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Habiendo llegado un correo al General Villa manifestándole que del lado de San Pedro de las Colonias se aproximaba una columna de mil

orozquistas a auxiliar a Velasco que se encontraba en Torreón, dispuso que las Brigadas Hernández y González Ortega, se dirigieran violentamente a detenerlos presentándoles batalla.

E1 día 27 salieron con esa dirección, dejando el General Ortega toda su infantería al mando del Mayor Santos Dávila Arizpe, la cual tomó después parte en la toma de Torreón.

La columna Hernández-Ortega pernoctó esa noche en Sacramento y otro día en La Concordia.

E1 día 29 de Marzo llegaron a las goteras de San Pedro de las Colonias, saliendo una avanzada de caballería del centro de la ciudad. Trabó la lucha inmediatamente con nuestra fuerza, la cual cargó sobre el enemigo,

cogiendo algunos prisioneros, y persiguiéndolos penetraron tras ellos hasta el pueblo donde duraron toda la noche. A la una de la mañana del día 30, estando sumamente escasos de parque, pidió e1 Coronel Ornelas

instrucciones al Cuartel General, el cual ordenó que se retiraran al

campamento. E1 31 salieron para San Lorenzo, donde se municionaron. El primero de Abril se regresó a la linea de fuego.

El General Ortega ordenó que se hiciera una retirada falsa, con el objeto de que saliera el enemigo, y poderlo batir fuera de sus posiciones. Verificada esta maniobra, dio buen resultado. En número bastante considerable,

creyendo que los nuestros van huyendo, salen fuera de la ciudad en nuestra persecusión: pero inmediatamente ordena el General que se detengan todos y que volviendo a la vanguardia, carguen fuertemente sobre ellos.

El combate generalízase por todas partes y unos y otros se baten con brío. Levántase una inmensa polvareda que producen los regimientos al marchar a galope tendido a cargar sobre los federales. E1 enemigo no puede resistir el violento e inesperado ataque de una fuerza que él pensaba iba de huida y empieza a retroceder precipitadamente a la población.

El Primer Regimiento al mando de1 Teniente Coronel José Valles, penetra temerariamente hasta las primeras casas, peleando con gran valentía y arrojo. E1 General Urbina y Maclovio Herrera llegan al campamento y entran desde luego en acción. Los combates se suceden unos a otros durante todos los días, en los cuales se registran actos de valor increíbles por parte de nuestras fuerzas. E1 Coronel Acosta, es uno de ellos, dura con el segundo regimiento de su mando más de cuarenta horas peleando, sin tener descanso alguno y sin comer. En otro, pretenden quitar la artillería ligera del Teniente Coronel Margarito Gómez.

Una fuerza competente, llevando cañones, se dirige al lugar donde éste se encuentra, el cual no se percata de ello hasta cuando ya estaban a

doscientos metros de distancia.

Inmediatamente ordenó que todas las ametralladoras que eran 15 y los cuatro fusiles Rexer, convergiendo al punto donde se aproximaba el enemigo, hicieran fuego. Una estridente y confusa detonación se oye al abrir el fuego, levantándose una nube de humo y polvo que impide ver los resultados; mas pronto disípase y se ve que el enemigo había retrocedido, dejando abandonada la artillería que después fue recogida por ellos

mismos.

Un refuerzo de gran consideración llega a los sitiados, del lado de Saltillo, consistente en más de doce mil hombres, al mando de los generales

Velasco, García Hidalgo y Maass, siendo obligados los nuestros a retirarse de las orillas del pueblo; pero habiendo recibido igualmente más tropas de refresco de Torreón, volvieron los nuestros con más intrepidez a

la carga.

En el último combate, la Brigada González Ortega ataca al Sur de San Pedro, por el lado de las compuertas y el Camposanto, siendo tan terrible su empuje, que desconcierta por completo al enemigo. E1 Coronel Ornelas con una fracción de fureza, quita dos ametralladoras y dos mulas de parque, las cuales son utilizadas inmediatamente.

E1 Teniente Eduardo Castañeda emplaza una de ellas y abriendo un fuego mortífero sobre las huestes de la usurpación, las obliga a retirarse hasta el

centro de la ciudad. Avanza inmediatamente y vuelve a emplazar su máquina en la esquina de una boca-calle, donde entabla un reñido duelo con los tiradores de las fortificaciones cercanas.

E1 día 12 llegó el General Villa a tomar el mando de la División acompañado de la artillería y prepara el asalto final para el día 13. Extendidas en una ala gigantesca, semejando un semicírculo de hierro, todas las Brigadas avanzan resueltamente a exterminar de una

vez por todas, a las legiones del Usurpador asesino: pero encuentran desocupada la plaza.

Velasco, ante el terrible descalabro sufrido en el último combate, y teniendo conocimiento que el General Villa había llegado y continuaría dirigiendo la batalla, temiendo ser aniquilado completamente, optó por retirarse, lo cual hizo en un estado lamentable. Casi en completa

dispersión y sumamente desorganizados.

La batalla duró doce días y es sin duda la más grande que se ha librado desde 1910 hasta la fecha. Incontables fueron las bajas que tuvieron los federales, alcanzando fabulosas proporciones el número de muertos, heridos y prisioneros.

Solamente en uno de los combates, la Brigada González Ortega hizo doscientos cincuenta prisioneros. Por parte nuestra, las pérdidas fueron de consideración, quedando en el campo de batalla muchos de los veteranos de la revolución.

El aspecto que presentaba otro día la plaza de San Pedro, era ho-rrible. Como un cuadro dantesco, como una descripción apocalítica, como una trágica leyenda de sangre y de exterminio, puede calificarse aquella

gigantesca lucha en que el soplo helado de la muerte, segó tantas vidas de seres que aún se encontraban en los albores de la juventud. Alfombra funebre de cuerpos cubiertos de sangre y horriblemente mutilados se veían por las calles de la infortunada ciudad, teatro de los sucesos. Muchos edificios estaban reducidos a escombros, y otros eran presa de las llamas. Notábase que por allí habia pasado la mano devastadora del pretorianismo, sediento de sangre, de destrucción y de pillaje. Parecía que las legiones semi-bárbaras de un Atila feroz, habían hollado aquel suelo. Las casas de la población se encontraban cerradas, y sólo se veían transitar por las calles de la población las patrullas de caballería de nuestras fuerzas.

El día 15 de Abril ordenó el primer Jefe, que una fuerte columna saliera a perseguir a los fugitivos; pero llevando éstos dos días de ventaja, no era

posible darles alcance, por lo que, habiendo llegado a la Laguna, donde tuvieron noticia que ya los derrotados estaban lejos, regresaron a San Pedro. Pocos días después, recibió orden el General Ortega de trasladarse a Gómez Palacio, donde estableció su cuartel.

Durante dos días de descanso, empleó el tiempo en reorganizar su fuerza, que había disminuido notablemente en la sucesión de combates de Gómez Palacio y San Pedro. Envió oficiales al Estado de Durango, a que reclutaran más gente, logrando reclutar como mil hombres, pues con las enormes pérdidas antes dichas, su Brigada había quedado reducida a 700 hombres, de mil doscientos que tenía cuando salió de Chihuahua.

Como premio a los importantes servicios e indiscutibles méritos, obtenidos por la oficialidad en la reciente campana, los ascendió a todos al grado inmediato, siendo ratificados sus despachos por el General en Jefe de la División del Norte. Ordenó que se diera una gratificación de doscientos pesos a los Jefes y Oficiales y cincuenta a los individuos de tropa.

Se aproximaba ya la campaña que iba a hacerse a Saltillo y el General en previsión de ello, pidió al Cuartel General el parque que necesitaba para pertrechar su tropa.

E1 día 13 de Mayo recibió la orden de embarcarse otro día y salir en

dirección a Saltillo. E1 14, en un tren compuesto de cuarenta jaulas y varios carros, salimos a las cuatro de la tarde, caminando toda la noche para

arribar a Hipólito otro día. En esta estación se hallaba el Cuartel General. Continuóse la marcha hasta Sauceda, donde el General ordenó que

desembarcara la gente.

E1 General Villa envió una comunicación oficial al General Ortega, donde le ordenaba que al frente de las Brigadas Villa, Morelos, Hernández y González Ortega, se dirigiera a la estación de Zertuche, con el objeto de cortarles la retirada a los federales que se encontraban en Paredón e impedir que destruyeran la vía.

Después de hablar con el Jefe de la División y recibir sus instrucciones verbales, el día 16 a las 8 de la mañana, salió del campamento con una columna de cuatro mil hombres de caballería. Atravesó la sierra que se encuentra al frente de la estación, dirigiéndose al lugar donde se le había ordenado, arribando el 17. Creyendo que los trenes militares de los federales que se hallaban en Paredón, tendrían necesariamente que

retroceder ante el empuje de la División, ordenó que levantaran los rieles de la vía a fin de que se detuvieran.

Apenas habían terminado de efectuar dicha operación, cuando vióse avanzar un tren a toda velocidad por el cañón de Zertuche y pocos momentos después, se distinguió otro.

Precipitadamente se posesionan nuestras fuerzas a uno y otro lado del cañón, y al acercarse los trenes, los reciben a descargas cerradas. Una escolta que viene en ellos contesta el fuego, y los nuestros, descendiendo de los cerros, asaltan el convoy que se encuentra detenido por los

desperfectos de la vía. Pocos momentos después, aniquilada la escolta, todo se hallaba en posesión de los asaltantes, quienes recogieron buen botín de guerra, consistente en una gran cantidad de rifles Mausser, enteramente nuevos y un vagón repleto de cajas de parque.

Sucede esto después del terrible descalabro que sufrieron los huertistas en Paredón; considerando el General Ortega que la mayor parte de los

derrotados deberían pasar por allí, distribuye sus fuerzas y durante todo el día están cogiendo prisioneros, los cuales no hacen resistencia alguna, entregándose incondicionalmente. E1 día 18 ordenó que el primer

Regimiento de la Brigada González Ortega, en combinación con la Brigada Hernández, salieran en dirección de Ramos Arizpe, explorando el terreno e inspeccionando la vía.

E1 día 19, las avanzadas del primer Regimiento, al mando del Teniente Coronel José Valles, se encuentra con el núcleo principal de las fuerzas huertistas, en las cercanías de Ramos Arizpe. Al contemplar estos el reducido número que se acercaba, salieron a batirlos, entablándose una escaramuza. Valles, en vista de la superioridad del enemigo se retira; pero poco después vuelve con toda su gente, y auxiliado por el General

Hernández, logra rechazarlos metiéndolos hasta sus posiciones, no sin haberles hecho algunas bajas, entre ellas un mayor. El comandante de esa fuerza enemiga, era el dos veces traidor Pascual Orozco, quien al tener conocimiento de que se acercaba el General Villa, se apresuró a

replegarse a Saltillo, evacuando la plaza de Ramos Arizpe, la cual fué ocupada el día 20 por el General Ortega con el grueso de su columna. Inmediatamente dió parte de todas sus operaciones al General en Jefe. Nombró Jefe de las Armas en Ramos Arizpe al General Rosalío Hernández y continuá su marcha a Saltillo, que según parte rendido por las fuerzas de la vanguardia, había sido evacuado por los federales.

El día 21 hizo su entrada a la capital del Estado de Coahuila. Los

pretorianos, siguiendo su bárbara costumbre habían incendiado el Casino y otros edificios al tiempo de evacuar.

¡Hermosa civilización de los que blasonan estar a la altura de los ejércitos europeos!

Sus inicuos procedimientos no tienen comparación ni con los cafres u otentotes del Africa.

Pocos días después de tomada la plaza, arribó el General Villa, ordenando a gran parte de la División que se encontraba en Paredón, regresara a Gómez Palacio. El General Ortega permaneció unos días en Saltillo, obteniendo permiso del General en Jefe, para hacer un viaje a Monterrey, a donde se dirigió siendo objeto de grandes atenciones por parte de los Generales del Nordeste. De allí, en unión del General Pablo González, Comandante en Jefe de dicha División, regresó a Saltillo, ordenándole al Coronel Ornelas, Jefe de su Estado Mayor, que embarcara la tropa y se reconcentrara a Gómez Palacio. El atendiendo a una atenta invitación del General Pablo González, lo acompanó a Laredo.

Encontrábase ya su Brigada en Gómez Palacio cuando se incorporó a ella. Antes de cerrar el presente capítulo, quiero hacer algunas apreciaciones, desde la campaña efectuada en Gómez Palacio, hasta la toma de Saltillo, por juzgarlo de suma importancia.

La ocupación de los Estado de Chihuahua, Durango y Coahuila, se debe exclusivamente a la División del Norte. Cuando ésta salió de Chihuahua a emprender la reciente campaña, estaba todo el Estado de Coahuila en

completa posesión de los federales; cuando menos, todas las poblaciones de importancia que tiene, como son: Torreón, San Pedro, Parras, Viezca,

Ramos Arizpe, Saltillo, Monclova y Piedras Negras. Todas las

fuerzas constitucionalistas, se habían retirado al Estado de Tamaulipas, quedando únicamente los Generales Murguía y Coss, los cuales se concretaban a formar escaramuzas a los federales, vagando por las serranías o estableciéndose en los pueblos pequeños.

La toma de Torreón decide la suerte del Estado de Coahuila y la gran batalla de San Pedro da como resultado la toma de la plaza de Monterrey; pues hallándose los federales más seriamente amenazados por la División del Norte, reconcentran la mayor parte de sus fuerzas, enviándolas a San Pedro, quedando sólo débiles guarniciones en Saltillo y Monterrey. Con la ocupación de Saltillo, toda la frontera cae en poder del Constitucionalismo.

No es mi ánimo restarle méritos en los más mínimo a la División del Nordeste.

Todos sabemos que se ha conducido con bastante heroísmo y reconocemos su importante cooperación en el actual movimiento; pero hay que decir sin ambages la verdad histórica.

La División del Norte figura en primera línea por la importancia de sus victorias y la magnitud de sus batallas, en las cuales ha sabido conquistar los laureles de la gloria, merced a la estrategia napoleónica y al genio militar de ese humilde soldado del pueblo: FRANCISCO

CAPITULO I I I .

Ataque y Toma de la

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