HUMAN DEVELOPMENT
Reading 20: IN CONTROL AND GLAD OF IT!
La ciencia liberadora busca mirar con y desde los otros, buscando los mecanismos que permitan producir, repro- ducir y desarrollar la vida.6 Pretende interpelar y ser in-
terpelada por el pueblo y caminar hombro con hombro para construir la esperanza y concretar la simetría colectiva, lo cual requiere desarrollar la conciencia de la comunidad con respecto a la situación real de los excluidos, porque
[l]as víctimas excluidas de la comunidad de vida y de comu- nicación hegemónica, al tomar la conciencia de su situación de víctimas, interpelándose mutuamente [...] constituyen una comunidad crítica en la que discursivamente fundamentan
5 F. Hinkelammert, Crítica de la razón utópica, Desclée, Bilbao, 2002. 6 E. Dussel, Ética de la liberación y la edad de la globalización y de la
un juicio negativo (cotidiano, de expertos y con la colabora- ción de la ciencia social y la filosofía crítica) del sistema que las ha causado y elaboran una alternativa utópica posible, real, histórica.7
En ese contexto, la construcción de nuevas estrategias comunitarias supone una visión contrahegemónica con respecto a la ciencia; una perspectiva desde donde reflexio- nar la práctica concreta, investigar y superar las contradic- ciones teoría/práctica, pensamiento/acción, símbolo/ realidad, e intentar comprender el presente en su devenir y postular la tendencia histórica de la sociedad; es decir, para comprender el presente es necesario recuperar el pasado, sistematizar la experiencia vivida y valorar críticamente la práctica que realizan los sectores de la «sociedad civil» en las comunidades objeto de la exclusión, del etnocidio y/o genocidio pues «al hacerlo, lo que antes, tal vez, no conci- biéramos como teoría de nuestra acción, se nos revela como tal. Y si la teoría y la práctica son algo indicotomizable, la reflexión sobre la acción acentúa la teoría, sin la cual la acción (o la práctica) no es verdadera».8
En la construcción de una ciencia liberadora, los in- vestigadores comprometidos con la liberación se convier- ten en subvertidores del orden cuando intentan comprender el proceso de constitución y/o desestructuración de la sub- jetividad como espacio de síntesis vivencial, como princi- pio para analizar las prácticas sociales dominantes y como sustento de la comprensión/transformación del presente de exclusión y miseria que sufre la población latinoameri- cana. Según Piper:
Entender las subjetividades como prácticas sociales en cons- tante producción abre posibilidades emancipadoras, en la medida en que las presenta como un proceso interior a las relaciones sociales. Nosotros/as somos las subjetividades que producimos, y por lo tanto somos nosotros/as quienes,
7 E. Dussel, Hacia una filosofía política crítica, Desclée, Bilbao, 2001,
p. 83.
8 P. Freire, Pedagogía del oprimido, Siglo XXI Editores, México, DF,
9 I. Piper, «Introducción sobre una práctica que en el sur se llama a sí
misma Psicología social crítica», en Políticas, sujetos y resistencias
en psicología social, Arcis, Santiago de Chile, 2002, p. 30. 10 O. Núñez y R. Burlach, Democracia y revolución en las Américas,
Ediciones Vanguardia, Managua, 1986.
11 E. Dussel, Hacia una filosofía..., ob. cit., p. 82.
por medio de la articulación de prácticas diferentes, esta- mos en poder de transformarlas.9
La praxis de liberación parte de un compromiso ético/ político y crítico de las teorías hegemónicas que sustentan el desarrollo de una sociedad en donde la exclusión y lo prescindible aparecen como resultado de su estructura. En el artículo se considera la crítica como elemento para avan- zar, no simplemente para denunciar.10 Dicho proceso per-
mite conocer la pertinencia de las prácticas psicosociales con respecto a la realidad en la cual se aplican, así como analizar la dinámica referida a la posibilidad de vivir. Dussel señala que:
debe ser criticado todo sistema institucional (o acto, etc.) que no permita vivir a sus víctimas, potenciales miembros negados, excluidos del sistema que tiene la pretensión de reproducir la vida. El «deber» de la crítica, como juicio uni- versal material negativo, es el comienzo de todo el proceso de desarrollo o «transformación» de la vida humana en los sistemas históricos como liberación de las víctimas.11
Pensar la realidad y trascender los marcos y las prác- ticas dominantes desarrolladas en contextos culturales diferentes al de los latinoamericanos constituye un prin- cipio para recuperar y/o construir teorías ad hoc con los problemas regionales, por ejemplo analizar los progra- mas de intervención con víctimas del etnocidio en las zonas indígenas de Guatemala, en donde los psicólogos actúan como monitores del pensamiento pragmático/ norteamericano, dejan de protagonizar la historia e in- dudablemente limitan la posibilidad de construir cono- cimiento liberador, estrategias de interpretación/acción coherentes con los problemas generados por la exclusión/ opresión, que al final de cuentas impide a los profesionales
el ejercicio de la psicología como profesión humana. Como indica Martín-Baró:
No se puede hacer Psicología hoy [...] sin asumir una seria responsabilidad histórica; es decir, sin intentar contribuir a cambiar todas aquellas condiciones que mantienen deshumanizadas a las mayorías populares, enajenando su conciencia y bloqueando el desarrollo de su identidad histó- rica.12
Es evidente que para construir una ciencia liberadora es imprescindible colocarse al otro lado del discurso oficial y resignificar el sentido de la ciencia simplificadora; rom- per con lo esquemático de los manuales de «enseñanza» e introducirse en el ámbito de la praxis (síntesis de la teoría y la práctica) comprometida con los excluidos/oprimidos, además del compromiso ético/político ya señalado, en donde la ética sea un factor aunado a la racionalidad. Para el caso de la Psicología y para la investigación social, Martín- Baró señala que: «La Psicología latinoamericana debe des- centrar su atención de sí misma, despreocuparse de su
status científico y social y proponer un servicio eficaz a las
necesidades de las mayorías populares».13
En consecuencia con la situación provocada por el etnocidio y/o genocidio en diversas poblaciones latinoa- mericanas, la investigación social en general y la psicolo- gía comunitaria en particular deben analizar el presente que deviene colonial y, a partir de la recuperación históri- co/cultural, negarlo y proyectar la utopía de liberación, par- ticularmente si la pretensión es comprender la vivencia humana de la población. Señala Freire:
No puedo comprender a los hombres y las mujeres más que simplemente viviendo, histórica, cultural y socialmente exis- tiendo, como seres que hacen su «camino» y que, al hacerlo, se exponen y se entregan a ese camino que están haciendo y que a la vez los rehace a ellos también.14
12 I. Martín-Baró, Psicología de la liberación, Trota, Madrid, 1998,
p. 171.
13 Ibídem, p. 296.
Posicionarse en el ámbito de lo ético/político bajo el principio de producción, reproducción y desarrollo de la vida, permite la construcción de utopías tendientes a fundar un mundo en donde quepan otros mundos, con justicia y equi- dad, transformar el proyecto destructivo postulado por la economía de mercado, y organizar una sociedad en donde los pobladores tengan conciencia de que
[s]i la vida humana es el criterio de verdad práctica, el princi- pio ético material universal puede describirse así: todo el que obre éticamente debe producir, reproducir y desarrollar la vida humana en comunidad, en último término de toda la huma- nidad, es decir, con pretensión de verdad práctica universal.15
Bajo las premisas enunciadas en el ámbito de una cien- cia liberadora en el siguiente apartado se analizan algu- nas categorías utilizadas por ONG en zonas de exclusión latinoamericanas. Dicho análisis se hace en consecuen- cia de la institucionalidad discursiva ligada con los orga- nismos financieros internacionales y particularmente del trabajo realizado en Guatemala como caso paradigmático de los procesos de intervención psicosocial.