• No results found

Chapter 6: Conclusions and Recommendations

6.2 Recommendations

6.2.2 Control System

Al margen de la demografía, debemos recordar que la vejez como contenido y significante no deja de representar una construcción social, observando como la cultura occidental en un narcisismo e individualismo, en muchos casos desmedido, plantea una visión negativa de la vejez en su afán por negar lo que entiende que conlleva y el ser humano moderno no quiere aceptar: decline de facultades, ocaso físico, enfermedad y muerte (Rizo, 2007).

La vejez es una etapa de la vida como cualquier otra. Hay definiciones científicas, biológicas, médicas geriátricas, psicológicas, etc. de la vejez. Algunos autores definen vejez o tercera edad a partir de los 60 años, otros a partir de los 65-70 años. Otros simplemente dicen que es una definición social.

Es necesaria una reconceptualización y revalorización de la edad adulta tardía como una etapa normal de la vida del ser humano, con sus características propias y definidas y que llevan inmersa la posibilidad de prepararse para la vejez. Esto implica esencialmente, y a modo de síntesis, asumir y resolver la aceptación de la edad, una

31 redefinición de roles, la búsqueda e identificación de formas alternativas para el cese de ingresos y, la revisión de vida y establecimiento de nuevas metas (Zavala,2006). La designación de “Tercera Edad” fue planteada por el francés Dr. J. A. Huet, pionero de la gerontología en su país, para designar con ello a las personas jubiladas y pensionadas con baja productividad laboral. No fue hasta el año 1994 que la Organización Panamericana de la Salud decidió emplear el término de Adulto Mayor para designar a las personas de 65 años o más de edad (Estrada,2006).

El término Adulto Mayor ha sido abordado en los últimos años desde las disímiles áreas del conocimiento. Sin embargo, son los sociólogos, demógrafos, economistas y psicólogos los que más referencia han realizado sobre el tema, por tanto uno de los aspectos esenciales a tener en cuenta a la hora de abordar la problemática de la adultez, es que hay que hacerlo desde una visión multidisciplinar.

Partiendo del análisis de Ignasi Casals existen cinco enfoques básicos a tener en cuenta a la hora de estudiar la problemática de los Adultos Mayores. Estos son:

• Perspectiva demográfica: En este prevalece el principio: cada vez hay más viejos. El cual aporta un mensaje pesimista sobre la temática.

• Perspectiva sociofamiliar: Los que se mueven en esta línea de análisis critican la soledad y el abandono de los ancianos. Estos, ya no pueden vivir con los hijos porque entorpecen la convivencia en el ámbito familiar. No se les valora su experiencia al no atribuírsele ningún rol social que cumplir, por lo que la tendencia es internarlos en residencias.

• Perspectiva económica: Desde esta perspectiva se aborda en especial la jubilación como una de las lamentables secuelas que debe enfrentar el individuo, pues se asume el hecho de jubilarse, al reducirse los ingresos, como el paso a una situación de empobrecimiento automático.

• Perspectiva psicológica: En general tiende a analizar y explicar los intrincados mecanismos de la conducta individual, frente al proceso de envejecimiento, tomando

32 como base para su análisis las coordenadas socioculturales y los sistemas sociales a los que pertenecen.

• Perspectiva médica: Analiza el envejecimiento a partir del comportamiento biológico del cuerpo. Se asume que comenzamos a envejecer desde el momento del nacimiento. (Casals,S/A)

Las personas mayores, cuando se les pregunta por ellas y por su relevancia, sitúan a la edad cronológica como la menos importante. Lo fundamental no es tener 85 años, sino sentirse de acuerdo con su edad, con su salud, con su rol social. Al conjunto de las edades biológica, psicológica y social se le conoce con el nombre de edad funcional, es decir, edades en que la persona es capaz de realizar una vida autónoma (mantiene su capacidad de decisión) e independiente (no necesita de una persona para realizar las actividades básicas, de relación y sociales de la vida diaria).

El ancestral interés de los humanos por vivir el mayor número de años posible, unido al creciente desarrollo de la ciencia y la técnica, sustentan la tendencia actual que considera que si importante es vivir más años, es esencial que estos transcurran con la mejor calidad de vida posible. La problemática del anciano adquiere primordial importancia y factor decisivo en las investigaciones médicas y sociales. Las investigaciones sobre el tema se dirigen ya no sólo a los aspectos relacionados con el proceso “fisiológico” de envejecer; también se pretende conocer aquellas condiciones que colocan al adulto mayor en una situación de riesgo y de la capacidad de reserva inherentes al envejecimiento. Es de destacar que aunque la edad constituye un elemento importante, se considera insuficiente como criterio aislado para evaluar, cuantificar y definir las necesidades de una persona mayor enferma.

En la actualidad, la mayoría de los adultos mayores son víctimas de la soledad, el abandono, la pobreza y el maltrato; se les trata como estorbos, presencias incómodas, sin permitirle expresar sus sentimientos y, cuando lo hacen, son motivo de burla. Lo que esta sociedad no quiere ver, que al marginar y despreciar al anciano está condenando su propio e inevitable futuro. La actitud que se tiene ante los ancianos de

33 hoy será la actitud que se tendrá ante los de mañana que serán, los jóvenes de hoy, quienes vivirán un futuro en un mundo en el que los adultos mayores serán mayoría. Así a lo largo de los tiempos la humanidad ha ido interpretando incesantemente el papel del anciano en la sociedad, dependiendo de factores políticos, artísticos, estéticos, demográficos, éticos y religiosos; así como los relacionados con la familia y el parentesco. Mientras en la actualidad, existen casos que se percibe al anciano como un ser insignificante; conviene observar cómo en otras civilizaciones y épocas se les consideró una fuente de sabiduría e experiencia; por lo que sirvió como consejero y educador.

El avance de la edad conlleva la pérdida paulatina de habilidades y facultades, esto no desliga al anciano de su historia. Tampoco pierde todas sus capacidades. Conserva sus hábitos, valores, virtudes y sus defectos. Los adultos mayores van sufriendo deterioros mentales y físicos pero principalmente de status, es decir en las funciones y roles debido a las nuevas tecnologías y avances sociales, cuyo efecto positivo sería un alargamiento de la vida, pero ello no se refleja en una calidad de vida. Por tanto, la modernización (educación, jubilación ,urbanización, etc.) ,influyen en el cambio de funciones de las personas mayores, dando lugar a una transformación psicosocial del status de la vejez, puesto que el adulto mayor se siente más feliz cuando más actividad realice, pero la carencia de actividad origina apatía, pesimismo y depresión. Se sienten reconocidos en la sociedad al realizar pequeños aportes a esta.

Chawla (1988) afirma que los ancianos “no siempre son dependientes a causa de su decadencia física, sino que lo son frecuentemente debido a la forma cómo son categorizados socialmente y a las presiones que se ejercen sobre ellos. Si bien es cierto que el envejecer implica un deterioro biológico, son las condiciones sociales de carencia de servicios y las ideas contenidas en el modelo médico tradicional las que restan oportunidades para que el “viejo” se mantenga activo y autovalente. La carencia de una definición sociocultural del conjunto de actividades que serían específicas de los ancianos les hace sentirse inútiles y sin reconocimiento social. La falta de tareas específicas conlleva la dificultad para saber en qué concentrar los esfuerzos y en qué volcarse de modo de actualizar las propias potencialidades (Zavala, 2006).

34 El apoyo social adquiere un especial interés en el período de la “tercera edad”, la vejez. El importante rol que juega el apoyo social en el mantenimiento de la salud y en la disminución de la vulnerabilidad a enfermedades en los ancianos ha sido sugerido por numerosos autores. En la vejez se producen importantes cambios que pudieran considerarse de riesgo para la salud, pues tienen la propiedad de aumentar la susceptibilidad a la enfermedad mediante la ruptura de relaciones estables y/o la eliminación de fuentes tradicionales de apoyo social, la viudez, la jubilación y los repentinos movimientos geográficos involuntarios, son tres sucesos característicos de esta etapa, referidos en la literatura, capaces de lacerar la salud y el bienestar de quién los experimente.

El aumento progresivo de las expectativas de vida en todas las sociedades presenta para los próximos decenios el importante desafío de definir el significado y los roles sociales de los adultos mayores. Este desafío implica la necesidad de realizar arreglos sociales que permitan a las personas mayores el desarrollo de todas sus potencialidades en busca de un envejecimiento exitoso.

Un envejecimiento exitoso y saludable tiene que ver con la funcionalidad biológica y social que permite la plena integración social y familiar de los que envejecen, lo que implicará superar las barreras sociales y culturales que aún persisten e impiden a los adultos mayores desarrollar sus potencialidades. Se trata de una unidad social sujeta a las presiones y condiciones de su entorno cultural, económico y político de un momento dado.

La salud integral del Adulto Mayor es uno de los aspectos más estudiados ya que garantiza su calidad de vida y bienestar; supone componentes, biológicos, psíquicos, sociales y afectivos, no podemos obviar de ninguna forma la importancia tanto de las relaciones sociales como de las actividades que realiza el individuo en su vida cotidiana para el buen mantenimiento de su salud o lo contrario. Llegar a la vejez en cualquier sociedad supone variantes y por supuesto no es un proceso homogéneo en el que puedan establecerse fases con igual trascendencia para todos los ancianos, pues juega como en todo lo humano un papel importante la individualidad sazonada con singularidades interferidas por el contexto económico y social, tanto general como

35 individual, así como el grado educativo, la trayectoria vital y la mayor o menor capacidad que presente la persona para adaptarse a los cambios que conlleva su propia situación (Rizo,2007).

Related documents