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Un mundo literalmente cerrado. La Caldera de Taburiente bien podría albergar uno de esos valles perdidos, inaccesibles desde el exterior y regidos por su propio ritmo. Todo el parque está perfectamente delimitado por las crestas de una inmensa ero- sión, la punta desmochada del volcán no del todo apagado que es la isla de La Palma. Accesos

La carretera LP1032, que va de Santa Cruz a Garafía, bordea el parque por el norte. Es una carretera estrecha y sinuosa, que asciende a unos 2.000 m de altura, ofrece unas vistas inmejorables hacia en interior de la caldera y conecta con todos los senderos que reco- rren la cresta del cono volcánico. El otro acceso es desde el sur, a través de las carre- teras LP 2 (Santa Cruz-Tajuya) y LP 1 (Tajuya- Los LLanos). También conecta con varios sen- deros que se introducen en el parque. Geología

Se trata de un gran socavón de entre 8 y 10 km de diámetro, cerrado por farallones casi verticales de hasta 2.000 m de caíday abierto al exterior por el estrecho barranco de las Angustias, de significativo nombre. Desde el interior las vistas de la Caldera son opre- sivas. Arriba, por las cresterías del borde, producen vértigo. Un elemento caracterís- tico del paisaje son los roques, agujas roco- sas más o menos altas y afiladas que des- tacan sobre las laderas empinadas. La Caldera es una zona de erosión activa Los desprendimientos son muy frecuentes, lo que obliga a frecuentes cambios en la topo- nimia local. Se calcula que, de continuar a este ritmo, habrá desaparecido dentro de cinco mil años, disgregada y arrastrada por el viento y los torrentes. El

agua escurre por todas partes, a menudo despe- ñándose por cascadas y colas de caballo. Pero lo normal es que antes o des- pués sea encauzada y corra en canales, desviada hacia cultivos de regadío según repartos y normas de usos ancestrales.

Flora y fauna

Taburiente es también el parque del pinar canario.

Aquí crecen los mejores bosques de esta especie forestal, adaptada a la sequedad y el calor, así como al viento ardiente de los volcanes allí donde están activos. Pero es precisamente el fuego la principal plaga del parque. Aunque el pino canario, de corteza gruesa, le sobrevive con facilidad, en los últimos años se han desatado varios incen- dios especialmente devastadores. Muchos árboles muestran aún sus troncos rene- gridos por llamas recientes.

El visitante no debe olvidar nunca que lo agreste del terreno, base de su belleza, difi- culta también el acceso de los medios de extinción del fuego.

La fauna, como en todas las Canarias, es bastante escasa. En las áreas abiertas deam- bulan las bandadas de canarios silvestres. El grito de las chovas piquirrojas llega desde lo alto, reflejado con eco por las paredes de piedra. Con mucha suerte puede llegar a verse un arrui ("Ammoetraus lervia"), bóvido original del Atlas marroquí, intro- ducido en esta zona y auténtica amenaza para la flora endémica, por lo que sus pobla- ciones se intentan controlar.

EXCURSIONES

Conviene comenzar la visita por las cum- bres. La carretera que viene desde Santa Cruz

Caldera de Taburiente.

de La Palma asciende hasta el Pico de la Nieve, de 2.239 ni, y continúa por el borde hasta las inmediaciones del roque de los Muchachos, donde está instalado un importante observa- torio astrofísico.

La carretera de alta montaña, y por tanto muy sinuosa, permite constantes asomos al interior de la Caldera, por los collados llama- dos degolladas. Hay también algún que otro sendero, para hacer a pie, colgado sobre el abismo. Los accidentes son frecuentes, por lo que bajo ningún concepto se deben aban- donar las pistas y senderos señalizados.

Desde aquí se tiene la sensación de con- templar vistas aéreas sin levantar los pies del suelo, tal es la profundidad y el vacío que se abre hacia abajo. Con suerte, más fácilmente a partir de media mañana, el mar de nubes puede penetrar dentro de la Caldera. Enton- ces el espectáculo es magnífico, con los pinácu- los de los roques asomando por encima de la capa de nubes, a su vez encerradas entre los paredones verticales.

Una vez abajo, y con suerte sin el mar de nubes que oculte el sol y la vista de las crestas, la Caldera tiene tres rutas de acceso: por una ladera del barranco de las Angustias se llega a Brecitos en vehículo y de allí se continúa a pie hacia el interior por un sendero bien señalizado. Por el fondo el barranco también se puede entrar río arriba. Y por último, por La Cumbrecita a 1.287 m, sendero destinado sólo a caminantes

Cascada de colores en el barranco Limonero. expertos por su dureza y peligrosidad (más de 7 horas de camino hasta el interior de la Cal- de ra). A mitad de camino hay una zona de acam- pada, donde se puede pernoctar un máximo de dos días seguidos (previa petición de permiso en el centro de acogida de visitantes de El Paso). Existe un servicio gratuito de guías para las excursiones a pie por los senderos del Parque.

FUENCALIENTE DE LA PALMA (700 m, 1.877 habitantes)

Debe su nombre a una fuente de aguas termales y sulfúricas, recomendadas para las enfermedades de la piel. Estas termas fueron sepultadas por las coladas de lava. Es el municipio más meridional de la isla, ocupando todo el vértice infe- rior. Es la tierra de los volcanes jóvenes, destacando el de San Antonio y el del Teneguía. La agricultura es la baza de su economía, con cultivos de plátanos y de vides y cepas en sus plantaciones de tierra volcánica. La fama de su produc- ción de vinos, el Malvasía de Fuencaliente, ha rebasado las fronteras españolas.

Historia

El actual término municipal de Fuencaliente era el cantón de Abenguareme antes de la conquista de la isla. Fue una zona muy azo- tada por incursiones piratas, de las que tuvo que defenderse en solitario debido a la leja- nía de las zonas pobladas del norte. En 1576 contaba ya con una ermita dedicada a San Antonio Abad. El 29 de julio de 1832 se con- vierte en parroquia por orden pastoral del obispo Luis Folgueras. Fuencaliente se con-

vierte en municipio en 1837, separándose de la Villa de Mazo, a la que pertenecía. Gastronomía

Buenos pescados frescos, desde la vieja y el mero, hasta la salema, el pargo, los pul- pos y los chicharros. Se comen fritos, coci- dos, a la parrilla, en salsa y adobados con mojo palmero o con mojo colorado. Las borrallera es una especialidad de Fuenca- liente. Son las patatas asadas debajo de la

tierra volcánica. Primero se hace una hoguera con troncos de vides, los sar- mientos, hasta que ardan del todo. Se reti- ran los restos y se entierran las patatas. Una vez cocidas, se sirven con pescado salado ya cocido, queso del país, rociando la comida al gusto con mojo colorado y mojo verde. El bollo de centeno, elaborado con la harina de este cereal, huevos y azúcar, es su aportación a la repostería palmera. No pueden olvidarse sus magníficos vinos de Malvasía, en todas sus variedades, desde el tinto negramoll hasta el rosado de fuente, el blanco listan, dulce, seco y añejo tinto. Fiestas y tradiciones

La festividad de San Antonio Abad, patrón del municipio, tiene lugar el 17 de enero. El segundo domingo de agosto celebran la fiesta del Pino de la Virgen, con una rome- ría hasta el Pinar Grande de Fuencaliente, con actos recreativos y deportivos y una comida Pero la celebración más importante se deriva de su cosecha vinícola. El último domingo de agosto celebran la fiesta de la Vendimia, destacando en su programa la actuación de los Caballos Fuscos. Es la espe- cialidad de los habitantes del barrio Los Quemados. Se trata de una simulación fol- clórica, en la que presuntos jinetes, muy bien trajeados con atractiva indumentaria, fingen montar a caballo, haciéndolo sobre una estructura de cañas, varas verdes y alam- bres, forrada con telas, con ojos dibujados, y con faldón ycrines de papel de seda. Una polka palmera, interpretada por los miem- bros de la rondalla, les sirve de acompaña- miento musical para llevar el ritmo. VISITA

La iglesia de San Antonio Abad, de la que se tiene noticia desde 1522, tiene un techo de cáñamo encalado y una bonita espadaña de cantería. En su interior se encuentran las imá- genes del Cristo del Entierro, un Nazareno, el

grupo del Calvario, San José, San Juan Bautista, la Virgen del Carmen, la Dolorosa y dos tallas de San Antonio Abad. En el techo del presbiterio están varios frescos, de principios del siglo XX, obras del pintor madrileño Ubaldo Bordanova.

Recorriendo sus calles y visitando las bode- gas de Fuencaliente, se entenderán muchas cosas de sus pobladores, como su sentido del humor y su buena disposición permanente, que muchas veces tienen difícil traducción cultural.

ALREDEDORES

Desde el sur hasta el norte se extiende el Parque Natural de la Cumbre Vieja y del Teneguía. En él se hallan las erupcio- nes históricas de El Charco (1712), San Anto- nio (1677 y 1678) y Teneguía (1971). Es una zona muy extensa de interés vulcanológico, geomorfológico, botánico, faunístico y paisa- jístico. Es posible visitar el Teneguía, el más joven de los volcanes canariosyel mejor estu- diado por los vulcanólogos de todo el mundo.

La última de las erupciones volcánicas que tuvo lugar en el archipiélago canario fue el 26 de octubre de 1971, bautizada con el topó- nimo de unas cuevas cercanas llamadas Tene- guía, con coladas que se dirigieron funda- mentalmente al mar. La lava sepultó una superficie de 2.845.000 m2 y fosilizó el cantil costero, ganando al mar 290.000 m2, formando al mismo tiempo un delta de lava. Todavía se observan en él las manifestaciones poste- ruptivas, tales como las anomalías térmicas y las fumarolas gaseosas. En esa misma zona se encuentran los yacimientos arqueológi- cos, con grabados aborígenes, descubiertos en el roque del Teneguía.

Al este del municipio se halla el paraje natural de las coladas del volcán de Martín (1646), un derrame lávico de las erupciones del siglo XVII, con una morfología de canales y tubos, en donde aparece una colonización vegetal de endemismos volcánicos.

Fuencaliente, el municipio con más litoral, cuenta conplayas atractivas: Nueva, del Faro,

GARAFÍA* (400 m, 1.948 habitantes) Este municipio ocupa todo el extremo noroccidental de la isla. Su capital urbana es una localidad que rezuma tradición y aislamiento, con calles empedradas, y casas construidas con techos de tea bajo las tejas y pisos de la misma madera procedente de sus bosques. Sus habitantes se han dedicado fundamentalmente a la agricultura y a la ganadería, y en menor medida a la pesca. Una buena parte de sus pobladores ha emigrado, quizá huyendo de los contratos de hierro, en una producción que se ha caracterizado hasta hoy por las relaciones laborales pro- pias de la Baja Edad Media, a la que los garafianos llaman "trabajo de quintos".

Historia

Según los documentos del siglo XVI sobre Garafía que se conservan en La Laguna, este municipio "fue poblado por moradores ricos portugueses". El historiador Juan Régulo cree, por su parte, que se trataba de judíos expulsados de Portugal en 1496, por el rey Juan Manuel. Desde los primeros años del asentamiento, Garafía tuvo alcalde pedá- neo y un alguacil ejecutor. Como los demás pueblos, tuvo pósito común para las cose- chas y los granos. La primera parroquia fue erigida a principios del siglo xvi, bajo la advo- cación de San Antonio de Padua, patrono de Portugal. Años después, a mediados de siglo, la imagen del santo fue trasladada a una ermita construida en el monte, cerca de la que había estado antes. Fue entonces cuando Diego Yanes logró que la vieja igle- sia parroquial se dedicara al culto de la Vir- gen de la Luz. El "trabajo de quintos" de Garafía tiene mucho que ver con la histo- ria del municipio. En 1576, el rey Felipe II cedió a los siervos, esclavos liberados, cam- pesinos y aparceros, la mayor parte de la tierra propiedad de la Corona para que la explotaran a cambio de la quinta parte de los productos cosechados, denominado entonces el pago del "quinto real". Pero los descendientes de los primeros colonos impusieron que esa quinta parte del bene- ficio fuera administrada por ellos y por sus regidores delegados.

Con los años, la administración de los quin- tos pasó al Cabildo y, más tarde, a los ayun- tamientos. Los campesinos de los demás pueblos dejaron de pagar el tributo histó- rico. Pero Garafía estaba aislada por tierra y dominada por administradores y ayunta- mientos que han venido cobrando el impuesto del "trabajo de quintos", hasta que el 6 de febrero de 1987; el Gobierno autónomo canario acabó con situación tan anacrónica y medieval. Garafía obtiene el título de municipalidad a raíz de la Consti-

tución española de 1812, separándose del viejo cabildo capitalino.

En 1906, el rey Alfonso XIII le concedió el rango de villa municipal.

Gastronomía

Tiene una buena huerta y una buena gana- dería. El queso de Garafía es especial, tanto el queso tierno como el queso duro. Los potajes y el sancocho canario también for- man parte de su cocina. Los estofados de carne de vaca, la parrillada de carne con brasa de madera de pino, el cabrito asado y en salsa, constituyen parte de su oferta. No faltan los productos pescados en su lito- ral marino, tanto en caldos como fritos o asados. Buen gofio de molinos propios y buenos mojos, tanto colorado y verde como palmero, con los que se comen las papas arrugadas y buena parte de los platos ante- riores. Buenos vinos, conservados en barri- cas de pino, entre ellos el denominado "vino de tea" porque se asienta y cura en depó- sitos de esta madera especial.

VISITA

La iglesia parroquial de la Virgen de la Luz es uno de los templos palmeros con dos naves. Fue bendecida en 1552 por el obispo de Marruecos, monseñor Sancho Trujillo. A pesar de ser una de las iglesias más antiguas de la isla, es una obra aún inacabada, aunque tuvo sucesivas ampliaciones y un plan de finaliza- ción en el siglo XVII. Aunque en su interior hay unos valiosos artesonados mudejares y algu- nas tallas de cierta relevancia de la escuela popular, el templo es una de las obras más deterioradas de la arquitectura sacra canaria. ALREDEDORES

Los barrios de Garafía conservan la estampa y la muestra de la arquitectura popular. Entre los yacimientos arqueológicos del municipio

Dragos en Las Tridas. hay que destacar los de La Zarza y La Zarcita, en la que se descubrieron los petroglifos más significativos de la zona. La Zarza está cata- logada como una de las estaciones rupestres de categoría universal que tiene la isla, debido sobre todo a los 11 paneles de piedra graba- dos y encontrados hace algunos años. Estos petroglifos presentan muchos motivos que se combinan entre sí, desde espirales hasta mean- dros y grabados circuliformes realizados por los auritas, aborígenes palmeros.

Otros yacimientos arqueológicos de la zona los constituyen las estaciones aborí-

genes ele Santo Domingo, Bura- cas, El Corchete, Las Eritas, y las de los barrios de El Palmar, Juan Adalid, Don Pedro, Cueva del Sauce y Roque del Faro.

En la zona de la Caldera de Taburiente, que forma parte del territorio municipal garafiano, se encontró un poblado abori- gen aurita de grandes dimen- siones.

También en las laderas exte- riores de la Caldera se extiende la Reserva Natural Integral del Pinar de Garafía, uno de los pinares mejor conservado de Canarias.

No menos espectaculares son los sectores costeros de Garafía. Al oeste se extiende hasta Puntagorda un espacio litoral protegido bajo la denominación de Monumento Natural de la Costa de Hiscaguán. Ligeramente al interior de esta zona, en los alrededores de Las Tridas, puede verse uno de los conjuntos de dragos más antiguos del archipiélago.

Al noroeste de Garafía, el litoral está tam- bién protegido mediante la Reserva Natu- ral Especial de Guelguén, que se extiende hasta Barlovento.

LOS LLANOS DE ARIDANE* (325 m, 19.659 habitantes) Este municipio ha duplicado su población en los últimos veinticinco años. Su capital es una ciudad moderna, con amplias calles y extensos cultivos de pláta- nos a su alrededor. Su economía es fundamentalmente agrícola, aunque tam- bién la pesca forma parte de sus recursos económicos. Una proporción menor trabaja en el sector servicios. En Los Llanos no hay ruptura con la arquitectura tradicional, sin diferencias entre la ciudad vieja y las nuevas construcciones, en una prolongación estética exigida por sus habitantes, en la que las viejas y bien conservadas casas terreras sintonizan con las nuevas construcciones funciona- listas de los últimos años.

Historia

Era una de las grandes comarcas palmeras, hasta que en 1837 fue segregado el muni- cipio de El Paso y, en 1925, el de Tazacorte. Tras la conquista, el adelantado Alonso Fer- nández de Lugo otorgó a su sobrino Juan Fernández Señorino, además del nombra- miento de Gobernador de la isla, los mejo- res terrenos de la zona del Argual, junto al valle de Tazacorte. El término de la Tajuya fue convertido en zona de pastoreo de los ganados señoriales. Según las memoriales de José Wangüemert y Poggio, la designa-

ción parroquial se debe al obispo Juan de Alzólaras, por una pastoral de 1517, cuando supo de la población que había en la zona de Los Llanos.

A pesar de su poderío económico, la muni- cipalidad no viene hasta 1868.

También es a finales del siglo XIX cuando es nombrada Villa y Ciudad, en I868y 1899, respectivamente.

Gastronomía

Pescados frescos de su litoral marino, desde cherne y viejas, hasta meros, lebranchos,

samas y chicharros, pasando por el pulpo, los mariscos y las buenas lapas. El arroz con lapas es delicioso, al que se le pone también productos vege- tales de su huerta. Mejor si es arroz caldoso.

Las carnes a la brasa y estofadas son muy ricas.

El queso de cabra, en sus cuatro va- riedades, tierno, curado, mediocurado y ahumado, es un producto abundante en Los Llanos. El chorizo de este muni- cipio es parecido a la sobrasada, aun- que se suele comer asado con alcohol de quemar, pero también crudo y untado en pan.

Con respecto a los postres, originales son las rapaduras, elaboradas con azú- car, miel y gofio, en sus distintas varian- tes. Otros productos de su repostería son los merengues, el bienmesabe y los marquesotes.

Fiestas y tradiciones

Una de sus tradiciones más importan- tes es la de Los Calabazos. Cerca del Argual, en el barrio de La Vera, los propieta- rios de los cultivos situados por encima del canal de La Caldera, podían coger toda el agua que necesitaran; pero con una condición: que debían subir el agua por medio de calabazos secos, sustituidos hoy por recipientes de latón, atados en el extremo de una larga vara utilizada a modo de mango. Subiendo el agua y llenando las albercas se han fertilizado los