15 Unresolved Problems
15.3 Cost Containment Lacking
Retomando el análisis en curso, las menciones a una racionalidad volitiva remiten a la idea de que carácter impensable de la acción es tan decisivo que para la persona constituye un límite no sólo para lo que puede hacer, sino también para lo que puede ser. Es, para Frankfurt, una necesidad genuina de su naturaleza volitiva (Ibíd., pág 267) 134. Las múltiples referencias de Frankfurt a los conceptos de esencia y naturaleza esencial135 pueden entenderse a veces con la acepción de “fundamentales” o “básicas” y otras como poseyendo, por un lado, reminiscencias de una metafísica clásica que parecen dirigirse a la idea de sustancia, o una fundamentación naturalista en la que ciertos determinantes ontogenéticos adquieren un peso significativo, por
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“De este modo, al menos en parte, la necesidad define lo que debe ser la persona” (Ibíd., pág 267). 135
Referencias en (Frankfurt, 2006n), (Frankfurt, 2007e), (Frankfurt, 2007h), (Frankfurt, 2007i), (Frankfurt, 2007j) (Frankfurt, 2007l), (Frankfurt, 2004).
105 el otro. Pero, como sucede habitualmente, Frankfurt no es fácil de ser asignado a un casillero exclusivo y canónico. Por lo tanto, como se verá en los siguientes párrafos y secciones, el uso que hace del concepto de “esencia” no lleva adherido necesariamente ni la carga sustancialista ni la determinación naturalista. Quizá la forma más correcta de entender la idea de una “esencia volitiva” sea la de asemejarlo a la idea de “carácter”136. Por el contrario, las dos nociones que aparecen habitual y estrechamente ligadas en la teoría frankfurtiana son las de “esencia” e “identidad”: “la idea de que la identidad de una cosa debe entenderse en términos de condiciones esenciales para su existencia es uno de los principios filosóficos más antiguos y convincentes que guían nuestros esfuerzos por aclarar el pensamiento” (Frankfurt, Sobre la necesidad de los ideales, 2007j). Para aclarar cómo entiende este principio, el filósofo estadounidense utiliza una analogía que remite a las características inherentes del un triángulo (Frankfurt, 2007j, págs. 182-183) (Frankfurt, Autonomía, necesidad y amor, 2007, pág. 218). En todo triángulo, la suma de los ángulos interiores es igual a 180 grados. Es una condición necesaria para ser un triángulo. El cumplimiento de esta condición define la identidad genérica de un triángulo como el tipo de cosa que es. Pero, al mismo tiempo, la necesidad que ata a un triángulo a su naturaleza esencial sólo es de índole conceptual o lógica. Con un espíritu ineludiblemente cartesiano, Frankfurt asegura que este tipo de necesidad tiene que ver con la organización de las ideas y del lenguaje humano, pero no rige la trayectoria de las cosas mismas, y ni siquiera es pertinente para ella137.
En cambio, en la óptica del filósofo norteamericano, las coacciones impuestas por la necesidad volitiva no se aplican con exclusividad al pensamiento y al lenguaje (Frankfurt, 2007j, pág. 183)138. Son sustantivas antes que formales. Brevemente –porque será considerado más adelante-, la sustantividad no remite a ninguna idea de sustancia o sustancialidad, sino a la idea de lo que es relevante para la cosa en sí y no solo para una forma de comprender la cosa. Frankfurt propone tres niveles de profundidad en la caracterización de la naturaleza esencial de una persona:
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Esta posible vinculación se ilustra en los siguientes pasajes: “La voluntad de una persona sólo es real si su
carácter no depende en forma absoluta de ella” (Frankfurt, 2007i, pág. 164), “El carácter de la voluntad de una
persona constituye lo que ella es en sus aspectos centrales” (Frankfurt, 2007j, pág. 184); “la voluntad de un agente racional no tiene por qué estar desprovista de carácter sustancial […] De hecho, sin embargo, precisamente en el contenido particular o en el carácter específico de su voluntad […] puede residir, en parte la racionalidad de una persona.” (Frankfurt, 2006n, pág. 270) entre otros.
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En este sentido Frankfurt adopta un punto de vista que considera presente en la obra de Descartes. Frankfurt afirma que para Descartes “las necesidades que la razón humana descubre por análisis y demostración son sólo necesidades de su propia naturaleza contingente”. Así “no es preciso en absoluto que las proposiciones que consideramos necesarias –como el teorema de Pitágoras- sean verdades. La imposibilidad de concebir su falsedad, que demostramos mediante el uso de principios innatos de razón, no es intrínseca a ellas. Para entenderla con propiedad debemos decir que sólo es relativa a la índole de nuestra mente. No podemos eludir esa índole, por supuesto, pero sí comprender que Dios podría haberla hecho diferente de lo que es” (Frankfurt, 2007d, pág. 58) 138
Este podría ser un punto de discrepancia importante en la comparación con Heidegger que se presentará en la siguiente sección. Para Heiddeger, los seres humanos habitan en el lenguaje como en la casa del Ser.
106 1. está constituida por sus características personales necesarias.
2. Esas características tienen que ver, en particular, con su naturaleza como persona y no como ser humano u organismo biológico de cierto tipo. O, mejor dicho, no tiene que ver con su pertenencia al género humano o al reino animal qua ser humano o biológico (aunque sí esta inclusión puede explicar causalmente la aparición de algunas características personales). Su naturaleza como persona tiene tres componentes inalienables: la reflexividad, la autoorientación y la capacidad de preocuparse. Por lo tanto los rasgos personales surgen necesariamente de la articulación de estos componentes.
3. Estas son, en especial, características de su voluntad.
A partir esta enumeración cada vez más precisa se puede inferir que la identidad personal está definida, para Frankfurt, por los rasgos idiosincráticos de su voluntad. Rasgos que “corresponden a sus esfuerzos por negociar su propio camino entre los diversos impulsos y deseos que lo mueven, cuando se propone identificarse más íntimamente con alguna de sus características psíquicas y poner distancia con respecto a otras” (Ibíd., pág. 183). En particular, el carácter de la voluntad está anclado en aquello que el sujeto no puede dejar de ser (querer) o no puede resolverse ser (querer). Es decir, por sus necesidades volitivas y por los cursos de acción o resolución que le resultan impensables. Ambos extremos determinan la trayectoria de la persona y son absolutamente pertinentes para sí misma. Por lo tanto, a diferencia del triángulo, la identidad de las personas así definida es, en primer lugar, una autoidentidad139. En este sentido, los límites de su voluntad definen su forma como persona, o mejor dicho, estipulan los lindes de su autorrealización. Este punto será precisado en la siguiente sección al comparar la perspectiva frankfurtiana sobre la preocupación y la necesidad volitiva con algunas posibles interpretaciones del concepto de Sorge estipulado por Martin Heidegger.