Pero, Magaldi, ¿a los masones no les está prohibido ocupar- se de cosas terrenales y profanas tales como la política o la religión? ¿No les está prohibida incluso toda discusión sobre religión o política en las logias?
«Los masones siempre se han ocupado de cosas terrenales y profanas como la política y la religión. El fin mismo de la francmasonería no es solo trabajar por la gloria del Gran Ar- quitecto del Universo, sino también “por el bien y el progreso de la humanidad”».
Es una lástima, entonces, no tener acceso al documento íntegro de los United Freemasons.
Porque el acuerdo que, según Magaldi y sus hermanos, en 1981 pone fin a la guerra entre las Ur-Lodges neoaristocrá- ticas e inaugura una pax masónica extendida a los mandiles
progresistas y destinada a perdurar durante más de veinte años, es, quizás, una de las revelaciones más clamorosas de
Masones. Aquí el back office trabaja a la enésima potencia.
Y da a luz «un nuevo proyecto trascendental para la historia contemporánea mundial», como lo denominará Magaldi; es decir, «la globalización político-económica» y la «creación de un Nuevo Orden mundial caracterizado por una economía de libre mercado en cualquier latitud».
La carne, la sangre y las vidas de millones de personas. Las negociaciones, los desencuentros, los desplantes o las mediaciones que para llegar a aquel acuerdo involucraron a toda la masonería del mundo son incontables. A la masonería importante, eso sí. Se trata de los circuitos de las superlogias supranacionales, ya sean oligárquicas o democráticas, y que en
Masones veremos cómo se reparten golpes gigantescos.
A partir de la firma del United Freemasons for Globaliza-
tion, suspenderán las hostilidades durante más de veinte años.
Excepto para retomar la guerra a comienzos del nuevo mi- lenio.
Es decir, la guerra que aún persiste hoy día.
Los que dijeron sí a la globalización del proyecto United
Freemasons en 1981 son personajes colosales. Basta con leer
la lista de los nombres involucrados en las negociaciones, ante quienes alguien como Gelli queda borrado miserablemente. Mientras que el Venerable se da a la fuga, entre junio y ju- lio del 1981, un comité diplomático compuesto por masones neoaristocráticos de primerísima línea —por citar a algunos: Zbigniew Brzezinski («Three Eyes») y Lew Wasserman (amigo personal de Reagan, «White Eagle»), Jacques Chirac (afiliado
liberal moderado a la «Atlantis-Aletheia»), Madeleine Albright
United Freemasons a los líderes y a los ideólogos del circuito
progresista. Que son, de un lado del océano, el famoso Arthur Schlesinger, el economista John Kenneth Galbraith y el tercer hermano Kennedy, Ted. Y, en la otra, prácticamente todos los líderes progresistas europeos afiliados a la «Thomas Paine», a la «Montesquieu» y a la «Ferdinand Lassalle»: François Mit- terrand, elegido presidente francés el 10 de mayo gracias a la ayuda secreta de la «Three Eyes», el canciller alemán en funciones Helmut Schmidt, o el exprimer ministro sueco Olof Palme. En el debate también participan el futuro presidente de Argentina, Raúl Ricardo Alfonsín, y el de Brasil, Tancredo de Almeida Neves. Tampoco falta el futuro premio Nobel de la Paz, varias veces primer ministro israelí, Isaac Rabin.
En Italia están involucrados el gobernador del Banco de Italia y futuro presidente de la República, Carlo Azeglio Ciam- pi («Three Eyes», «Pan-Europa»), y el ministro del Tesoro, Be- niamino Andreatta («Three Eyes», «Pan-Europa», «Atlantis- Aletheia», «Montesquieu»); pero sobre ellos, de momento, no es posible saber nada más.
Magaldi de hecho se ríe.
«Digamos que eran los interlocutores italianos del comité supranacional que debía supervisar la aplicación del acuerdo
United Freemasons. Pero para los detalles y el trasfondo —dice—
habrá que esperar al próximo volumen de Masones. Este ya es demasiado largo».
Así, por ahora, tenemos solo un resumen de la negociación de entonces; y leerlo, tras más de treinta años, aún deja sin palabras. ¿Cuánto de este acuerdo ha sido llevado a cabo, en estos treinta años, exactamente tal y como fue discutido, apro- bado, firmado y refrendado por los augustos superhermanos del United Freemasons?
Apoyo al hermano Deng Xiaoping («Three Eyes») y a su política de abrir China al libremercado.
«Desestructuración y liquidación» de la URSS y del Pac- to de Varsovia gracias al auge del hermano Mijaíl Gorbachov («Golden Eurasia»).
Aceleración del progreso de integración económica y polí- tica de Europa según el modelo ideado por los hermanos Ri- chard Coudenhove-Kalergi (fundador de la «Pan-Europa») y Jean Monnet, exprogresista de la «Thomas Paine» que luego desembarcó en la «Edmund Burke», en la «Pan-Europa» y la «Compass Star-Rose/Rosa-Stella Ventorum».
Reunificación alemana, como exigían los miembros de las Ur-Lodges «Pan-Europa», «Atlantis-Aletheia», «Parsifal», «Valhalla» y «Der Ring».
Reafirmación de la hermana Margaret Thatcher («Edmund Burke») y sabotaje del Partido Laborista en el Reino Unido.
Ascenso del hermano Jacques Delors («Montesquieu» y «Ioannes») a la presidencia de la Comisión Europea.
Fin de la Operación Cóndor («Three Eyes» junto a otras logias superreaccionarias) en América Latina y vuelta de Ar- gentina a la democracia con la presidencia del hermano Raúl Ricardo Alfonsín («Simón Bolívar»).
Desmantelamiento progresivo del apartheid en Sudáfri- ca y excarcelación del hermano Nelson Mandela («Arjuna- Phoenix»).
Alternancia en todos los países, empezando por los Estados Unidos, de gobiernos conservadores y progresistas según una precisa hoja de ruta. Obviamente con una condición: que todos gocen del beneplácito de los mandiles adecuados. ¿Falta algo?
Ah, hay algo que no se ha llevado a cabo todavía, nos ad- vierte Magaldi, de entre los puntos que aparecen en el acuerdo. La solución del conflicto palestino-israelí, que no es cosa me- nor, mediante «la integración progresiva de exponentes mo-
derados de Al-Fatah y de la OLP en los circuitos masónicos internacionales».
A veces, también la masonería tiene sus límites.
Aunque se trate de una «sociedad de responsabilidad ili- mitada».