4 INTENSITY ESTIMATION RESULTS
4.1 Correlation with tropical cyclone lifecycle
Desde que en la década de los setenta se aprobaran los instrumentos pioneros que de manera específica regulaban los derechos de las mujeres, en las tres últimas décadas se han ido creando una serie de instrumentos jurídicos internacionales que han per- feccionado, ampliado y completado a los originarios, especialmente a la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), herramienta de referencia. La mayoría de estos instrumentos han surgido al calor de las diferentes Conferencias Internacionales sobre la Mujer. Los instrumentos relativos a la construcción de la paz desde una perspectiva de género han sido especialmente relevantes, dada la importancia en la agenda internacional de los asun- tos vinculados a la paz, la seguridad y los conflictos armados, y al mismo tiempo la masculinización de esta agenda.7 La conside-
ración de estas cuestiones (paz y seguridad) desde una perspectiva de género ha alimentado los debates que en estos años se han producido sobre estos mismos conceptos, como por ejemplo el surgido en torno a la idea de la seguridad humana. En la actualidad se hace especialmente necesario recuperar las aportaciones que se han hecho desde el ámbito del género y la cons- trucción de la paz, teniendo en cuenta el retorno que se está haciendo hacia concepciones profundamente militaristas de la segu- ridad. Por tanto, conviene hacer un repaso por algunos de estos instrumentos que han servido para poner sobre la mesa pro- puestas inclusivas y no discriminadoras de paz y seguridad:
• Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres(1979). Constituye la decla- ración de los derechos de las mujeres. No aborda de manera específica cuestiones de paz y seguridad, pero ha sido el docu- mento de referencia para todos los posteriores.
• Resolución 3519 de la Asamblea General de la ONU sobre la Participación de la Mujer en el fortalecimiento de la Paz y la Seguridad Internacional (1975). Se trata de una resolución en la que se destacan las contribuciones de las mujeres en la lucha contra el colonialismo y la discriminación racial.
Otro hecho destacable de 2006 ha sido la celebración de la primera conferencia ministerial euro-medite- rránea sobre mujeres, en concreto sobre “Reforzar el papel de la mujer en la sociedad”, celebrada en Estambul en noviembre y cuyas conclusiones fueron después ratificadas en la VIII Conferencia Euro-Medi- terránea de Ministros de Exteriores del mismo mes en Tampere.8El documento de Estambul plantea un
marco de acción multidimensional encaminado a promover el estatus de la mujer, y que entre otros aspectos insta a los socios euro-mediterráneos a reforzar la participación de la mujer en las áreas de prevención de conflictos, gestión de crisis y construcción de la paz. Pese a que las conclusiones de Estambul no son un documento específicamente enfocado al binomio género y paz, sí contienen elemen- tos destacados en esa dirección, por lo que tras algo más de una década de ausencia de la perspectiva de género, las mujeres han entrado finalmente a formar parte explícita de la agenda del marco formal regula- dor de las relaciones entre la Unión Europea y 10 países mediterráneos.
No obstante, conviene enmarcar la conferencia en el marco evolutivo de las relaciones entre la UE y sus socios del sur del Mediterráneo. El análisis de las conclusiones adoptadas en Estambul y Tampere y del con- texto en el que éstas se enmarcan permite ofrecer varias reflexiones, positivas y negativas. A priori es nece- sario señalar que pese a alguna alusión explícita del compromiso con la igualdad de género, el documento aprobado no integra la categoría analítica de género, ni se dirige por tanto de forma directa a la transfor- mación de las jerarquías de género, lo que plantea dudas sobre la efectividad de un plan de acción que per- sigue promover el estatus de las mujeres sin cuestionar la hegemonia masculina desde la que se ha subor- dinado a mujeres a ambas orillas del Mediterráneo.
8. La conferencia se enmarca en el contexto del Partenariado Euro-Mediterráneo, también conocido como Proceso de Barcelona, que consiste en un extenso marco formal de relaciones políticas, económicas y sociales entre los Estados miembros de la UE y 10 países mediterráneos (Argelia, Egipto, Jordania, Líbano, Marruecos, la Autoridad Palestina, Siria, Túnez y Turquía). Libia tiene estatus de observador desde 1999. Este marco de relación se inició formalmente en 1995 con la Declaración de Barcelona, que fija como los tres principales objetivos del partenariado: a) la definición de un área común de paz y estabilidad a través del diálogo político y de seguri- dad, b) la construcción de una zona de prosperidad mediante un partenariado económico y político y el establecimiento gradual de una zona de libre comercio, y c) el acercamiento entre los pueblos a través de un partenariado social, cultural y humano. Este marco de relaciones tiene además una dimensión bilateral y otra regional.
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• Resolución 3763 de la Asamblea General de la ONU sobre la Participación de la Mujer en la Promoción de la Paz y la Cooperación Internacionales(1982). En ella se señala que una mayor participación de las mujeres en los asuntos sociales, políticos, económicos, civiles y culturales sirven para promover la paz y la cooperación internacional.
• Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las mujeres(1994). Se elabora una definición de qué constituye violencia contra la mujer y se insta a la elaboración de legislaciones nacionales para poner fin a la violencia doméstica y esta- blecer sanciones penales contra esta violencia.
• Plataforma de Acción de Beijing(1995). La Plataforma incluye un área específica de especial preocupación sobre las mujeres y los conflictos armados y se incluyen propuestas concretas para incorporar la perspectiva de género y a las mujeres en las cues- tiones de paz y seguridad.
• Resolución del Parlamento Europeo sobre la Participación de las Mujeres en la resolución pacífica de los conflictos
(2000). Se hace un llamamiento a los Estados miembros a incluir la perspectiva de género en las iniciativas de paz y seguridad y se insta a dichos Estados a ratificar el Estatuto de Roma. Además se incluye una condena al comportamiento de los soldados de misiones de mantenimiento de la paz implicados en abusos sexuales.
• Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre las mujeres, la paz y la seguridad(2000). Se trata del ins- trumento que ha supuesto un punto de inflexión, por una parte, por la relevancia política del propio instrumento y por otra por su carácter de herramienta práctica utilizada por mujeres de todo el mundo en situación de conflictos armados y procesos de paz.
• Declaración de Windhoek y Plan de Acción de Namibia para la Incorporación de la perspectiva de género en las Ope- raciones Multidimensionales de Apoyo a la Paz(2000). Se hace un llamamiento para que se incluya la perspectiva de géne- ro en dichas operaciones y se hacen recomendaciones específicas y detalladas para integrar el género y asegurar la participación de las mujeres en la negociación de treguas y/o acuerdos de paz entre otras cuestiones.
• Estatuto de la Corte Penal Internacional(2002). Por primera vez se reconoce la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada y otras formas de violencia sexual como crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
• Conclusiones convenidas de la Participación de la mujer en pie de igualdad en la prevención, la gestión y la solución de los conflictos y en la consolidación de la paz después de los conflictos de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer(2004). Se centran en la participación de las mujeres en igualdad de condiciones en los procesos de paz, la prevención de conflictos y el mantenimiento de la paz, así como en los procesos de rehabilitación posbélica.
Señalado este déficit de partida, conviene no obstante valorar los aspectos positivos. Y en ese sentido, tras los 10 años de silencio e inacción en torno al género y, en concreto, a las mujeres,9el paso dado es cualita-
tivamente positivo. El Partenariado Euro-Mediterráneo ha anunciado su compromiso con la promoción de la mujer a través de un enfoque holístico y una doble vía de acción, que combina la integración y las medidas positivas.10La aproximación a este objetivo de “reforzar el papel de la mujer en la sociedad” es
triple, a través de tres áreas de prioridad interrelacionadas: la promoción de los derechos civiles y políticos de la mujer, los derechos sociales y económicos de la mujer y el desarrollo sostenible, y los derechos en el ámbito cultural y el papel de las comunicaciones y los medios de comunicación. Especialmente destacable y novedoso es el primer pilar, por sus aportaciones al binomio género y paz. En este área destacan puntos como: a) el impulso a combatir toda forma de violencia contra las mujeres, garantizando la protec- ción y la reparación de las mujeres en caso de que se violen sus derechos; b) la promoción de la partici- pación plena e igualitaria de las mujeres en la prevención de conflictos, la gestión de crisis y la construcción de la paz, entre otros procedimientos mediante la implementación de las resoluciones de las Naciones Unidas, incluyendo la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la Mujer, la Paz y la Seguridad; y c) el desarrollo de un mayor conocimiento sobre las mujeres en zonas de con- flicto, el incremento de la protección y la conciencia de las mujeres y sus derechos en cualquier guerra, ocupación extranjera o conflicto violento; y el alivio de los efectos negativos de los conflictos armados en el estatus de las mujeres en la región.
Otro aspecto destacable es el acuerdo alcanzado para establecer un comité de expertos independientes que supervisen anualmente la implementación del plan de acción adoptado. Asimismo, se ha convocado una nueva conferencia ministerial que aborde la situación de las mujeres en el área del Partenariado para 2009. Desde una perspectiva histórica pero también puntual, los compromisos adoptados son positivos, ya que pasan página a un pasado de negligencia hacia las mujeres y lo hacen de forma sofisticada, multidimensio- nal y con aparente voluntad de rendir cuentas de sus promesas. Por ello, puede abrirse una nueva etapa que avance gradualmente hacia la igualdad de género y la paz inclusiva, de especial importancia en un área geográfica afectada por conflictos de tal relevancia como el de Palestina. Sin embargo, existen motivos para la cautela crítica que se suman a la ya mencionada escasa conceptualización de género en el documento aprobado. La mencionada historia pasada de ausencia de compromiso con la igualdad plantea dudas sobre la capacidad de materializar en la práctica un salto cualitativo tan grande. Los objetivos son ambiciosos, pero ante tamaña empresa no se han ideado metas concretas que faciliten su evaluación ni mecanismos que aseguren su implementación. Más allá del documento anual que analizará su implementación –y que a su vez plantea problemas por la falta de información en torno a los baremos a usar–, existe un gran vacío en torno a qué ocurrirá si los socios euro-mediterráneos incumplen su promesa de llevar a la práctica el plan de acción. Y la urgencia del interrogante viene dada ante la trayectoria de la UE y su flagrante falta de voluntad de llevar a la práctica los compromisos teóricos asumidos en materia de género en áreas geográ- ficas como los países del grupo ACP (África, Caribe y Pacífico) o áreas temáticas como la política de des- arrollo, a lo que se une la propia parcialidad de esos compromisos teóricos.11
Por todo ello, la oportunidad se ha creado, aunque será de nuevo la voluntad política o la falta de ella por parte de los Gobiernos del Partenariado Euro-Mediterráneola que determine la evolución de esta nueva puerta abierta para la promoción de la igualdad de género y la paz inclusiva.
9. Kynsilehto, A. y Melasuo, T., “Gender Equality: A truly Euro-Mediterranean Concern?” en Quaderns de la Mediterrània, No.7, Ins- titut Europeu de la Mediterrània, 2006.
10 Partenariado Euro-Mediterráneo, “Ministerial Conclusions on Strengthening the role of women in society”, disponible en <http://ec.europa.eu/comm/external_relations/euromed/women/docs/conclusions_1106.pdf> (consultado el 06.12.06).
11. Más información sobre la UE y género, en: Aprodev y One World Action, Everywhere and Nowhere: Assessing Gender Mainstrea- ming in European Community Development Cooperation, 2002; Braithwaite, M. et al., “Thematic evaluation of the Integration of Gender in EC Development Cooperation with Third Countries”, Comisión Europea, marzo 2003; Comisión Europea, A roadmap for equality between women and men 2006-2010, SEC(2006)275, 2006; Mazey, S., Gender Mainstreaming in the European Union. Prin- ciples and Practice. London: Kogan Page, 2001; Mazey, S. “Gender Mainstreaming strategies in the EU: Delivering on an agenda?” en
Feminist Legal Studies, Vol.10, pp.227-240, 2000; Pollack, M.A. y Hafner-Burton, E. “Mainstreaming gender in the European Union”
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b) La agenda de género en los procesos de paz
El año 2006 no ha sido distinto a los anteriores en lo que respecta a la participación de las mujeres en los procesos de paz. Siguiendo con una tendencia que parece más que consolidada, las mujeres no han tenido apenas espacios de participación en las distintas negociaciones de paz que han transcurrido a lo largo del año, y cuando han partici- pado ha sido de manera aislada, anecdótica e individual, lo cual no implica que de esta participación no se hayan derivado importantes contribuciones. Ni los Gobiernos, ni los grupos armados de oposi- ción, ni los diferentes actores internacionales que de una u otra manera intervienen en estos procesos de negociación12han mos-
trado la voluntad ni la determinación suficiente para poner en prác- tica lo requerido por la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU cuando se pide a todos los participantes en una negociación y posterior aplicación de los acuerdos de paz que tengan en cuenta la perspectiva de género.
Por otra parte, en algunos casos la ausencia de las mujeres en los procesos de negociación ha sido suplida mediante la creación de espacios paraleloscon algún canal de contacto con los procesos oficiales, pero generalmente al margen de éstos. Aunque sin duda se trata de soluciones intermediasque no hacen frente a las causas estructurales que llevan a que la mayoría de negociaciones de paz sean espacios casi exclusivamente masculinos, sí permiten que progresivamente se vaya incorporando esta cuestión a la agen- da y se le otorgue cierta importancia. El mayor problema reside en la limitada capacidad de incidencia realque estos espacios tienen, ya que se corre el riesgo de que las recomendaciones y propuestas que se lancen caigan en saco roto y no sean recogidas por aquellos actores que pueden tomar decisiones. Ade- más, el hecho de que el perfil político de las organizaciones de mujeres locales no acostumbra a ser muy ele- vado puede llevar a que se minusvaloren sus sugerencias. Otro riesgoque cabe mencionar es el de la ins- titucionalización de los espacios de mujeres como secundarios, y que no se conciban como un paso inicial en un proceso que debería llevar progresivamente a la participación en condiciones de igualdad, con- siderando que la incorporación de la perspectiva de género y la equidad se alcanza plenamente mediante este tipo de medidas secundarias. No obstante, estas críticas no pueden obviar la importancia que tienen estos espacios, que han permitido el empoderamiento de muchas mujeres y han contribuido a que desde los ámbitos políticos y militares, aunque de manera muy incipiente todavía, se haya adquirido cierta con- ciencia sobre la relevancia que tiene la dimensión de género y la participación de las mujeres en las nego- ciaciones de paz.
A lo largo del año 2006 se han producido algunas iniciativas de mujeres reclamando una mayor participa- ción en los procesos de paz que estaban teniendo lugar en sus países. La primera de ellas tuvo lugar en
Mindanao (Filipinas), en el marco de la celebración de un Encuentro de Mujeres por la Paz, con el obje- tivo de trasladar las recomendaciones elaboradas por las organizaciones de mujeres a las negocia- ciones de pazque el Gobierno de Filipinas y el grupo armado de oposición MILF mantuvieron. El encuen- tro suponía la culminación de un proceso de consultas que a lo largo de los meses previos se había llevado con diferentes organizaciones de mujeres de la zona y que tenía por objeto trasladar la voz de las mujeres a la mesa de negociaciones, ya que la presencia femenina en ésta se limitaba a una única mujer. El resulta- do de este encuentro, celebrado en torno a la cuestión central de qué ocurriría si las mujeres negociaran el acuerdo de paz, fue la presentación de un documento en el que se recogían aquellas cuestiones que las participantes consideraban debían contemplarse en el acuerdo de paz. De entre los temas apuntados cabe destacar la cuestión de la desmilitarización de Mindanao, el reconocimiento del derecho a la autodetermi- nación del pueblo Bangsamoro, así como la garantía de que las mujeres podrán participar en la toma de decisiones.
12. Algunos de los roles que estas personas pueden desempeñar serían el de exploradora, convocante, desacopladora, unificadora, entrenadora, generadora de ideas, garante, facilitadora, legitimadora, incentivadora, verificadora, implementadora y reconciliadora. Fisas, V., Procesos de paz y negociación en conflictos armados, Paidós, Barcelona, 2004.