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In document Undergraduate Catalogue (Page 68-70)

En el Voyage en Espagne de Gautier aparece una gran cantidad de des- cripciones: más femeninas que masculinas (estas últimas se limitan en gene- ral al vestuario y aspecto externo). A medida que avanza el texto, las muje- res se convierten en importante objeto de deseo. El autor está atento a todas las españolas pero sin subjetividad, tratando de buscar en ellas los máximos rasgos caracterizadores de un supuesto «tipo español» que él ya posee en su mente pero que es difícil de encontrar o por lo menos se aleja de las premi- sas deseables, desilusión común a todos los viajeros.

No obstante, estas decepciones animan aún más al escritor en su continua y obsesiva búsqueda del verdadero estereotipo que se acopla más a las an- daluzas, pues poseen una mayor cantidad de esos rasgos orientales y exóti- cos. Pero, Gautier se da cuenta al fin de que la literatura y los tópicos se ale- jan de la realidad y que el mundo árabe ha sido siempre confundido al español; es en Andalucía donde descubre los límites entre estos dos pueblos:

Ce que nous entendons en France par type espagnol n’existe pas en Es- pagne, ou du moins je ne l’ai pas encore rencontré. On se figure habituelle- ment, (...) et, sur tout cela, un ton chaud et doré justifiant le vers de la ro- mance (...). Ceci est le type arabe ou moresque, et non le type espagnol. (Gautier, 1981: 129)

Lo que busca Gautier es una utopía literaria, el tipo buscado no es el es- pañol sino el morisco: «Ce type, qui se trouve fréquemment à Grenada, est évidemment moresque» (Gautier, 1981: 253). Sin embargo halla a otras mu- jeres españolas que acumulan en sí todos los rasgos orientales buscados, las gitanas:

Les gitanas (...). Leur teint basané fait ressortir la limpidité de leurs yeux orientaux dont l’ardeur est tempérée par je ne sais quelle tristesse mystérieuse, comme le souvenir d’une patrie absente et d’une grandeur déchue. Leur bouche, un peu épaisse, fortement colorée, rappelle l’épanouissement des bouches africaines; la petitesse du front, la forme busquée du nez, accusent leur origine commune avec les tziganes de Valachie et de Bohême, (...). (Gau- tier, 1981: 295)

Las mujeres de esta raza poseen, según el poeta, un orgullo innato, un porte que las hace majestuosas y orgullosas, hecho que se refleja en sus ras- gos y en su mirada (a pesar de sus vestiduras mugrientas, su suciedad y su miseria); es como si fuesen conscientes de su autenticidad y de su antigüe- dad. Y es que para el escritor romántico solo las razas «puras», no «contami- nadas» por la civilización, poseen el poder de la seducción: las mujeres occi- dentalizadas pierden interés para el viajero porque las diferencias entre ellas son casi imperceptibles e intentan parecerse a un mismo modelo perdiendo su originalidad: «Autrefois les Valenciennes portaient un délicieux costume national qui rappelait celui des Albanaises; malheureusement elles l’ont aban- donné pour cet effroyable costume franco-anglais, (...)» (Gautier, 1981: 448- 449).

El poeta insiste en la ropa y los adornos femeninos, que considera fun- damentales; sin embargo, el cuerpo femenino está también presente en sus descripciones. Principalmente el rostro y busca siempre el tópico: piel mo- rena, ojos y cabellos extremadamente negros, labios espesos y rojos y remi- niscencias orientales y árabes. Los exóticos y diminutos pies atraen igual- mente la atención del escritor.

El escritor siente predilección por todo lo árabe y oriental tanto en las mujeres —las encuentra más seductoras— como en todo el relato y los as- pectos de la vida española.

En definitiva, en España Gautier ve colmada su sed de exotismo y vuelve a Francia «enamorado» de ese «tipo español» femenino que se ajusta más a la mujer andaluza y a la gitana pero que todas las españolas poseen en mayor o menor medida.

Al contrario, en el relato de Dumas encontramos un mayor número de descripciones masculinas; esto es debido a que este escritor se centra en per- sonas concretas y particulares —con nombres y apellidos— desentendién- dose de intentar conformar, como Gautier, un modelo español de la mujer. Le importa más el carácter que el físico.

El escritor es fácilmente seducible y está siempre dispuesto al amor; no descartamos el hecho de que tuviese alguna «aventurilla» con alguna espa-

ñola: «(…) adieu à ces pieds dont les plus ordinaries chausseraient la pan- toufle de Cendrillon, ou même, madame, une pantoufle plus petite encore et que moi seul je connais (…)» (Dumas, 1989: 128). Pero Dumas muestra mu- cho menos interés que Gautier en describirlas y la mayoría son consideradas tal una carga a llevar o un obstáculo a franquear. Es el denominador común de la obra del escritor donde las mujeres son excluidas de los momentos más importantes: la aventura, la amistad y la buena mesa2son los que predomi-

nan3.

Pocas mujeres aparecen pues en el relato y sin ninguna función, como meros objetos pintorescos del espacio. Dumas distingue en su relato a dos ti- pos de mujeres: por un lado algunas bailarinas exóticas que añaden el toque de color local requerido por el relato y, por otro lado, a alguna «mujer fatal» cuya capacidad de seducción es peligrosa y supone un nuevo obstáculo a franquear (como una novela de aventuras).

Como veremos, el autor adopta una postura particular ante las españolas, para él una mujer puede ser bella con o sin el pintoresquismo destacado por Gautier, vestida a la española o a la europea... pero solo si va bien vestida y arreglada y, principalmente, limpia. Este último aspecto será la causa de que le desagraden las gitanas. Hecho que le aleja totalmente de las premisas ro- mánticas asumidas por la mayoría de viajeros.

El escritor describe a algunas españolas pero solo unas pocas consiguen fascinarle y hacerle escribir más cantidad de páginas sobre ellas:

(...) aussi danse-t-elle avec tout le corps; les seins, les bras, les yeux, la bouche, les reins, tout accompagne et complète le mouvement des jambes (...). (Dumas, 1989: 401)

Figurez-vous deux abeilles, deux papillons, deux colibris qui courent et vo- lent l’un après l’autre, qui se croisent, se touchent au bout de l’aile, se croisent, bondissent (...). (Dumas, 1989: 405)

Las descripciones citadas pertenecen al único fragmento del relato en el que Dumas ofrece una imagen positiva de la mujer española.

Y la tercera descripción femenina que nos interesa es la de Carmen, cu- yos rasgos recuerdan a esas mujeres estereotipadas preferidas por Gautier y esporádicamente citadas por Dumas. Carmen no es descrita con mucho de- talle, en el texto no hallamos más que una descripción completa de su ros- tro y de su vestimenta:

2 Todos sabemos el gusto de Dumas por la gastronomía presente en la mayoría de sus obras.

Cf. Jiménez, D. (1997): «Dumas gourmand ou les saveurs de l’Histoire, les saveurs de l’aven- ture», en Jiménez, D. y Real Ramos, E. (eds.): Alexandre Dumas père: une façon d’être soi, Dpto. de Filología Francesa e Italiana, Universidad de Valencia, Valencia, 91-108.

3 Como es sabido, el tema de la amistad merece una especial atención en el conjunto de la

obra del escritor, pocos personajes femeninos mantienen una intensa relación amistosa en sus novelas, exceptuando quizá el caso de La Reina Margot. Cf. «Introducción» de la tra- ducción de la obra de Dolores Jiménez y Elena Real, Cátedra, Madrid, 1995.

Elle était simplement, peut-être pauvrement vêtue, tout en noir, comme la plupart des grisettes de la soirée. (…) laissa glisser sur ses épaules la mantille qui lui couvrait la tête, et, (…) je vis qu’elle était petite, jeune, bien faite et qu’elle avait de très grands yeux. (...) elle était infiniment plus jolie que toutes les femmes de sa nation que j’aie jamais rencontrées. (...) Sa peau, d’ailleurs parfaitement unie, approchait fort de la teinte du cuivre. Ses yeux étaient obliques, mais admirablement fendus; ses lèvres un peu fortes mais bien des- sinées et laissant voir des dents plus blanches que des amandes dans leur peau. Ses cheveux, peut-être un peu gros, étaient noirs, à reflets bleus comme l’aile d’un corbeau, longs et luisants. (Mérimée, 1983: 195-197)

Como se puede observar, el personaje creado por Mérimée ofrece la ima- gen de una mujer muy bella pero pobre y simplemente vestida. El rasgo más destacado son los ojos, que recuerdan los descritos por Gautier —negros, grandes y exóticos— pero también misteriosos, peligrosos y terribles. Además sustituyen a las palabras y se convierten en la principal arma de seducción de esta «mujer fatal».

In document Undergraduate Catalogue (Page 68-70)