4.6 Numerical experiments
4.6.2 Convergence rate and computation time
Tomando de nuevo como referencia la opinión de Sankoff (1990: 179-182), el paradigma científico que corresponde aplicar a esta disciplina es el enfoque introspectivo-generativista, cuyo postulado básico señala que la frecuencia, ausencia o coexistencia de ciertas formas (unidades léxicas en nuestro caso), requiere una descripción, el establecimiento de comparaciones y generalizaciones, así como la formulación de una explicación, asumiendo como premisa que la ausencia de una forma no implica necesariamente que ésta no se conozca (o no se posea). Son varias las reflexiones o consideraciones epistemológicas que pueden plantearse desde la perspectiva psicolingüística. Nosotros vamos a centrarnos en dos, relacionadas ambas con la estructura del lexicón mental50: la primera, atendiendo a los procedimientos de asociación controlada al evocar léxico disponible asociado con el centro estímulo predeterminado, versará sobre la importancia de los índices de cohesión (cfr. Echeverría, 1991) obtenidos en los estudios de disponibilidad para conocer, en la medida de lo posible, la estructura del lexicón mental. La segunda tratará de aportar nueva información sobre dicha estructura del lexicón mental, ahora desde la perspectiva de la tipología léxica (Rosch, 1978; Luque Durán, 1998), la cual, basada en estudios de lingüística contrastiva, nos permitirá averiguar el grado de convergencia conceptual entre las asociaciones que establecen grupos de hablantes de diferentes lenguas ante los mismos estímulos. Para ello nos serviremos del estudio de disponibilidad léxica del
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El lexicón mental puede definirse como el conjunto de unidades léxicas que un hablante es capaz de reconocer y/o es capaz de utilizar en mensajes orales o escritos. Katamba (1994) lo define como el diccionario en la mente del hablante. Por otra parte, para el modelo teórico generativista (Chomsky, 1995; Baralo, 1997), el lexicón mental aparece dotado de una estructura interna compleja, capaz de regir una amplia variedad de fenómenos. El lexicón es un conjunto de elementos léxicos que constituyen las unidades atómicas de la sintaxis; es decir, el lexicón está constituido por elementos sustantivos o formantes, que metafóricamente podríamos denominar el almacén o diccionario del léxico; por elementos relacionales o reglas que, probablemente, actúan de manera semejante al sistema computacional de la sintaxis; y, posiblemente, por principios abstractos que rigen la forma y funcionamiento de esas reglas.
valenciano, realizado en 1995, y que consideraba como un rasgo significativo del lexicón mental que las palabras más frecuentes y adquiridas en los primeros momentos se almacenaban en la parte más alta y, por ello, se evocan en primer lugar.
Al interesarse por descubrir la estructura del lexicón mental, la psicolingüística estudia la asociación entre el estímulo y la reacción léxica producida. Pero mientras los trabajos iniciales solo pedían una palabra como reacción y sugerían que las conexiones léxicas se establecían a base de hábitos (‘sobre y sello’, ‘alumno y profesor’, ‘luna y estrellas’), pruebas posteriores demostraron que se producían diferentes tipos de asociaciones. Ante la pregunta ¿cuál es la realidad psicológica del ‘léxico disponible’ así como su disposición y funcionamiento en relación con el lexicón mental de un hablante? cabe destacar la teoría de la red -network- (Aitchison, 1987: 72-85), la cual considera el lexicón mental como un complejo gráfico cuyos nódulos son unidades léxicas conectadas las unas con las otras. Los últimos experimentos nos muestran que los vínculos asociativos más importantes son:
- los hablantes suelen seleccionar siempre elementos del mismo campo léxico de la palabra original (asociación léxica, morfoléxica, ontológica, hiperonimia, ...);
- casi siempre seleccionan la pareja si la palabra estímulo es elemento de un par o tiene opuestos evidentes (sinonimia, antonimia, complementariedad); y - suelen responder con una palabra de la misma clase gramatical (coordinación,
etc.).
También López Chávez (1994) dice que existe una correlación entre los nombres, verbos y adjetivos referidos a un campo léxico; es decir, se almacenan cerca unos de otros. En la misma línea, una amplia serie de experimentos demuestra que nuestro lexicón está altamente organizado, pero descubrir el mapa detallado de dicho lexicón es tarea compleja. Diversos autores, entre ellos Gairns y Redman (1986), exponen que no organizamos las palabras como hace un diccionario -orden alfabético- sino en redes asociativas; nuestro diccionario mental organiza las palabras según nociones y subnociones. Esta imagen del lexicón mental como una red es la más aceptada, siendo las características más importantes:
• la red se basa en un sistema asociativo, aunque las asociaciones que se establecen son diferentes según autores51; se basa en un sistema asociativo: el modelo total
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Consideramos, como mínimo, las siguientes asociaciones: a) relaciones paradigmáticas:
- relaciones asociativas por el significante, ya tengan la misma raíz (papel, empapelar, papelería) o por rima (enseñanza, balanza, lanza);
- relaciones asociativas entre los significados: analógicas (enseñanza, educación, ...) y ontológicas (escuela, alumno, profesor, aula, ...); y
sería tridimensional (red fonológica, red ortográfica -gráfica- y red semántico- enciclopédica). Parece que en los primeros niveles las asociaciones son más bien fonéticas y sintácticas, y escasamente semánticas; para otros autores estas asociaciones son de distinto tipo: fonéticas, gráficas, semántico-enciclopédicas, categoriales, situacionales, etc,
• la red es un sistema fluido y dinámico; está en constante modificación motivada por las nuevas informaciones que entran, ya que se puede añadir, se puede modificar la información existente o establecer relaciones distintas;
• la cantidad de asociaciones de cada palabra es variable; no todas las palabras ofrecen las mismas posibilidades;
• unas asociaciones están fijadas por convenciones lingüísticas (‘campos semánticos, morfo-semánticos, temáticos, léxicos, asociativos’), y otras son personales.
En nuestra opinión, la mayor o menor productividad de los diferentes centros de interés (disponibilidad léxica) no guarda necesariamente relación con la riqueza léxica, pues como demuestran los estudios actuales sobre el desarrollo de la competencia léxica, esta competencia lingüística, además de conocimiento del vocabulario y de la capacidad para utilizarlo en situaciones comunicativas concretas, nos muestra las estrategias que el usuario aplica para almacenar las unidades léxicas en el lexicón mental. En síntesis, el ‘campo asociativo’ de una palabra está formado por una intrincada red de asociaciones, unas basadas en la semejanza, otras en la contigüidad, unas surgiendo entre los sentidos, otras entre los nombres, y otras a su vez entre ambos. En la medida en que esta noción sea precisada y estudiada en profundidad por los investigadores, psicólogos y lingüistas, se podrá facilitar y sistematizar el establecimiento de asociaciones múltiples –formales, semánticas y morfosemánticas- entre las palabras, lo que constituye uno de los principales factores del aprendizaje del vocabulario, dado que refleja la organización del depósito léxico interiorizado en el lexicón mental. Por otra parte, como señala Niklas-Salminen (1997: 33), la disponibilidad no solo depende del conocimiento que un hablante tiene del vocabulario, sino que ésta puede variar según las condiciones (fatiga, nerviosismo, distracción, ruido de fondo, etc.) en las que se expresa el alumno. Es decir, la comunicación (actuación) real puede ser (y es) distinta de la competencia comunicativa que posee un hablante tal como ha explicitado Canale (1995: 65-66) al formular que la competencia comunicativa
- relaciones semánticas: polisemia, sinonimia, antonimia, hiperonimia, ....
b) relaciones sintagmáticas, cuando las unidades léxicas asociadas pertenecen a diferentes categorías gramaticales; ejemplo:
enviar oficial
escribir (una) carta certificada
recibir urgente
es una parte esencial de la comunicación real pero que es reflejada por ésta solo indirectamente y, en ocasiones, imperfectamente.
En línea con las teorías asociacionistas de la psicolingüística (palabras entre sí, concepto e imágenes con palabras, etc.), encontramos que los índices de cohesión (Echeverría, 1991) contribuyen a descubrir si el centro de interés es cerrado (compacto) o abierto (difuso) al medir el grado de coincidencia en las respuestas de los sujetos para un mismo estímulo. Los centros de interés más relevantes para la psicolingüística serán los centros compactos, pues ello ratifica que colectivamente existe una relación específica entre unas palabras y otras, así como su orden de aparición. Este índice se obtiene dividiendo el promedio de respuestas por sujeto en cada centro de interés entre el número de palabras diferentes tabuladas en ese centro; es decir, calcula la coincidencia entre las respuestas de los informantes. Este valor nos señala qué centros de interés son más cerrados o compactos (valor hacia 1)52 y cuáles son más abiertos o dispersos, es decir, con menor índice de cohesión (valor hacia 0), porque las respuestas son más variadas y heterogéneas. Considerando que este índice trabaja, esencialmente, con el promedio de respuestas y el número de palabras diferentes, es obvio que queda influido, pero indirectamente, por el tamaño de la muestra; de ahí que su aplicación en los estudios comparativos, aunque algo sesgada, sea válida para comprobar el grado de similitud difuso/compacto que presentan los diversos centros de interés en las diferentes áreas dialectales del español.
Al igual que el índice de cohesión, otra magnitud concebida para comparar entre sí los centros de interés es la densidad léxica; no obstante, no podemos olvidar que ambos valores, al realizar estudios comparativos, se ven influidos por el número de informantes que interviene en la investigación. Como la densidad léxica sí que queda influida directamente, su aplicación en los estudios comparativos requiere que la magnitud N (número de informantes) sea similar en los distintos trabajos de investigación.
La densidad léxica es una fórmula que se utiliza para averiguar el mayor o menor grado de coincidencia en las respuestas por parte de los informantes. Se obtiene dividiendo:
Total de palabras producidas en cada centro de interés (token) Número de palabras diferentes (type)
La relación entre palabras diferentes y palabras totales indica si existe un bajo o alto grado de repetición en las palabras que estudiamos. Esta relación nos muestra la
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El valor 1 correspondería a los casos hipotéticos en que todos los sujetos respondieran con las mismas palabras en su encuesta léxica.
variedad en las palabras que componen un corpus. Vocablo, type, designa cada una de las unidades que comprenden el vocabulario; es decir, las palabras diferentes o vocablos. Token significa el número total de voces, tanto las repetidas como las de una vez.
La segunda consideración epistemológica redunda en que el comportamiento psicológico subyacente al comportamiento lingüístico permite obtener palabras disponibles al proporcionarle a un informante situaciones concretas que Michéa denominó ‘centros de interés’53 y pedirle que escriba palabras relacionadas con dicho estímulo. Intentamos descubrir ahora si la asociación y evocación es similar en los individuos de diferentes lenguas. Para ello acudimos a los estudios realizados sobre el léxico desde un punto de vista tipológico. La tipología léxica o léxico-semántica (cfr. Luque Durán, 1998) es una metodología de trabajo que utiliza un método fundamentalmente inductivo para estudiar determinados fenómenos lingüísticos basándose en estudios contrastivos de un mismo fenómeno en una serie de lenguas. Trabajan, también, con el componente denominado lexicón. Hoy por hoy, a pesar de los trabajos de semántica tradicional, lingüística antropológica, lingüística cognitiva, semántica léxica y cognitiva (Langacker, 1987; Coseriu, 1990; Cuenca y Hilferty, 2002), existe todavía una gran carencia de nociones abstractas que nos permitan entender mejor la naturaleza y el funcionamiento del lexicón. Para la tipología léxica, el lexicón es una realidad mental paralela a otra realidad física que conocemos como mundo (externo e interno). En el lexicón destacan las unidades y redes:
• las unidades -unidades léxicas- son elementos que se han cristalizado a manera de fotos fijas constituyéndose como realidades peculiares, únicas y discretas, en función de las características biológicas y psicológicas del ser humano;
• las redes son todas las relaciones que mantienen entre sí las unidades, entre ellas las de sustitución, coaparición, inclusión, parecido, oposición, ... y también las relaciones que las unidades mantienen con la realidad exterior.
De ello resulta evidente que una misma unidad léxica o categoría mental pueda pertenecer a diversas redes asociativas (y en nuestros inventarios hay múltiples ejemplos).
Varios estudios psicolingüísticos han demostrado que los conceptos prototípicos captados a distancia media son captaciones universales congruentes con nuestra
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Esta noción, muy conocida y utilizada en Pedagogía, es recomendada por Michéa como base para la investigación. Una cuestión que presenta cierta controversia es el orden de aparición de los centros de interés en la encuesta léxica. En nuestra opinión, y tras la observación y reflexión del trabajo de campo realizado, parece acertada la secuenciación establecida, pues alterna centros de fácil evocación con otros de mayor dificultad asociativa.
psicología y biología. Rosch y sus colaboradores (1978) propusieron tres niveles de categorización: el nivel superordinado (animal), el básico (perro) y el subordinado (galgo). Pero, de acuerdo con su teoría, los tres niveles no son equiparables, puesto que el básico es el más importante cognitivamente, el más rico y eficiente de los tres; además:
• perceptivamente, los elementos del nivel básico son los que se identifican de manera más rápida ya que están asociados a una imagen mental simple y global;
• comunicativamente, suelen corresponder a palabras más cortas, son los más frecuentes en el uso, el punto de referencia es en contextos neutros y, además, se identifican con las primeras palabras que entienden y utilizan los niños; y
• desde el punto de vista de la organización del conocimiento, es el nivel más informativo, por cuanto a un esfuerzo cognitivo mínimo se corresponde una cantidad de información muy elevada, ya que la mayor parte de atributos de la categoría se memorizan en ese nivel.
También Luque Durán (1998: 127) señala que el eje de categorización son las palabras lexicalizadas a una distancia media y argumenta que este nivel básico de categorización se caracteriza por una serie de hechos, tales como:
• es el nivel más alto en el que una simple imagen mental puede reflejar la categoría entera;
• es el nivel más inclusivo en el cual las categorías pueden ser espejo de la estructura de los atributos percibidos en el mundo;
• es el nivel al que en el curso de la historia de la lengua entran por primera vez las palabras;
• es el nivel en el que se organiza la mayor parte de nuestro conocimiento; • es el nivel que tiene los lexemas primarios más cortos; y
• es el nivel en el que los términos se usan en contextos neutros.
Así pues, todo signo se configura a una determinada ‘altura’ o ‘distancia’ sobre los dominios ontológicos, es decir, sobre los conjuntos de realidades, hecho que determina su mayor o menor extensión o intensión semántica. Resulta interesante comprobar que la mayoría de las lenguas conceptualizan la realidad en categorías organizadas jerárquicamente en cinco niveles de abstracción, de tal forma que una subcategoría de un nivel determinado siempre pertenece a la categoría del siguiente nivel superior (hipónimo) y todas las categorías de un mismo nivel son excluyentes (cohipónimos). Esta jerarquización es de trascendental importancia para la captación taxonómica y ordenada del mundo. El lexicón se estructura como un mapa que sirve a los hablantes para ordenar e integrar clasificatoriamente el universo.
Nuestro trabajo estudia, de forma sucinta, tres aspectos interesantes para el conocimiento de la estructura del lexicón mental: analizar los índices de cohesión para conocer los centros de interés más compactos, comprobar si las primeras palabras corresponden al nivel básico de categorización y descubrir el grado de convergencia conceptual entre las asociaciones que establecen grupos de hablantes de diferentes lenguas ante los mismos estímulos mediante el análisis de un cierto número de unidades léxicas (las treinta primeras) tanto en castellano como en valenciano.