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Cuando las víctimas finalmente llegan a su destino, es cuando realmente suele materializarse la relación de explotación con el tratante, pues es el momento en que comienzan a generar ganancias para la organización criminal. Sólo hasta este punto es cuando los tratantes van a buscar por todos los medios sacar el mejor provecho a su “inversión”, por lo que será vital “controlar” lo más posible a “la mercancía”.

Algunos de los mecanismos frecuentemente utilizados por los tratantes son los siguientes:

a) Uso de la violencia o amenaza de violencia física, psicológica y/o sexual. Muchas veces, los niños, niñas y mujeres jóvenes son golpeadas o

violadas por sus explotadores como forma de mantenerlas sometidas. Pero también puede haber encierro, privación de líquido, alimento o sueño con el fin de asegurar su obediencia. Los abusos pueden producirse como castigo por alguna transgresión o como advertencia y así lograr que las víctimas tengan total conciencia de las consecuencias que puede acarrear alguna forma de “rebeldía” de su parte.

b) Amenaza de ser enviadas a prisión o ser deportadas. Esto

generalmente se usa en el caso de víctimas extranjeras que se encuentran en situación irregular. La falta de documentación, el desconocimiento del país en el que se encuentran, combinada con el miedo a la policía es utilizado por los tratantes con el fin de que las víctimas no puedan escapar. Muchas veces los tratantes destacan sus relaciones, reales o supuestas, con las autoridades. En algunas ocasiones, ya sea al cruzar una frontera terrestre o al pasar por los filtros de migración se ha visto que los tratantes tienen contacto con algunas autoridades. La percepción de poder y corrupción desalienta a la víctima a pedir ayuda y muchas veces a confiar en los agentes de migración o policía.

c) Amenaza de represalias directas o a sus seres queridos. En

ocasiones, especialmente durante el enganche, los tratantes investigan mínimos detalles de la vida familiar de la víctima, lo cual posteriormente se convertirá en un arma para amenazar con lastimar a sus familiares en sus comunidades de origen. En muchos casos, basta con la percepción de amenaza para asegurar el control. Esta situación dificulta enormemente la

investigación del delito si ésta se basa exclusivamente en la denuncia de la víctima, debido a que probablemente no arriesgará la seguridad de sus seres queridos especulando si los tratantes la estarán“engañando”.

d) Decomiso o retención de documentos de viaje o identidad.

Generalmente cuando la víctima llega a destino o al lugar de explotación, se les decomisan los documentos muchas veces argumentando que “es para que no los pierdan”, “por seguridad” o que “serán devueltos cuando paguen la deuda contraída“. Privar a las víctimas de su identificación oficial, generalmente el único documento probatorio de su identidad en el extranjero, confirma su situación irregular y dificulta en gran medida la posibilidad de buscar ayuda.

e) Presión o chantaje por deudas o supuestas deudas contraídas.

Una vez llegado al destino, las víctimas frecuentemente son forzadas a pagar el costo de los documentos de viaje o del traslado (sea aéreo o terrestre), la deuda generalmente se incrementa por el cobro de otro tipo de gastos como ropa, comida o artículos de aseo personal, pero en todos los casos los precios son desproporcionados. Las deudas son otros factores importantes para crear control, dependencia y miedo.

f) Aislamiento social y lingüístico. Como se ha mencionado, el

alejamiento de las redes de apoyo o posibilidades de ayuda es una de las formas de lograr el sometimiento, situación que tiende a agravarse cuando se trata de personas extranjeras que no sólo desconocen el lugar en donde se encuentran, sino que frecuentemente no hablan el mismo idioma. Generalmente las únicas personas con las que mantienen relaciones con otras víctimas o los tratantes. Aunque en ocasiones pueden tener contacto también con los clientes (en este caso las amenazas y presiones psicológicas suelen ser más fuertes o suelen estar vigiladas o acompañadas por algún miembro de la red).

g) El suministro de alcohol o drogas: es un método comúnmente

utilizado, especialmente en situaciones de explotación sexual.

h) Exposición y estigmatización. La estigmatización infligida por el

entorno social, al dificultar la reintegración, a menudo se considera la principal causa de la reincidencia entre las víctimas de la trata. Las mujeres víctimas frecuentemente son rechazadas por su familia o comunidad por haber sido obligadas a trabajar como prostitutas, por haber sido abusadas sexualmente, por no regresar con el dinero prometido o por dejar alguna deuda sin pagar.

En el caso de los hombres, ser un “migrante fracasado”, haber sido víctima de violencia sexual o regresar sin dinero a casa, son factores poderosos de rechazo comunitario.

La combinación de todos estos mecanismos favorece la creación de “prisiones psicológicas” anulando completamente a la persona. Ello no sólo dificulta que escapen o pidan ayuda sino que también implica un reto en términos de asistencia directa –comenzando por crear espacios de confianza que les permita hablar de su situación– y de procuración de justicia.

Por ello, es importante analizar la situación no sólo desde la perspectiva legal y contar con un conocimiento general de la forma en que opera la trata; sino desde el punto de vista de las víctimas cuya existencia tendrá alguna, o todas, las características mencionadas, lo que generalmente va a significar atender sus necesidades físicas, emocionales y de seguridad de forma inmediata.

V. CONSECUENCIAS DE LA TRATA PARA LA