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Corpus design, construction, and methodological issues

Chapter 5. Data and methodology

4. The universities’ careers websites as a genre/domain of interest

4.3 Corpus design, construction, and methodological issues

Otras excentricidades del maestro polaco era que muchas veces se ausentaba del tablero cuando era el turno de pensar de su rival. No quería molestarlo, aunque él mismo estuviese escaso de tiempo en su reloj. Solía sentarse de lado en su silla (una forma de “prescindir” de su rival) y concentrarse en su propio juego. Quizás a eso se deba una de sus célebres res- puestas cuando fue preguntado durante un torneo contra quien jugaría al día siguiente: “Mañana juego

contra las piezas negras”.

Desconocemos muchas cosas de la vida del gran jugador polaco, entre otras razones porque era muy parco a la hora de hablar de sí mismo. Como ejemplo de esto último, Reuben Fine recuerda en uno de sus libro (The worlds greats chess games) que en el tor- neo de Bad Kissingen de 1928, Xavielly Tartakower comentó de forma ingeniosa que mientras él iba por su millonésimo telegrama en los 15 días de la com- petición, Akiba llevaba pronunciadas apenas 10 palabras.

Sabemos que se casó con Eugenie Lew en 1917 y tuvo dos hijos: Jonas Jacob, nacido en 1918 en Polonia y Salomon (Sammy) nacido en 1927 en Bélgica, que se dedicó durante algunos períodos de su vida a jugar profesionalmente al ajedrez y que fue campeón varias veces de la ciudad de Bruselas.

A finales de 1919, Rubinstein se trasladó con su fami- lia a Estocolmo (Suecia) donde vivieron hasta 1921. De ahí se fueron a Alemania, donde permanecieron hasta 1926. En ese año se trasladaron a Bélgica, país en el que el gran maestro polaco residiría hasta el fin de sus días.

Sigue siendo un misterio cómo sobrevivieron al genocidio nazi él y su familia, todos ellos judíos, viviendo en un país ocupado por tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial.

Tanto Najdorf (historia recogido por su hija Liliana Najdorf en su libro Najdorf por Najdorf) como Max Euwe (en una entrevista concedida en 1981 a Hans Bouwmeester para la revista Echecs) coinciden esen- cialmente en la forma en que se salvó Rubinstein de haber sido enviado a un campo de concentración y exterminio. La historia es más o menos como sigue. Debido a sus problemas mentales, durante los años de la guerra el maestro polaco vivió recluido en un sanatorio de Amberes (Bélgica). Un día de 1940, agentes de la temida Gestapo se presentaron en el sitio y preguntaron al director si había judíos en el sanatorio. Éste dijo que sí, que se encontraba el famoso ajedrecista Akiba Rubinstein, pero que esta- ba loco. Fueron a verlo a su habitación y el oficial alemán mantuvo con él el siguiente diálogo:

—¿Es usted feliz en este sitio? —No del todo.

—¿No preferiría ir a Alemania a trabajar para la Whermacht (nombre que tenían en ese tiempo las fuerzas armadas de ese país)?

—¡Me encantaría ir!

Fue entonces cuando el agente nazi se dio cuenta de la gravedad del interno y dice al director:

—Que se quede, está completamente chalado.

66 INMORTAL RUBINSTEIN

De sus últimos años de vida, sabemos que vivió con su mujer, Eugenie Lew, hasta 1954, en que ésta murió. En esas fechas, sus hijos decidieron ingresar- lo en una residencia judía para ancianos situada en Bruselas. En este lugar compartió habitación con otros internos, y vivió hasta poco antes de su muer- te, cuando por reformas del edificio los residentes fueron trasladados a Amberes, donde llegó el final de su vida el 15 de marzo de 1961.

Rubinstein fue el primer ajedrecista de la historia en ser considerado como el gran campeón sin corona. Más tarde hubo otros grandes jugadores que com- partieron tal distinción como Paul Keres y Viktor Korchnoi.

Como curiosidad, o referencia, podemos decir que venció a los tres grandes de su tiempo: Lasker, Capablanca y Alekhine la primera vez que se enfren- tó a cada uno de ellos.

Gary Kaspárov lo incluye y lo estudia en uno de sus libros “Mis geniales predecesores” (Volumen 1) y lo reconoce como uno de los padres de la moderna his- toria del ajedrez.

Rubinstein aportó su apellido a varios sistemas de aperturas muy usados aún en nuestros días. El pro- pio Kaspárov define los aportes de Akiba en este campo como gigantescos.

Por citar sólo algunos de ellos:

Nimzoindia

1.D4 ¤F6 2.C4 E6 3.¤C3 ¥B4 4.E3

Francesa, Burn – Rubinstein

1.E4 E6 2.D4 D5 3.¤D2 (3.¤C3) 3...DXE4 4.¤XE4 ¤D7

Apertura de los cuatro caballos

1.E4 E5 2.¤F3 ¤C6 3.¤C3 ¤F6 4.¥B5 ¤D4

Sistema Rubinstein contra la Defensa Tarrasch

1.D4 D5 2.C4 E6 3.¤C3 ¤F6 4.¤F3 C5 5.CXD5 EXD5 6.G3

Variante Merano de la defensa Eslava

1.D4 D5 2.C4 C6 3.¤F3 ¤F6 4.¤C3 E6 5.E3 ¤BD7 6.¥D3 DXC4 7.¥XC4 B5

También está considerado como uno de los más grandes finalistas de la historia del ajedrez. Su gran especialidad en esta fase del juego fueron los finales de torres.

El gran maestro Reuben Fine declaraba en un libro (ya citado) que fue el más grande artista en finales de la historia del ajedrez. Y es muy significativo, que lo dijera en 1976, cuando tantos grandes jugadores habían brillado después de él, entre otros Bobby Fischer, cuyo reinado ya había pasado (1972 – 1975) y Anatoli Karpov iniciaba su primera monarquía aje- drecística (1975 – 1985).

Sus contemporáneos le dedicaron palabras muy elo- giosas refiriéndose a su virtuosismo en los finales de torre:

Savielly Tartakower (1887 – 1956), declaró en cierta ocasión: “Rubinstein es un final de torres de una partida de ajedrez que fue comenzada por los dioses miles de años atrás.”

Luego de vencer al fuerte maestro austríaco Rudolf Spielmann (1883 – 1942) en San Petersburgo, 1909, éste asombrado le dijo: “Akiba, si hubieras vivido en la Edad Media podrías haber sido quemado en una hoguera, porque lo que tú haces en un final de torres sólo puede ser llamado brujería”

Cuando se impuso en un final igualado de torres y peones al maestro letón Herman Mattison en Karlsbad en 1929 sus colegas hablaron de magia negra en el tablero.

Todo gran ajedrecista tiene su gran obra maestra y en el caso de Rubinstein es sin duda la partida que le ganó al maestro polaco Georg Rotlewi (1889 – 1920) en el torneo de Lodz (Polonia), en el año 1907. Esta partida es conocida, con toda justicia, como la Inmortal de Rubinstein.

No puedo menos que sentir una cierta envidia sana por aquellos lectores que vean esta partida por pri- mera vez, aunque tampoco puedo dejar de coincidir con la opinión de Irving Chernev dada en su libro The Golden dozen: “No hay nada como ver esta partida por primera vez…o segunda, tercera o décima vez”

MARIO TALLARICO

67

Rubinstein fue el

primer ajedrecista

de la historia en ser

considerado como

el gran campeón

sin corona.

Lodz, 1907 [D40]

1.D4 D5 2.¤F3 E6 3.E3 C5 4.C4 ¤C6 5.¤C3 ¤F6 6.DXC5 ¥XC5 7.A3 A6 8.B4 ¥D6 9.¥B2 0–0 10.£D2?!

Esta jugada terminará siendo una pérdida de tiempo. Era mejor 10.cxd5 exd5 11.¥e2 seguido de enroque corto.

10...£E7!

Un interesante sacrificio de peón. Luego de 11.cxd5 exd5 12. ¤xd5 ¤xd5 13. £xd5 ¦d8 las negras conseguirían un fuerte ataque.

11.¥D3?! DXC4 12.¥XC4 B5 13.¥D3 ¦D8 14.£E2 ¥B7 15.0–0

Las negras aprovecharon las dos imprecisiones de las blancas y se adelantaron en el desarrollo. En una posición casi simétrica es su turno de juego y tienen una de sus torres ya movilizadas.

Como mencionó de forma muy didáctica el GM Andy Soltis refi- riéndose a esta partida en su libro

The 100 best: “En posiciones simé-

tricas, el jugador que tiene el movimiento está luchando con un brazo de más”.

15...¤E5

Alargando la diagonal de su pode- roso alfil de “b7” a la vez que plantea la amenaza: 16...¤xd3 seguido de 17...¥xh2+

16.¤XE5 ¥XE5 17.F4?

Era mejor centralizar las torres antes de iniciar maniobras com- prometedoras. Las negras amena- zaban ganar un peón tras 17...¥xh7+ seguido de 18...£d6+ continuando con la captura del alfil en “d3”.

17...¥C7 18.E4?

La idea es correcta: llevar el peón a “e5” y luego utilizar la casilla “e4” para neutralizar al alfil de “b7”, pero falla por razones tácti- cas. La jugada correcta era 18.¦fd1.

18...¦AC8

Rubinstein tranquilamente des- arrolla la única pieza que no había entrado aún en juego.

19.E5?

El movimiento adecuado era 19.¦ac1.

19...¥B6+!

Una fuerte jugada intermedia. La acción de los dos alfiles negros resultará decisiva en los aconteci- mientos posteriores.

20.¢H1

20...¤G4!!

Esta jugada, nada evidente, habrá sido un verdadero mazazo para Rotlewi, que seguramente espera- ba 20...¤d5 con simplificaciones niveladoras.

21.¥E4

No se podía 21.£xg4? ¦xd3 y las blancas deben resignarse a entre- gar su caballo y alfil por una torre, luego de 22.¦ad1 dado que no pueden permitir que la torre negra llegue a “d2”.

Tampoco valía 21.¤e4 ¦xd3! 22.£xd3 ¥xe4 23.£xe4 £h4 24.h3 £g3 25.hxg4 £h4++ Fallaba tam- bién 21.¥xh7+ ¢xh7 22.£xg4 ¦d2–+

p

Rotlewi, G POL

p

Rubinstein, A POL

r?-Tr-?k?

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p?nVlpSn-?

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Z

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Reuben Fine sobre