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Los estudios tipológicos reconocen la existencia de sustantivos y verbos en prácticamente todas las lenguas, de ahí que ambas categorías hayan sido consideradas como primitivas y universales. Es más, para algunos lingüistas como Meillet (1921) o Vendryes (1921) solo cabía hablar de dos categorías gramaticales, nominales y ver- bales10.

Il n’y a, en réalité, que deux espèces de mots dont la distinction soit essentialle, commune à toutes les lengues, et qui s’oposent nettamente l’une a l’autre: la categorie du nome et celle du verbe. [...] La distinction du nome et du verbe s’exprime toujours par quelque porcédé grammatical. Elle n’est pas également marquée partout, à beaucoup près, et la forme en vaire d’une manière très considérable suivant les langues (Meillet, 1982 [1921]): 175)

S’il y a des langues où le nom et le verbe n’ont pas de forme distincte, toutes les langues s’accordent pour distinguer la phrase nominale et la phrase verbale (Vendryes, 1921: 143).

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No obstante, es en el cap.6 donde adoptamos un enfoque claramente interlingüístico.

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Dichos autores consideraban que las demás categorías eran morfemas, y, por tanto, debían incluirse en las dos anteriores.

Foosgard (1998: 583) se hace eco de la reticencia de algunos lingüistas, como p. ej., Tesnière, a considerar la universalidad de dicha distinción, pues argumentan que en ciertas lenguas amerindias, como el Nootkan y el Kwakiutlan, la diferencia ca- tegorial se neutraliza.

Une première subdivision opposera les idées de substances à celles de procés. [...] La plupart des langues n’ont pas su distinguer la notion de procès de celle de substance. Elles conçoivent le procès comment une substance, et par conséquent le verbo comme un substantif. [...] La notion verbale proprement dite semble bien ne se rencontrer que dans nos langues d’Europe. (Tesnière, 1969: 61)11.

Sin embargo, Foosgard (ob. cit.) matiza que dicha neutralización se produce en el nivel sintáctico, pero no en el nivel categorial de la base. En este sentido More- no (1991: 392) considera que, dado que se trata de dos conceptos gramaticales me- diante los cuales se conceptualiza la realidad, en todas las lenguas se realiza dicha di-

cotomía12. También desde el paradigma cognitivo-perceptivo ha sido reconocido el

carácter primario de estas, ya que la oposición [+N], [-N] es una de las primeras opo- siciones cognitivas que los niños descubren en el proceso ontogénico (v. López Gar- cía, 2002ª: 122-125)13.

Más controvertida, en cambio, ha sido la adopción de una definición y carac- terización para ambas categorías de validez universal, pues aunque “las categorías N y V como tales existen y funcionan, se instancian de modos peculiares en cada len- gua” (Foosgard, 1998: 584). El problema reside en que, como señalaba Comrie (1981: 193), “cuando comparamos categorías de las distintas lenguas, […] debería- mos tener alguna base sobre la cual identificar la misma categoría en las distintas len-

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En todas las citas referidas en este trabajo reproducimos la tipografía del original.

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No obstante, Moreno (1991: 392-403) se hace eco de las propuestas de Walter (1981) y Broschart (1991) y refiere la diferencia gradual que las lenguas pueden mostrar con respecto a la diferenciación entre categoría sustantiva y verbal.

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Parece que existe un consenso generalizado sobre el predominio de ambas categorías en las primeras etapas de adquisición del lenguaje, sin embargo, no ocurre lo mismo cuando se trata de determinar cuál de ellas se adquiere de forma más temprana, pues es un hecho que parece estar condicionado por el tipo de lengua. (v. Gentner, 1982 y Serra, 2000: 251-252).

guas”. Precisamente por ello desde la tipología lingüística se ha defendido una carac- terización lógico-semántica de las categorías lingüísticas, pues, debido a la divergen- cia y variabilidad de las estructuras existentes en las distintas lenguas resultaría poco apropiado la utilización de criterios formales (v. Croft, 2004).

Pese a ello, Roca Pons (1970), Gutiérrez Ordóñez (1997), Bosque (1998) o Moreno (2003a) son solo algunos de los muchos gramáticos que se muestran contra- rios a dicha actuación metodológica, argumentando que se basaría en parámetros ex- tralingüísticos y, por tanto, ajenos a la estructura del lenguaje. Según Moreno (2003a), los resultados obtenidos no reflejarían la estructura semántica de la lengua, sino la conceptualización que del mundo tienen sus hablantes. En definitiva, estos autores censuran, al igual que hiciera Alarcos (1977: 51-52) con respecto a las gramá- ticas tradicionales, la identificación de la lengua como “un reflejo de las categorías del pensamiento y no como un organismo autónomo, un sistema en sí que posee sus propias categorías”. Consecuentemente, los criterios formales, los únicos que consi- deran propiamente lingüísticos, constituyen el eje central de su definición y descrip- ción de las categorías lingüísticas. Tal y como refiere Bosque (1998: 41), el problema reside, entonces, en que en algunas lenguas no hay acuerdo sobre cómo se delimitan y cuáles son esos criterios que definirían las categorías. Por ejemplo, clasificaciones gramaticales como las de Varrón, que se establecen en función de la presencia o au- sencia de rasgos flexivos, únicamente resultan válidas para un cierto tipo de lenguas, como el latín o el griego. Por otra parte, los procedimientos funcionalistas establecen una relación biunívoca entre categoría gramatical y función sintáctica. Dicha con- cepción identifica unidades categoriales diferentes (como p. ej., oraciones y frases) puesto que pueden desempeñar la misma función, y, sin embargo, no explica el hecho de que una misma unidad pueda aparecer en diferentes contextos o huecos funcio- nales. Es más, como el propio Bosque señala (1998: 44), buena parte de los factores que regulan el comportamiento funcional de las categorías tienen una base semántica. Quizá por ello, el propio Bosque (1998: 36), quien, como ya hemos mencionado, se muestra contrario a identificaciones del tipo los sustantivos denotan “sustancias” o los verbos denotan “procesos” o “estados”, sí considera pertinente para la caracterización lingüística criterios semánticos como “poseer capacidad referidora”, “poder ser pre-

dicado”, ”poder cuantificar” o “poseer argumentos”14. De igual forma Bach (1976a: 117-118) en el ámbito generativo afirmaba lo siguiente:

Necesitamos interpretaciones substanciales e independientes de la lengua concreta para nuestros símbolos categoriales. En otras palabras, debe ser posible atribuir algún signifi- cado a los conceptos Nombre, Verbo, Adjetivo … que nos permita explicar el hecho de que en muchas lenguas las construcciones en que dichas categorías figuran sean seme- jantes, y el hecho de que con frecuencia palabras como man («hombres»), hit («gol- pear») y hot («caliente») entren en relaciones mutuas semejantes en lenguas diferentes.

En consecuencia, en ámbitos en los que tradicionalmente prima el formalismo, tal es el caso de la Lingüística Computacional, se han visto forzados, con el objeto de producir y reproducir verdaderas emisiones lingüísticas, a hacerse eco de ciertas ca- racterísticas semánticas como paso previo a la codificación de las unidades léxicas. Un ejemplo de ello es el sistema de representación formal y computacional que pro- pone Pustejovsky (2001), y con el que espera contribuir a la desambiguación de las

unidades léxicas polisémicas, como p. ej., los sustantivos verbales15.

Finalmente, dado que lengua y conceptualización del mundo, o lo que es lo mismo, lengua y pensamiento, constituyen dos sistemas en continua interacción y de- terminación mutua, los gramáticos cognitivo-perceptivos sí consideran lingüística- mente pertinente la caracterización de las categorías en términos semántico-concep- tuales.

Las diferencias de clase gramatical van acompañadas de diferencias de imágenes semán- ticas […] toda diferencia de categoría sintáctica implica forzosamente una diferencia de interpretación semántica […] es preciso insistir en que no es necesariamente el contenido

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En páginas sucesivas Bosque (1998: 147-162) se refiere al cruce de las propiedades verbales y no- minales, si bien alude únicamente al caso de los llamados infinitivos nominales.

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En la propuesta de Pustejovsky (2001) los signos léxicos deben ser descritos en cuatro niveles (Es- tructura Argumental, Estructura de Eventos, Estructura de Herencia Léxica y Estructura de Qualia- y esta última en cuatro Roles: formal, agentivo, constitutivo y télico). Tales descripciones forman una matriz de rasgos con la que es posible determinar la interpretación semántico-formal de las palabras en el contexto en que se realizan.

proposicional en sí el que se modifica al cambiar de clase sintáctica, sino la imagen, la interpretación específica que se le otorga a este contenido. (Cuenca y Hilferty, 1999: 83)

Dicha afirmación no es del todo ajena a la tradición gramatical española, pues, según refiere Roca Pons (1970: 143), ya Bello (1951), Lenz (1920) y Alonso y Henrí- quez Ureña (1953) afirmaban que las partes de la oración no reflejan la realidad, pe- ro sí determinados modos de pensarla.

A estos postulados subyace la idea de que la realidad se aprehende a través del lenguaje, pues, como ya afirmara Coseriu (1977: 88), la estructuración primaria de la experiencia se realiza por medio de las palabras; si bien, tal y como puso de mani- fiesto el determinismo lingüístico (v. Díaz Rojo, 2001), el entorno natural, social, ma- terial e ideológico de una comunidad tiene una gran incidencia en la estructuración y organización de las lenguas, especialmente del léxico. No obstante, Báez (2002: 84) realiza una puntualización importante en referencia a la categorización de la realidad a través de la lengua, “estos contenidos de conciencia son creados y ordenados pro- gresivamente por algunos miembros de la comunidad, y los demás han aceptado sus creaciones /ordenaciones”. En consecuencia, Báez (ob. cit.) concluye afirmando que la relación que el hablante establece entre realidad y categorización lingüística no la “adquiere por confrontación intelectual entre lo que percibe en el mundo y él mismo elabora, sino que le vienen dadas por una tradición, tradición que, claro está, el hablante, de forma activa, hace suya, al menos parcialmente”.

2.1.1. La categoría sustantiva y la categoría verbal

Ya hemos hecho referencia al hecho de que las llamadas partes de la oración no reflejan la realidad, pero sí determinados modos de pensarla, consecuentemente, tampoco podemos afirmar que las construcciones lingüísticas en las que se integran representan la realidad como tal, pero sí muestran una aprehensión convencionalizada de la misma. En este sentido, probablemente una de las mayores aportaciones de Co- seriu fue, con el fin de delimitar el objeto de estudio de la lingüística, la sistemática distinción que realizó en sus trabajos entre realidad fenomenológica y realidad lin- güística. Como consecuencia de ello, en lo que respecta a la clasificación de los ele-

mentos lingüísticos, distinguió claramente entre clases de palabras y categorías ver- bales.

Los cuatro conceptos o categorías base del pensamiento (sustancia, cualidad, cantidad y relación) se hallan también en la estructura de las lenguas, y ello da lugar a

lo que se conoce como categorías gramaticales16— o lingüísticas (sustantivo, verbo,

adjetivo). Así pues, Coseriu (1978; 50-58) llamó clases de palabras a las primeras, es decir, a los “inventarios abstractos de elementos lingüísticos cuya extensión e índole dependen del sentido en que se haya realizado la abstracción” y categorías verbales, a las segundas, es decir, a los “modos de ser de las palabras en el discurso, como fun-

ciones semánticas”; y distinguió, consecuentemente, entre significado léxico, lo orga-

nizado por el lenguaje, y el significado categorial, el modo de organizarlo.

En este sentido también Roca Pons (1970) señalaba que (1) no necesariamente ha de darse una relación biunívoca entre categorías gramaticales y de pensamiento, (2) que las lenguas no tienen por qué coincidir en el número y la forma en que las ca- tegorías gramaticales se formalizan, y (3) que dicha relación no necesariamente ha de permanecer estable a lo largo de la historia de una lengua. Así pues, Roca Pons

(1970: 135-152)17 proponía examinar el comportamiento formal y sintáctico de los

elementos lingüísticos para establecer la existencia de una determinada categoría gra- matical, y sería posteriormente cuando se podría comprobar si dicha categoría se co- rresponde con determinados modos de pensar la realidad extralingüística.

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Fernández Pérez (1993: 10) muestra la polivalencia del término categoría gramatical, pues para al- gunos gramáticos es equivalente a categoría léxica, para otros, entre los que se incluye la propia Fer- nández Pérez, alude a lo que la gramática tradicional llamaba accidentes, es decir, los constituyentes de las palabras que sostienen sus posibilidades de variación formal (género, número, etc.); y, por último, se habla también de una clase general de categorías gramaticales que se subdividen en primarias, se- cundarias, funcionales etc. Dicho esto, a lo largo de este trabajo haremos referencia al término catego- ría gramatical para significar cada una de las clases en que se agrupan las palabras tomando como ba- se sus propiedades morfológicas, sintácticas y semánticas, es decir, en un sentido equivalente a cate- gorías léxicas.

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Roca Pons (1970: 255), pese a señalar los inconvenientes de la dominación partes de la oración para denotar las categorías sustantivo, adjetivo, verbo etc., prefiere continuar utilizando dicha terminología, en detrimento de otros términos, tales como clases de palabras o categorías verbales. Es más, dicho autor utiliza el término categorías verbales para significar los morfemas propios del verbo, esto es, número, persona, tiempo, aspecto y modo.

Pese a ello, en referencia a la relación entre categorías gramaticales y catego- rías de pensamiento, en el paradigma de la Lingüística Cognitiva se afirma que el alto grado de correspondencia entre el contenido semántico de las categorías gramaticales y su comportamiento morfosintáctico no es del todo imprevisible; es decir, se corro- boran afirmaciones como la anteriormente referida de Bach (1976a: 117-118), según la cual no es estrictamente arbitrario que un determinado concepto se manifieste gra- maticalmente como sustantivo, verbo, preposición, adjetivo, etc. En palabras de Foosgard (1998: 581), “por debajo de la diversidad expresiva se encuentra una base cognitiva común fundada en la evolución de la especie, el equipamiento genético y las experiencias comunes” Dicha base cognitiva común explica que los miembros de las categorías se puedan caracterizar como (+/-) prototípicos, (+/-) centrales. Aplica- dos tales postulados a los sustantivos verbales, por las razones que veremos en el apt. 2.3, podemos afirmar que se trata de miembros (-) prototípicos, (-) centrales de la categoría sustantiva.

Una de las aportaciones más relevantes de la Lingüística Cognitiva ha sido el señalar que todas las categorías lingüísticas no pueden ser caracterizadas a partir de distinciones taxativas derivadas de condiciones necesarias y suficientes, pues algunas forman parte de gradaciones y presentan límites difusos

Cognitive economy dictates that categories tend to be viewed as being separated from each other and as clear-cut as possible. One way to achieve this is by means of formal, necessary and sufficient criteria for category membership. [...] Another way to achieve separateness and clarity of actually continuous categories is by conceiving of each cate- gory in terms of its clear cases rather than its boundaries. (Rosch y Lloyd, 1978: 35-36).

Dicha formulación se fundamenta en la idea de que no todos los miembros de una categoría son percibidos de la misma manera, considerándose unos más repre- sentativos que otros.

Not all members of a category have the same status within the category. [...] some cate- gory members are better examples of the category than others. Members that are judged to be the best examples of a category can be considered to be the most central in the ca- tegory. [...] these are typically referred to as the prototypes or prototypical members. (Croft, 2003: 77)

Como consecuencia de ello, Rosch y Lloyd (1978) definieron el prototipo co- mo el ejemplar que mejor se reconoce y el más representativo y distintivo de una ca- tegoría, ya que es el que mayor número de características comparte con el resto de miembros de la categoría y menos con el resto de miembros de otras categorías.

By prototypes of categories we have generally meant the clearest cases of category membership defined operationally by people’s judgements of goodness of membership in the category. [...] prototypes appear to be just those members of a category that most reflect the redundancy structure of the category as a whole. (ob. cit.: 36-37)

Asimismo, Rosch y Lloyd (ob. cit.: 38-39) señalaban una serie de propieda- des que sistemáticamente presentan dichos miembros prototípicos, a saber: mayor ve- locidad de procesamiento, adquisición temprana y mayor frecuencia de uso.

Actualmente, si bien existe un consenso generalizado sobre la idea de que no todos los miembros de una categoría tienen el mismo estatuto, es decir, se reconocen miembros (+/-) prototípicos, (+ /-) centrales, ello no implica la definición de las cate- gorías en términos graduales, pues, como señala Báez (2002: 83), es en los objetos de la realidad donde existe dicha gradualidad, pero no en la definición categorial o lin- güística.

Desde un punto de vista de la teoría del conocimiento, cuyos orígenes pueden rastrearse en la crítica de la razón pura, decimos que entre los objetos de la realidad no existe dis- creción, estamos ante un continuo, pero la distinción entre los objetos de la mente solo se puede hacer mediante unidades discretas, ya que el ser humano únicamente puede con- cebir afirmativamente lo finito y lo discreto.

El error reside, por tanto, en confundir, por una parte, realidad extralingüística y realidad lingüística, y, por otra parte, la definición y caracterización de la categoría con la caracterización de los miembros que se incluyen en esta.

Dicho todo esto, explicitamos ahora una definición y caracterización concreta de las categorías lingüísticas, si bien, dada la temática de este trabajo únicamente nos referiremos a las categorías sustantiva y verbal. En relación con la primera, Díaz Hor-

migo (1998a)18 realizó una revisión teórico-crítica de las definiciones de la categoría a lo largo de la tradición lingüística, y finalmente la definió como sigue:

la categoría lingüística sustantiva puede ser definida como “lo que se concibe como el ser en sí”, un significado léxico intralingüístico, y, además, eventualmente un significado instrumental, que refleja, al menos las oposiciones singular / plural y/o masculino / fe- menino en las que interviene ese sustantivo (Díaz Hormigo, 1998b: 9).

La categoría verbal, que también ha sido definida a lo largo de la tradición lin-

güística19 tomando como base criterios de índole diversa— nocionales, semánticos,

morfológicos, funcionales— se concibe, de acuerdo con Báez (2002: 85), como “un modo particular del suceder en que consiste todo acto de hablar que no sea la pura in- terjección” y se caracteriza por estar integrada por elementos léxicos con capacidad para seleccionar argumentos, para atribuir propiedades o relaciones a entidades y para constituir el núcleo de un predicado o incluso de la oración.

A modo de conclusión sobre la definición y caracterización de las categorías lingüísticas, y en concreto sobre la categoría sustantiva y verbal, reproducimos las pa- labras de Báez (2002: 85-86):

sustantivo y verbo son modos de significar, con históricamente generalidades post rem y tienen un significado diviso. ¿Qué quiere decir esto? 1) que no tienen realidad ontoló- gica, 2) que se adquieren históricamente como procesos generalizadores a partir de experiencias sobre casos reales o imaginadas por los hablantes y 3) que, mientras que lo que acontece, acontece en las cosas, y, por tanto, sólo existe el ser/los seres en su deve- nir, nuestra mente distingue entre lo que se concibe como una unidad del mundo de la mente del hablante, y lo que acontece.

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v. Díaz Hormigo (1998a) para una revisión teórico-crítica de las definiciones de la categoría sustan- tiva a lo largo de la tradición lingüística, de los accidentes gramaticales que le son propios en espa- ñol— género y número—, así como de las principales clases y subclases de sustantivos.

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Para un estudio sucinto pero preciso de la definición y caracterización de las categorías gramaticales a lo largo de la tradición lingüística véase, p. ej., Azpiazu (2004a: 27-50).

2.1.2. Los sustantivos verbales

Recordemos nuevamente que la categorización lingüística implica una recrea-

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