44 / Sal 145 / Ef 4,1-6