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OASIS COUNSELLING CENTRE
¿Cuáles son los usos y significados esquineros con los cuales se dota la esquina de Piter, ubicada en el popular Barrio Obrero, y cómo estas prácticas socio-espaciales se relacionan con la dinámica socio-espacial que se construyen al interior del Callejón del Chisme? Para dar solución metodológica al anterior cuestionamiento, en el campo se recurrió a la observación participante, a la interacción social entre sujetos (investigador y esquineros), dándole prioridad al diario de campo como herramienta etnográfica de notificación y reflexión sobre lo que la memoria visual y auditiva lograba retener luego de tres o cuatro horas de observación relacionadas a lo que sucedía en la esquina de Piter y con el resto del Callejón de Chisme. Al recurrir al diario de campo, se priorizo el elemento escrito y a la memoria visual y auditiva, pues durante el tiempo que duró el trabajo de campo –de finales de septiembre a mediados de diciembre de 2004 y de inicios de febrero a mediados de mayo de 2005, (siendo menor la estancia en campo durante este último periodo)- solo se realizó una grabación de audio, haciendo énfasis en la charla casual en la esquina y otros espacios del barrio.
Se confió en la memoria del etnógrafo para retener y luego almacenar en el diario lo que sucedía en el campo esquinero. Por esta razón y para evitar que la memoria se saturara de datos durante un día de campo, la estancia en la esquina no excedía las cuatro horas, tiempo en el cual implicada la retira a transcribir en el diario de campo lo que la memoria había logrado almacenar. De este modo, todas las citas de campo y conversaciones que se presentan como soporte etnográfico a lo largo del texto, no son transcripciones de entrevistas o conversaciones grabadas, sino que son lo que se podría llamar la ficción fidedigna de lo que la mente del etnógrafo logró retener y recrear luego de un día en campo. Esto se complementó con las conversaciones con los sujetos barriales con los cuales se logró entablar un mayor grado de confianza o amistad. Estos esquineros fueron el señor Carlos, Ñeco, Claro, Piter, Anthony y en algunas ocasiones Pepe. Las charlas mantuvieron un alto grado de informalidad y en algunos casos se usó en la escena el diario de campo para tomar dictado de aquello que el esquinero hablaba. La función de
estas charlas durante el campo fue la de constatar las conjeturas que surgían durante la observación en la esquina y el Callejón del Chisme.
¿Pero por qué recurrir a esta metodología, por qué confiarle a la memoria lo que se le podía confiar a un método mecánico de grabación? La respuesta radica en la propia experiencia de campo, pues cuando a los esquineros se les propuso la idea de trabajar con entrevistas usando la grabadora, la gran mayoría rechazó la idea expresando mucha incomodidad y fastidio por el hecho de ser grabados. Y quien puede culparlos por su actitud, ya que si se tiene presente la vida esquinera, se observa que gran parte de la dinámicas sociales en la esquina consisten en evitar estar envuelto en chismes, evitar dar papaya, y ante sus ojos, y ante los del que escribe, el etnógrafo aparece como el chismoso más grande y peligroso de todos, pues este chismoso no sólo hablará sobre sus vidas -las cuales no son del todo privadas pero se encontraban resguardas de cierto modo al interior de la cuadra o el barrio- sino que también las sacará de su contexto barrio y las petrificará en un texto, donde posiblemente muchos la verán, y donde el tiempo castigador de la oralidad con dificultad podrá borrarlas.
Evocando la sinceridad, de ser el etnógrafo un esquinero, ni siquiera se le hubiese permitido al etnógrafo realizar su campo entre el grupo, así no usara grabadora, pues como esquinero-estudiado no se podría evitar la pregunta: “¿Y toda esta “boleteada” a cambio de qué o qué?” Mientras se escriben estas líneas, y desde algún tiempo antes de iniciarse el campo, ronda la pregunta: ¿Más allá del título como antropólogo, para qué más puede servir esta monografía? La respuesta a la que se llega siempre es la misma: “¡Para nada!”… nada que se encuentre más allá de un interés individual o académico, pues los esquineros de la esquina de Piter, ni los habitantes del Callejón del Chisme han recibido una mejora en su calidad de vida proveniente de esta tesis de grado. Lo que tal vez obtuvieron de la presencia del investigador en su esquina, en su callejón, en su barrio mientras se hacía el campo, no fue más que incomodidades generadas por la actitud husmeadora (etnográfica) del que indagaba. Bajo esta idea, y respetando la posición del esquinero en la esquina de Piter, este trabajo investigativo se sustenta mayoritariamente
en la experiencia etnográfica del investigador, siendo muy escasas las voces “directas” de todos aquellos que participaban en la esquina y en el callejón.
La situación anteriormente expuesta, generó muchos auto-cuestionamientos con respecto al valor de verdad de esta monografía, pues su tendencia al monólogo, podría restarle valor de verdad frente al lector, puesto que tiene más credibilidad un discurso etnográfico respaldado en voces y entrevistas a los implicados, que aquel que se sostiene solo en la descripción de las experiencias vividas en campo. Sin embargo, dicho problema fue tratado a lo largo de la asignatura trabajo de grado II, la cual estaba a cargo de Carlos Vladimir Zambrano, llegando a la conclusión de que si bien el texto carecía de un valor polifónico, esto no implicaba que el valor de verdad del producto etnográfico decayera, pues aún recurriendo a las entrevistas y voces de las personas, el resultado etnográfico queda sujeto, en la mayoría de los casos, a la autoridad del investigador, que se rige por la intención de sus objetivos investigativos e inevitablemente queda bañado por la ficción
académica.
Previo al escrito de esta monografía, el proyecto de tesis titulado: Las esquinas del
barrio: sus usos y significados un “vacile” exclusivamente popular, tenía como propósito
el abordar los usos y significados de las esquinas de 3 barrios populares de la ciudad de Santa Marta, expresados en la siguiente pregunta etnográfica: ¿Cuáles son los usos y significados con los cuales se dota al espacio-esquina por parte de los diferentes grupos esquineros forjados en los barrios Los Almendros, El Pando y Pescaito, y cómo estas prácticas socio-espaciales se relacionan con la dinámica socio-cultural de estos barrios? Sin embargo, por presiones académicas y temor al primer contacto etnográfico (etnógrafo/sujetos esquineros) se optó por la Esquina de Piter en el barrio Obrero, debido a que existía una relación amistosa entre el etnógrafo y algunos de los esquineros. Con esto, hacía falta dos esquinas de otros barrios populares para cumplir el objetivo propuesto en el anteproyecto de tesis. No obstante, empezado el campo en la esquina de Piter y en el Callejón del chisme, se apreció lo difícil que resultaría para una tesis de pregrado el abordar de modo individual tres territorios barriales con sus respectivas dinámicas internas.
De este modo, y siguiendo las sugerencias realizadas por el director de la tesis Eduardo Restrepo, el docente a cargo de la asignatura trabajo de grado II Carlos Vladimir Zambrano y el jurado evaluador del proyecto Álvaro Santoyo, se optó por abordar los usos y significados de las esquinas de barrio en Santa Marta, abordando solo una esquina, dejando la idea de abordar los tres territorios barriales y sus respectivos entrecruces urbanos para una tesis de maestría o doctorado. En este punto surge la pregunta: ¿Qué impedía al etnógrafo abordar las esquinas de ocio en las tres barriadas? En primer lugar, es necesario aclarar que el proyecto de tesis, como proyecto, como proyección futura de algo que se va a ejecutar, está expuesto a cambios, no es una camisa de fuerza, es una propuesta que se negocia y se articula de acuerdo con el fenómeno estudiado. Durante la estancia en campo, se pudo apreciar la gran cantidad de espacios apropiados al interior del barrio popular, en donde esquinas, andenes, calles, solares, terrazas y demás lugares se convertían en escenarios de subsistencia y entretenimiento para los moradores de estos barrios, esto implicaba una mayor dedicación en el abordaje del leguaje del sector barrial, dedicación la cual correría el riesgo de diluirse de abordar durante seis meses (meses en los que se cursaba cada asignatura de trabajo de grado) tres barriadas con sus respectivos escenarios internos. Por esta razón, se procuró una etnografía más local y concreta, bajo la decisión de trabajar con solo un escenario barrial.
Dejando claro lo anterior, se dará paso a cómo se abordó etnográficamente la esquina de Piter y su relación socio-espacial con el Callejón del Chisme. Como ya se mencionó previamente, el abordaje etnográfico de la esquina de Piter se realizó a partir de la observación participante que “[...] es la técnica que consiste en captar la realidad socio cultural de un grupo social a través de la inserción del investigador en ellos, se convierte en el medio más variable y usual para los trabajos de campo” (González 2001: 35). En lo referente al proyecto de investigación, la observación participante así entendida es la interacción intensa entre sujetos, es decir, entre esquineros y etnógrafo dentro del espacio-social-esquina, y con otros actores por fuera de la esquina pero al interior del territorio barrial, en pro de la construcción escrita en lo correspondiente a cuáles son las prácticas (usos y significaciones) correspondientes al espacio social llamado esquina; sin
ignorar los posibles conflictos y relaciones que esta práctica grupal sobre el espacio establece con otros actores e instancias sociales. Lo anterior suena complejo y tecnificado, sin embargo, el abordaje en campo resulta mucho más artesanal y menos rimbombante, pues si la idea es observar el escenario de estudio como un laboratorio científico de batas blancas y guantes de látex, se considera que esta es la imagen incorrecta.
El campo en la Esquina de Piter y el Callejón del Chisme fue difícil observar lo que en cada espacio público apropiado se hacía, por ejemplo, durante los ratos de charla en la esquina se conversó y se escuchó con atención lo que cada esquinero comentaba, los chistes, los temas de conversación, el tono de voz que se usaba y los horarios de asistencia a ella. En lo que respecta a la esquina como espacio de juego, la observación fue semejante a la realizada durante el periodo de conversaciones, se participó en algunos juegos y se evitó mientras se era un observador del juego convertirse en un observador portador de “mala suerte” para el jugador irritado, esto se procuró evitando estar mucho tiempo en la espalda de cualquier jugador, pues así se corría menos riesgo de ser ave de mal agüero. Durante el campo, se tuvo muy presente los horarios y el clima, pues estas variables se presentaban como un determinante importante de la apropiación de los espacios al interior del sector.
En lo que respecta al abordaje del Callejón del Chisme, la observación se realizó sobre los escenarios que se encontraban más cercanos a la Esquina de Piter por dos razones: la primera consistía en que siendo la esquina de Piter el escenario principal de atención, los espacios más distantes a la esquina eran difíciles a la observación desde la esquina e implicaban recorridos de observación, los cuales solían hacerse con cierta constancia; sin embargo, la segunda razón se constituye en la determinante principal de la limitación etnográfica espacial al interior del callejón. Al realizarse los recorridos al interior del Callejón del Chisme y otros espacios cercanos del barrio Obrero, se observo que al tomar distancia del entre cruce entre la calle 7 y la carrera 16ª, las dinámicas de apropiación espacial al interior del callejón se reducían considerablemente, haciéndose más pausas y mucho menos interactivas. Por esta razón, se consideró que las dinámicas de apropiación
socio-espacial presentes entre la esquina de Piter y el espacio liminal entre la casa de los Campo y la gallera Ñeca, daban cuenta de gran variedad de los usos y significados de los espacios populares samarios. De tal manera, se decidió delimitar el abordaje etnográfico en el Callejón del Chisme, tomando como referencia la esquina de Piter y el espacio liminal entre la casa de los Campo y la gallera Ñeca.
El abordaje de la diversidad y movilidad de los escenarios apropiables al interior del Callejón del Chisme se realizó teniendo como guía conceptual los conceptos de Fuga y Ruptura propuestos por Rojas y Guerrero (1997) y el de espacios apropiables-enajenables de Francisco Franco (1999). Se le dio prioridad a estos conceptos, pues se considera que permiten observar y describir la fluctuación y funcionalidad de los espacios barriales al interior del sector estudiado. En el Callejón del Chisme, la esquina es un lugar de trabajo pero también de ocio, los andenes son espacios familiares y también se hacen colectivos, son usados para ocio y el trabajo y las calles se apropian para ciertas actividades lúdicas. Al contemplar los espacios barriales dentro de una Frontera que permite la negación y la proyección de lo público a lo privado y viceversa a través de la Fuga, sin descartar la radicalización de estas y el surgimiento de la Ruptura, se observa los territorios al interior de los espacios barriales, no como fronteras densas y rígidas, sino como gelatinosas o camaleónicas, lo cual permite que cualquier espacio barrial se encuentre en la posibilidad de asumir características socio-espaciales diferentes a las dispuestas.
De manera semejante, Franco convierte al barrio popular en un espacio que media entre lo apropiable y lo enajenable, siendo lo apropiable aquello donde los sujetos ejercen domino y expresan participación mientras que lo enajenable es su oposición. En su propuesta, el autor le otorga al sujeto barrial la posibilidad, la opción de ser constructor y diligenciar territorios al interior de la barriada. Es decir, el sujeto barrial puede transformar socio-espacialmente el lugar donde habita de acuerdo a sus necesidades. Bajo esta idea, y conjugando las propuestas de los autores, se obtiene espacios barriales altamente susceptibles de apropiación y sujetos barriales en disposición de negociar, apropiar y disputar estos escenarios, arrojando un complejo territorial que se construye y reconstruye espacio-simbólicamente en su diario vivir.
En lo que respecta al abordaje del barrio Obrero como escenario etnográfico y como territorio relacionado con la ciudad, es necesario mencionar que se presentaron ciertos inconvenientes tanto metodológicos como conceptuales. Los autores señalan que ante la continua expansión de la cuidad debido al crecimiento demográfico, producto de la violencia rural que viven los municipios próximos a la capital del Magdalena, los límites y linderos se han extendido y humanizado. Hoy hay más personas, nuevos barrios que emergen bajo condiciones de vida precarias e inestables, la ciudad se hace extraña y por ende irreconocible, la identificación social y espacial se reduce a determinados espacios en los cuales las personas conviven y se sienten seguras, la ciudad se hace fragmentada con el pasar del tiempo y la construcción de la identidad y sociabilidad se reduce. La vida social se reduce a espacios mediatos y accesibles para las personas de escasos recursos, el barrio popular emerge como el espacio humanizado, segmentado de la ciudad en el cual se construyen la diversa trama de relaciones sociales, territoriales-identidades que determinan o influyen en la construcción del ser humano como ser social-urbano.
Es decir, que en su interior cada barriada genera su propia identidad, formas de relación y percepción frente a la distante ciudad. Según este planteamiento, resulta obvio preguntar ¿Cómo se puede abordar la relación barrio-fragmento- y ciudad? O ¿Cómo se puede hablar de una identidad o cultura samaria cuando los elementos que la componen son diferentes entre ellos mismos y aún más frente a la ciudad misma? Estos interrogantes rondaron a lo largo de la investigación y quedarán abiertas para futuras investigaciones sobre el campo urbano en Santa Marta.
A continuación, se abordará la relación entre el barrio popular y las dinámicas socio- espaciales que se fraguan en su interior. Al contemplar al barrio popular como un complejo territorial amplio, es decir, un espacio socialmente construido y cuya extensión física puede variar pues los hay chicos y los hay grandes -pero por lo general pueden tener una extensión considerable-, territorio urbano en el cual se construyen nuevas formas de apropiación de los espacios barriales constituidos en escenarios de vida para estas personas. Dentro de una barriada popular, existe un mar de posibles escenarios
apropiados y significados por sus habitantes, en donde las esquinas, andenes, calles, solares, terrazas, patios, casas y demás espacios pueden estar adscritos a lenguajes barriales, que los asemeja pero también establece diferencias.
Con esta idea como referente, teniendo presente las múltiples formas de apropiación barrial en los sectores populares samarios, cabe preguntarnos: ¿Cómo un solo investigador, puede abordar con el detalle etnográfico la multiplicidad de territorios existentes en un barrio popular? ¿Cómo se puede fijar relación entre un segmento de un barrio y el barrio dentro del cual se encuentra inscrito, cómo se puede entablar este tipo de relaciones cuando el barrio en su interior refleja diversidad y no uniformidad? Se plantean estas preguntas porque precisamente estos inconvenientes surgieron durante el desarrollo del campo etnográfico, pues el barrio Obrero, territorio barrial donde se encuentra sumergido la Esquina de Piter y el Callejón del Chisme, contaba con una extensión barrial considerable, haciendo que espacios dentro del mismo barrio, e inclusive los límites con otros barrios, se hicieran desconocidos o por lo menos no del dominio de todos sus habitantes, es decir, que internamente el barrio se presentaba para sus habitantes en sectores apropiables y en otros enajenables.
Ahora, si el barrio no era del absoluto dominio y conocimiento de todos sus habitantes, cómo podría en seis meses pretender un etnógrafo dominarlo y abarcarlo en términos antropológicos. Como se mencionó anteriormente, y para evitar divagar y perderse dentro de la pluralidad de escenarios apropiables posibles dentro del barrio, se delimitó el campo etnográfico a la extensión previamente explicada al interior de Callejón del Chisme, procurando generar mayor detalle etnográfico de los espacios apropiados en este sector y dejando al barrio Obrero como el contexto general dentro del cual se desarrollaron estas dinámicas socio-espaciales. En este punto, es pertinente aclarar que durante el campo, el abordaje etnográfico del barrio Obrero, se realizó a través de recorridos, a pie y en bicicleta, para abarcar más espacio, observando de manera ligera las formas de apropiación de los espacios barriales por fuera del callejón, esto con la intención de entablar semejanzas tanto con los que se desarrollaban en el Callejón del Chisme, como
con los de otros barrios populares cercanos y recorridos tanto por el etnógrafo en campo, al igual que los experimentados en su vivencia como sujeto popular.
De tal manera, la intención tanto en el campo, como en la escritura de esta tesis, es