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Continuous surveillance programmes

3. Collection of data on usage of antimicrobial agents in humans

3.4 Continuous surveillance programmes

asimilarlas

mentalmente

aunque se las

hayan enseñado

Jorge A. Montejo

Licenciado en Pedagogía y Filosofía y C.C. de la Educación. Estudioso de las Religiones Comparadas.

Encrucijada de los

argumentos

filosófico-teológicos (I)

INTRODUCCIÓN

Iniciamos este ensayo con la cita

que precede atribuida a Herácli-

to que junto a Parménides fue

el máximo exponente de la filo-

sofía presocrática y que Ortega

y Gasset denominaría a ambos,

en su conocida obra filosófica

La idea de principio en Leibniz,

publicada en 1947, “alecciona-

dores” de Platón. Y es que, en

verdad, difícilmente podríamos

interpretar al gran filósofo discí-

pulo de Sócrates sin conocer el

pensamiento de los dos preso-

cráticos mencionados: Heráclito

y Parménides.

En los orígenes de la filosofía en

la antigua Grecia nos encontra-

mos con un cúmulo de argumen-

tos especulativos acerca de la

realidad del mundo que envuel-

ve a todo ser humano. Ese fue

precisamente el origen de la fi-

losofía en la cuna de la civiliza-

ción occidental en Grecia. Pero

Por lo cual es necesario seguir a lo común; pero aunque la razón es común, la mayoría viven como si tuvieran una inteligencia particular.

Sobre el conocimiento. Heráclito.

no hemos de creer que el saber

filosófico se originó solamente

en la Hélade (tal y como definió

Homero, el rapsoda, a la antigua

Tesalia, la patria de los helenos,

y luego por extensión a toda

Grecia), sino que en el mundo

oriental, en la India, China y Ja-

pón, principalmente, la filosofía

también consiguió un desarrollo

notable, por cierto, con similitu-

des y diferencias con respecto a

la filosofía helénica, como vere-

mos luego.

Así pues en los orígenes del co-

nocimiento humano se observa

ya una inclinación por la bús-

queda de verdades que aquieta-

sen su espíritu ávido de emocio-

nes y sensaciones, las cuales tan

solo se podían satisfacer por me-

dio del conocimiento de las co-

sas. En un principio lo que más

inquietó al hombre no fueron las

cuestiones teológicas y metafísi-

cas sino el conocimiento de las

cosas tangibles. Fue con el paso

del tiempo, en su proceso evolu-

tivo, cuando comenzó a inter-

esarse por lo trascendente y so-

brenatural, es decir, por todo

aquello que no conseguía expli-

car por medio del conocimiento

racional de las cosas. Así co-

menzó a aventurarse en el mun-

do de la filosofía primero y de la

teología después.

En este ensayo que ahora inicia-

mos se pretende realizar todo un

exhaustivo análisis del entrama-

do filosófico-teológico que ha

desarrollado el ser humano des-

de sus primeros pasos en este

enigmático mundo hasta adqui-

rir la “mayoría de edad”, valga

la expresión metafórica, del pen-

samiento dialéctico bien elabo-

rado y desarrollado. Y es que en

este mundo donde priva el saber,

el conocer de las cosas, la filoso-

fía y la teología han venido dis-

putándose su particular protago-

nismo a lo largo de los tiempos.

De ahí que hablemos de una au-

téntica encrucijada, de todo un

cruce de caminos en el desarro-

llo argumentativo de las dos dis-

ciplinas que desde siempre han

cautivado –y continúan cauti-

vando– al espíritu humano. Y

así surgieron una serie de argu-

mentos sustentados en la espe-

culación y elucubración en la

búsqueda del conocimiento hu-

mano que diera razón, sentido y

orientación a su devenir en este

mundo plagado de aparentes

contradicciones. Se iniciaba de

este modo todo un proceso de

indagación que daría lugar a un

sinfín de escuelas del saber, tan-

to filosófico como teológico,

cuya expresa finalidad era la de

encontrar explicación a los mis-

terios que rodean la existencia

humana. Y en esta aventura ini-

ciamos ahora precisamente

nuestra investigación.

EN LOS ALBORES DEL PEN-

SAMIENTO

Sería Heráclito (576-480 a. C.),

el primer gran filósofo presocrá-

tico, quien argumentaría que el

conocimiento está más allá de

las apariencias. Consideraba que

la mayoría de la gente no era ca-

paz de comprender cosas tales

como aquellas con las que se en-

cuentran, ni era tampoco capaz

de asimilarlas mentalmente aun-

que se las hayan enseñado.

Creía, más bien, que era posible

entenderlas por sí mismas. Sur-

gió así por primera vez el con-

cepto de individualidad. Es por

eso que afirmaba que una sola

cosa se precisa para alcanzar la

sabiduría, razón de ser de todo

planteamiento filosófico: cono-

cer la inteligencia que guía to-

das las cosas. La percepción

sensorial no podía ser capaz, se-

gún Heráclito, en proporcionar

auténtico conocimiento. Tan

solo desde la razón bien guiada

y argumentada era posible al-

canzar el conocimiento de las

cosas.

Pero sería

Parménides

(540–

450 a. C.), el otro gran presocrá-

tico, quien realizaría el primer

ejercicio que conocemos carac-

terizado por el rigor lógico y

plasmado en su excelente obra

Sobre la naturaleza. En esta

obra (de la que todavía se con-

serva una buena parte) el filóso-

fo trata de identificar la natura-

leza con la existencia y a esta úl-

tima confrontada con lo que la

razón puede decir y argumentar

sobre ella. Realiza Parménides

todo un ejercicio de distinción

entre lo verdadero y lo opinable

basado en el rigor del conoci-

miento de las cosas. Esta forma

de afrontar el planteamiento fi-

Heráclito (Wikipedia)

Sería Heráclito

quien

argumentaría que

el conocimiento

está más allá de las

apariencias.

Consideraba que la

mayoría de la gente

no era capaz de

comprender cosas

tales como aquellas

con las que se

encuentran, ni era

tampoco capaz de

asimilarlas

mentalmente

aunque se las

hayan enseñado

losófico influiría notablemente