género. Dicha variedad se corresponde lógicamente con los temas susceptibles de ser desarrollados en el banquete masculino, desde la autoproclamación de las actividades del poeta, hasta la reflexión de carácter más general sobre el destino del hombre, pasando por los temas bélicos, tan apreciados en un medio aristocrático, o la más inmediata lamentación por la pérdida de un amigo. La cone xión entre el entorno inmediato sim posíaco y el canto entonado se establece por diversos procedimientos, unos más directos que otros. Como ha señalado muy bien Bowie, el poeta cuenta, por una parte, con la coincidencia de espíritu y ambiente de los syñi p ó (ai, que comparten habitualmente las mismas experiencias y, por otra, con un efecto que es a la vez de asimilación y contraste con la realidad del banquete, lo que da lugar a ciertos juegos iróni cos y no pocas veces a un inesperado efecto en el pentámetro fi nal. Todo ello se aprecia bien en el fragmento 4, sobre el que las opiniones oscilan entre su clasificación como elegía compuesta para ser recitada en una nave (e incluso compuesta en la propia nave) o bien compuesta en una nave para ser recitada en un sim posio, hasta la más reciente de Bowie, que considera que se trata de una elegía compuesta desde un principio para el banquete, sin necesidad de que la «inspiración» surja en la nave68. El elemento que sirve de gozne y de transición entre la situación real y la ima ginada es el vino, el alma del simposio (el mismísimo Dioniso materializado).
Pienso que merece más atención de ía que se le ha prestado un artículo publicado por Slater en los años setenta69 en el que, con aportación de abundantes testimonios, se demuestra que los as pectos materiales del simposio, la actitud y conducta de sus parti cipantes y el lenguaje propio del mismo, explican la relación meta fórica entre dicha institución y el viaje en una nave, que tiene vigencia hasta la época romana. De esta forma podremos com
68 Bo w i e, 1980 (con referencia a pág. 16).
69 W. J. Sl a t e r, «Symposium at Sea», Harvard St. in Class. Phil. 80 (1976), 16Î-170.
prender mejor el controvertido fragmento 2, en el que la principal polémica gira en tomo a la interpretación exacta de la expresión en dorí, es decir, si se trata de la lanza o de la madera del barco, ya sea la cubierta o uno de sus bancos. La primera interpretación es antigua. Sinesio o la Suda ya entendían el pasaje como adecuado a un contexto bélico de guardia, aunque no es razón suficiente para aceptarla, ya que podría estar asimismo motivada por la falta de contexto70. Observemos la acumulación de léxico simposíaco en la parte final (pinö, kekliménos). El efecto principal está en el par ticipio final, que correspondería a la postura de quien entona la elegía. Tanto si entendemos una referencia a «hacer la guardia» como a «viajar en barco», el efecto de contraste con la placentera situación inmediata del simposio se agudiza: algo parecido a lo que sucede en el fragmento anterior (4). Si tenemos en cuenta que un simposiasta podría decir perfectamente p in ö en klínei keklimé nos (hay atestiguadas expresiones diversas con estos términos), podemos captar bien la ironía de la polisemia de la expresión co mentada. En última instancia, de madera es también la pequeña mesa en que, junto a la klíne (igualmente de madera) se depositan las viandas y las copas del banquete, tal como se aprecia en las re presentaciones figuradas: uno de los alimentos más frecuente mente representados consiste en variedades de maza «torta de pan», el término usado por Arquíloco.
El marco simposíaco puede tener su eco incluso con una te mática muy distinta, como es el de la lamentación fúnebre a través de la elegía, contenido tan habitual que es el que ha dado pie a su significación más general en distintas lenguas (en español viene a ser sinónimo de «endecha»). Como representación de esta temáti ca tendríamos los fragmentos 8-13, de los que entresaco el último para ilustrar la influencia del contexto. Entenderlo meramente co mo una llamada moralizante a la tlëm osynë71 podría constituir una desfiguración del sentido general. El fragmento implica cierta du reza, ya que se limita a admitir lo cambiante de la suerte sin más
70 Si n e s i o, Epist. 129b (130 He r c h e r) ; Suda, s. vv. hypnomachô e Ismarikos oínos.
solución que la llamada a esa resignación más bien indefinida. Pe ro el contexto simposíaco permite apreciar entre estas líneas un hecho que añade rudeza a la situación. El remedio (phármakon) recomendado tiene que curar la inflamación de los pulmones que produce la aflicción. Otro gran poeta del simposio arcaico, Alceo, nos enseña que hay algo que empapa los pulmones y tiene exce lentes efectos: el vino. Si imaginamos, pues, la expresión final acompañada del gesto habitual en las representaciones simposía cas, con la kylix alzada en señal de invitación a beber, quizá el fragmento nos parezca menos lírico, pero pienso que mejoraría mos nuestra apreciación del mismo.
El peligro de interpretar con criterios inadecuados las palabras del poeta se ilustra bien con el fragmento 5, el del «escudo arroja do». Su mero tratamiento como topos literario (Alceo, Horacio) no explica absolutamente nada, pero tampoco debe abordarse como ilustración de los ideales antihoméricos y, menos aún, de la «vi llanía» (de nacimiento y moral) de nuestro poeta. Gomo ya ha bía señalado Cannatà Fera72 y ha precisado más recientemente Schwertfeger73 en los poemas homéricos aún no se censura la pérdida del escudo como algo vergonzoso. Simplemente es parte de las «incidencias» de la retirada, que puede efectuarse con o sin las armas. Ciertamente huir no es algo glorioso, pero forma parte de las vicisitudes habituales del guerrero cuando es más impor tante un repliegue, sin necesidad de que el ejército quede esquil mado y sin posibilidades de desquite. Lo que ha sucedido es que se han aplicado los criterios de otras sociedades o de otros mo mentos de la historia de Grecia. La pérdida del escudo es objeto de un juicio moral negativo entre los espartanos, con tradiciones bien conocidas al respecto, y luego en la legislación ateniense, más que nada como materialización de la deserción, de la lipotaxía. El peso cultural de estas concepciones ha influido con efectos retroactivos en la interpretación arquiloquea. En cuanto a Esparta, en algún otro fragmento (cf. 114 West, infra) se aprecia una contraposición
72 Ca n n a t à Fe r a, 1988, p á g s . 71-74.
(difícil de valorar como intencionada, pero no hay que excluirlo) a los ideales bélicos lacedemonios. Aunque esto no sucediera aquí, el fragmento del escudo puede aceptarse simplemente como la evocación de un incidente (que ni siquiera tiene por qué obedecer a una experiencia reciente) que encuentra eco comprensivo entre los comensales, pertenecientes a la misma aristocracia guerrera, y a los que tampoco les sería muy difícil, en las mismas circunstan cias, conseguir con facilidad (sobre todo, económica) otro no p eo r.
Este mismo fragmento puede ilustrar bien el problema de las adaptaciones homéricas de Arquíloco. Como he señalado en otro lugar74, la relación con Homero llega más lejos de lo que parece, ya que hay que tener en cuenta que en II XVIII 130 ss., cuando Tetis le promete a Aquiles una armadura nueva, el término em pleado por el poeta para designar las armas es precisamente éntea, Héctor, que se ha quedado con ellas, tras arrebatárselas a Patroclo, no se ufanará por mucho tiempo de ello epei phonos engythen autôi, mientras que el guerrero arquiloqueo salvó su vida al per derlas, Además, el imperativo erréto sólo se da en dos pasajes dé Iliada, t e nuevo en boca de Aquiles: en IX 376, cuando desprecia los regalos de Agamenón ante Ulises, ya que, dice, él tiene ya mu chos ktemata (cf. ktesomai), y en XX 439, al comprender que, en gañado por Posidón, no ha herido a Eneas,
b) Yambos.— Los fragmentos en trímetros yám bicos (18-84) son, por desgracia, escasos y en su mayor parte se han conservado en papiros en mal estado. Esto es tanto más lamentable, cuanto que se trata de las primeras composiciones conservadas en una metro de importancia capital en la literatura griega posterior. En lo conservado observamos algunas coincidencias temáticas con la elegía y bastantes más con los fragmentos en tetrámetros trocaicos (no olvidemos la proximidad de ambos, en todos los sentidos) y, sobre todo, con los epodos. Si acaso puede registrarse la presencia del lenguaje obsceno en algunos ejemplos y un tono evidente de vituperio y sátira. Se acumulan aquí, por ejemplo, algunos que re