3. THEORETICAL BACKGROUND AND RESEARCH MODEL
3.4 Controls
Normalmente asociamos la actuación deshonesta con causar daño a otros, pero también es muy posible que un acto deshonesto pueda ayudar a alguien como Wendel. Bajo qué condiciones nos vemos inclinados a actuar de manera deshonesta para herir o ayudar a otro es lo que investigó un estudio en la revista
Psychological Science 4.
L os investigadores crearon un escenario simulado en el que a los participantes del estudio se les asignó aleatoriamente uno de estos dos papeles: solucionador o calificador. Cada solucionador también fue asignado al azar a un calificador. L os participantes en ambos roles se convertían en «ricos» o «pobres» por medio de una lotería en la que tenían una probabilidad del 50 por ciento de ganar veinte dólares. E sta lotería, junto con el emparejamiento al azar de solucionadores y calificadores, dio origen a cuatro tipos de parejas: calificador rico y solucionador rico; calificador pobre y solucionador pobre; calificador rico y solucionador pobre, y calificador pobre y solucionador rico. Tras la lotería, los solucionadores resolvieron múltiples anagramas. A continuación, los calificadores puntuaron el trabajo de los solucionadores. L os calificadores tuvieron la oportunidad de ayudar o de perjudicar deshonestamente a los solucionadores alterando el informe de desempeño. S i un calificador exageraba el rendimiento de un solucionador, entonces el solucionador ganaba un dinero inmerecido. S i el calificador subvaloraba el trabajo del solucionador, este no ganaba el dinero merecido.
L os resultados: Cuando a un calificador rico le asignaron un solucionador pobre, la inmensa mayoría de los calificadores alteraron la puntuación para ayudar al solucionador (alrededor del 70 por ciento del tiempo). Cuando a un calificador rico le asignaron un solucionador rico, el calificador casi siempre otorgó la puntuación con honestidad (90 por ciento). E n el otro lado de la moneda, cuando un calificador pobre fue asignado a un solucionador pobre, el calificador casi siempre alteró la puntuación para ayudar (95 por ciento). Cuando a un calificador pobre le asignaron a un solucionador rico, sin embargo, el calificador alteró la puntuación negativamente con el fin de perjudicar al solucionador, alrededor del 30 por ciento de las veces.
L os investigadores suponen que las razones de estos resultados están menos ligadas al interés financiero propio y más a las respuestas emocionales a la injusticia. L as personas aumentan su comportamiento deshonesto perjudicial y reducen su comportamiento para ayudar, cuando están en peor situación que la otra persona. P or el contrario, aumentan el comportamiento deshonesto de ayuda cuando están en mejor situación que la otra persona.
L o que parece resultar de este estudio es la constatación de que no somos tan racionales, después de todo. L a falta de honradez, en cualquier dirección, parece estar motivada por la reacción emocional más que por evaluaciones racionales de interés propio, al menos en el contexto de sumas de dinero relativamente pequeñas (sería interesante ver qué pasaría si aumentáramos la cantidad unos cuantos cientos de dólares).
Por tanto, para no olvidarse de Wendel, ¿qué pensaría usted de él?
¿Cuán «ciego» está usted cuando habla por un teléfono móvil?
Todos los días en las noticias vemos historias condenando el uso de teléfonos móviles mientras se conduce. S e han publicado cantidad de informes de investigación que estiman el porcentaje de atención desviada por el parloteo que mantenemos con el móvil y lo poco que nos centramos en la carretera.
E sto es muy bueno y me alegro de que se haya abierto un debate, pero podría ser útil preguntarse si el uso de teléfonos móviles en otras circunstancias (no conduciendo), tiene un efecto similar en la atención. Qué mejor manera de constatar que el uso del móvil es peligroso cuando se conduce que mostrar su efecto sobre alguien que hace algo que no demanda tanta atención, como caminar, por ejemplo.
E so es exactamente lo que querían hacer ver los autores de un estudio publicado en la revista Applied Cognitive Psychology. L os investigadores examinaron los efectos de la atención dividida cuando la gente está (1) caminando mientras habla por teléfono móvil, (2) caminando y escuchando un reproductor de MP 3, (3) caminando sin ningún tipo de aparato electrónico, o (4) caminando en pareja 5.
L a medida de cuánto se desvía la atención en cualquiera de estas actividades se llama ceguera por inatención, esto es, no «ver» lo que está justo delante de usted o a su alrededor, debido a la influencia de la distracción. S i alguna vez ha visto en YouTube el vídeo del gorila caminando entre la multitud de gente que pasa alrededor de una pelota, entonces usted ha visto un ejemplo de la ceguera por falta de atención.
P ara el primer experimento de este estudio, se colocó a observadores en las esquinas de una plaza grande y muy transitada de un campus universitario. S e recogieron datos de 317 individuos con edades de dieciocho y mayores, en proporción más o menos igual de hombres y mujeres. L a proporción entre las cuatro condiciones (con MP 3, con el teléfono móvil, etc) también fue más o menos igual. L os observadores midieron varios resultados para cada individuo, incluyendo el tiempo que tardaba en cruzar la plaza; si el individuo se detenía mientras cruzaba; el número de cambios de dirección que hacía esta persona; cuántas veces él o ella sorteaba a otros, tropezaba, o vacilaba en su camino, y si alguien llegaba tenía un encontronazo con otro viandante o estaba a punto de hacerlo.
L os resultados: P ara los que iban hablando por teléfono móvil, cada medida, con la excepción de dos (duración y paradas), fue significativamente mayor que para las demás condiciones. L os usuarios de teléfonos móviles cambiaron de dirección siete veces más que alguien que no tenía teléfono móvil (29,8 por
ciento frente al 4,7 por ciento), tres veces más que alguien con un reproductor de MP 3 (frente al 11 por ciento), y sorteó a otros viandantes mucho más que en el resto de las condiciones (sin embargo, es curioso que los usuarios de MP3 son los que menos veces sortearon de todas las condiciones).
L as personas con los teléfonos también reconocieron a otros solo el 2,1 por ciento del tiempo (frente a un 11,6 por ciento para alguien que no usaba el teléfono), y chocó o casi chocó con otros, el 4,3 por ciento del tiempo (frente al 0 por ciento para los que caminaban solos o en pareja y el 1,9 por ciento para los que utilizaban un reproductor de MP3).
L as personas más lentas, que también fueron los que más se detuvieron, iban caminando en pareja. De hecho, los que caminaban en pareja fueron los únicos que llegaron a acercarse a los que usaban el teléfono móvil en toda la gama de medidas.
E l siguiente experimento fue una réplica del primero, pero solo se hizo el seguimiento de una medida: si los caminantes se fijaban o no en un payaso que iba cruzando la plaza en monociclo. Y se trataba de un payaso disfrazado en forma muy ostensible, con enormes zapatos rojos, una nariz roja gigante y un brillante traje púrpura y amarillo. L os entrevistadores se acercaban a los participantes que acababan de cruzar la plaza y les hacían dos preguntas: 1) ¿Has visto algo inusual? y 2) ¿Has visto al payaso?
Los resultados: Cuando se les preguntó si habían visto algo inusual, un 8,3 por ciento de los usuarios de telefonía móvil dijo que sí, en comparación con un 32 y un 57 por ciento de los que andaban sin los dispositivos electrónicos, con un reproductor de MP 3, o en pareja. Cuando se les preguntó si habían visto al payaso, el 25 por ciento de los usuarios de telefonía móvil dijo que sí, en comparación con el 51 por ciento, 60 por ciento y 71,4 por ciento de las otras condiciones, respectivamente. E n efecto, el 75 por ciento de los usuarios de telefonía móvil experimentó ceguera por falta de atención. (L a discrepancia entre el 8,3 por ciento y el 25 por ciento puede deberse a que no consideraron al payaso como algo «inusual»; después de todo, el experimento se realizaba en un campus universitario).
Así que, volviendo al punto inicial, si utilizar un teléfono móvil afecta la atención de una manera tan drástica como demuestra este estudio en el caso de los viandantes, ¿sería posible imaginar que sea una buena idea usarlo mientras se conduce?